Reza Hosseinpour

Cirujano cardiovascular pediátrico del Hospital Virgen del Rocío, naciste en Irán y en la revolución islámica del 79 tuviste que irte con tu familia del país.

Dos meses antes de la revolución las escuelas empezaron a cerrarse, comenzaba el caos en la ciudad de Teherán. Mi padre era profesor de cardiología de la Universidad Nacional de Irán, tenía una mentalidad muy académica. No veía admisible que sus hijos no fueran a la escuela. Esa fue la razón para irnos de nuestro país. Sin embargo, siempre tuvimos la idea de volver una vez las cosas se calmasen. No estábamos huyendo, era un gesto académico.

 

¿Temiste por tu vida en algún momento?

Concretamente por la mía no, pero querían matar a mi padre porque era un médico muy famoso en Irán y tenía fotos con el Shah en inauguraciones y actos. Además tenía pacientes muy monárquicos y eso complicaba mucho la situación. Tanto es así que vinieron a mi casa a buscarlo para ejecutarlo, pero ya nos habíamos ido del país.

 

¿Te has considerado alguna vez un refugiado? 

No, porque cuando eres niño la palabra refugiado no quiere decir mucho. Además no teníamos el estatus de refugiado. Mi hermana nació en Londres, y tenía la nacionalidad británica, y toda nuestra familia tenía el visado de largo plazo para poder entrar en Francia e Inglaterra. Nunca pasamos por la fase de estatus de refugiado. Pasamos de iraníes a iraníes turistas y más tarde a residentes con nacionalidad británica.

 

¿Qué opinas de la situación actual de los refugiados?

Es una situación que se repite siempre en la historia de la humanidad. Nadie ha sido más perseguido que los judíos, porque fueron los primeros monoteístas hace 9.000 años. En Estados Unidos no está bien visto hoy en día ser musulmán igual que en el norte de Europa. Sin embargo, en España no ocurre lo mismo. Están aceptados con naturalidad. En conclusión, sabemos por la historia que la razón vence estas situaciones de persecución. Lo que no sabemos es qué cantidad de muertes tienen que ocurrir para que esto suceda. Adolf Hitler tenía que caer incluso ganando la guerra. Antes o después la razón se impone.

 

¿Por qué parece que algunas sociedades históricamente hiperdesarrolladas parecen haberse estancado o, incluso, involucionado

Lo que pasa en estos casos es que intentan forzar el progreso, y el progreso es como un río: hay que dejarlo fluir. Si fuerzas un río, termina inundándolo todo. Irán era un país analfabeto, sin seguridad social, sin educación y con hambre, pero un país rico gracias al petróleo. Para evolucionar hay que respetar una jerarquía del desarrollo: primero hay que asegurar que nadie pase hambre, en segundo lugar, la salud, y por otro lado, que haya seguridad social. Una vez conseguidas esas cuestiones, hay que atacar el analfabetismo y más tarde la cultura y así sucesivamente. Si no se respeta este orden, se involuciona.

 

¿Qué eres, iraní, francés, inglés…? 

Soy iraní de origen, francés por educación escolar para más tarde estudiar en la universidad británica. Por tanto soy de nacionalidad británica. Por último, y tras años trabajando en Inglaterra, me ofrecieron mi puesto de trabajo en Sevilla y soy sevillano de adopción.

 

Ciudadano del mundo.

Sí. No siempre por elección, pero creo que me ha beneficiado. Por esta razón hablo cuatro idiomas, estoy cómodo en cualquier sitio del mundo. Pero también tiene su lado negativo y es que no tengo vínculo en ningún lugar. Es problemático porque no tengo esa sensación de seguridad y pertenencia.

 

¿Conocías Sevilla? 

La conocía como turista y cuando me ofrecieron el puesto de trabajo en el hospital Virgen del Rocío lo hablé con mi mujer y nos pareció una idea romántica.

 

¿Cómo valoras la Seguridad Social española?

Bajo mi punto de vista es muy buena. Tanto es así que en muchos sentidos, la prefiero a la de otros países. El sistema británico es peor; el sistema francés es impresionante pero es insostenible económicamente. El sistema español lo es. El principal problema es el abuso que se hace de él. Recuerdo que mi padre decía: “Nunca des una opinión gratis, siempre cóbrala porque si no, no la apreciarán”.

 

¿Qué no te gusta? 

La falta de ambición. He escuchado frases como “¿Para qué cambiar esto si ya somos los mejores de Andalucía?”. Y eso basta. Y yo siempre digo que tenemos que convertirnos en los mejores del mundo. En España se tiene una única y corta ambición: ser mejor que el vecino. También he escuchado eso de: “Esto para España está bien”. Me enfurece muchísimo. Si algo no es aceptable en EE. UU., Canadá, Francia, Suecia, Australia… tampoco puede serlo en España.

 

¿Qué piensas sobre el aborto? 

Mi opinión sobre este tema es totalmente científica y clínica. El aborto es como la energía nuclear, que puede aprovecharse para obtener energía limpia y útil pero también para fabricar bombas. El aborto es útil porque hay niños que científicamente sabemos que vienen al mundo para sufrir. No obstante, hay casos en los que se utiliza para deshacerse de un crío con problemas perfectamente corregibles. Con respecto a la legalidad o no, considero que siempre ha existido y que va a seguir existiendo, por lo tanto, prefiero que puedan hacerse en hospitales con material y personal cualificado a que se hagan en garajes.

 

La religión y la ciencia, ¿son incompatibles? 

La religión debe ser una cuestión espiritual y personal. Una vez sale del plano personal, puede perjudicar a diferentes ámbitos en progreso. Ocurre con las células madre. Tengo compañeros muy religiosos y otros muchos ateos y en el trabajo conviven con naturalidad y sin que afecten sus creencias o no creencias a las intervenciones que a diario tienen que hacer.

 

¿Tenemos buenas universidades en España?

Rotundamente no. En España enseñan dogma. La docencia universitaria se basa en la memorización de libros. No enseñan a pensar. Ni los docentes ni los alumnos se plantean que los libros están escritos por seres humanos que también se equivocan. Cuando yo dudo sobre alguna publicación me tachan de arrogancia. En mi trabajo suelo tener conflictos con esto porque, cuando opino sobre algún tema científico, inmediatamente me sacan un artículo publicado en alguna revista rebatiéndome.

 

En 2014 publicaste un libro titulado Making sense of bullfighting (Dándole sentido a los toros). Tuviste una conversión de antitaurino a aficionado, ¿es así? 

Antes de venir a Sevilla era profundamente antitaurino, igual que era anti caza de zorros en Inglaterra, en el concepto. Siempre he pensado que era el punto débil de la cultura española. En 2006, le comenté a mi mujer que debíamos ir a una corrida de toros para obtener más fundamentos en contra. En el primer toro confirmé la salvajada que pensaba que era, sin embargo, con el segundo toro, Sebastián Castella completó una faena que me hizo plantearme otras cuestiones. Desde entonces me han ido presentando a grandes aficionados y profesionales del toreo que me han ido enseñando, como por ejemplo, Espartaco, Dávila Miura, Manzanares o Morante. Con ellos he entrado en un plano intelectual que no sabía que existiera.

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