Miki Leal

Duda de la veracidad de los tópicos en torno a la influencia de lo sureño. Ha mamado del biberón del arte desde pequeño en Sevilla, no solo por el caldo de cultivo social, que afirma tener algo que ver, sino también por las profesiones familiares en torno a bellas artes y la arquitectura. Anárquico, ensoñador y algo improvisador, este artista tiene un background cultural envidiable. Apasionado del jazz, guitarrista y aficionado al tenis, a Miki Leal no le gusta demasiado el suelo firme, prefiere el alambre. En 2016 ganó el premio internacional BMW de pintura. 

¿Qué buscas en lo extremo?

No sé si busco extremos. Lo que sí es cierto es que me gusta estar siempre en la cuerda floja porque no saber muy bien dónde estoy. Eso me permite llegar a sitios en los cuales no sabía que podía llegar. Desde la normalidad intento buscar la singularidad de las cosas.

¿Qué intentas contar con tus obras? 

A priori no intento contar nada a nadie. Solo a mi. No es una terapia pero casi. Forma parte de mi vida. Pinto lo que veo y hago lo que pinto. No tengo claras referencias a la hora de pintar.

¿Cuál es la sicología de un cuadro? 

No la tengo muy clara. Mis cuadros suelen ser muy universales, abiertos y siempre hay alguna pista perdida sobre la cual el espectador puede apoyarse para verse como en su casa y tirar de ese hilo para buscar su propia sicología. Ese punto universal es lo que más me gusta de mí.

Te sientes atraído por la improvisación. ¿Cuándo sabes que una obra ha acabado? 

Me atrae la improvisación por mi aprendizaje musical, sobre todo del jazz. Siempre he intentado hacer algunos experimentos con todo ello. Ponerme por ponerme a pintar. A la hora de finalizar una pieza, la verdad es que, de la misma manera que soy bastante anárquico, soy muy sistemático a la hora de trabajar. En el estudio trabajo en varias piezas a la vez, al menos cuatro o cinco. Hay un momento en que noto que una pieza me pide que la deje ya en paz.

¿Buscas la belleza? 

Más que otra cosa. Lo que no sé si es mi única búsqueda.

¿En qué te ayuda la geometría?

Por ese matiz de improvisador, siempre me ha gustado una pintura ligera y alocada con una impronta casi facilona. Frente a eso que siempre es el comienzo de la obra, la geometría me sirve para calmar, para nivelar y componer. Cada vez estoy más lejos, por la oleada de geométricos por el mundo, de utilizar ese recurso. Sin embargo me atrae mucho porque me sirve mucho para destacar un lado al que quiero llevar la mirada del espectador. Lo utilizo como forma de lenguaje, no como moda.

Tu obra ha estado y está relacionada con tus gustos musicales, ¿qué te aporta la música? 

Siempre he tocado la guitarra y de hecho quiero hacer más cosas con la música pero lo cierto es que no sé qué. La música me sirve como terapia cuando estoy en el estudio, y probablemente eso que escucho me lleva a pintar de una manera diferente a si no escuchara nada. También he estado liado con un proyecto llamado 1959, que fue el año en que cambia la música del jazz, el rock. Cambió la forma de escuchar música y en ocasiones me he puesto a escribir sobre ello, pero francamente utilizo la música como algo conmovedor.

¿Qué instrumentos tocas?

Toco la guitarra. He tonteado con muchos instrumentos pero he tocado la guitarra sus armonías.

¿El arte debe ser popular?

(Resopla). Por un lado sí, es fundamental que no sea tan elitista como históricamente ha sido. Es cierto que han habido intentos que no han cuajado. Políticamente correcto sería decir que sí.

Eres políticamente correcto.

Si te soy franco, tampoco me preocupa mucho. Nadie te pide que te dediques a esto ni tampoco pido que me entienda todo el mundo. Y eso que yo soy de los comprendidos porque mi arte es amable.

¿Y el precio debería ser popular? 

Es una dinámica en la que el artista ha tenido muy poco que decir y eso ha llegado hasta hoy. El artista termina diciéndole al galerista: “lo que tú digas”. Y te habla alguien que vendía sus cuadros a tres mil euros desde que empezó hasta hace tres días. El problema es que en España hemos estado acostumbrados a vender mogollón para poder subsistir porque el precio siempre ha sido bajo con respecto a otros países del mundo. Si quieres empezar a darte a conocer en el mercado internacional tienes que saber que lo primero que miran es el precio y por otro lado, lo que hayas vendido. El problema es que aquí no hay lo que tiene que haber

¿Y qué es lo que tiene que haber?

Instituciones que nos apoyen, coleccionismo en condiciones y no de estampitas. Al fin y al cabo casi una especie de mecenazgo. Pero bueno como nos dedicamos a lo que queremos no nos podemos quejar demasiado.

Cuéntame cómo formasteis el estudio de la Macarena.

Fue de los primeros estudios. Éramos siete u ocho. Fue la primera agrupación que yo recuerde y la formábamos más o menos los que despuntábamos en la facultad en ese momento: Norberto Gil, Manolo Bautista, Javier Parrilla, Fernando Clemente, Luis Moreno… Los profesores y algunos artistas iban a corregirnos al estudio cuando no era lo normal. Trabajábamos casi como profesionales.

¿Qué caldo de cultivo tiene el sur para que muchos de los mejores artistas contemporáneos salgan de aquí? 

Cuando hablamos del sur hablamos de tópicos pero, ¿y si va a ser verdad? Clima, la comida, lo mediterráneo, o puede ser la influencia del pasado. Si hablamos de pintura, nos hemos criado con Murillo, Velázquez, Zurbarán, desde la estampita de la comunión lo hemos mamado. Hemos estado educado en el arte.

Dicen que cabalgas en el arte onírico. 

Nunca tengo claro lo que voy a hacer. Sueño despierto e intento llevarme la obra a algún sitio que no existe. No copio nada. En ese sentido me gusta la pintura sensorial, no solo narrativa. Quizá por eso dicen eso de mi obra

No se conoce a la persona sin conocer su contexto. ¿Te influyen los problemas sociales actuales? 

Me influyen mucho pero sobre todo a nivel anímico y eso a su vez a nivel pictórico. Me influye a mi como persona, no a la obra, lo cual la haría más premeditada.

¿Se te ha quedado el lienzo corto? 

Por eso dibujo sobre papel porque quiero que la pintura sea una extensión más del muro.

¿Qué queda en ti de aquel niño de Coria del Río?

Por supuesto. Aunque no soy coriano, sí pasé mucho tiempo allí y me trae muchos recuerdos, sobre todo los relacionados con el río.

En 2016 conseguiste el premio BMW de pintura. ¿Qué supone un premio así para ti?

Económicamente viene muy bien. Al fin y al cabo en este mundo se está de una manera más o menos precaria aunque vendas. El premio BMW ha sido un poco residual anteriormente y en 2016 me dicen que ha cambiado la directiva y que estaban haciendo una colección más seria. Es entonces cuando decido presentarme.

¿Eres consumidor de arte contemporáneo?

Sí. Bastante. Suelo comprar cuando viajo.

¿Hacia dónde vas? 

Ahora mismo me estoy encontrando a mi mismo. Estoy retomando en tela. Soy bastante quisquilloso e intento no encasillarme. Quiero estar a gusto conmigo mismo. Ahora estoy moviéndome mucho por EE.UU. y Méjico.

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