El misterioso boletín del Habanilla: “Alpandy ta quindalé Grobelan or dañé”

La primera vez que oí hablar del Boletín del Habanilla fue tomando una cerveza, precisamente, en El Habanilla. Me contaban que hace muchos años, se habían editado varios números de una pequeña revista, muy ingeniosa, que desapareció. Me encantó que el número que correspondía a uno de esos veranos de castigo divino que tiene Sevilla apareció con el titular “Sigue sin nevar en Sevilla”, y me propuse encontrar algún número de esa extinguida revista.

Pregunté en el mismo Habanilla, a habituales de la Alameda, a mi padre, a taxistas, a periodistas… a muchos les sonaba, incluso recordaban algún número, algún texto, pero nadie conservaba ninguno.

Siempre he pensado que en Sevilla se consiguen más cosas en los bares que en los despachos, y en este caso fue así. Fue hace poco, un martes si no recuerdo mal. La noche comenzaba a torcerse, pero todavía no habíamos alcanzado el punto de no retorno. Estábamos en el Café Sonoro, yo me acababa de pedir un Ron Pálido en homenaje al abuelo que montó una fábrica de ron en Granada y no lo ha querido vender a ninguna multinacional, y me encontré a Antonio Molina. Si alguien no lo conoce y en algún momento se lo presentan, que no se separe de él. Yo lo conocí porque me dio clases en la universidad y fue uno de esos profesores que te deja como otra persona cuando acabas su asignatura.

El caso es que nos pusimos a hablar de Sevilla y salió el tema del misterioso boletín. Yo intenté impresionarle patéticamente con una historia que pensé que no iba a conocer, pero la cosa me salió rana: “Sí hombre, si ese boletín lo hacíamos unos amigos y yo”. Aquella sensación la puedo comparar con la que tendría si encontrara un unicornio blanco, la fórmula para convertir el agua en vino o un jamón infinito.

Antonio se comprometió a buscar y escanear alguno de los ejemplares que guardaba y enviármelo. Así lo hizo. Mientras escribo esto, tengo abierto en otra ventana el pdf del número dos del Boletín del Habanilla. Debajo de la cabecera puede leerse “La primavera volverá a nacer sobre tu cadáver” y aún más debajo el gran titular “Alpandy ta quindalé Grobelan or dañé”.

En las cuatro páginas que lo componen hay relatos de Juan José Téllez, un listado de fracasos de El Duque de Rives con joyas como “El fracaso de un suicida es morir de viejo” o “Fracaso de la imaginación al poder: es peor el poder con imaginación”, un manifiesto del Arte Popó o un Callejero Lírico precioso de Antonio Cano que dice así:

“Plaza de la Encarnación.

El cielo es papel mojado.

No esperes más corazón.

 ¡Tantos trabajos vivir!

No se me ocurre otra cosa

Que mudarme al Porvenir.

Siempre por la calle Imagen.

Cuida que llegue el día

Que del pedestal te bajen.

De la Puerta de la Carne

Se mudó a la Puerta Osario…

Se consume lo que arte.

La ciudad murió hace tiempo.

Vivimos en su cadáver

Como el gusano en su muerto”.

 

Para mí es muy sencilla la nostalgia. Me sale muy fácil pensar que antes todo era mejor. Es complicado competir con la romántica poética del Boletín del Habanilla, pero hay revistas (como esta que lees) que han continuado a lo mejor, inconscientemente, ese testigo, que no es otra cosa que la materialización de la creatividad sevillana.

Por cierto, “Alpandy ta quindalé Grobelan or dañé” traducido del caló significa “Abril y mayo gobiernan el año”.

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