Trending topic cultural: seamos glocales

Si Heráclito levantara la cabeza, vería con sorpresa cómo la humanidad ha llevado al extremo su máxima de que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. La realidad están en continuo y vertiginoso cambio, tanto que el sociólogo Zygmunt Bauman la define como modernidad líquida, concepto que define el estado fluido y volátil de la sociedad actual. Los antiguos vínculos humanos se debilitan por la inexistencia de valores sólidos y por el vértigo ante la rapidez de los cambios, y son sustituidos por relaciones provisionales y frágiles. El hombre líquido se mueve como una minúscula gota de aceite sobre el caudal imparable de una realidad económica, tecnológica y social en constante transformación sin que pueda agarrarse a nada seguro. Este desconcierto provoca un repliegue hacia lo propio y cercano para crear un espacio de protección donde reconocernos mientras no apartamos la mirada de los estímulos externos novedosos por miedo a quedar desfasados o a que nos tachen de conservadores.

Las instituciones culturales también padecen las consecuencias de esta sociedad líquida. La primera de ellas es el abandono de los métodos clásicos por los que el público y la cultura se relacionaban. El consumidor de cultura se ha convertido en prosumidor, quiere ser consumidor y productor a la vez, cambio propiciado por el 2.0. y las redes sociales. Esto, sumado al crecimiento exponencial de la oferta gracias a las nuevas tecnologías, han alejado al cuerpo social del sector cultural. El prosumidor ya no es un actor pasivo, ni siquiera activo, ahora es también líquido e interactúa con todas las ofertas… sobre todo con aquellas que lo buscan.

Hasta hace muy poco el sector cultural ha errado al creer que sus productos eran tan imprescindibles que el público iría a buscarlos. Nada más lejos de la realidad… líquida.

Desengañadas, las instituciones culturales ahora buscan fórmulas para no alejarse de ese cuerpo social líquido. Parece que han hallado una: la ocupación del espacio público por la cultura. Han caído en la cuenta de que deben buscar a las personas allí donde están para llamar su atención y así establecer nuevas relaciones de igual a igual. Recuperar los espacios públicos -las antiguas ágoras- como parcelas de socialización y de construcción de ambientes familiares. La sociedad, harta de ser líquida y fluctuante, reclama esos espacios en que sentirse enraizada y segura frente al vértigo de los cambios. El espacio público como hábitat propio donde retomar la identidad como personas y sociedad sin despreciar los beneficios que aporten las novedades externas. Se trata de ser más glocales: más locales y más globales, adoptando los mejor de cada uno de estos contextos.

Dar protagonismo al espacio público como lugar donde desarrollar la glocalidad será una de las tendencias más potentes de la cultura en 2016. Es la respuesta del sector al descenso considerable de público que acude a los recintos tradicionales de la cultura (teatros, cines, museos, bibliotecas, salas expositivas, etc.). Ahora será proactivo, irá a buscar a la calle a ese público/prosumidor que ya no les frecuenta. Recurrirán –ya lo están haciendo- a fórmulas que convierten el espacio público en elemento de intermediación y participación, apostando por la gratuidad –el prosumidor digital está acostumbrado a ella- y la innovación para captar el interés de la gente entre una oferta apabullante y cambiante.

Los creadores tampoco se quedan atrás. Hacen de la necesidad una virtud, y se atreven a modificar hábitos y lenguajes anquilosados ante la demanda de un nuevo público.

Industria, instituciones y creadores se aventuran en nuevas fórmulas culturales. Vendrán a buscarnos por calles y plazas, y estas serán algunas de las propuestas que pondrán en marcha o se consolidarán definitivamente en 2016.

El museo sale a la calle. Cada vez son más los museos que sacan sus obras de arte a las calles para que sean admiradas por los viandantes. Londres fue la ciudad pionera y en España uno de los primeros museos en hacerlo fue la Fundación Lázaro Galdiano con su exposición callejera Reinterpretada 1.

La pantalla como lienzo y escenario. El concepto es trasladar la pintura y las artes escénicas a otro contexto, el cinematográfico, con lenguaje y soporte distintos a los pictóricos y teatrales. Exhibition on screen es el proyecto británico que lleva muestras artísticas de pintura a las salas de cine de todo el mundo. En Inglaterra también nace la colaboración del Royal Opera House de Londres y el British Council de España para retransmitir por satélite las óperas y ballets de este teatro en los cines españoles.

Humanizar la ciudad con el arte. Proyectos artísticos efímeros en espacios públicos para hacer la ciudad un poco más habitable. En Madrid encontramos uno de los mejores ejemplos, el Hackity Dinner, que realiza hackeos urbanos una vez al mes y está abierto a la participación de cualquiera. Elige una zona degradada de la ciudad, convoca a la gente y se lleva a cabo una intervención colectiva. Señalizar obstáculos con fundas de croché, decorar los alcorques de una avenida o colocar un buzón de deseos para los peatones, son algunas de sus intervenciones. Luego todos van a tomarse algo para celebrarlo. Incluso han creado una aplicación móvil, la Hackity App. Baldosa Lavapies Hackity

Reciclaje de espacios patrimoniales. Es la cultura ecológica del reciclaje aplicada a espacios patrimoniales para darles un nuevo uso cultural. Es una práctica ya conocida (por ejemplo: Museo D´Orsay), la novedad reside en que ese uso cultural es colectivo y su gestión comunal. En Sevilla encontramos los antiguos corralones de la Plaza del Pelícano, hoy ocupados por artesanos y artistas de distintas disciplinas y espacios dedicados al coworking, y el Espacio Cultural Colombre en Triana. kinemasur colombre

La reinvención de las bibliotecas. Convertidas en algo más que bibliotecas, espacios plurales de comunicación, intercambio e información. También de diversión, como la Biblioteca 10 de Helsinki, donde se puede leer en una hamaca, coser a máquina, bailar, dormir la siesta o comer; todo decidido junto a los usuarios. El Viajero Sedentario en la Alameda de Hércules de Sevilla apuesta por este nuevo formato.
viajero sedentario

Bookcrossing. Esta práctica convierte los lugares públicos en bibliotecas colectivas donde los lectores dejan libros para que otros lectores los recojan, y estos después hagan lo mismo. En Sevilla se puso en marcha sin demasiado éxito una iniciativa para que los ciudadanos dejaran libros usados en las librerías cerámicas de la Plaza de España; aún así el movimiento bookcrossing sigue creciendo en la ciudad con quedadas para liberar libros.

Oxigenar la poesía. Sacarla de los asfixiantes salones literarios y ateneos para llevarla a las calles y bares. En Nápoles se celebra el encuentro Poesía Sospesa al bar, que se basa en la tradición del caffè sospeso –se deja un café pagado en los bares para quien no pueda pagárselo- al considerar la poesía un bien común a compartir. En Madrid se desarrolla el adrenalínico Poetry Slam, rimas y recitado en 180 segundos. Muy interesante resulta la actividad de Arma Poética en Sevilla. Biblioteca popular hackity

Microteatro. Si el público ya no va al teatro, llevemos el teatro a los sitios donde va la gente. Se adapta el teatro convencional a espacios no convencionales, como bares y locales dispares, reduciendo las piezas a píldoras dramáticas. Microteatro de Sevilla ofrece hasta siete espectáculos de teatro, danza, música y magia en formato reducido a la vez en sus distintas salas mientras te bebes una cerveza.

Do It Yourself. Recoge la tradición del teatro de improvisación, pero involucra al espectador de tal manera que acaba construyendo su propia obra. Sama-Sama es un espectáculo ambientado en una planta eléctrica abandonada, donde el espectador actúa como en un juego de rol para construir el espectáculo ayudado por bailarines, acróbatas y actores profesionales. La Sala Cero sevillana ofrece espectáculos de teatro de improvisación que se basan en el concepto let’s do it ourselves (hagámoslo nosotros mismos).

Las Artes de Calle. La creación artística en el espacio público y las calles de la ciudad es un concepto que lleva varias décadas funcionando pero de una manera anárquica. Los esfuerzos se encaminan ahora en ordenar esas artes mediante la formación universitaria, su exhibición en una programación escénica habitual y la organización de seminarios que reúnan a profesionales, artistas, gestores y operadores que configuren una oferta cultural potente y atractiva.

Estas son algunas de las tendencia culturales que llegarán, o ya lo han hecho, a nuestras calles, al espacio público que compartimos. Nada nuevo bajo el sol, la ciudad aliada a la cultura como instrumentos de transformación social. Lo glocal, en definitiva.

 

 

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