Tote King

Al llamar al timbre de su casa en el barrio de Miraflores, esperábamos que nos abriera un estereotipo con gorra. Sólo apareció la gorra. El Tote, Manuel para los amigos, rompía la pose de rapero: alto, educado, atlético, culto  y tímido. Nos condujo a su búnker, un estudio donde filosofa a diario escribiendo letras de canciones en un gastado cuaderno sin anillas. Libros y botellas de alcohol son la única decoración. Allí es más Tote al poder ser más Manuel. La libertad son esas cuatro paredes. Nihilista y sentimental, directo y lúcido, huye de las ramas para mear en el tronco de las convenciones. Igual habla de Michael Jordan que de Shakespeare, de la tasca Sol y Sombra que del canon occidental de Bloom, de Podemos que de Dylan. Apóstol de la mesura y prófugo del engreimiento, para él todo es relativo salvo la pasión. Menos mamoneo en las redes sociales y más apurar la vida, ese es su mantra. Así nos sorprendió Tote King, el rapero que extrae poesía a las cosas cotidianas. 

¿Por qué Tote King?

Era muy gordo cuando nací y me decían Manolote. La primera vez que intenté decir mi nombre dije Tote y mi familia empezó a llamarme así. Cuando empecé en el rap, por mis ideas locas y desfasadas, un amigo de Coria me dijo “Eres el rey del desfase”. Y del rey a Tote King. Es la mezcla de mi mote de la música y el familiar.

¿Hay que tener una infancia y adolescencia conflictivas para ser rapero?

En mi caso no. Y muchos de los que conozco tampoco. No es para nada una cosa que tenga que ver con la música. La música sale de sitios muy diferentes y la creatividad de donde menos te lo imaginas.

Háblame de tus padres.

Mi padre falleció hace poco, tío. Era médico, conoció a mi madre en la carrera. Ella estaba en tercero de Medicina cuando me tuvieron. Decidieron seguir adelante, mi madre se encargó de mí y dejó Medicina. Luego nació mi hermano y cuando lo hizo mi hermana, mi madre llevaba sin estudiar quince años, retomó la carrera, con dos huevos… mi madre es increíble… y acabó Medicina. Es médico y trabaja en el centro de salud de Torreblanca. Hostia, mis padres, va a sonar a topicazo, son mis colegas… No entendieron bien que entrase en el mundo de la música, pero cuando vieron que me lo tomaba en serio y que trabajaba, me apoyaron a tope. Son especiales para mí, me han tratado bien y sigo aprendiendo de mi madre.

Con ese ejemplo de mujer, ¿te molesta que tachen tus letras de machistas?

Joder, es que creo que ese tema está desfasadísimo. Entrar en esto es enemistarse con las tuitstars, como Barbijaputa y gente así que detesto, pero es que yo no tengo que estar haciendo un esfuerzo continuo para demostrarte que no soy machista. Mi nivel intelectual, mi capacidad de análisis y mis amistades te lo pueden corroborar. Que tú has visto algo en mis letras que te resulta machista, es una paranoia pura y dura. Hay que ser inflexible con el machismo y putear muy seriamente a todos los machistas y maltratadores, a los que hay que meter en el talego, pero no voy a hacer un esfuerzo veinticuatro horas al día para demostrarle a cuatro locas de internet que no soy machista.

¿Lo consideras una presunción de culpabilidad?

Parten de la base de que eres culpable. El feminismo lo interpreto como igualdad real, no es escribir un correo con “hola a todos” y pongo una arroba. La igualdad es que esa tía vaya a trabajar y cobre lo mismo que yo. Vamos a centrarnos en lo importante, que los tíos y las tías sean iguales a nivel laboral, social, que una tía pueda andar tranquila por la calle y no haya un gilipollas baboso diciéndole tonterías… En eso pido mano dura, pero no paso por el aro de gilipolleces estéticas.

¿El rap huye de esos yugos estéticos?

El rap es explícito, es directo. Habla de cosas que puedo tocar. No me gusta lo abstracto, me gustan las cosas directas. El rap me apasiona porque es capaz de hablarte de estos auriculares que están aquí y los describe de una manera guapa y original. Si hay palabras que te van a sonar mal, hermano, yo voy a seguir con mi discurso.

¿Cómo te educaron en casa?

Mi familia lo ha hecho muy bien conmigo y con mis hermanos. Mis padres son modélicos, educados con los vecinos, solidarios, si el hijo de cualquier vecino tenía algo, bajaban a verlo, asistían a quien fuera. Siempre he visto el discurso de izquierda real, que no es la camiseta del Che ni el pin de Izquierda Unida… el discurso de mi padre a la hora de comer, que le decía a mi madre “En el centro de salud nadie ha tenido huevos de atender a un yonqui, y lo he atendido yo”. Desde chico, nos decían que los juguetes se compartían. Le decía a mi padre “Dame dinero que me voy a la calle” y me decía “Hacemos un trato: hazme un mapa de los ríos de España”. “Papá, cabrón”, y lo hacía. Y mi madre “Léete este artículo de Babelia y te vas”. Hacían esos canjes conmigo.

¿En el colegio eras el capo, el pringao o un bicho raro?

Estaba entre bicho raro y en algunos ambientes el pringao. Nací gordísimo, luego empecé a adelgazar y crecí tarde. Al ser de diciembre era el más chico de la clase, el estirón lo pegué tarde, me salió el bigote tarde, físicamente estaba más puteado. En algunos cursos había unos cabrones repetidores, a los que veía como a mi padre, que nos daban collejas a todos. En realidad, me moví más como el marginado que se interesaba por la música, los cómics y el deporte, mucho más que en ambientes de pringaos a los que hacen bullying.

Es llamativo que un rapero, músico eminentemente individualista, practicara un deporte colectivo como el básquet. 

No tengo grandes recuerdos del básquet, sí buenos amigos. No me sentía guay, no porque sea individualista, sino porque siendo un deporte colectivo veía demasiado individualismo. La gente, cuando hablaba, solo se sacaba la polla en plan de cuántos triples he metido, cuántos tapones… Había mucha gente que no veía el equipo, sólo veía sus cojones. Mi hermano y yo descubrimos hace cinco años el muay thai, que sí que es un deporte individualista. Te subes al ring a pegarte con otro nota; pues ahí he tenido más familia que en un equipo de básquet. Subirte a un ring hermana y al acabar el asalto quieres y respetas al nota, no has ido a maldad a hacerle daño, has dado los golpes con técnica, con un sentido. He sentido más cariño en un deporte individual que en uno de equipo.

¿Por qué no acabaste Filología Inglesa?

Me quedaba poco. Estaba desencantado, era una farsa. Me da pena por Ignacio Guijarro, por Christian Abelló y por María José Mora. Gente que hacía su trabajo con pasión. Uno puede hacer un trabajo apasionado, pero cuando una persona está agobiada y agotada te lo contagia y te amarga, y en la carrera era eso. Solo esas tres personas hacían que yo fuera con ganas de devorar la puta clase. La dejé porque me empezó a ir bien en la música y ganaba dinero, pasó de ser un hobby a un curro real. Le dije a mis padres que había llegado el momento. Saqué una cosa guapa: gracias a esos profesores descubrí a Vila-Matas, a Shakespeare.. potenció el amor por la literatura que mis padres me inculcaron.

¿Shakespeare es el puto amo?

Sí, tío. En él están todos los temas. En todas las vertientes artísticas ya está todo hecho. El sueño de una noche de verano, dicen “lo han adaptado a película”, pero es que lo puedes adaptar a lo que sea. No existe nada más grande que Hamlet. Puedes hacer lo que quieras con esas obras.

¿Te gustan los clásicos?

En una clase de crítica literaria se habló del canon occidental de Harold Bloom y fui el único que lo defendió. Al profesor le parecía increíble. El canon tiene coherencia y ciertas escuelas son intocables. Creo en ciertas autoridades, no sé si será un poco de nostalgia, de romanticismo; me gusta Jordan, y hay gente haciendo cosas increíbles, pero es que ¡Jordan hizo eso, tío!

Hacer rap desde Sevilla, ¿es más difícil?

Desde los últimos años, sí. La escuela sevillana estuvo de moda, marcamos tendencia durante una época. Ahora sigue fuerte con La Mala, SFDK, mi hermano Shotta, yo, y nuevos grupos Danié & Lasio, Pandemic Fingaz… Pero hay ciudades donde ahora tienen más facilidad, Madrid y Barcelona están muy fuertes.

Rapero y sevillano, ¿estereotipo al cuadrado?

Durante muchos años lo fue. Ahora te miran menos. Antes era brutal, ibas a la taberna Sol y Sombra -yo soy rapper pero me flipa mi ciudad, hay cosas que detesto y otras que me tienen enamorado- y desde que entrabas hasta que salías todo el mundo te miraba, cuchicheos, bromitas… eso lo hemos soportado años. Creo que se han acostumbrado.

¿Qué se puede decir nada más que con el rap? 

Me preguntan por qué no escribo un ensayito, algo corto, y digo que llevo años haciéndolo. Lo bueno del rap es que tiene un hueco importante para el texto. Una canción de rap son siete de pop, en contenido. Ojo, a lo mejor una buena de pop en tres líneas te ha dicho más que la mía. Hablo de texto, y el rap me permite contar una historia. Además me quita el mono de escribir algún día algo.

¿Es la música de los desesperanzados?

No, y menos ahora. Las nuevas generaciones son mucho más alegres que lo éramos nosotros cuando empezamos. Nuestra escuela era más comprometida socialmente, nos inspiraban bandas como Public Enemy, gente que rapeaba sobre movidas sociales. Ahora no les preocupa eso y hablan de colocarse, pasarlo bien, follar y vivir rápido. La gran tendencia del rap de ahora no es desesperanzada.

¿Y tú?

Soy un poco desesperanzado. Ya lo era antes del rap.

¿Con qué causas simpatizas?

Salgo poco, mira el búnker que me he montado. Encuentro más placer en cuatro cosas, leer, una buena peli, estar con tu novia charlando… Simpatizo con pocas causas. Con la bondad, la generosidad, la solidaridad, la buena educación, pero no veo eso, entonces es muy difícil. Me cuesta verlo, más con un país roto.

¿Pasividad o activismo? 

Cuantos más años cumplo, tengo las cosas menos claras. Es complicado, seguramente habrá activistas reales, apasionados… y habrá gente que está ahí por hacer ruido y conseguir retuiteos.

¿Sigue teniendo sentido distinguir izquierda de derecha?

Me gustaba mucho cómo lo planteó Podemos al principio, no ahora que estoy bastante desencantado con cómo han solucionado el conflicto interno, de manera vergonzosa e infantil. Me gustaba esa idea de Íñigo (Errejón), creo que era de él, de la centralidad del tablero: no decirle a la población que estaban haciendo un proyecto de izquierda ni de derecha sino para la gente, y que iban a poner encima de la mesa unas proposiciones y, si te gustaban, las votabas. Eso me sedujo mucho, sobre todo porque vi a gente joven, a los míos. Me encantó que se aproximaran sin decir que eran de izquierda.

Y el invento se jodió…

Ahora se ha convertido en otra Izquierda Unida, están levantando el puño, haciendo las canciones antiguas revolucionarias, y eso es muy casposo. Me parece que es importante trabajar desde la izquierda, pero no decir que lo eres ni ponerte el puto pin del Che Guevara; es más importante el proyecto.

Dibujas una izquierda de apariencias. 

Como dice mi amigo David, infantilismo de izquierda. Eso tiene que estar superado, sobre todo porque la gente de derecha está unida y aunque sean unos hijos de puta, como ellos dicen, son sus hijos de puta, y los van a defender aunque hayan hecho la barbaridad más grande. No digo que la gente de izquierda tenga que tapar sus mierdas, porque estaríamos haciendo lo mismo, pero lo que no se puede es ir de purista y hacer el ridículo. La izquierda que me gusta es una en la que no se habla de la izquierda sino de proyectos, y ahora se habla más del pin.

¿España es un país democrático?

España es un país de mierda en ese sentido. En esto no hay demagogia, hay realidad. César Strawberry, año de cárcel por un tuit, Zapata tiene que dimitir por hacer un chiste de judíos, los titiriteros… no existe la libertad de expresión.

Tampoco somos muy diferentes de otros países… 

América, que tiene cosas horribles, tiene una que mola, la libertad de expresión. La respetan, y en eso nos ganan. La libertad de expresión es que yo pueda hacer un chiste y, si te jode, porque eres Irene Villa -que tiene más clase que la mitad de los mandatarios de este país-… en eso radica el humor, no me lo vas a capar tú, porque entonces no es humor.

¿Salimos de la crisis?

Qué va, tío. La crisis va más allá de la pasta. De la crisis económica se va a salir más tarde, pero de la intelectual nunca. No por la pedantería de que la gente está todo el día en internet en vez de leer, eso es una gilipollez casposa, no se es mejor por estar leyendo a Dostoievski mientras un niño pierde su vida jugando en la Play. Los intereses del mundo están dirigidos para que no se salga de esa crisis. A nadie le interesa que la gente sepa cosas, porque se vota mejor o con más conciencia. El país está empobrecido intelectualmente desde hace tiempo, y va a ir a más.

Titulaste Héroe un disco, ¿quiénes son hoy los héroes?

Íñigo y Pablo ha sido gente que ha hecho cosas importantes. Los que no se ven, los héroes que trabajan jugándose la vida por cosas que ni sabemos, como los escudos humanos de Palestina. No sé, supongo que a pequeña escala me parecen héroes todas las personas que han sido capaces, como mis padres, de llevar para adelante una familia de manera sana, bonita y educada. Montar una familia decente me parece una heroicidad.

¿Entiendes la vida sin literatura?

Qué va. Para mí, es prácticamente todo. No hago otra cosa que leer y escribir, y, cuando estoy embotado, irme al cine con mi novia o beberme una cerveza en un bar. Es mi arte, mi pasión, sobre todo cuando descubres un libro que parece que está escrito para ti.

¿Cómo cuál?

Mi mentor es Vila-Matas porque habla de muchos autores. Aparte de que sus libros son cojonudos, no para de darte recomendaciones, que casi todas son la polla. He descubierto Diario de Jules Renard, que es oro, y hace poco lloraba de risa leyendo Guía de Mongolia de Basara, donde todas todas las páginas tienen trozos perfectos, brillantes.

¿Hay más poesía en las cosas chungas que en las elevadas?

A mí me lo parece y los escritores que leo me inspiran mucho más para el día a día que otros que me han resultado pedantes y aburridos. El rollo cultureta y abstracto no me gusta. Hay más gracia en una persona que me describe el bar de la esquina de una manera curiosa sin que tenga que volar en universos raros y extraños.

¿Te imaginas en un sillón de la RAE?  

Qué va, si soy un borriquillo. Me gusta la literatura, la lingüística, escribir bien, pero no lo hago perfecto y hay gente preparadísima. Hay que respetar las profesiones.

¿Qué te ha enseñado la enfermedad?

A relativizar, que también sonará a tópico. Mis obsesiones y neuras se han reducido a la mitad cuando he vivido la enfermedad de cerca, y he dicho “Si lo próximo que saco no es la gran obra maestra, no pasa nada”.

¿Qué piensas de las drogas?

Me gustan las que no me distorsionan mucho la personalidad. Las he probado, me lo he pasado bien y, a día de hoy, no me drogo, básicamente porque mentalmente me llevan a un sitio que me hace imposible leer o ver una buena peli. Como considero que la vida es muy corta y no voy a poder ver las suficientes pelis, leer los libros que me gustaría, prefiero estar drogado el menor tiempo posible para aprovechar la vida. Si un día me quiero encontrar bien, pues me bebo una botellita con mesura con un par de colegas, porque el alcohol me permite hacer más cosas.

¿A qué no le harías nunca una canción?

Al fútbol (risas).

¿Y cuál te gustaría “robar”?

Just Like Tom Thumb’s Blues, del discazo Highway 61 de Dylan. Líricamente es perfecta.

¿Crees en el éxito exprés de los triunfitos o de La Voz?

Sí, porque eso es lo que manda. El fast food de todos los tipos, el instant gratification, le doy a un botón y lo tengo ya. Entonces dices para qué voy a complicarme la vida desarrollando un gusto, un oído, si pongo la tele y tengo un tío que me canta con una voz preciosa. Hay gente, y lo veo bien, que no consume la música con pasión ni con estudio, sólo le interesa que te acompañe mientras conduces o friegas los platos.

¿Qué es la honestidad?

En mi profesión, saber que vas a perder dinero y público y no bajarte del burro en cosas que crees con pasión que son como son. Yo sé que si ayer subo siete vídeos enseñando lo que hago camino a Málaga mis seguidores suben, pero yo siento que eso es una tontería y que estoy alimentando a chavales con gilipolleces inútiles.

Suena a pose cultureta. 

No quiero ser pedante, hay gente que no entiende mi discurso y lo simplifica todo a “Joder, es que el Tote va de cultureta, está leyendo en vez de jugar a la Play”… que no, que a mí me gusta jugar a la Play; no soy un extremista, pero creo en la mesura. No te digo que tengan que estar leyendo Moby Dick, pero a lo mejor un chaval está perdiendo siete horas del día en las que podría estar jugando al básquet o follando, no viéndole la cara a un nota en las redes.

Combativo con el consumismo y vendes discos en un sello multinacional, ¿es incongruente? 

Sinceramente, nunca he tenido el discurso de que no quería ganar dinero. Quería ganarlo para poder tener esto, mi búnker, donde grabo mis canciones y me encierro a leer y a ver mis pelis. Lo que sí está claro es que siempre he creído en la izquierda, en compartir y en ayudar a los demás, pero no soy tonto y creo que la gente de izquierda tiene que ganar dinero.

¿En tus planes entra Dios?

Para nada, tío. Mis padres son ateos y nunca se ha rezado ni creído en nada. Entra en mis letras, en un contexto de vacile, al referirme a mí, cuando digo que soy dios, el puto amo.

¿Y cómo vives la religiosidad de tu tierra?

Me sigue pareciendo patético sacar unos muñecos de madera, es mi opinión. Supongo que habrá cierta magia en eso… Hay a quien le encanta y está al que le encanta ir a un sitio lleno de gente porque se siente feliz. Yo, cuando una cosa está masificada, huyo automáticamente de eso.

¿Seguridades?

Estoy seguro de que soy muy trabajador y una persona apasionada, que me voy a morir siendo apasionado. Es importante apasionarse por algo en la vida antes de morirse; yo prefiero irme sin dejar descendencia que haberme ido sin tener pasión… es la única seguridad, vivo la vida con pasión.

 

¿Complejos?

Tenía más de chico. Al ser de diciembre estaba menos desarrollado, tenía cierto complejo de canijo, y encima para jugar al básquet el físico es importante. Después, en los primeros años de mis giras: no había ido nunca a clases de canto ni a un logopeda y perdía la voz. Cogí un complejo grande con mi voz, entonces me ayudó un colega y con el oficio de los años no me quedaba sin voz. Muchas veces me planteaba dejar la música, escuchaba mis grabaciones y pensaba que no estaban bien, que había tonos que estaban feos; odiaba mi voz en el estudio.

¿La sigues odiando? 

Aprendí a grabarme porque sospechaba que los estudios no me hacían justicia y, cuando empecé a hacerlo yo, descubrí dónde quería ponerme delante del micro, obviamente saltándome todas las normas de los técnicos de sonido que siguen el manual de instrucciones. Te dicen que hay que ponerse a una cuarta del micro y yo me pego, que no puede llegar al rojo, yo lo saturo, me da igual, y después, curiosamente, descubres que los yanquis lo hacen, que muchos de ellos tienen ese sonido porque les suda la polla que esté picando; yo grabo picando y distorsionando.

¿Te consideras un clásico?

Del rap español es fácil verlo así porque la vida de este estilo es muy corta, pero más clásico es Mucho Muchacho o CPV. Se me considera longevo, no clásico.

¿El éxito es una venganza?

Claro que hay un poco de revanchismo. Cuando hice Ahora vivo de esto era una venganza contra todos los que en el instituto me miraban como el rarito y me daban caña; eran los guays, que ahora han perdido la partida y están en un curro de mierda, tristes, separados, alcoholizados… pues nos hemos vengado.

¿La venganza como motor de creación?

Es una gasolina importante. Te confieso que, ahora que eso no está, te quedas más vacío. Cuando ya no tienes de quien vengarte, debes buscar otras inspiraciones.

¿Has pensado hacer otra música en el futuro?

No, he pensado en dejarla, varias veces. Es una idea recurrente, motivada en los escritores que hicieron una sola obra y se fueron. Eso me parece guay, honestamente lo siento.

¿Eso es cobardía? 

No. No tiene mucho sentido porque ya no puedes llegar más lejos, es una sensación frustrante que te consume. Llegas a un punto en que dices ya no puedo hacer más, no voy a conseguir nada que me haga sentir satisfecho. Pero siempre encuentras un día guay, y ese día te lo vuelves a creer.

¿Dónde estarás dentro de veinticinco años?

No lo sé. Espero estar vivo. No sé si seguiré haciendo música. A lo mejor trabajando en la fábrica de cerveza artesana que ha montado un colega, o algo así.

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