Pinchar una rueda puede no ser tan malo

Desde muy pequeño he oído en casa eso de que si ves una venta de carretera con camiones aparcados, ahí se come bien. Somos de buen comer. Y digo yo, ¿si los camioneros que pasan horas al volante conocen las mejores ventas, fondas y tascas en cada punto de la geografía española, por qué un ciclista que pasa mañanas y tardes enteras con las manos en un manillar y pedaleando para alcanzar una meta, no conocerá tales lugares?

El ciclismo es un deporte de mucha exigencia y resistencia. Un ciclista pasa horas subido en su caballo metálico, pedaleando con dureza en las cuestas y dejándose llevar en las bajadas. Sentados en un sillín, que para algunos es más tortura que la propia escalada a un puerto de montaña. Padeciendo las inclemencias del tiempo, calado hasta los huesos cuando llueve, con periódicos bajo el maillot cuando hace frío y con un moreno “albañil” cuando el sol aprieta. Y además de todo esto en ocasiones tienen que masticar algún que otro mosquito o bichillo volador que se les cruza en el camino.

Son varios los recorridos realizados por las bicicletas sevillanas. Las rutas más frecuentadas por los ciclistas de carretera de la capital son aquellas que parten desde La Algaba hacia la Ruta de la Plata. Siempre van buscando la combinación existente entre orografía y poco tráfico motorizado, lo que sumado a la naturaleza y arquitectura de las localidades transitadas, hacen que su deporte sea la envidia de muchos.

Desde La Algaba se dirigen hacia Santiponce y, seguidamente, a Las Pajanosas, donde tiene lugar una de las primeras paradas para avituallamiento. En Las Pajanosas los ciclistas suelen parar en Bar Miquete, situado en la travesía del pueblo, que por la hora de paso es conocido en el mundo de las dos ruedas por sus tostadas de pan prieto. La Venta el Alto, justo antes de decidir si la ruta seguirá dirección Aracena o El Ronquillo, es también muy conocida en este colectivo.

La ruta que se dirige desde Las Pajanosas hasta Aracena pasa por varios pueblos, en los cuales suelen volver a parar estos deportistas. En El Garrobo frecuentan el Bar Pérez, comida casera con un trato diferente. Otra de las localidades que recorren es Arroyo de la Plata, allí podemos ver bicicletas apoyadas en la puerta de Casa Emilio, donde tenemos que probar el chivito, la carrillera y los revueltos; por lo visto, con esos platos las bicis cambian solas de piñones. Ya en El Castillo de las Guardas son varios los bares a la entrada del pueblo donde descansar las piernas.

Otra ruta muy utilizada es la que llega hasta el pueblo de El Ronquillo. Allí son dos los bares más visitados por los ciclos sevillanos. Casa Ferrer, en la Plaza de España, inmejorables arroces con perdiz y con setas. La otra venta ronquillera frecuentada es El Desembarco, situado a la entrada del pueblo, punto de encuentro de ciclistas a la hora de descansar y refrescar el gaznate.

La Sierra Norte de Sevilla es también muy pedaleada, dirección a El Pedroso. Son muchos los pueblos transitados. En Cantillana los ciclistas suelen parar en algunos de los bares de la plaza del pueblo para tomar algún que otro zumo de cebada. Cuando paran en Villanueva del Río y Minas, lo hacen cerca de la peña sevillista, en el Mesón Los Gatos y Bar El Minero. En El Pedroso, cuando pasemos cerca de la estación de ferrocarriles, también podremos ver bicicletas apostadas en las aceras mientras sus dueños descansan en bares como La Serranía, donde es muy recomendable desayunar y si cae la hora del almuerzo pedir carnes de la zona con la salsa estrella, mojo picón casero, aunque la vuelta hasta Sevilla montado en bicicleta no es muy recomendable.

Estas rutas que parten desde La Algaba son quizás las que más a prueba pongan a los ciclistas por lo dificultoso del terreno. Sin embargo, otras etapas más llanas, pero igual de duras, también son frecuentadas. Son los trayectos que se dirigen desde el Aljarafe hasta pueblos del Condado de Huelva. Alcanzan en este caso pueblos como Manzanilla, donde descansan en distintos bares de toda la travesía de la localidad, o Hinojos. Ya de vuelta de esta etapa, una vez pasada la dificultad de la Cuesta de las Doblas, en Sanlúcar la Mayor, detienen su marcha para avituallarse en el quiosco El Amasijo .

Después de este viaje virtual a lomos de una BH con manillar alto, transportín y sillín con muelle por la provincia de Sevilla, creo que lo tenemos clarísimo. Si pasamos por algún sitio donde haya más de una bici en la puerta, estamos pasando por una casa de comidas que no dejará indiferente a nadie.

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