Sociedad simple, realidad compleja: el paradigma de la complejidad como explicación ‘de lo que pasa’

Autor: Ramón Reig

A través de su Historia, la especie humana va creando estructuras de poder que están ligadas a las estructuras mediáticas, de las cuales brotan contenidos que pueden influir en las mentes y los comportamientos de los sujetos. Es algo que he demostrado en diversos trabajos aunque sigo aportando datos sobre ello. 

No obstante, esta tesis queda muy incompleta si únicamente se le aplica lo que llamo Enfoque Estructural Simple (EES). Hay que pasar a la siguiente fase de investigación. He demostrado un hecho que salta a la vista entre quienes tenemos formación como historiadores, antropólogos, comunicadores y periodistas. Pero, ¿por qué sucede esto? Y, es más, ¿por qué el hecho conlleva que, en numerosas ocasiones, esas estructuras de empoderamiento supongan el dominio de una minoría sobre o contra una mayoría, incluso en estos tiempos de self media –como los llamó, proféticamente, Jean Cloutier en los años setenta y ochenta del siglo XX- donde el receptor es emisor y tiene ante sí numerosas herramientas para formarse e informarse?

El Enfoque Estructural Complejo (EEC) 

Intentar responder a esta interrogante –en todo o en parte- precisa ya del Enfoque Estructural Complejo (EEC) en el que vengo trabajando desde la segunda mitad de los años 80 del siglo XX. Es ahora cuando más centrado estoy en la cuestión, una vez que he demostrado que el mundo mediático mercantilizado no es un contra-poder sino un elemento más de un poder llamado mercado que –con sus virtudes y sus defectos- nos envuelve. Como ejemplo, constato que el Grupo Carso, perteneciente al magnate mexicano Carlos Slim, es una estructura de poder, articulada con otras estructuras internacionales (Inbursa, una de sus filiales, forma parte del organigrama de Caixabank, a su vez accionista de Prisa, por citar un caso). En el imperio Carso también está integrado The New York Times que, por tanto, no es un contra-poder, no está frente y menos contra ese poder –Carso- derivado de la macro-estructura mercantil. The New York Times es un destacado elemento más del poder que es nuestra propia cultura. ¿Por qué entonces tanto The New York Times como The Washington Post –propiedad de Amazon- sacaron a la luz los papeles del Pentágono o el caso Watergate?

Entre otros motivos, porque la prensa ha perdido poder paulatinamente ante el Poder que ha ido aprendiendo de sus errores, ha ido absorbiéndola más y más hasta que, de hecho, ambos rotativos no dudaron –en un primer momento- en afirmar que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. La libertad del periodista se ha ido acortando desde la guerra de Vietnam hasta la actualidad. En las guerras de decenios anteriores los periodistas poseían gran libertad de movimientos pero desde la guerra de Las Malvinas se agrupan en pool de medios que actúan con el visto bueno del poder y hasta se les reservan hoteles desde los que trabajar -como el Hotel Palestina, en Bagdad- en los que ni siquiera están a salvo porque en el Palestina murieron en 2003 José Couso y el periodista de Reuters Taras Protsyuk a causa de un disparo de un tanque norteamericano. Poco antes, el ejército de Estados Unidos destruyó la sede de la cadena Al Jazeera y terminó con la vida de su enviado especial, Tarek Ayub.

El EEC va mucho más allá

Por repulsivo que nos pueda resultar lo anterior, no es más que un hecho derivado de otro: el Poder se defiende de quienes cree enemigos o rivales, Saddam Hussein se enfrentó al orden mundial que se ha formado con los siglos y fue eliminado, al igual que, desde otras estrategias, ha sucedido y está sucediendo con la llamada nueva izquierda latinoamericana. Y en toda esta dinámica, la prensa –creada por el mismo poder- sufre bajas entre sus trabajadores que, al igual que otros actos, son daños colaterales, según sentenciaron los Bush en su momento.

El pensamiento crítico -una derivación contemporánea del pensamiento marxista a través de la Escuela de Frankfurt-, desarrolla un discurso moral, emocional, simplista y hasta místico-religioso, acerca de tales actos y de otros. Esto provoca un interminable bucle de debates que terminan por ser parte del propio sistema de poder mercantil y, por tanto, un fenómeno más de su cultura que no aclara nada, sólo da vueltas sobre sí mismo, autoalimentándose, e incluso sirviendo de terapia ocupacional grupal o de mentes distinguidas.

El Enfoque Estructural Complejo (EEC) va mucho más allá en su intento de comprender lo que pasa en un mundo que se ha vuelto tan enrevesado. La complejidad exige una metodología que rompa los moldes ciencias-letras (Morin), exige acudir a una epistemología comparada (Lorenz).  En España, este camino epistemológico lo dejó bien claro Rafael Rodríguez Delgado (1912-1997) en una obra que publicó poco antes de morir con un título que es toda una metodología: Del Universo al Ser Humano. Hacia una concepción planetaria para el siglo XXI. Se trata de una metodología similar a la que en nuestros días siguen desarrollando cerebros como Gell-Mann, desde la Física, o Wilson, desde la Sociobiología.

Mi metodología parte de una de las preguntas clave de la entradilla  de una noticia periodística: why?, ¿por qué? Es la pregunta también del filósofo y del científico, incluso la pregunta que el ser humano se plantea desde pequeño. El por qué puede llevarte a un lugar próximo o lejano, al periodista lo conduce, por regla general, a parajes inmediatos pero al que llamo periodista académico lo conecta con el filósofo y con el científico. Entonces surge la cuestión central o hipótesis a demostrar, que ya me planteé en mi libro Todo Mercado (2011), donde empecé a desmontar mi propio pensamiento, demasiado ligado a las utopías e imaginarios históricos.

Karl Popper afirmó que lo primero que impulsa al ser humano pensante a actuar es el problema. Entonces, resumí mi aspiración de no conformarme con lo que hasta ahora había demostrado bajo la metodología del Enfoque Estructural Simple (EES) con una hipótesis formulada en un lenguaje muy común pero a la vez retador al máximo, creo yo.

Está muy extendida la queja entre los humanos: el mundo va mal, el acontecimiento al que antes me referí sobre la muerte de los periodistas en Bagdad se nos presenta como algo repugnante. Sin embargo, simboliza una forma de actuar ancestral en la especie. Por tanto,  lo que yo formulé como hipótesis -simple y vulgar- es lo siguiente:

El problema no es que el mundo vaya mal, el problema es saber si tiene arreglo.  

Para demostrar el auténtico problema y así lograr una Filosofía de la Historia y de la Comunicación que también sea lo que llaman investigación aplicada, no es suficiente con estudiar alternativas desde lo más inmediato y proyectarlas en forma de buenas intenciones. Ahora es necesario saber distinguir entre lo que llamo cerebro deseante y cerebro realizante. Si el humano desea saber por qué no suele ser coherente lo que desea y lo que logra, si anhela ser, “en el buen sentido de la palabra, bueno” (Antonio Machado), y no lo consigue, si lo educan para ser solidario pero más tarde o no lo es o lo es por presiones culturales, ¿qué está subyaciendo ahí?, ¿qué significado tiene su historia? Pero no ya su historia metodológicamente estructurada desde la prehistoria, eso es algo superado por la razón. La Historia de la Humanidad –desde el paradigma del EEC- no comienza en la prehistoria sino en el Big Bang que es lo que se acepta comúnmente como origen de nuestro universo.

En los primeros años del siglo XXI, El País y Abc vendían conjuntamente con el diario una historia de la humanidad diferente. La de Abc comenzaba de forma simple: Prehistoria y Protohistoria. Pero la de El País se había apuntado ya al paradigma de la complejidad. Su primer tomo se titulaba Los orígenes y abarcaba desde el Big Bang hasta el origen de la vida.

El ser humano es el producto final de una enorme evolución –la conocida por nosotros aunque muy parcialmente- que encierra una idea clara: desde los inicios –si es que esta palabra es procedente mencionarla- de la dinámica de partículas elementales, “el enlace entre los elementos supuestamente separados es la comunicación-información, que une y transforma los seres. Luego, el concepto de organización cierra el círculo” (Rodríguez Delgado). El humano es el efecto complejo de aquella inicial sopa de partículas.  En Youtube se puede localizar fácilmente un documental llamado La Historia del Mundo en 2 horas que comienza con estas palabras: “Todo está conectado y el sendero llega hasta ustedes”. Se inicia con el Big Bang. Por tanto, el humano no es el centro ni el comienzo de nada sino –más bien- el final, por ahora.

Autores clásicos –como Jacques Monod- afirman que esta óptica nos conduce al animismo pero es todo lo contrario. No hay texto sin contexto, dice Van Dijk, y mientras más amplio sea el contexto mejor se puede aprehender una situación (Schrödinger). En Periodística, diríamos que hay dos factores sin los cuales no se puede entender un acontecimiento: perspectiva histórica y contexto. En el EEC, el contexto se amplía todo lo posible para llevar a cabo una filosofía práctica que sea de utilidad al ser humano en general y a sus elementos hegemónicos en particular, con vistas a la preservación material y espiritual de la especie en las mejores condiciones posibles.

Para lograr el propósito anterior mediante una amplificación máxima del zoom de nuestra Historia, la complejidad precisa de otros saberes,  lo cual conduce a áreas de conocimiento que van desde la física de partículas al propio ser humano, pasando por la genética, sociobiología, psicología, etología…

Basamentos desde el EEC para interpretar lo que pasa

Sólo puedo ofrecer un breve esbozo sobre un tema que yo mismo mantengo en constante revisión. Sí se pueden afirmar algunos extremos hipotéticos como avances para una nueva forma de intentar explicarse lo que pasa en el mundo. Las hermenéuticas dominantes actuales –muchas de ellas derivadas del pensamiento postmoderno- sostienen errores de base que hay que ir desterrando aunque ello nos lleve fuera de nuestra zona de confort intelectual y psicológica. He aquí algunos de los basamentos sobre los que debe pensarse el mundo:

· El humano no es social sino individual, de lo contrario no habría problema y yo no estaría escribiendo estas líneas. Todo lo que se desenvuelve en la evolución busca la supervivencia individual y la prolongación en el tiempo, incluso lo que consideramos filantrópico.

· Derivado de lo anterior, en su esencia, no son posibles las sociedades llamadas socialistas ni comunistas, como tampoco imaginarios filosóficos orientales -si así fuera, las culturas asiáticas no hubieran virado hacia lo mercantil- importados por la postmodernidad a Occidente para el ocio de los asentados en el sistema.

· El humano, en un principio, suele atender las ideas místicas de Rousseau y otros autores, hasta que su razón y su experiencia le dictan lo contrario. En esta evolución intervienen factores cerebrales que son competencia de la neurociencia. Parecen ser factores de conservación o administración de energía, una combinación por tanto de cultura y fisiología.

· El humano se ve obligado a colaborar para sobrevivir (Manfred), por eso su historia es total, no parcial, y hay culturas que se van imponiendo unas sobre otras o que se van sincretizando. La cultura de mercado es, a la vez, impuesta y aceptada como derivación de la propia naturaleza yoísta del humano. El mercado es el humano.

· Tanto la solución cristiana, primero, como la marxista, después (que no su método histórico), son simples imaginarios, producto del cerebro deseante. En efecto, la tendencia a la igualdad conduce a la mediocridad porque se está falseando el concepto de equidad-igualdad: “Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones”.

· El humano –sobre todo el común- vive sobre la base de imaginarios individuales o colectivos, sobre sus deseos, no sobre la realidad. Los imaginarios le sirven también para prolongarse en el tiempo a través del autoengaño espiritual.

· Para que cualquier estructura llegue a su condición, precisa del orden pero ese orden –sobre todo al encerrarse sobre sí mismo- puede devenir en entropía, he ahí la causa de los fracasos de los imaginarios comunista y cristiano, entre otros.

· El orden es el desorden. En nuestros días, mientras más aumenta la entropía digital entre la sociedad, más aumenta el orden, el dominio y el inmovilismo sustancial del hecho Poder. Es una aparente paradoja: el ciberactivismo refuerza al sistema que lo ha originado y que le facilita las herramientas para que actúe contra él, ante lo cual debe defenderse. Como el humano es individual y tiende por tanto a la dispersión –sobre todo cuando no tiene intereses comunales materiales- la sociedad digital es la máxima manifestación del individualismo o, si se prefiere, del individualismo gregario, al que la infoxicación puede anularle el conocimiento.

· Además, las herramientas derivadas de las revoluciones tecnológicas son los nuevos dioses que han aparecido tras la muerte de Dios. Representan los nuevos sentidos y significados con los que contrarrestar el principio psicológico de incertidumbre (Pastor Ramos), el instinto de muerte (Freud) y el saber que se sabe (Boulding).

En síntesis, ahora, Marx debería seguir interpretando la existencia en lugar de transformarla porque, en efecto, ha sido la vida la que ha controlado a la conciencia y no al revés. La libertad empieza por la comprensión de este hecho pero son lógicas las resistencias contra el poder derivadas de los enfoques estructurales simples porque no sólo el mercado es el resultado de una evolución sino que también lo sería su superación. El problema está en conocer hasta dónde llega lo real y lo que se desea pero la lucha entre el humano va a seguir, debe seguir, aunque sea para no acceder adonde se anhela.

Conclusión

El miedo a abandonar una zona de confort intelectual ancestral puede originar el rechazo de los puntos anteriores y del planteamiento que los ha originado. El político, pensador orgánico o receptor -llamados progresistas- no se diferencian, en esencia, de los conservadores: todos desean, en mayor o menor medida, que su cerebro siga tendiendo a la comodidad (Cordelia Fine), no hasta el extremo al que llegan los ciudadanos más comunes pero sí vale para ellos la realidad de la comodidad de un cerebro que fabrica estereotipos para sobrevivir con los menos sobresaltos posibles.

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