Predecir, prever, preoír

El cerebro humano tiene la capacidad de anticipar palabras o frases de estructura sencilla antes de que sean pronunciadas por un interlocutor, o antes de leerlas en una publicación. Un estudio científico sobre la forma en la que se produce esa predicción demuestra además su importancia en la fluidez de las conversaciones o en la agilidad lectora.

“Sabía que ibas a decir eso”. Todos hemos oído esa frase o la hemos pronunciado durante una conversación. Y tiene que ver también con la forma en la que se sincronizan los cerebros de los interlocutores, de la que hablaremos unos párrafos más adelante. De momento, nos ocupamos de la forma en la que nuestro cerebro ocupa espacios en blanco, predice palabras no pronunciadas o no leídas, completando estructuras que le son familiares.

“Voy corto de combustible, así que tengo que parar en…”. Si dejamos la frase en ese punto, la persona que nos escucha completará automáticamente con el complemento “la gasolinera”. E incluso, en algunos casos, creerá haberla oído. Hasta ahora, este fenómeno se había asociado con la capacidad humana de elaborar mentalmente las diferentes frases que escucha o lee.

Sin embargo, un estudio del Basque Center on Cognition, Brain and Language demuestra que, mientras las personas leen o escuchan, además de estimular las áreas cerebrales implicadas en la compresión y decodificación de la información, se pone en marcha la red relacionada con la producción del lenguaje. Esta red es un complejo sistema compuesto por diferentes partes del cerebro que se activa cuando un emisor desea elaborar un mensaje. El proceso abarca desde la selección mental de las palabras, los sonidos y los fonemas, hasta la pronunciación. Es decir, mientras escuchamos o leemos, estamos hablando, componiendo mensajes, de alguna manera.

El experimento

Para demostrar la implicación de la estructura de producción del lenguaje en ese proceso adivinatorio de palabras, los científicos desarrollaron un experimento que consistía en hacer leer en una pantalla, palabra por palabra, un total de cien frases a dos grupos de voluntarios mientras que se medía su actividad cerebral.

Uno de los grupos tenía que hacerlo mientras pronunciaba una sílaba constantemente, y por tanto dedicando a esa tarea las estructuras cerebrales de producción del lenguaje. El otro grupo, en cambio, solo debía leerlas mientras que chasqueaba la lengua; un ejercicio mecánico. Como consecuencia, los voluntarios de este último grupo, con el sistema de producción de lenguaje libre, adivinaron un mayor número de palabras.

El estudio del BCBL conecta con otro de los realizados por esta institución científica vasca, y en el que consiguió demostrar que se produce una sincronización de las ondas cerebrales de dos personas que mantienen una conversación, hasta el punto de poder distinguir cuando están hablando sin verles ni oírles, simplemente cotejando sus electroencefalogramas en los que se recogen los impulsos eléctricos de sus cerebros.

Los neurocientíficos estudian ahora también si esa sincronía neuronal se produce también cuando dos personas hablan idiomas distintos, que no entienden, lo que explicaría cómo somos capaces de entendernos en un contexto en el que no manejamos los mismos códigos lingüísticos. A todos nos ha pasado durante un viaje exótico, ¿no?

Esa comunión cerebral de la que hablan los investigadores podría ser la clave de muchos aspectos que tienen que ver con las relaciones interpersonales, en la medida en la que los impulsos eléctricos se adecúan a los estímulos auditivos, ajustando el ritmo a lo que escucha por parte de la persona que habla.

Un santuario para el cerebro

El centro vasco BCBL es uno de los iconos globales de la investigación en la actividad cerebral durante los procesos relacionados con el lenguaje, pero también en relación con otros muchos aspectos cognitivos. Buscando siempre un enfoque atractivo para la sociedad, desde el punto de vista divulgativo, los científicos que trabajan con programas del centro han desarrollado en los últimos años investigaciones curiosas y prácticas, como la que asegura que, aunque hablemos varios idiomas, siempre recurriremos a aquella en la que aprendimos a calcular para hacer operaciones matemáticas. O ese otro estudio que indica que el cerebro registra una actividad más destacada en su parte frontal cuando tiene que procesar un oxímoron como silencio atronador, al contener dos expresiones de significado opuesto.

La utilidad de los videojuegos de acción para combatir la dislexia en los niños o para mejorar la movilidad física después de un ictus; la mayor riqueza de vocabulario en castellano entre los hispanohablantes ancianos que en los adolescentes (algo que nos puede resultar bastante obvio, por cierto, simplemente con darnos una vuelta por los pasillos de un instituto), o las distintas redes neuronales que se activan en función de si hablamos una lengua transparente (se pronuncia como se escribe) u opaca (se pronuncia de una manera distinta) son otros de los tenores de las investigaciones del BCBL. Y también han sido objeto los trabajos nacidos de este centro de pequeñas guías de consejos prácticos para aprender idiomas o para orientarnos en ciudades que nos son desconocidas y sin utilizar la tecnología digital, entre otras cosas para hacer la experiencia mucho más enriquecedora y divertida.

Un viaje al futuro

El estudio sobre la anticipación del lenguaje tendrá una aplicación práctica en el diseño de mecanismos efectivos para trabajar con afecciones del habla, por ejemplo, teniendo en cuenta que la producción y la comprensión no pueden tratarse como compartimentos aislados, sino como distintas parte de un sistema global.

Pero además abre otras puertas a una teoría defendida por una numerosa corriente de la neurociencia: que toda nuestra vida está basada en la predicción, en la anticipación de los estímulos que vamos a percibir a través de los sentidos, un instante antes de percibirlos. En cierto sentido, todos tenemos la capacidad de sentir el futuro, aunque sea a un muy corto plazo de milisegundos.

Óscar Gómez
Óscar Gómez

Periodista y socio fundador de Qwerty Radio.

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