Yukiko Kitahara – Taller Kúu

Parece un templo nipón en medio de la montaña. Desde su casa se ve hasta el puente del Quinto Centenario y todo el pueblo que se halla a sus pies: Gelves. Una puerta sencilla de madera con dos tiradores enfrentados con forma de caballitos de mar que antecede a un patio empedrado con una alberca encalada. Enfrente, una escalera empinada y en la zona más alta, el taller. Yukiko Kitahara es de Yamanashi, en la región de Chübu. Estudió cerámica en Aichi.

¿Cómo llegas a España?

Cuando estudiaba cerámica tenía un compañero español y me habló mucho sobre este país. Un verano hice una visita a Andalucía y también a la capital. Cuando terminé mis estudios en Japón, quería conocer mundo y me pregunté dónde quería ir. Decidí venir a España y ahora llevo la mitad de mi vida. Vine en el 93 y al año siguiente me vine a vivir.

Cuéntame más sobre la tradición de la cerámica y en general de la artesanía en Japón.

La cultura japonesa está relacionada con las vajillas de porcelana y cerámica. En España hay primer plato, segundo y postre. En Japón, hay muchos platos pequeños en los que se va comiendo y es por eso por lo que tenemos vajillas amplias y le prestamos mucha atención. Valoramos mucho la artesanía y ahora España también lo está empezando a hacer.

Esta profesión ¿te viene de familia?

No. Mi padre y me abuelo eran cocineros de sushi. Sin embargo, le importaba mucho la vajilla.

¿Cómo te educaron en casa?

Pues con una extrema educación hacia todo. En mi familia había muchos cocineros dedicados al sushi y me transmitieron una enseñanza muy útil en mi vida. La educación y respeto a los alimentos, a la mesa, a la hora de comer. La forma de comer dice mucho de una persona, no puedes engañar a nadie.

¿Encuentras similitud entre la cultura pausada de Japón a la hora de tomar sake y la cultura del café en Andalucía?

(Piensa largo rato). No sé. Nosotros tomamos muchísimo té pero no encuentro similitudes. Al contrario. Muchos japoneses vienen a España y a Andalucía porque nos atrae la diferencia tan enorme entre culturas que existe. Nos parece exótico.

¿Es importante la tradición para ti?

Es la base de la cultura. Es realmente importante porque son las raíces.

¿Llegaste a Sevilla con una cámara de fotos colgada del cuello como un japonés más?

(Ríe). Sí. Fue curioso. La primera vez que llegue a España en el 93, llegué a Sevilla y había quedado con mi amigo en la Plaza Nueva. Me monté en un autobús y me pronto me dio la impresión de que me había perdido. De que no iba en buen camino. Me bajé en la siguiente parada y llegué a la Plaza de España. Fue una impresión tremenda. Nunca pensé que más tarde pintaría los azulejos de la plaza. Gasté un carrete entero de fotos allí.

¿Y qué traías de Japón en la mochila?

En aquel momento no pensé que pudiese terminar viviendo en España. Fue toda una experiencia. De hecho nunca antes había cogido un avión. Tenía muchas ganas de conocer. De lo primero que me llamó la atención fueron los puestos de fruta y verdura. El melón es carísimo en mi país y me sorprendió verlo aquí en tanta cantidad.

¿En qué te inspiras para crear?

En la obra actual me he inspirado totalmente aquí. Viví durante nueve años en la Alpujarra (Granada). En el campo, los animales y la vida rural. La técnica es japonesa pero la inspiración es andaluza. La vida cotidiana.

¿Quién te inspira?

Cuando me dediqué a la escultura, me inspiraba mucho Antonio López pero actualmente con las vajillas, no tengo influencias. Siempre pienso que quiero tomar esta comida en este plato o tomar té con una taza así. Y la llevo a cabo.

¿Tienes referentes?

Cuando empecé con la marca Taller Kúu, la creé pensando en los japoneses. Ahora pienso más en los europeos. Pero referentes no tengo. Con toda sinceridad, hago lo que me gusta sin pensar en los demás. Me llevo muchas horas en el estudio y si pienso en que debo inspirarme en alguien me agobia.

¿Arte o utilitarismo?

Lo mío no es obra de arte. No es gran obra de arte pero sí es algo artístico y utilitario.

Trabajas para grandes pinacotecas de toda España.

Trabajo mucho con el Museo Thyssen y lo hago de dos formas. En primer lugar, su colección, digamos, fija, y por otro lado, otra según la exposición temporal. Me mandan las fotografías de las obras que componen la exposición itinerante y me inspiro a través de las obras.

¿Qué obra de arte te ha sido realmente complicada para adaptar a una pieza?

El año pasado había una exposición temporal en el Thyssen de Madrid llamada ‘Realistas de Madrid’. Uno de los autores que participaban en ella era Antonio López al que admiro mucho. Hace años vi en Japón la película ‘El sol del membrillo’, (de Víctor Erice y que trata sobre el proceso creativo del pintor español), y quise dedicar algo a Antonio López.

¿Qué deseas transmitir con lo que haces?

La hora de tomar té es una hora de relax y cambia tu estado y tu actitud. Es un momento de elegancia. De estar erguido.

¿Por qué animales?

Esta serie es la de ‘Usar y no tirar’. Me apoyo en un vaso de plástico de usar y tirar para transmitir el mensaje a favor de medio ambiente. Quería jugar un poco con dos elementos a priori contrapuestos.

¿Por qué todo de color blanco?

La vajilla no es protagonista. Protagonista es lo que metes en el interior: comida, café, té. Es una enseñanza familiar que llevo a raja tabla.

¿Te relajas al trabajar?

Muchísimo. Mi taller es sagrado.

¿Eres creyente?

Mi abuelo siempre hablaba mucho sobre la religión budista. Para mi trasciende a la moral religiosa. Es una filosofía de vida e influye mucho en mi trabajo. El budismo explica que la manera de ver las cosas cambia su perspectiva. Me ocurre con objetos que van directos a la basura a los que intento darles un uso. Por ejemplo, botes de lejía, de limpiacristales, vasos de plástico.

¿Vas a Japón?

Una vez al año y me viene de maravilla. Lo necesito.

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