Revolución rusa

Uno de los acontecimientos más influyentes del pasado siglo XX fue la llamada Revolución Rusa. Cambió el panorama mundial, no solo durante su existencia, sino que aún marca todos los movimientos geopolíticos del mundo. No se trata de hacer un panegírico del régimen comunista, responsable, entre otras cosas, de la eterna melancolía de la izquierda y de sus derivas actuales, sino de reconocer su importancia en la situación actual.

De alguna manera nos marcó a todos, fue un sueño convertido en pesadilla, en el monstruo particular de todo el sistema. El 7 de noviembre del 1917, para nosotros, 25 de octubre para ellos, apareció, o se materializó por vez primera, una ideología que era un puro producto de laboratorio y que se llevó a la práctica sin preparación alguna para ello. Tras un inicio que intentó a toda costa el establecimiento de un nuevo orden mundial, que abarca el periodo Lenin-Trosky, es decir hasta 1924, se abrió un periodo especialmente amargo de consolidación del poder por el poder que se hace repugnante con la llegada de Stalin. Millones de muertos, hambre y desolación, el fracaso del sueño y el inicio de la pesadilla en toda su extensión.

Me llama la atención la poca importancia que se le ha dado a la efeméride en los medios, tanto que me hace dudar de si realmente existió. Quien olvida jamás puede recordar y menos aún percibir lo que nos rodea en su auténtica medida. Independientemente de lo que pasara luego, a la Revolución al menos le debemos en gran parte las vanguardias cinematográficas (Einsentein, Vertov, Pudovquin…) y su capacidad para relanzar toda la pintura más avanzada con Malevich a la cabeza, creador del suprematismo. Cierto es que luego se pasó al realismo soviético de infausta memoria, pero nada hubiera ocurrido sin la Revolución Rusa. Por no hablar de los movimientos puramente políticos que se desarrollaron a la sombra del acontecimiento soviético, incluido el nacionalsocialismo en Alemania o la misma guerra civil española, o las revoluciones del tercer mundo, o el mismísimo Mayo francés del 68. Son incontables las víctimas que perecieron en el empeño, pero no deberíamos olvidar la inmolación de Stalingrado, hoy Volvogrado, que realmente fue el principio del fin del III Reich.

Si mereció la pena o no, es otra cuestión; pero entre otras cosas sirvió al sistema democrático actual para afianzarse como única solución de salida en lo socioeconómico a la propuesta soviética. No quiero alabar un sistema que costó tanta sangre, pero sí debemos no olvidarlo, porque obviarlo, como si nada hubiese existido, nos hace caer en el error de reproducirlo, y esto no es apetecible. La toma del Palacio de Invierno de San Petersburgo por los bolcheviques sigue produciendo la ilusión de algunos, aunque no lo reconozcan, así como la existencia de gulags… aunque sean de otra índole. Pero sigo admirando, y me lo van a perdonar, a aquellos que creían en lo imposible, aunque sufrieran en sus propias carnes sus efectos.

Cien años no son nada, el sueño desapareció y es como si nada hubiese pasado, y sí pasó. Como afirma Ángel Quintana en su artículo Melancolía de la supervivencia en la revista Caimán (nº 64) “Cuando las historias individuales y colectivas convergen en la lucha contra la injusticia, la esperanza y la utopía pueden resucitar”. Ese, y no otro, era el mensaje inicial realmente revolucionario, lo demás es la lucha por el poder y la opresión que tristemente vemos banalizado en la actualidad con proclamas estampadas en camisetas deportivas. El mundo, de tanto olvidar, ha terminado lleno de pequeños Stalins y justificando lo injustificable. La Revolución Rusa ha sido sepultada por sus contradicciones, pero todos quieren olvidar sus lecciones y jugar a la muerte en directo como si fuese un videojuego. Triste final para unos años convulsos que deberían servir para que jamás se repitan. Los hechos que la provocaron siguen vivos y, por tanto, todo puede repetirse, de facto la tentación continúa; cuidado y atentos, porque los signos que lo hicieron posible siguen presentes. Los totalitarismos perviven y los iluminados están ahora a la orden del día.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>