Tus nuevos bancos

El 6 de enero se celebra la fiesta de los Reyes Magos. Al sector bancario tradicional, este año le han regalado un nuevo competidor: Facebook. La compañía ya está en el Registro Oficial de entidades del Banco de España y esto significa que puede mover dinero electrónico a través de sus aplicaciones, sea entre particulares o bien sea entre operadores del mercado. Podría emitir instrumentos de pago, transferencias y otros productos financieros de mayor o menor complejidad. Pero hay más. En 2012, una de mis revistas preferidas Fastcompany.com calculó que Apple tendría alrededor de 37 millones de usuarios directos si decidiera transformar su base de datos en clientes bancarios. ¡Cuánto habrá crecido esta cifra en los últimos cinco años, si se estima que se han vendido más de 750 millones de iPhones entre 2012 y 2016! Amazon avanza con paso decidido. Abre nuevos mercados y ofrece nuevos productos y servicios, de modo que la venta minorista tiene que transformarse en una u otra dirección. Aunque solo fuera como medio de pago, Amazon ocupa un lugar creciente en el comportamiento del consumidor y en nuestros dispositivos móviles. Por último, aparece Google, que lo puede todo. Hemos cedido a la compañía californiana los datos sobre nuestra vida privada, las relaciones que mantenemos, los gustos, los vicios privados y las virtudes públicas. La conversión de estos datos en servicios financieros está a la orden del día. Veremos qué sucede cuando se cruce nuestra privacidad con la venta de seguros, la concesión de créditos y otros servicios de préstamo. Junto a los cuatro grandes, se adivina un universo de fintech, compañías de base tecnológica que desbancarizan la economía global con operaciones digitales sin oficinas. Aunque solo fuera por el impacto de uno de estos cinco actores en el sistema bancario, asistimos a la mayor transformación de la historia de la actividad de servicios financieros.

 

No corras, querido lector, ahora a cerrar tu cuenta en la caja de ahorros y encerrarte en la cabaña de Thoreau. En realidad, los bancos pertenecen a la trama que definió Giorgio Ruffolo en 2008. Su libro El capitalismo tiene los siglos contados explica la extraordinaria flexibilidad del sistema para adaptarse a nuevos ritmos de producción, distribución y comercialización. Los negocios necesitan financiación para abrir nuevas líneas, prestar a los consumidores, avalar los proyectos o invertir en ciencia y tecnología. Habrá mudanza, pero no enterremos aún a las instituciones bancarias.

 

En mi opinión, en éste u otro orden, se concatenarán una serie de cambios al ritmo de la revolución de las tecnologías de la información. Estamos en la etapa fundacional que se desarrolla al mismo tiempo en cinco puntos del planeta. Londres, Silicon Valley, Nueva York, Singapur y Hong Kong acumulan el capital y promueven la difusión de la innovación para la nueva realidad económica. La geografía muestra un orden mundial que minusvalora el mercado europeo, latinoamericano y africano. Queda mucho camino por recorrer.

 

Las actividades crecen a un ritmo descomunal, pero aún son minoritarias. La naturaleza innovadora de las compañías orienta los productos y los servicios hacia el cliente final, que está dispuesto a correr cierto riesgo en beneficio de más agilidad en los préstamos, los cobros o la participación en el mercado digital global. El entorno corporativo aún no se ha incorporado de forma masiva. Son públicas las alianzas, por ejemplo, entre Santander y Apple o entre BBVA y Google, pero son relaciones y productos complementarios, no sustitutivos. En la misma línea, las fintech representarán alrededor del 20% del mercado bancario de la Unión Europea en 2020, si mantienen el ritmo de crecimiento del 220% anual de la última época. Sí, has leído bien: 220% anual. El desplazamiento de usuarios y operadores, la reconsideración del valor de los activos, la sustitución de redes de oficinas por otros servicios personales, o la modificación de las garantías, entre otras funciones, serán claves del nuevo ecosistema. Cuando llegue. Cuando sea generalizado. Cuando no sea esnobista.

 

¿Y las personas? Nos gusta imaginar que los robots sustituirán a las personas en las decisiones rutinarias, carentes de creatividad o negociación. Sí, has acertado, muchos cajeros son robots. Si fueran antropomórficos, nos darían miedo, pero no es el caso. La revolución de los nuevos bancos, por tanto, no vendrá de la mano de la oferta actual de la plantilla de empleados, sino de la demanda, los nuevos clientes. Un estudio de la consultora Scratch (2013) daba algunas pistas. La generación Millenial concedía poco valor a las actuales marcas comerciales de los bancos convencionales: si tengo cuenta en Amazon, ¿para qué quiero un crédito al consumo?; si tengo PayPal, ¿qué me aporta una tarjeta de crédito en formato plástico? El cambio no será tan rápido, porque los nuevos clientes más tarde que temprano tendrán que conocer la complejidad de las operaciones, asumir nuevos riesgos o bien rechazarlos, preferir el cálculo algorítmico a la intuición, eliminar las redes de seguridad, aceptar la volatilidad de las monedas virtuales. La aventura de la juventud y el desafío al statu quo se cura con la edad.

 

Ante este escenario, tus nuevos bancos, los míos, no se parecerán en nada a aquellos de la Plaza Nueva. Tan principales. Tan encorbatados. Tan de señores. Veremos cuánto tarda en llegar ese futuro.

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