Tragedia en plástico

El niño pelirrojo y pecoso lanzó el coche desde la altura de su mesa de estudio sonriendo psicopáticamente. Lo estrelló contra el duro suelo de su cuarto de juegos mientras imitaba el sonido de una explosión con su boca mellada. Pilotaba el vehículo un click adulto, que salió despedido a causa del brutal impacto y quedó inerte, con la cabeza separada del cuerpo, bajo la cama del pecoso. Dentro del coche quedó un bebé click absolutamente aplastado contra el asiento delantero. El pequeño pelirrojo rio sádicamente durante unos segundos ante tan espantosa escena, luego, aburrido de barbarie, decidió meterse en la cama con el firme propósito de no mearse en ella durante la noche. Dejó la lámpara de mesa encendida pues temía a la oscuridad. Aquella luz tétrica convertía los restos del accidente en una escena de Caravaggio. El endemoniado pelirrojo se durmió plácidamente. 

La madre del bebé click, que viajaba en el asiento trasero, y viuda del conductor, maldijo al niño pelirrojo y a los de su especie. Abominó de los humanos, sobre todo de los que en Playmobil no incluyeron el cinturón de seguridad en el equipamiento del coche… ni dotaron de lágrimas a los clicks. Los hombres le habían robado el derecho a llorar a un hijo muerto, y eso era imperdonable, incluso para una click de Playmobil.

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