Pablo Cervantes

Varias nominaciones a los premios Goya, galardones en festivales como el de Cine de Málaga, ASECAN o el Festival de Cine Español de Toulouse… Estos reconocimientos, entre otros, hacen de Pablo Cervantes un talento de lo más creativo. Nacido en el Polígono San Pablo de Sevilla aunque siendo muy joven se mudó con su familia al aljarafe sevillano. Un tipo con gran sentido del humor. Así es nuestro personaje, un compositor de música para cine y televisión.  

Pablo fue un estudiante del montón, como él mismo reconoce. Aprobaba sin grandes pretensiones, pero desde muy pequeño siempre sintió pasión por la naturaleza llegándose a plantear seriamente estudiar la carrera de veterinaria. Todavía en su etapa escolar empieza a recibir clases de piano, que abandona al poco tiempo pero que le sirven para, de forma autodidacta, llegar al mundo de la música. Recuerda cómo con catorce años ya empezaba a componer su primeras sintonías, y gracias a la ayuda de la productora de televisión de su padre empezó a dar forma a lo que hoy en día es su perfil profesional.

Nada hacía pensar a aquel niño con aspiraciones de veterinario que, pasado un tiempo, llegaría a componer las bandas sonoras de más de 28 largometrajes, música para cuatro series y más de cincuenta sintonías para televisión, siendo una de las últimas la de Olmos y Robles de TVE. Entre los directores, destaca sobre todos el oscarizado José Luis Garci, con quien ha trabajado en películas dirigidas o producidas por el madrileño, entre ellas Ninette y Hotel Danubio.

Es en 2000, año en que logra colarse en el mundo del cine, cuando la carrera de Cervantes se encauza definitivamente por la música. Se considera un afortunado que “llego a fin de mes haciendo únicamente lo que más me gusta”; incluso se atreve a llamarse un “privilegiado” ya que “hay muchos profesionales con talento desaprovechado”.  Además de para la televisión y el cine también ha compuesto para la publicidad, si bien es el terreno donde menos trabaja. No sabría con qué quedarse, si con el cine o la televisión, porque “son sensaciones e inspiraciones similares a la hora de crear música, simplemente se acortan los tiempos de producción y postproducción”.

Le preguntamos por su inspiración y reconoce que suele componer “algo que a mí mismo me guste, me uso como espectador”. En un principio su forma de componer tiene mucho de intuitivo y más adelante llegan el oficio y la técnica. En su caso siempre es él quien hace de conejillo de Indias y siente si la música le está emocionando, asustando o relajando, según requiera la escena. Aparte de la inspiración reconoce que existe “un análisis previo donde pienso cómo debe ser la música -melódica o rítmica-, con qué tipo de instrumento irá mejor… hasta que llega el momento en que sientes algo”, para él es una mezcla de raciocinio y emoción. Para saber el punto de partida, también es importante que “el realizador de una serie o un director me cuenten qué se persigue y qué se quiere transmitir con cada escena”. Admite que nunca ha compuesto sin un encargo previo: el propio encargo le motiva y sirve como reto y acicate para componer.

Nos confiesa que existe mucha competencia en su profesión porque, como decíamos, hay mucho talento, pero “lo que puede llegar a diferenciar a un compositor de otros es el grado de conocimientos técnicos que tengas”. “En esta profesión hay mucha parte de tecnología, la melodía se plantea en un piano y luego se traslada a un ordenador para pulirla y darle forma”, reconoce Cervantes. “Esta es una profesión en la que tienes que estar abierto a este campo, es necesario contar con una maquinaria determinada” ya que muchas veces en su propio estudio “creo la melodía tarareando o silbando” y termina siendo producida con sus propias herramientas. Además de la parte tecnológica y la artística, hay un porcentaje crucial de comercial, sobre todo en los inicios. “Como todo producto, tienes que venderlo y, por tanto, hay que estar dispuesto a relacionarse con directores, guionistas, gente de cine, asistir a festivales, en definitiva: quien algo quiere algo le cuesta”. Y después está la suerte necesaria, que “alguien te conozca en el momento adecuado”.

Hace unos años decidió visitar Los Ángeles para conocer a los cineastas españoles que residen allí y sacar provecho laboral, pero nada cuajó en aquel viaje. Hoy en día no se lo plantea por circunstancias personales. De aquella visita recuerda una anécdota cuanto menos curiosa y que supuso que su nombre sonara, durante un tiempo, mucho más de lo que había sonado nunca. En la gala de los premios Goya de 2013 nombraron a Pablo Cervantes como ganador a la mejor canción original por Niños salvajes; era un error, él no había sido premiado. Recuerda aquello como algo gracioso y sin ningún rencor, de hecho todo sucedió estando en EE. UU. y nos cuenta que, tras el salto al haber oído su nombre y el posterior fiasco, lo que hizo fue salir a tomar unas cervezas por Santa Mónica a “celebrar” su no premio. Cuando pasó un tiempo, telefoneó a Carlos Santos, actor que cometió el error, para hablar del tema y “evitarle posibles remordimientos de conciencia”.

Actualmente anda inmerso en un proyecto para un coro infantil, concretamente un musical. Dice estar muy ilusionado porque le motiva mucho componer para esta modalidad. Pablo es un tipo rutinario que se levanta temprano, tiene una jornada de algo más de ocho horas e intenta dejar de trabajar no muy tarde para disfrutar de su tiempo.

Este compositor, que asegura que nunca se saldría de una sala de cine si la músical de la película no le gustase, se reconoce un apasionado de la playa y la naturaleza. Ah, y dice estar enamorado de su hija. Como todos, afirma no tener envidia, pero le hubiese encantado componer música para la saga Indiana Jones, para La misión o Los intocables de Eliot Ness.

Ya sabemos dónde encontrar a Pablo Cervantes: en nuestros oídos mientras vemos alguna serie o película y al final de ellas. A partir de ahora hay que practicar la buena costumbre de no salir del cine a toda prisa y quedarnos hasta que terminen los títulos de crédito.

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