Ron Arad

En anteriores artículos mencionamos a Safartti y Castiglioni como maestros del funcionalismo poético en las décadas de los sesenta y los setenta, a Ettore Sottsass y su grupo Memphis abanderando la anarquía postmodernista de los ochenta y a Jasper Morrison como representante del esencialismo de los noventa. Toca ahora el turno de recordar la obra de Ron Arad, defensor del diseño como “arte usable” y libre de restricciones. Creador de formas voluptuosas, esculturales, salvajes, destinadas a imprimir la belleza de la sorpresa en aquellos que las contemplan. Un francotirador del diseño, al que su bestial estilo le valió calificativos como “el bruto más fino del mundo” y una clientela que abarca desde Jean Paul Gaultier hasta Michael Jackson.

Ron Arad nació en Tel Aviv en 1951. Como curiosidad, su madre hablaba ladino, un idioma que según él “sonaba como Cervantes”. Su formación se inició en la Academia de Arte de Jerusalén y continuó en la Escuela de Arquitectos de Londres, la misma ciudad en la que montó un estudio de diseño en 1981, One Off, del que surgieron sus primeras creaciones. A nivel formal, Arad fue uno de los primeros diseñadores en utilizar el reciclaje como técnica, y justamente con desechos creó varios de sus objetos más recordados, como la icónica Silla Rover, confeccionada a partir de antiguos andamios y un asiento del automóvil Rover 2000. Ron Arad

Cuando se mudó a un nuevo estudio, se encontró a sí mismo diseñando y fabricando cosas estrafalarias, futuristas y brutalistas. Convirtió el jardín en un desguace donde acumulaba hierros para sus obras, piezas que soldaba allí mismo. Sus diseños con materiales de desecho o de segunda mano le valieron etiquetas como neorruinista, chic salvaje, tech-posnuclear y la más modesta de chic austero, inventada por el crítico inglés John Thackara. Sus ganas de inventar llegaban a extremos tan divertidos como diseñar escalones de tablones enganchados a la pared, que hacían música a la manera de las teclas de un piano a medida que los clientes subían y bajaban. De esta época son también la lámpara Tree Light o la mítica silla Well Tempered Chair, que representan a la perfección esa estética de la recuperación de materiales.

La experimentación constante de Ron Arad con las posibilidades de materiales como el acero, el aluminio o los materiales sintéticos, y su nueva visión de la forma y la estructura, le han proporcionado un puesto de honor dentro de la vanguardia del diseño contemporáneo. Con su anti-funcionalismo militante, Arad nunca deja indiferente al usuario, no intenta crear objetos útiles, sino simplemente bellos. Preguntado una vez por la supuesta falta de funcionalidad de sus objetos respondió: “Sí, es cierto, me acusan de ello, ¡pero es que yo hago lo que quiero! En mi certificado de nacimiento no hay ninguna cláusula que diga que tengo que diseñar objetos funcionales”.

Ante la cuestión de si el diseño se convierte en arte cuando carece de utilidad, Arad proclama que cuando piensa en arte o en diseño, más que su posible utilización, le interesa descubrir si es divertido o aburrido. Busca innovar con materiales y formas creando juegos y combinaciones provocativas, obteniendo como resultado obras muy singulares. Sus piezas se denominan como ”libres”, es decir, sin vínculos ni límites, y la piedra angular de su pensamiento consiste siempre en no basarse en lo que ya existe. Lámpara Tree

Lo que sí le interesa es despertar en la gente la idea de que no hay que aceptar que las cosas son como otros nos han dicho que deben ser, que existen otros modos de hacer. Y es esa búsqueda la que le inspira curiosidad y la que actúa como propulsora de su obra, incitándole a cazar nuevos materiales o tecnologías a los que hincarles el diente. En sus posgrados del Royal College of Art de Londres suele criticar a sus alumnos porque sus productos son “un poco Wallpaper” o “un tanto Ikea”. Arad, después de todo, se hizo conocido por diseñar un equipo de audio incrustado en bloques de hormigón, el Concrete Stereo de 1983.

Ron Arad se percibe como “un diseñador integral”, cuyo mayor logro ha sido fusionar de manera increíble sus tres oficios: diseñador industrial, arquitecto y diseñador de interiores, de tal manera que se ha convertido en el artista ideal para concebir, edificar y desarrollar importantes proyectos arquitectónicos en el mundo entero. “Me considero muy afortunado por poder disfrutar muchísimo, tanto a la hora de poner en marcha un proyecto arquitectónico como al crear una escultura. Lo único que intento conseguir es no hacer lo que no me gusta hacer”. Silla Rover 2000

Además de los trabajos de su estudio, entre los que destacan la Ópera de Tel Aviv o la Mediacité de Lieja, Arad también diseña para muchas empresas internacionales de importancia como Kartell, Vitra, Moroso, Fiam, Driade, Alessi, Cappellini, Cassina, WMF y Magis. Muchos de estos trabajos están en las colecciones del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, del centro Georges Pompidou en París, del Victoria and Albert Museum de Londres y del Vitra Design Museum en Weil Am Rhein.

Embajador del organicismo maximalista, sus objetos y edificios difuminan definitivamente la frontera entre diseño, arte y espectáculo. Para este artista multidisciplinar, el diseño, la arquitectura y la escultura son la misma cosa. La diferencia no reside tanto en lo que hace, sino en para quién lo hace. Contrario a cualquier forma de puritanismo conceptual, su estilo y su obra se escapan a cualquier intento de clasificación. Arad está siempre a la vanguardia tecnológica a la vez que produce objetos de corte artesanal: un escultor de la provocación y la sensualidad iluminado con una técnica exquisita. UFO Perfume Kenzo

Su idea del diseño como surtidor de placer y su concepto de la vivienda como el intento de sus habitantes por ser felices, le ha llevado a proponer un modelo mestizo. “Cualquiera que explique cómo deberían ser las cosas está diciendo una mentira”, opina. “Adolf Loos puede hablar de que el ornamento es un crimen y a continuación ves una fantástica creación que es ornamental. Los manifiestos sobre cómo habría que hacer las cosas deben ignorarse”.

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