Tutorial de seducción

-¡Qué ojos más verdes!

-Es por el maquillaje: desde que una maquilladora me dijo que aplicándome sombra violeta destacaban…

Sólo cuando llegué a casa, caí en la cuenta de que igual no estaba alabando mi maquillaje sino que, lo mismo, estaba insinuándome algo. Esto de la tardanza de reflejos no ayuda.

Sigo sin despejar la duda porque, si hubo interés, el muchacho desistió. Y no le culpo, eso sólo es achacable a mi habitual incapacidad para detectar el flirteo.

Ilustración: Marina Nosequé

Recordaba este episodio mientras leía en Facebook, por donde suelen llegar todas estas cosas peregrinas (y por donde salen los datos más importantes de nuestra vida que venden al mejor postor) que hay unos cursos para esto de advertir si te están tirando los trastos. Coach al rescate de las que andamos desnortadas, ayuda y autoayuda de todas hechuras, orientación continua ante la incapacidad de hacer nada por nosotros mismos. Ni siquiera ligar. O ser ligada.

Seguro que si me pongo, encuentro un tutorial de Youtube con nociones básicas de primero de radar de ligoteo, como encontré en su día los que me sacaron de aprietos varios con el coche (cambié una bujía), la pérdida de llaves (lo intenté con las radiografías), el peinado para Feria (ondas al agua que lucí) o incluso la aplicación de inyecciones (sí, me llegué a poner unas intramusculares).

Primera lección: ¿cómo saber si me están seduciendo? Mal enfocado, criatura. La primera lección debería ser “hay gente que incluso puede querer algo contigo”. Porque lo que se esconde detrás de esta ineptitud para la detección es una convicción profunda y ancestral de que nadie que se acerque a ti puede querer algo más que amistad. Como si que quisieran ligar fuera lo más remoto que pudiera pasarte esa noche, con esa persona, nunca, con nadie. He sido la eterna mejor amiga de todos los chicos que se me han acercado (y conste que lo celebro porque aún hoy están); me han bañado de “es que eres tan interesante”… cuando lo que yo quería era que me vieran sexy por eso de tener algo de sexo y no hablar de la Ley D’hont. Y eso marca.

Así que lo primero que hay que hacer es tomar consciencia de que aunque tú hayas desistido de toda opción, puede que haya alguien que, además de interesante, te vea sexy, o que te vea sexy precisamente por interesante.

Segunda lección: ¿es eso flirteo? Dicen algunas teorías que cuando se mantiene la mirada durante ocho segundos es que el interlocutor está enamorado. Así que ahora vas por todos los bares, cafeterías, discotecas y parques intentando cazar miradas sostenidas y ardientes con el riesgo de no pestañear y que parezcas la psicópata de una película de Antena 3 el sábado por la tarde.

Leí además en el artículo que “si se acerca y posa su mano en partes de su cuerpo interiores (como el antebrazo interior), es que está interesado”. Menos mal que era en “partes de su cuerpo”, que si llega a ser en partes de la mía le cae un mascazo. ¿Y cómo de interiores, criatura? Nunca habría pensado que rascarse era señal inequívoca de interés. Igual lo de morderse un labio, tocarse el pelo… y no sé cuántos indicios que aprendimos en un Superpop (sí, así soy de antigua).

Pero es que las señales son a veces demasiado sutiles, demasiado revisables, interpretables, y una no está para andar adivinando si eso en verdad quería decir… Muchas veces he pensado que, visto lo visto, igual un muchacho con chaleco amarillo fluorescente y dos pirindolos en las manos haciéndome señales como si fuera un boeing aparcando en San Pablo sería una opción buena para darme por interpelada. Ya sé que perdería la magia de lo sutil, del tonteo, del flirteo si fueran por ahí abarcándolo tan directamente, ¿pero no es más triste que se pierdan oportunidades mutuas porque no me entero cuando me entran?

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