Piel de elefante o cómo vivir en un mundo con tanto eco

Un joven guionista obtiene su primera nominación para los Goya. Alquila un esmoquin y, antes de salir de casa, publica una foto en su cuenta de Twitter: “Dress for success. Así ya me siento ganador #Goya2016”. Pero no se da cuenta de que tiene la cremallera del pantalón abierta y que le asoma parte de la camisa. Diez minutos después #DressForSuccess es tendencia nacional y origen de un meme memorable.

¿Qué diferencia nuestro mundo del de hace veinte años en este aspecto? En realidad, no tanto. La gente sigue hablando mal de los políticos en las cafeterías o en la reuniones familiares. Se sigue juzgando la calvicie incipiente de los maduritos o los kilos de más del verano. Se sigue haciendo escarnio del petulante que cita a Tocqueville, Tarkovski o Benedetti para apuntalar a un argumento. haters gonna hate. Los hablantes… hablarán. Delante tuya y a tus espaldas. Ahora y siempre.

Pero ahora nos enteramos. Podemos saber qué se dice de nosotros. Cualquier político recibe, de manera instantánea, sus críticas y alabanzas en las redes sociales. Actores y directores leen, en tiempo real, lo que algunos televidentes piensan de la serie que acaban de estrenar. No hay filtro, no hay espera ante el deseo de aprobación o reconocimiento. Como no podría ser de otro modo, no solo llegan las alabanzas, también llegan ultrajes (con su indignación correspondiente). Cualquier idea estúpida que emerge en tu cabeza mientras esperas a que llegue el autobús y que publicas en alguna red social o blog puede, virtualmente, llegar a miles de personas a las pocas horas. ¿Qué o quién decide qué es digno de ser distribuido? Al comienzo de la moda de los blogs, en 2006, un sabio amigo me preguntó por el tema:

– ¿Cualquiera puede tener un blog, publicar lo que quiera y ser leído en todo el mundo?

– Sí.

– ¿Cualquiera? ¿Nadie decide si es una basura y no debe ser publicado?

– No.

– Entonces, ¿tendré que leer mil tonterías para encontrar alguna perla?

Al igual que hemos aprendido a filtrar información relevante de entre la avalancha que cada día nos llega, se puede aprender a ignorar lo tóxico y asimilar las críticas que sí nos sirven. La piel de elefante, la capacidad de obviar los insultos o las críticas vacuas es una cualidad más que debemos cultivar para sobrevivir en nuestro nuevo mundo digital. Al margen de casos puntuales donde las leyes respecto a la difamación y el derecho al honor se aplicarán como se ha estado haciendo hasta ahora, habrá que aprender a vivir en un mundo en el que escucharemos lo que antes ignorábamos. No hay juzgados suficientes en el mundo para atender las demandas por las cosas que alguien dirá de nosotros. Ni dinero para pagar a tantos abogados como serían necesarios. Y no podemos ir contra @fulanitoenpijama73 porque, en términos prácticos, es sólo un registro en un ordenador de Twitter.

Enseñamos a nuestros hijos a no dejarse influenciar demasiado por lo que dicen los demás, a pensar por sí mismos. Nosotros tendremos que aprender que siempre alguien hablará de nosotros, pero que hay cosas que mejor que entren por un oído y salgan por otro. Facilidad de acceso, inmediatez y amplificación. Con estos tres elementos no es que sea complicado “controlar” la opinión pública y publicada. Para la mayoría de los casos, será imposible pararlo: desarrolla piel de elefante, ignora y sigue a lo tuyo. Hay muchas cosas que aprender como para perder el tiempo con los insultos. – 

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