Seducción interracial

A mi tita Reyes le encantan las plantas. Vive en una casita baja con toda la fachada cubierta de distintos tonos de verde. Dentro siempre se está oscuro y fresco, pero a través de una pequeña escalerita se sube a una azotea en la que me gusta tomar el sol en pelotas. Mi cuerpo desnudo ha estado aquí arriba en todas sus versiones, desde la primera que soy capaz de recordar. Las plantas también han ido cambiando, cada vez más grandes y numerosas. Mientras mi tía duerme la siesta, me quito la ropa y me tumbo entre gloriosas macetas de cintas. Son las cuatro de la tarde y el suelo caliente del otoño está en su punto.

A un brazo de distancia, una hilera de geranios pletóricos llama mi atención. Hay flores de muchos colores. Mis favoritas son las blancas con manchas rojas. Parecen vivas, alegres, extremadamente sanas. Acaricio los pétalos con los dedos. Tengo ganas de acercarme más. Me arrastro como una oruga hasta que alcanzo a besar el tallo, hasta que puedo hundir la nariz en esa pequeña espesura y empacharme de lo bien que huele. La textura aterciopelada de esta especie es asombrosa en todos sus puntos. Cómo puede ser tan suave.

Me pongo a cuatro patas y doy la vuelta para poder rozar los cachetes del culo contra el geranio elegido. Un contacto muy leve, no deseo violentar demasiado a mi pareja. No hay que abusar. Nos conocemos hace años, pero todavía no hemos cogido confianza del todo. No pasa nada, entiendo la situación. A las plantas hay que conquistarlas a su ritmo.

Canción: Dive – Caribou 

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