Rubén Fernández Castón

Le gusta ir a la exposiciones cuando ya está barrido y rebarrido el confeti de las presentaciones multitudinarias. En silencio y sin mucha parafernalia. Es curioso porque su obra se comporta de una manera similar. Entre silencios, espacios, blancos; comunicándose mediante diálogos o conversaciones mudas e imperceptibles para el ojo humano. No le gusta el postureo del arte contemporáneo. De hecho, niega su existencia. 

Como en todas las disciplinas y profesiones, existe un corralito, no a la argentina, pero que fluctúa como el valor de las obras de arte y se mueve cuando el aire viene de cara y se estanca cuando el sol no calienta. Una cualidad de ese corralito es la falsedad y otra, el interés, y ambas se van solapando y entrelazándose como el tronco de un bonzai.

Sin embargo este artista emeritense y residente en Sevilla se mueve en otros circuitos. Tiene su taller en la calle Sol (o calle “Zol”, como escribiera Pío Baroja en El nocturno del hermano Beltrán), en la acera de los pares que pertenecen al barrio de Santa Catalina.

Rubén Fernández Castón (36) comenzó dibujando las obras que descubría en los libros de arte de sus padres. “No como un hobby, sino con la intención real de ser profesional y firmar mis propias obras de arte”. Era cuando vivía en el pueblo y su madre corregía la postura de sus dedos al coger el lápiz.

Actualmente Rubén se está convirtiendo en un referente en Andalucía de la abstracción abstracta geométrica. Así define su estilo. Cuando terminó el instituto, ingresó, como parecía evidente, en Bellas Artes, en la Universidad de Sevilla, donde se licencia para posteriormente especializarse en Grabado y Diseño. “Estos estudios no estaban demasiado desarrollados entonces. No ya grabado, que sí, sino diseño, que apenas tenía materia y aprendíamos simplemente a manejar programas de edición informática”.

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una metodología basada en la observación de elementos, donde la geometría está presente, inspirándose de otra disciplina no menos artística como la arquitectura. ¿Artista digital? El origen de su obra estuvo muy marcada por esa enseñanza digital y la figuración. Lo trabajaba todo por ordenador e incluso mandaba a cortar la obra mediante láser. “Era una etapa, además, muy marcada por mi condición sexual”. No obstante, de la figuración abstracta ha pasado a la negación de la misma y a hacer suyo el dicho less is more, con el que se siente plenamenteidentificado. Actualmente es más un carpintero o artesano que otra cosa, y como tal habla su taller.

Bebe de la idea de Frank Stella, pintor y grabador estadounidense, que entendía la pintura como lo que es: pintura y nada más. “La abstracción geométrica gusta o no. Aunque hay mucho desconocimiento del color, el espacio, el ritmo o el equilibrio de este tipo de obras”. Buscar la belleza a través de figuras geométricas. Ese es su sino.

Con referentes tan alabados y reseñados como Stella, Ellsworth Kelly, Anna Truit, la cubana Carmen Herrera o los españoles Equipo 57, reconoce que el boom del arte geométrico resucitó en el año 2016. Fue en ese año que la familia Cisneros donara al MoMA de Nueva York más de cien piezas de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC) para la exposición permanente de abstracción geométrica de la pinacoteca americana. “Es entonces cuando vuelve a estar de moda e incluso algunas galerías se especializan en esta disciplina”. Y como un tsunami artístico, esa moda se extendió por toda América con brío, y posteriormente, pero con menos contundencia, por Europa y España. Eso explica que Rubén venda el grueso de sus obras al otro lado del charco, concretamente en Venezuela y Méjico.

Su obra cabalga entre lo pictórico y lo escultórico ya que “son pinturas a las que aporto volúmenes, añadiéndole dos caras y entiendo la pieza como algo no paralelo a la pared, sino perpendicular al plano”. Dejémoslo en pintura expandida.

Viene de La Rioja, donde ha expuesto para Bañarte en la Iglesia de San Pelayo de Baños del Río Tobía. De Andalucía ni hablamos. Hace años que no expone y pone en duda el compromiso de las instituciones en lo que al arte contemporáneo se refiere. “Hay muchas iniciativas privadas pero poco o nada desde lo público, y lo que hay, como el CAAC, no está abierto a la ciudadanía”.

Foto: Eduardo Sánchez. 

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