Política futura

¿Hoy ya es mañana en política? O hecha la pregunta de otra manera: ¿asistimos a cambios que marcan el futuro de la política? Yo creo que sí, y además de que el mañana ya ha llegado, da la impresión de que en la política vivimos más en el presente y el futuro que en el pasado, obsesionados con sacralizar lo nuevo frente a lo antiguo, a lo recién llegado, sea o no eficaz, por encima de lo que antes funcionó bien. A mi entender, la innovación en política es tanto hacer cosas nuevas como importar el saber hacer de otras áreas de la actividad humana, e incluso recuperar del pasado aquello que honró la esencia de la política como compromiso de servicio cuyo objetivo es el bienestar de las personas en colectivo.

ero no, esto no es un tratado filosófico sobre el bien y la política. Es un artículo sobre todo lo que ha cambiado en la política y todo lo que ha llegado para quedarse. Para empezar, afirmo que asistimos a un cambio de paradigma que afecta a la forma en la que nos comunicamos, debido a que los actores políticos asumen nuevos roles y los modos que imponen las nuevas plataformas de relación inciden en el contenido de los mensajes que nos intercambiamos.

Los actores de la política asumen otros papeles, enmarcados en un escenario en red, digital, móvil y que propicia una comunicación con escasa intermediación, al menos con un papel menor de los intermediarios tradicionales. Podríamos, por tanto, hablar mejor de nueva comunicación política como fenómeno reseñable que de nueva política. Al fin y al cabo, el balance ha demostrado que los partidos y los actores políticos reproducen los usos y los hábitos de la política de siempre.

Debemos preguntarnos qué rasgos de esa nueva comunicación política podríamos considerar los hechos relevantes que caracterizan la política del futuro y la del  presente. Al menos que sirva de ejercicio de revisión de lo que no estamos sabiendo ver y de por qué se equivocan las encuestas, los editorialistas y los asesores de campañas.

La política de la vida cotidiana 

La política ya no es solo cosa de políticos o politólogos. La hiperpolitización de una sociedad significa la popularización de la conversación política y eso es un síntoma de madurez democrática. Los análisis de la ciencia política son tan valiosos para los asesores como lo son los comentarios de calle de un votante cualquiera. Lo que algunos llaman de forma denostada “cuñadismo político” es la constatación de que la conversación política ha bajado a pie de calle. El precio a pagar por la irrupción de la política en la vida cotidiana es, seguramente, la banalización de los argumentos y de los portavoces. A esta “democratización”, pero también frivolización, ha contribuido en gran medida la televisión, que ha propiciado una convivencia de intereses entre políticos y periodistas en los platós, muy relacionados con el rápido ascenso de los nuevos partidos que se han instalado en el sistema político español.

La gente ya no ignora el poder que tiene

De entre todos los pilares que sujetan la democracia, es el de la ciudadanía el que más pasos y más agigantados ha dado en el nuevo marco de la tecnopolítica, que no es otra cosa que la política orientada a la participación, la practique quien la practique. Es esa acción pública que se encamina al uso radical de las tecnologías digitales de red. Desde el 15M en España, los ciudadanos han comprendido lo que reza ese chiste que circula por la red en que un grupo de personas sujeta el final de una plancha sobre cuya otra punta hay un político hablando ante un atril. El lado del político está suspendido sobre un precipicio profundo y los ciudadanos agrupados tienen en su capacidad dejarlo caer o sujetar lo que le sustenta. Sobre esta metáfora dibujada, el texto “La gente ignora el poder que tiene”. A mi juicio, la gente ya lo sabe y ya hace uso de su poder, castigando con su voto y practicando el poder antiestablishment.

La interacción artificial 

Si hay una tendencia perturbadora en el futuro más inminente, es el peso que puede llegar a tener la robótica en nuestro día a día. La inteligencia artificial y los robots van a sustituir gran parte del trabajo rutinario y programable, hasta ahora ejecutado por humanos. No tiene que tratarse de tareas de escasa cualificación o manuales, en algunos casos puede llegar a afectar trabajos que requieren de decisión y conocimientos muy técnicos. Los nuevos skills políticos son sin duda todo lo que verse sobre la comunicación y sobre poner en relación a los emisores y decisores de la política con los votantes, los afiliados o los ciudadanos. Estamos a pocos centímetros de que las rooms de facebook o cualquier otra plataforma sea el espacio de la interacción con bots políticos, un especie de portavoces robotizados e infalibles del mensaje político, al menos tan infalibles como los hologramas que dan mítines en teatros abarrotados de público.

La desintermediación y los nuevos influencers

El cuarto poder de la prensa ya se lo disputa con otros. Parece que la prensa ya no es el único guardián de la verdad y el fiscalizador máximo del poder político o económico. Pequeñas o grandes plataformas de distribución de mensajes o de comunicación en red han tomado el rol de la vigilancia de los poderes tradicionales. Además, esa prensa influyente ha perdido su credibilidad y padece de una honda desafección con el público consumidor. En este ambiente de emborronamiento de los papeles y de las legitimidades, en que también han perdido peso los intermediadores tradicionales, como son los partidos políticos o los sindicatos, surgen “micropoderes” a los que les llamamos influencers capaces de ser verdaderos nodos de influencia en áreas más o menos segmentadas del electorado. Es precisamente esa presencia de los nuevos prescriptores y la decadencia de los intermediarios tradicionales lo que obliga a la recomposición del mapa de la influencia en la política y a reconsiderar cómo y por qué canales transcurren los flujos de información.

El imperio de las emociones

Nos guste o no, la política es emoción porque modula sentimientos colectivos. Los nuevos partidos y los líderes más exitosos así lo han entendido. Los recorridos de los héroes y la épica social determina en muchos casos el éxito o no de un proyecto político. El relato político subyace en cada decisión y en cada gesto político. De poco sirve ganar unas elecciones si no se sabe gestionar el ánimo colectivo. En España el PP ha ganado las tres últimas elecciones generales en tres estados sentimentales colectivos distintos. En 2011 lo hizo entre la indignación, en 2015 en un estado de esperanza en el cambio y en 2016 en una situación de desánimo y hastío. En ninguno de los tres casos ha ganado la elecciones entre un electorado ilusionado. Si piensan que este hecho es irrelevante, se equivocarán y la primera consecuencia de este error es la ineficacia en los análisis, las proyecciones y los vaticinios.

Los nuevos liderazgos y la cartelización

No existe el líder perfecto, porque si nos atuviéramos a lo que dicen los ciudadanos cuando se les pregunta, concluiríamos que lo quieren todo: un líder que sea a la vez experimentado y recién llegado, una persona normal y al mismo tiempo con un relato épico, que sea firme pero comprensivo, en definitiva una especie de monstruo de varias cabezas que no existe. Y por ende en España se da una falta especialmente sorprendente de liderazgo y carisma en los políticos de las primeras líneas. Unan este panorama a la cartelización de nuestra política, que ha pasado de estar basada en las siglas, sin que importase quién figuraba en el cartel electoral, a que sean las personas las que propician los éxitos o los fracasos de los partidos en contienda electoral. Los nuevos liderazgos son más banales, construidos en la televisión, poco corales, pero rodeados de personajes mediáticos que los acolchan. No falta mucho para que en España la frivolización de la política nos lleve a la búsqueda de celebrities en las listas electorales y en los platós.

El desborde electoral y el voto en contra

La movilización ciudadana es el objetivo de los trabajos tecnopolíticos de los partidos y los gobiernos. De la capacidad de generar una masa activista que se autogestione, que crezca e incluso se desborde depende el éxito de una campaña política. Se trata de que las bases dispongan de la información y los recursos respecto a los objetivos del proyecto movilizador para que sea posible que los activistas actúen solos, motivados por una idea común y un objetivo lo suficientemente valioso como es el cambio. El caso de la campaña de Manuela Carmena por la alcaldía de Madrid significó el ejemplo, por ahora, más potente de actuación autónoma de la masa activista.

Estamos en un periodo histórico de la política en que la gente ya no vota por afectos, no va a votar para refrendar proyectos. Así lo atestiguan los últimos procesos electorales en los que los votantes han virado el resultado, como en el Brexit, el referéndum por los acuerdos de paz en Colombia o el convocado por Matteo Renzi en Italia. Incluso en Estados Unidos, una gran parte de la explicación a la imprevisible victoria de Donald Trump se debe a este voto anti.

La sostenibilidad de la política

Concluyamos que la política hoy es imprevisible y presenta una realidad difícil de apresar. La velocidad a la que pasan las cosas y la posibilidad de cambios radicales de la situación en poco tiempo, dejan muy abierto el futuro inmediato pero, a la vez, impiden adelantarse con certezas a los acontecimientos. En España, todo cambia para que nada cambie. Todo es rápido o desesperadamente inmovilista. Vivimos en los contrastes. Para que la política sea sostenible, y sobre todo lo sean los partidos, estos tienen que hacer una “orientación al cliente”, cosa que sorprendentemente no han hecho. Podremos decir entonces que la política toma una vertiente comercial pero, a cambio, responderá a la verdadera razón de la su existencia: escuchar al cliente y ofrecerle el producto que demanda.

Imma Aguilar
Imma Aguilar

Consultora de comunicación política. Periodista.

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