Relámpagos sobre el agua

Un año mas el SEFF ha llegado a su fin y con el la tristezas y alegrías de un público fiel al que no aparece importarle mucho las etiquetas. En una oferta tan amplia, demasiado amplia a mi entender, se encuentra de todo, quizás demasiada paja para no muchas realidades. Este año ha estado todo correcto, hasta el palmarés. Ha llovido a gusto de todos aunque apenas si ha caído unas cuantas gotas, cosas de la vida. Algunos indies de pega o undergrounds de pacotilla querían más leña, pero al final se impone la realidad y la calidad de las películas, se quiera o no terminan por imponerse, afortunadamente. A ‘Fábrica de nada’ del portugués Pedro Pinho se ha llevado el gran premio de Sevilla, de lo que me alegro, por la peli, por Portugal país al que adoro y por la propia coherencia del Festival. ‘Western’ se llevo el premio del jurado avalando así una propuesta sólida y necesaria en el actual cine europeo, que es de lo que se trata.

Una vez dicho esto creo que yo recordaré esta edición por tres relámpagos que iluminaron las salas aunque muchos no se dieran cuenta. La espléndida y fascinante ‘Zama’, mención especial del jurado, de Lucrecia Martel, como siempre hipnótica y fascinante, casi o sin casi, enfebrecida crónica de nuestra presencia en el nuevo mundo. Nada que ver con ‘Oro’ o incluso con El Dorado de Saura y si más cercana a Aguirre la Cólera de Dios de Herzog. Una película con mayúsculas cuyo tramo final bien hubiera merecido un aplauso de critica y público.

Otro resplandor fue ‘Big big world’ del turco Reha Erdem que casi nadie vio. Película pequeña y mágica de un mundo tan pequeño que ignoramos todo lo que de verdad tiene valor. Perdida en un mundo de ensueños y claramente deudora de Faulkner y su universo angustioso y agobiante. Con múltiples referencias estéticas y temáticas a la “Noche del Cazador” de Charles Laughton, es una de esas películas que jamás se olvidan, relato de juventud y de desesperación, una pequeña obra maestra que paso sin verse entre tantos cinéfilos frikis atentos a la modernidad falsa y provocativa.

El tercer y ultimo relámpago fue para la mítica ‘Tras los montes’ de Antonio Reis y Margarida Cordeiro, emblemática y fascinante crónica de esa región tan especial de Portugal donde el tiempo se ha detenido para siempre, es para entendernos como Tierras sin Pan de Buñuel, te atrapa y jamás te abandonara, son películas mágicas que van mucho mas allá de la realidad fílmica para convertir en celuloide aquello que somos incapaces de absorber con los sentidos. Estos fueron para mi, simple espectador, los momentos que me iluminaron y me llenaron de plenitud, lo demás fue otra cosa.

Se opto premiar al notable trabajo de Mathieu Amaric antes que a su musa Jean Balibar inmensa en una película que se la queda chica, ‘Bárbara’. De los premios a Selene Cramazza o a Pío Amato prefiero no hablar, ya los he olvidado de hecho. Comentar el resto del palmares carece de sentido y que me perdonen los beneficiados. Si me gustaría comentar que el festival tiene buena salud, con una sección oficial superior a la media de años anteriores y que avanza a una madurez que quiere ser más inmadura de lo que en verdad es. El año que viene seremos la sede de los premios de la EFA, algo soñado desde el primer momento y que nos afianza en una Europa cada dia mas indefinida y diversa. Se puede criticar a Cienfuegos por mil cosas pero no por su trabajo con el Festival que es respetuoso con las esencias del mismo y en parte ha sabido eludir las criticas cainitas de esta ciudad. Un año mas de cine europeo, un año mas de sueños cumplidos.

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