Silvio – La filosofía del swing

Todas las personas que tuvimos la suerte de conocer y tratar a Silvio Fernández Melgarejo no solo admirábamos su manera de cantar y hacer música, sino que también nos sentíamos muy atraídos por su forma de pensar y comportarse. Nuestro rockero mayor era sobre todo un magnífico ladrón de oído y un agudo observador al que le placía contemplar la realidad “con los gemelos invertidos”, como él decía, para que los árboles le dejaran ver el bosque. Pero conocer el pensamiento de Silvio no es tarea fácil, pues como si de un antiguo sabio se tratase, de su filosofar solo nos han quedado fragmentos diseminados en entrevistas y algunas estrofas de las pocas canciones que se molestó en componer. Con estos materiales, y con el recuerdo de las charlas que mantuvimos, voy a tener el atrevimiento de hacer una interpretación de lo que podríamos considerar su filosofía. 

In the beginning 

(Acción Dorada)

Preguntado en una ocasión sobre quién hizo el mundo, Silvio respondió rotundo: “los pitufos”. Y ante la sorpresa del entrevistador añadió: “Bueno, los pitufos con las pitufas”. Podemos ver desde el principio cómo la suave ironía y el mejor humor sazonaban su pensamiento. Por eso, su libro del Génesis era como un cuento infantil donde el pecado original no aparecía por ninguna parte. Como dijo una vez, “la verdad, si no tiene gracia, a nadie le interesa”.  

Nuestro patrón rockero también nos dejó escritos y cantados unos versos donde poetiza con aire de swing sobre la acción fecundadora del sol. Esos versos rezan así:  “Acción dorada, acción dorada, como en un amanecer el sol acciona sobre la tierra mojada”. En la acción del sol (luz-fuego) sobre la tierra, previamente mojada, el Silvio pensador vislumbraba las felices cópulas que habían dado lugar al amanecer de la vida. Esa manera primitiva de filosofar como los presocráticos, que también fueron los primeros físicos, nos evoca fragmentos de Heráclito de Éfeso, como el que dice: “Con el fuego tienen intercambio todas las cosas, y todas las cosas con el fuego”.

Zeus o la naturaleza

“Yo creo en Zeus y sé que los hombres pueden cambiar el destino, pero yo no soy uno de ellos”. Así se expresaba Silvio en una entrevista, en la que también afirmó: “Para mí, la felicidad es el cumplimiento de la naturaleza”.

No recuerdo haber escuchado a Silvio pronunciar nunca la palabra “dios”. Siempre que hacía alguna referencia a temas mítico-religiosos utilizaba el nombre de Zeus. Y la palabra Zeus en su boca, más que un ser concreto, parecía querer significar la fuerza de la naturaleza. O la naturaleza misma. En este caso, sin saberlo, Silvio comulgaba con el gran filósofo Benito Spinoza, autor de la famosa expresión Deus sive Natura (dios o la naturaleza), lema que le supuso a este pensador holandés del siglo XVII ser acusado por unos de ateo y por otros de panteísta. Yo me inclino a pensar en este caso que Silvio no se sentía ateo, por la sencilla razón de que el término “ateo” le sonaba feo. Él era más bien panteísta.

Homo poco económico

Se podría decir que a la especie del Homo sapiens le ha sucedido en el mundo posmoderno la del Homo oeconomicus, pues hoy día la economía dicta la inmensa mayoría de nuestros pensamientos y conductas. Y son considerados bichos raros los hombres poco económicos. Como ya imaginarán, nuestro Silvio pertenecía a esa rara especie. Así, en una ocasión, cuando un periodista le preguntó si ganaba mucho dinero con la música, él respondió: “No, la música no me da dinero porque no me da la gana. Sería para mí una catástrofe”. Silvio, en este caso, sabía perfectamente lo que decía. La única ocasión de su vida en la que dispuso de mucho dinero significó para él una auténtica catástrofe de lamentables consecuencias. La respuesta de Silvio lo emparenta en este caso con el buen escritor catalán Joseph Pla, que, cuando en una ocasión recibió una importante oferta económica para trabajar en el Saturday Evening Post, la rechazó aduciendo que ganar “tanto dinero le descalabraría el presupuesto”.  captura-de-pantalla-2016-11-16-a-las-11-12-47

La rebelión de la alegría

El diccionario dice que la alegría es “un sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero o a veces sin causa determinada”. De los dos tipos de alegría que se desprenden de esta definición, la que se produce sin causa determinada es la que nos interesa, porque esa era la alegría silviana. Y es ahora cuando viene al cuento recordar que antes de cumplir los treinta años Silvio había sido ya suficientemente agraciado y desgraciado por la vida. La diosa Natura lo había dotado de unas cualidades artísticas indiscutidas por todos los que lo conocían, y en su momento la diosa Fortuna le había sonreído en forma de ventajoso matrimonio. Pero casi a renglón seguido, y con su evidente colaboración, todo se derrumbó. No vamos a detallar las dos tragedias que, de algún modo, supusieron un punto y final en su existencia. Solo queremos dejar constancia de que antes de llegar a la treintena Silvio ya había conocido casi todo lo bueno y lo malo que le iba a pasar en su vida. Así las cosas, sobre un fondo de latente amargura, y sacando fuerzas de flaqueza, decidió vivir lo que le quedara, no “rebelde sin causa”, como su admirado James Dean en el cine, sino “alegre sin causa”. Aunque su alegría en realidad era una verdadera rebelión. Esta radical rebelión la expresó en una ocasión cuando sentenció: “Mientras estoy vivo, estoy contento”. Y es que esa alegría pura y silviana, que muchos relacionan con la locura, es muy al contrario la más sensata y filosófica actitud que puede adoptar un humano. Ya que solo esta alegría, que no pone condiciones a la vida y acepta su radical dramatismo, como postulaba Nietzsche, nos permite disfrutar en plenitud de la existencia. Por eso, el duque de Rivas escribió en 1991 en la revista El Europeo: “Silvio posee un natural elegante y estoico. Jamás lo ha visto nadie quejarse de su suerte”.

La religión del escenario

“Entre el filósofo y el músico existe una curiosa diferencia. El filósofo tiene la obligación de dudar y el músico tiene la obligación de no hacerlo. Dudo, luego soy filósofo. Creo, luego soy músico”. Así marcaba Silvio la frontera entre el filósofo y el artista. Y así nos permitía entender su religión del escenario, donde desplegaba de forma ritual su instinto de celebración. “La voz no hay que cuidarla, hay que entregarla al Espíritu Santo… todo es cuestión de fe… al pisar el escenario aparece la fe… y la comunión… y mirar a la gente… no mirarse a sí mismo… intercambiar los vasos. Es un poquito religioso el asunto cuando se está encima del escenario. Si no llega a ser religioso, no da resultado”. Utilizando como casi siempre una terminología católica, Silvio expresaba su visión de cómo debían de ser las celebraciones musicales en directo. Nuestro patrón fundía lo artístico con lo religioso y el escenario se convertía en el altar donde concelebraba con el público. Entendía lo religioso, no en el sentido trascendente de la palabra, sino en el etimológico. El término latino religio significa religar, volver a unir. Y eso es lo que a él le encantaba; ayuntar a los individuos y unir extremos, Macarena de Triana, Izquierda y Derecha, Sevilla-Betis,  etc. Pues bien, en esas celebraciones y ayuntamientos que nuestro cantante pregonaba y propiciaba, “el swing nuestro de cada día” era como el pan sagrado en la eucaristía. 

El swing

(Filosofía en movimiento)

En una ocasión Silvio dijo: “No existe el tiempo cuando me subo a cantar, porque me sumerjo en la eternidad”. Esta confesión nos invita a pensar que la música, mientras suena, nos libera del tiempo, de las causas y de los fines, que son las limitaciones que constriñen nuestra vida. En otra ocasión, en cambio, nuestro rockero sentenció: “El tiempo es redondo”. Estas afirmaciones podrían parecer contradictorias, pero no lo son necesariamente. Y es que la liberación del agobiante tiempo lineal que la música nos proporciona se produce gracias a la instauración de un nuevo tiempo. Y ese tiempo es redondo porque lo produce el Eterno Retorno del tempo musical. En este punto, nuestro Silvio se emparenta de nuevo con un gran filósofo que también fue músico, Friedrich Nietzsche. Porque la música, para los que la viven como lo hacía Silvio, es capaz de producir una peculiar felicidad que consiste en hacernos vivir “en el umbral del instante”, expresión del propio Nietzsche. Y esa intensa experiencia de instalarse “en el umbral del instante” que la música nos puede proporcionar, Silvio la procuraba vivir en todo momento, no solo cuando se subía al escenario. Y su gran aliado para ese menester fue el swing. “Amigo mío, donde hay ambiente siempre hay un poquito de swing”, le comentó Silvio en Madrid en 1982 a un reportero de Radio Nacional de España.

Como bien escribió Manuel Vicent, “el swing (oscilar, balancearse, mecer) es un movimiento que va desde dentro a fuera del cuerpo… y las personas que están tocadas por la gracia del swing lo manifiestan, sin darse cuenta, en cualquier gesto cotidiano… al caminar… al dar la mano… al acercar la copa a los labios. Además, el swing es también una forma de encajar con elegancia los golpes que da la vida”. Al escribir esto, y sin saberlo ni conocerlo, Manuel Vicent parece que estaba retratando a nuestro Silvio, un hombre que encarnó lo que podríamos llamar la Filosofía en Movimiento. Por eso, cuando hace cerca de veinte años dediqué a nuestro artista una oración que parafraseaba el Padrenuestro, escribí; “El Swing nuestro de cada día, dánosle hoy y perdónanos nuestras dudas”.

Para terminar este incompleto bosquejo del pensamiento silviano, Filosofía en Movimiento, vamos a recordar una estrofa de una canción suya que, como primer y único mandamiento de la filosofía del swing, ordena:

“Baila cadera

como un puñado de agua

no intentes lo que no llevas.

Baila cadera

como un puñado de agua

también el corazón bailando está dentro del tórax”.

Pive Amador

Compositor, escritor y productor musical.

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