El Niño de Elche + Los Volubles

Con su primer espectáculo a medias, Raverdial, Los Voluble y el Niño de Elche consiguieron abrir una fractura en las rígidas fronteras que separan el flamenco y la electrónica, dos géneros que muy pocos artistas se habían atrevido a combinar antes que ellos, y que menos aún habían conseguido hibridar sin que el resultado sonara a pastiche. Un éxito cuya clave radica en el particular enfoque que los tres implicados supieron darle a la empresa, dejando de lado los elementos más puros o los más experimentales, para buscar la raíz en aquellos que apelaban directamente al espíritu de la fiesta.

Por supuesto, nada de esto habría llegado a buen puerto de no ser por el bagaje particular que exhiben estos tres activistas de la cosa musical. Los Voluble es el proyecto de los hermanos Pedro y Benito Jiménez, dos de los fundadores del festival Zemos98, que llevan más de una década articulando un discurso en el que se funden la remezcla, la reivindicación de la cultura popular y el apropiacionismo con fines políticos. Niño de Elche es el alias de Francisco Contreras, un flamenco heterodoxo, empeñado en transitar por caminos poco trillados o directamente desconocidos. Arracimado, junto a sus compañeros, alrededor de una de las mesas del Bar Sacramento, Pedro Jiménez explica que Raverdial surgió de manera casual. “Llevábamos algún tiempo intentando conocernos, trabajando en talleres y encuentros, pero sin buscar resultados concretos. Un día, durante una improvisación en La Cocina de Tramallol, se nos ocurrió poner una guitarra de verdiales y Francisco se fijó en aquella conexión. Fue el punto de partida de una idea que todavía estaba muy lejos de lo que sería el espectáculo actual: hubo una primera versión, en la que participaban Santi Barber y Raúl Cantizano, pero no terminamos de plantearnos el asunto en serio hasta que el Sónar demostró su interés. En ese momento se incorporaron al proyecto Pablo Peña (Pony Bravo, Fiera) y Raúl Cantizano (Bulos. net) de manera definitiva”. Y como resultado de todo queda un espectáculo en el que se yuxtaponen las raves, fiestas electrónicas generalmente organizadas de espaldas a la ley, y los verdiales, un palo del flamenco que se utiliza en fiestas populares, lejos de los focos del circuito institucional. Dos esferas que se trasladan al escenario mediante una mezcla de música y vídeo, tradición e investigación, pulsión poética y reivindicación política, que da forma a un espectáculo fascinante e inclasificable, que ha triunfado allá donde se ha estrenado.

Me llama la atención que nadie se hubiera puesto a mezclar un discurso flamenco más o menos ortodoxo con una electrónica alejada de lo estrictamente comercial. ¿Cómo buscasteis ese punto en común?

(Francisco Contreras) Primero está lo material: el sonido, lo melódico, es ahí donde aparecieron las primeras coincidencias. Luego empezamos a rascar y surgieron las cuestiones sociopolíticas, el hecho de la fiesta. Pero el principio era ese: el beat, la cuestión repetitiva, el trance, esa manera de afrontar la música.

El Niño de Elche + Los VolublesY también el contexto, que eran los verdiales.

(FC) Ese cante fue el que surgió durante aquella improvisación primera y nos dio la pauta para continuar. Pero en aquel momento no existía una idea global, no se me había ocurrido que un palo como las verdiales pudiera servir para organizar todo a su alrededor.

Sin embargo, encaja muy bien con las raves: fiestas realizadas al aire libre, de manera ilegal y espontánea, y en las que todo se hace de manera colectiva.
(FC) Esa es una coincidencia no del todo cierta, porque los verdiales están mucho más institucionalizadas que las raves; de hecho, te diría que el flamenco popular es algo que ya no existe. Pero sí es cierto que en el imaginario colectivo está ese análisis que has realizado.

El espectáculo incluye, además de música, un componente audiovisual muy fuerte. ¿Cómo se buscan esas imágenes y cómo se integran en el espectáculo?
(Pedro Jiménez) En la música electrónica, cuando se ha trabajado con imágenes en directo, muy pocos espectáculos han tratado lo visual como un elemento más dentro de la dramaturgia. Para nosotros, la selección de imágenes es un proceso colectivo: hay algunas que ha seleccionado Raúl, o ideas que se construyen a la vez que la música. En el fondo, nos vemos como una banda en la que uno de los músicos toca las imágenes como si éstas fueran un instrumento.

Cuando tocasteis en Sevilla había referencias a los titiriteros encarcelados y a otros asuntos de completa actualidad, y eso me hizo pensar que dejáis espacios para introducir elementos que modifiquen el espectáculo.

(FC) La imagen nos permite desarrollar unas partes que en lo musical son imposibles de construir, y que nos permiten más libertades.
(PJ) Es algo que intentamos hacer siempre. En Madrid llevábamos a Rita Maestre, y para Málaga buscamos imágenes del alcalde bailando, que es algo que no tendría sentido en otra ciudad.

El espectáculo, en cualquier caso, tiene una carga política muy importante.
(FC) Por mi parte no es una decisión sino una necesidad. Quiero decir, que todo lo que yo hago tiene un componente político porque entiendo que cualquier acto artístico es un acto político. Después ya lo concretas de una forma u otra, en función del espectáculo o de la estética que quieras buscar; por ejemplo, yo no había pensado en los verdiales como entidad política hasta que no nos metimos de lleno en el proceso del espectáculo.

Y sin embargo, parece que los verdiales también se han institucionalizado. No sé si es porque existen instituciones que entienden que ya se puede aprovechar comercialmente ese filón, o porque ya han perdido su carga revolucionaria y pueden ser domesticados.

(FC) La verdial es un espectáculo y por tanto está dentro del establishment. No existen ahora mismo espectáculos que no estén dentro del establishment, de la mercadotecnia, la industria y lo institucional. Por tanto, esa puerta a lo no establecido no existe en nuestro espectáculo: dura el tiempo que tiene que durar, estamos subidos a un escenario y no bajamos de él, el público paga una entrada, hay una contratación, todos vamos dados de alta.

¿Y no es una contradicción todo esto?

(FC) Pero es que la contradicción está dentro de nosotros, y al final, vivimos dentro del estómago de la bestia, o al menos así vivo yo las prácticas artísticas. Llamar a lo nuestro “espectáculo anticapitalista” es absurdo, porque es algo que no existe: si es espectáculo, ya no puede ser anticapitalista. En este caso, yo canto contra el capitalista que llevo dentro.

Sé que habéis grabado parte del espectáculo para publicar un EP. Tratándose de un espectáculo audiovisual, ¿no es un contrasentido publicar algo así?
(FC) Por eso lo vamos a publicar en USB. Contendrá tres videoclips, que son nuestros temas, y una multipista con todos los elementos de los mismos, para liberarlos y que la gente haga con ese material lo que le dé la gana.

Y aparte de esto, la otra novedad es que estrenáis un nuevo espectáculo en el Sónar, En el nombre de, que relaciona los cantes de ida y vuelta con las cuestiones de la inmigración, los refugiados y las fronteras. ¿Qué cambia y que se mantiene respecto a Raverdial?

(FC) Es algo en lo que estamos trabajando ahora mismo: queremos separarnos de Raverdial, del proceso, del sonido, de nuestra actitud ante el espectáculo, y todo esto mientras seguimos tocando “Raverdial” en directo. Pero bueno, no nos podemos mudar de piel, así que será inevitable que haya un trasvase. Además, el formato se mantiene, el papel de cada uno se mantiene, lo que cambia es el tema del que hablamos. Lo fronterizo, lo transfronterizo, toda esa línea difusa que existe alrededor de ese concepto.

(PJ) Hay un planteamiento político acerca del modo en el que se tratan ciertos temas; de hablar de algo que ahora mismo está muy en boga pero que hace apenas un año estaba completamente invisibilizado. De hecho, creo que la cuestión de la frontera se sigue invisibilizando por culpa de la sobreinformación. Y por último, tenemos una serie de textos inéditos, que nos ha pasado Paul de Preciado, para continuar con la idea de incluir de alguna manera material apropiado: el espectáculo no es sólo flamenco y electrónica, sino flamenco, filósofos y electrónica.

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