Monkey Week

Durante los últimos siete años el Monkey Week consiguió que el casco histórico de El Puerto de Santa María se convirtiera en una auténtica ciudad de la música. Un lugar en el que, ante la sorprendida mirada de los lugareños, se podía ver a músicos arrastrando amplificadores y baterías por las calles; se podía ver a representantes de todo tipo de tribus urbanas compartir cervezas en tascas de pescadores y bares de pescaíto frito; se podía ver a gentes de la industria cerrar negocios a la sombra de alguna de sus bodegas históricas. Una suerte de Ítaca musical que, para su octava edición, pega el salto y se asienta en Sevilla, en el entorno de la Alameda de Hércules. 

Había algo de mágico en toda esa marabunta, en ese alboroto de músicos y profesionales que se olvidaban durante tres días de cuestiones de clase, caché y escena: igual se podía ver a Amaral tocando en un tugurio, en el que a duras penas se apiñaban cien personas, que a una banda novel debutando en un escenario grande frente a más de mil personas. Una suerte de democratización de la música en la que tiene mucho que ver la propia concepción del Monkey Week, un evento que escapa a los moldes de un festival tradicional, con sus cabezas de cartel y su rígida concepción de horarios y géneros musicales; lo suyo está más cerca de una típica feria de muestras sólo que adaptada a las particulares necesidades del universo musical. “Desde luego, Monkey Week no es nada convencional”. Los tres directores del invento, Tali Carreto, Jesús Guisado y César Guisado, confirman al alimón que su criatura no es fácil de categorizar. “Es un encuentro entre profesionales, músicos, prensa y público. Y un escaparate para artistas y bandas emergentes. Y un mercado para empresas del sector. Y un festival urbano, que desarrolla toda esta programación de conciertos, showcases y actividades varias en plena ciudad”. Una muestra que en sus primeros años se miraba en el espejo del South By Southwest (un célebre evento que se celebra en Austin, y que sirve para que las industrias independientes de la música y el cine presenten cada año sus novedades), pero que poco a poco ha ido encontrando una filosofía propia, en la que se cuida de manera particular a las bandas y artistas que están dando sus primeros pasos: no es casualidad que el eslogan del festival sea “Descubre hoy las bandas de mañana”. El reto ahora pasa por conservar esa filosofía y esa personalidad en su nueva ubicación, ser capaces de mantener la magia a pesar del cambio de escenario. Un cambio, por cierto, que ha levantado tantas discrepancias como adhesiones, pero que resultaba necesario para garantizar el futuro del Monkey Week.Monkey Week

¿Cuáles son las razones que os han empujado a mudaros a Sevilla? ¿Qué creéis que habéis perdido, y qué habéis ganado, con esa mudanza? 

La principal razón consiste en que Sevilla ofrece unas posibilidades de crecimiento, no ya a nivel de público, sino también en la vertiente profesional, que no podía ofrecernos El Puerto de Santa María. Sevilla permite a Monkey Week una mejor logística (solo en lo relativo al alojamiento, por ejemplo, ya estábamos tocando techo en las dos últimas ediciones) y además en otra ciudad, y en un barrio como la Alameda de Hércules, a la que no se le puede negar su encanto.

Una de las virtudes de Monkey Week en El Puerto de Santa María residía en el especial microcosmos que se formaba durante los días del festival, en los que el centro del pueblo parecía literalmente tomado por una legión de músicos y gentes relacionadas con el negocio. ¿Qué medidas habéis tomado para que ese espíritu comunal se mantenga en la nueva localización?

Mantenernos en unas dimensiones similares a las que utilizábamos en El Puerto para seguir creando esa sensación de estar inmerso por unos días en una ciudad de la música. También buscar espacios únicos, que a más de uno le van a dejar boquiabierto. Seguir fieles a la idea, en fin, del Monkey Week como un evento urbano, cercano y que convierte cada espacio en backstage, antes que en un escenario.

A un nivel musical, Monkey Week tiene dos grandes patas: la primera es una programación muy amplia de showcases (escenarios comisariados por sellos o plataformas determinadas) en los que se mezclan bandas asentadas con artistas recién llegados. ¿Cómo es el proceso de selección de estas bandas?

Este año hemos realizado una convocatoria abierta y la selección ha sido ardua. Pero luego hay otros cauces por los que las bandas se presentan en Monkey Week: acuerdos con instituciones como AIE o circuitos como GPS (Girando Por Salas), misiones procedentes de diferentes comunidades (IEB de Baleares, Musika Bulegoa de Euskadi, CARM de Murcia), colaboraciones internacionales con países como Portugal, México o Suecia…

En El Puerto de Santa María, estos showcases estaban localizados muchas veces en lugares atípicos, como bares de tapas, bodegas, terrazas o casas señoriales. ¿Qué espacios habéis buscado en Sevilla para continuar esa tradición? ¿Cuántos escenarios estáis manejando para esta edición?

En esta octava edición, pero primera en Sevilla, habrá un total de dieciocho espacios… ¡que es algo que se dice pronto! Y hay algunos que van a sorprender y mucho. El Espacio Santa Clara, por ejemplo, se ha convertido en la Zona Profesional, y tiene rincones a cual más increíble: su refectorio, la Torre de Don Fadrique, el patio porticado… También hemos creado espacios singulares, como un escenario en el parking subterráneo del Hotel Patio de la Cartuja. Y qué podemos contar de la Torre de Radiópolis. Aunque creemos que una de las sensaciones de esta edición va a ser sin duda la pista de coches de choque con conciertos en mitad de la Alameda.

La segunda pata es una programación de festival, de tamaño reducido y con escenarios más cuidados, y de la que sólo se ponen unas cuantas entradas a la venta. ¿Cuáles son los motivos que os llevan a mantener esta propuesta? ¿Qué podéis avanzarnos respecto a la programación en este aspecto?

Siempre nos ha gustado también la idea de contar con una serie de conciertos en teatros, que mantengan también esa sensación de disfrutar de la música en directo en espacios con esas características… y alejados por unos momentos del bullicio tan propio del Monkey Week. El Teatro Central permitía mantener esa idea viva. Este año tenemos ahí tres platos fuertes, a elegir: la noche inaugural será de Niño de Elche + Los Voluble, el viernes toca cita con la historia de la mano de Michael Rother plays Neu!, Harmonia & Solo Works, y el sábado vendrá a tocarnos la fibra sensible el soul de Lee Fields & The Expressions.

Por último, Monkey Week siempre ha tenido escenarios de carácter gratuito. ¿Habrá algo parecido en esta ocasión?

Claro que sí. Para ello estará el Escenario Ron Contrabando en plena Alameda de Hércules, con una programación muy ecléctica de showcases y conciertos… y con alguna sorpresa incluida. Además, el Monkey Week siempre se ha caracterizado también por su circuito off, propuestas que surgen al margen del festival pero vinculadas al fin y al cabo con él (que es algo que nos encanta), y este año no será menos, ya lo veréis…

Las jornadas profesionales son otro de los puntos fuertes del festival, con una asistencia que crece de manera exponencial en cada edición. ¿Creéis que la crisis de la industria ha obligado a los músicos a ponerse las pilas? ¿O simplemente es cuestión de proponer temas y discutir asuntos que puedan interesar dentro del sector?

Las jornadas del Monkey Week siempre han querido ser no solo un punto de encuentro, sino también de debate. Hay que hilar muy fino porque entre nuestros objetivos ha estado siempre el ofrecer unas jornadas útiles y prácticas, que sirvan además a diferentes sectores de la industria: músicos, managers, promotores, programadores… Y además hay que ser optimistas al respecto: vivimos una etapa de creatividad brutal en nuestra música, y hay que aprovecharlo y mirar adelante, sin Otro aspecto interesante de las ferias es que cada año atraen a más gente de otros países. ¿Qué beneficios aporta esta apertura y, sobre todo, cómo se transmite la necesidad de estar en Monkey Week a esos profesionales extranjeros? La presencia cada vez mayor de invitados internacionales se ha debido sobre todo a la colaboración de Extenda, la Agencia Andaluza de Promoción Exterior, y al PICE, el Programa de Internacionalización de la Cultura Española puesto en marcha por AC/E – Acción Cultural Española. Gracias a ellos hemos podido contar con promotores, programadores, agentes y prensa extranjera. Aunque es cierto que cada año llegan más invitados internacionales por cauces distintos a los de estos programas, suponemos que gracias a que el Monkey Week también comienza a ser conocido y valorado más allá de nuestras fronteras. A lo largo de las distintas ediciones, el espectro de música que abarca Monkey Week ha ido creciendo hasta abarcar géneros como el flamenco o la música latina. ¿Qué novedades veremos este año? Este año hay, por ejemplo, una mayor presencia de propuestas electrónicas que en anteriores ediciones. Quizás solo sea reflejo de las tendencias actuales en la música. Pero también habrá de nuevo flamenco no convencional, o géneros que hasta ahora eran menos habituales en el Monkey Week, como el reggae o el hip hop. Hablamos de música al fin y al cabo, no de una música u otra.

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