Pablo Barragán

Silencio, se escucha un leve murmullo de alguien que acaba de llegar, pero se pide silencio. El director entra en el escenario, sube al pódium y coge su batuta. La orquesta empieza a dar vida a una obra del compositor danés Carl Nielsen y aparece en escena un joven de tan solo veinticinco años, nacido en Marchena, y que en ese momento aún no sabe que se va a convertir en uno de los músicos jóvenes más valorados del panorama actual. Vestido para la ocasión, nervioso, saluda al respetable y el resto… lo podéis imaginar. Concierto para clarinete de Nielsen con la orquesta sinfónica de Basilea, allá por el año 2012.

¿Por qué en Sevilla nos empeñamos en menospreciar tanto talento? Algún día puede que nos arrepintamos. Pablo Barragán ahora tiene veintinueve años y reside en Suiza desde donde viaja por medio mundo tocando el clarinete. Nacido en una familia humilde sin tradición musical, da sus primeros pasos como clarinetista cuando se crea la banda y la escuela de música en su pueblo natal, continuando su formación en el Conservatorio Superior de Sevilla de la mano de su maestro Antonio Salguero. Hoy en día sigue perfeccionando su técnica en Basilea.

El nivel de Pablo le ha permitido tocar con la West-Eastern Divan Orchestra -dirigida por Daniel Baremboim- durante algo más de ocho años. La crítica lo sitúa entre los más altos puestos del escalafón musical, algunos de los premios que lo corroboran son el Premio de Credit Suisse Jóvenes Solistas en 2013, Primer Premio de Juventudes Musicales en España en 2011, también ha sido premiado en el ARMD Munich International Competition, ha obtenido grandes éxitos en festivales como el de Lucerna o Gstaad. Además de interpretar, Barragán imparte clases magistrales en diferentes escuelas del mundo.

Como decíamos, Pablo no tiene antepasados que le hayan inculcado la pasión por la música. Nos contó que el primer concierto que escuchó en su vida fue de jazz en un festival en Marchena. Hablamos con él del talento existente en la música procesional sevillana y descubrimos que Barragán estuvo tocando más de nueve años en Semana Santa, etapa que recuerda con gran cariño por las amistades y el aprendizaje obtenido. Pablo es consciente de que en muchas de las bandas que existen hoy en día hay talento desaprovechado, bastantes músicos que tocan por hobby y que, si verdaderamente se lanzaran y tomaran la música como algo profesional, la situación actual de la música instrumental quizá no sería la misma en Sevilla.

Al principio, sus padres no vieron con buenos ojos la decisión de ser músico profesional, aunque con el paso del tiempo la situación se ha tornado. La profesión de músico le permite vivir cómodamente, trabaja en lo que le apasiona y es, en definitiva, una persona feliz, premisa primordial para Pablo. El camino no es sencillo, pero el talento le ha abierto puertas que nunca imaginaba. Fue becado por la Fundación Caja Madrid y se instaló en Basilea, donde sigue afincado. Cuenta con un representante y ahora mismo está inmerso en un proyecto discográfico que verá la luz en la próxima primavera. 

Nunca ha compuesto nada, dice que no se ha atrevido aún; sinceramente, tras conocerlo, estoy convencido de que algún día lo hará. Es un músico que se caracteriza por su inspiración en cada momento. Algo que llama la atención del publico son sus movimientos, expresiones o, incluso, aspavientos, con todo esto consigue meterse al espectador en el bolsillo. Nos cuenta que nunca deja de trabajar su forma de tocar, por naturaleza se considera un músico creativo, pero tiene que obligarse para perfeccionar la técnica. Rafa Nadal es un referente para el músico, que está convencido de que, “si todos tuviéramos un mínimo del gen de compromiso que tiene el tenista, seríamos mejores en todo”.

Le preguntamos a Pablo por la música actual. Amante de la música clásica, aunque no se considera un músico de tal estilo, detesta el reguetón, opina que el flamenco tiene parte de inspiración, pero que no todo es duende como muchos nos quieren vender: detrás de artistas como Farruquito o Paco de Lucía “hay muchas horas de ensayo y partituras”.

Como otros muchos, no es profeta en su tierra. Instituciones, políticos, burguesía, papeleo, todo es mucho más difícil aquí según Pablo. Es una pena, pero cree que en Sevilla existen lugares que no están siendo explotados como se merecen, ya no solo con la música sino con otras actividades del ámbito cultural: salas, casas palacio, plazas, iglesias, etc… Nos pone como ejemplo la situación actual de la sinfónica sevillana, “otros países de Europa nos llevan ventaja en esto”.

Para terminar, le pido a Pablo que me cuente alguna anécdota que recuerde de sus innumerables actuaciones, algo peculiar, distinto y es aquí cuando la entrevista se transforma en charla y, según el entrevistado, “sólo nos faltan unas cervezas”. Tiene anécdotas de lo más rocambolescas, aunque me quedo con dos. Tocando con la orquesta de Valladolid, al terminar la interpretación es costumbre dejar algo de “propina” para los oyentes, fue entonces cuando aprovechando la amistad que le unía con el contrabajo de la orquesta, un tipo joven acostumbrado a tocar en bares y fiestas, empezaron a improvisar ambos desde el pódium y consiguieron tener más éxito con esta “tocata” que con el propio concierto, algo que no gustó del todo al director. En otra ocasión, tocando el clarinete en Barcelona, frente a miles de personas, todo en silencio, Pablo sufrió una desconcentración enorme de la que supo reponerse y continuar con su pieza, y es que en las primeras filas había una señora sentada algo acalorada que comenzó a abanicarse, moviendo una de sus pulseras de cascabeles; la mujer solo soltó el abanico al final de la obra… para aplaudir la interpretación de Barragán.

Curtido a pesar de su juventud, es un músico con ganas de comerse el mundo, un profesional maduro y un chaval muy simpático que es feliz haciendo lo que quiere.

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