Mensajes de tiempo y tinta

Después de quince años dando vueltas por el mundo, el tatuador David Well ha abierto en pleno centro de Sevilla un local que es una puerta que traslada al visitante a otros tiempos (el primer cuarto del siglo XX en Estados Unidos, por ejemplo) y a otros mundos (las colinas de Kerala, en la India, por ejemplo), y siempre con el tatuaje como excusa y como forma de expresión de artistas y de clientes.

La primera vez que vio una modelo tatuada en un spot de televisión de Freixenet, tomó conciencia de que algo estaba cambiando. “Pensé: hemos creado un monstruo”. David Well (Madrid, 1980) sonríe y busca con la mirada la colección de dibujos enmarcados en la pared principal de su establecimiento, que son el reflejo de más de catorce años como tatuador profesional. Su legado camina por todo el mundo, grabado a perpetuidad en las pieles de miles de seres humanos que caminan por Sacramento y por San Francisco en California; por Londres en Inglaterra; por Glasgow, en Escocia; en Italia, y por supuesto en España.

“Empecé siendo un niño, con mis amigos, construyendo las máquinas artesanalmente, en casa. Haciendo experimentos con tribales, hasta que con dieciséis años me hice mi primer tatuaje profesional”. Hoy asegura haber perdido la cuenta. Dice que más bien, lo que tiene es un tatuaje único, que ocupa casi todo su cuerpo, porque los distintos diseños han ido comunicándose y conectándose entre sí, centímetro a centímetro de piel; gota a gota de tinta.

El flash day

Visitamos La perpetua Rosario el 14 de junio, el día en el que el establecimiento cumple cuatro meses en la ciudad. Para conmemorarlo, cada vez que el guarismo 14 aparece en el calendario, es flash day en la tattoo shop.  “Normalmente, los clientes ya traen una idea, o incluso un diseño, pero quienes nos dedicamos a esto también vamos haciendo nuestros dibujos; ideas que queremos tatuar y que ofrecemos, a un precio más económico”. Se trata de diseños únicos, que se tatúan una vez y se destruyen. Expresiones artísticas que toman como soporte la piel de un desconocido, en muchas de las ocasiones, que el artista no volverá a ver jamás.

“Esa es la filosofía de esto”, explica Well. “Para el tatuador es una forma de expresión, y se llega a convertir en una forma de vida”. En el otro lado, quien lleva el tatuaje lo hace normalmente por motivos sentimentales, para perpetuar un recuerdo… o simplemente para ser diferente.

La perpetua Rosario ofrece todos los estilos de tatuaje. David asegura proceder “de la vieja escuela, del tatuaje tradicional americano, motivos navales, chicas y marineros, líneas gruesas… bold”. Pero otros dos compañeros completan el catálogo: Juanma trabaja tatuajes muy detallados, basados en la ilustración, y Miriam, tatuajes a mano, sin máquina, de inspiración hindú. Detrás del mostrador (barra de bar de madera y capitoné de cuero), Nikki Leigh Pozo, una modelo que es la verdadera responsable de que Well haya recalado de nuevo en España, catorce años después: “No conocíamos Sevilla, pero mi mujer me dijo que quería vivir en esta ciudad, que todo lo que le contaban de ella era bueno… y aquí estamos”.

El sueño de Sevilla

Llegaron con todas las reservas. No tenía muy claro si la ciudad iba a responder a un tipo de establecimiento tan específico, y se sorprendió enseguida. Los prejuicios sobre el tatuaje han ido desapareciendo, “aunque aquí en el sur se sigue notando algo más”, asegura David. Ya apenas se ven ofertas de empleo en la que aparezcan menciones expresas a no ir tatuado y, en el sentido contrario, en determinados sectores profesionales se considera un valor.

“Conozco gente, modelos, actores, que se ganan muy bien la vida gracias a que van tatuados hasta el cuello”, asegura haciendo un gesto con el que señala a su propia pareja, con tatuajes muy visibles en los brazos, en el pecho…

De casi dos decenios vinculado con el universo tattoo, David Well atesora muchos episodios sorprendentes, divertidos. Asegura que el tatuaje más extraño que ha tenido que hacer es un emoji en el pene de un cliente que, además, era el único tatuaje que llevaba en su cuerpo. ¿Lo que no tatuaría? “Una esvástica. Me he negado siempre a tatuar motivos políticos ni ofensas religiosas. Es una cuestión de principios”.

Esa actitud es una de las que le ha llevado a consolidar una excelente reputación en el mundo del tatuaje, que es, por otra parte, una de las principales herramientas con las que debe contar. El boca a boca es la vía por la que llegan los clientes (y sus temores).

Cuestión de confianza 

“Temen al dolor, sobre todo. Donde más duele el hacerte un tatuaje es en el costado, la zona de las costillas, o en la cabeza, pero también depende de cada persona”, explica Well, que disfruta con el contacto con el público. Le gusta asesorar sobre el tamaño del tatuaje, el estilo, la zona del cuerpo, y transmitir confianza con los procedimientos y los productos que utiliza.

Música, bromas con los clientes y entre los compañeros, risas, chupachups en un tarro de cristal, calcos de diseños de tatuajes pinchados en la pared, objetos vintage, lemas que definen un estilo de vida, referencias al far west, a la Segunda Guerra Mundial, a las culturas ancestrales del sureste asiático, una moto custom (el medio de transporte de David y Nikki)… el local de la tattoo shop de la calle Rosario, en el corazón del centro de Sevilla, es un santuario a un modo transversal de entender la vida, en todos los rincones del planeta, marcando la piel a tiempo y tinta, con las emociones y sentimientos que alberga el alma de millones de seres humanos que lucen (o que ocultan como un misterioso secreto) un tatuaje.

Óscar Gómez
Óscar Gómez

Periodista y socio fundador de Qwerty Radio.

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