Matrimonios S.A.

La definición de Matrimonios S. A., puesta de moda con la publicación de mi libro en el año 2009, ofrece en toda su amplitud sintáctica un listado de conocidos nombres propios enlazados por un guión común que conforma un mismo triángulo: Poder, Dinero y Amor. Términos que caracterizan a determinados personajes que se van uniendo gracias a la gloria matrimonial. Un hecho que hoy caracteriza a muchos de los principales vips de la vida social española. Constituyen, en palabras del conocido filósofo y profesor ya fallecido Gustavo Bueno, “enlaces covalentes”, es decir, lo que en nuestros días se bautizaría como que entre ellos existe química. 

Todos los personajes, muchos de ellos conocidos por el gran público, que engendran la definición de Matrimonios S. A. mantienen su propia “personalidad” y la refuerzan gracias al enlace matrimonial, que normalmente se establece con gran publicidad mediante ceremonias nupciales resonantes, tanto por la categoría de los invitados como por la cuantía de la energía que fue preciso aportar a la “reacción” medida en millones de euros. Sin perjuicio de su ególatra apariencia social, debida a sus yates, aviones privados, mansiones espectaculares, fincas, fiestas de elegancia indiscutible, son también personas activas en sus empresas, funciones públicas, actividades culturales e, incluso, alguno es “adicto al trabajo”. Casi todos muestran alguna preocupación social, que ellos llaman “humanística”, vinculada a oenegés que tengan que ver algo con Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer o el padre Ángel (mientras que la mayoría de “parejas comunes” se vinculan más bien con oenegés que tengan que ver con subsaharianos y otros “negritos” del África tropical, como diría el filósofo Gustavo Bueno).

El rasgo común de todos estos matrimonios es que se crean y deshacen en las capas más altas de nuestra democracia. Una condición ineludible para la cristalización de una plataforma de acción, desde la cual estos personajes enlazados pueden llevar a cabo sus proyectos más personales o, como gustan decir, su “realización personal”. Así cada uno de ellos, al unirse al otro, logra alcanzar unas posibilidades que, al margen de la relación, no hubieran encontrado. Y lo interesante es precisamente esto. Así, por ejemplo, la relación que mantenida en su día entre la modelo mexicana Adriana Abascal y el ex presidente de Telefónica Juan Villalonga constituía el máximo exponente de una pareja donde la belleza trepa al poder y el poder se deja atrapar. Juntos volvieron a formar parte de los círculos sociales y de mando. Por separado hubieran fracasado.

Pero normalmente no se trata de enlaces matrimoniales en los cuales el poderoso eleva a una belleza anónima a las alturas de su pedestal, como en la época de la Cenicienta. Aquí, en nuestra sociedad, cada cual tiene ya un “nombre público”, más o menos esbozado, y logra, con su unión matrimonial, potenciarlo de un modo que no hubiera podido lograr en solitario o por mero “emparejamiento”. Para estos cónyuges, el matrimonio representa, desde el punto de vista de su personalidad pública, lo que pudiera significar un lanzamiento o un pelotazo en la vida de un hombre de negocios. Algo así como lo que popularmente se conoce como un “braguetazo”, que no sólo es directo “casarse un hombre pobre con mujer rica” (RAE de 1947), sino también inverso al casarse una mujer de menos rango (aún siendo rica) con otro de mayor rango, como puede ser el caso de la llamada “Letizia venezolana”, María Margarita de Vargas, al casarse con Luis Alfonso de Borbón Martínez-Bordiú, bisnieto de Alfonso XIII y del general Francisco Franco. Todos los ejemplos son imprescindibles para entender el funcionamiento de la realidad en la que vivimos y a la que llamamos “nuestro presente democrático”.

Por eso en España no sólo manda un ciudadano apellidado Rajoy. Ni mucho menos. En este país quienes mandan de verdad son los hijos, las mujeres y los cónyuges del “Gran Poder”. Muchos matrimonios sobradamente ambiciosos que han tomado el timón de los multimillonarios negocios familiares. Auténticas e históricas fortunas, emporios y negocios que pasan a ser gestionados por un reducido grupo de elegidos en el Olimpo de los potentados. Pero su poder no sólo reside en su dinero. Sus influencias y su agenda marcan también la vida española. Son por eso los más poderosos. Aunque para algunos, el precio de la gloria, sin embargo, ha influido en su desdichada vida privada. Son ricos en poder, en un círculo endogámico, de unos con otros, donde ningún extraño apenas puede penetrar.

Este círculo se estrecha en torno a una cultura común a todos ellos. Comparten amistades, han estudiado en los mismos colegios, tienen los mismos valores, sus ambiciones son parecidas y se casan entre ellos, conformando Matrimonios S. A. Sus gustos también son muy similares: van a los mismos lugares de copas, comen en los mismos restaurantes, compran la ropa en las mismas tiendas, viajan a los mismos destinos turísticos, se construyen sus mansiones en las mismas urbanizaciones, asisten juntos a las mismas concentraciones cinegéticas y, en definitiva, configuran un clan impenetrable de ricos por derecho consanguíneo. Conforman grandes patrimonios que se pierden en una maraña de sociedades interpuestas, en incalculables tesoros artísticos y en fundaciones sin ánimo de lucro que esconden un imperio económico. Pronunciar sus nombres y apellidos es sinónimo de riqueza, de influencia, de abultadas cuentas, que año tras año conocemos gracias a la selecta lista de los más ricos del mundo que publica la revista americana Forbes.

Debo citar aquí a Eric Berne, quien, a mi entender, ha sido el que mejor ha estudiado las coincidencias y diferencias en las vidas de las personas. En uno de sus libros, uno de los más importantes del siglo XX, ¿Qué dice usted después de decir Hola?, nos sumerge en los llamados Guiones de Vida y Proyectos de Vida. Un Guión de Vida es un Plan de Vida basado en una decisión tomada en la infancia, reforzado por los padres, justificado por acontecimientos subsiguientes y que culmina en una alternativa elegida. Si comparamos los conceptos podríamos decir, grosso modo, que, mientras los primeros “se nos imponen”, los Proyectos de Vida los elegimos.

¿Qué pretendo decir? Que mientras que en nuestra infancia trazamos el Guión de Vida, conforme maduramos podemos construir un Proyecto de Vida consciente, es decir, ser distintos, o muy distintos de como inicialmente pretendemos ser. Para cambiar solo hace falta que se den algunas condiciones. Incluso este cambio puede venir en varias fases. Estos personajes son claramente triunfadores. Berne escribió estos párrafos tan importantes: “A un triunfador puede definírsele como una persona que cumple su contrato con el mundo y consigo mismo. Esto es, proyecta hacer algo, dice que se compromete a hacerlo, y a la larga, lo hace. Su contrato o ambición puede ser ahorrar 100.000 dólares, correr una milla en menos de cuatro minutos, o conseguir un Doctorado en Filosofía. Si alcanza su objetivo, es un triunfador. Si acaba endeudado, se tuerce un tobillo en la ducha, o suspende en el primer año de universidad, es claramente un fracasado… Un triunfador sabe lo que hará a continuación si pierde, pero no habla de ello; un fracasado no sabe lo que hará si pierde, pero habla de lo que hará si gana. Así, pues, basta sólo con unos minutos de escuchar para ver quiénes son los triunfadores y los fracasados en una mesa de juego o en la oficina de un corredor de Bolsa, en una discusión doméstica o en una terapia familiar”.

Actualmente en la sociedad española las mujeres están de moda. La tendencia dominante hasta los pasados años noventa de buscar preferiblemente a un hombre para un puesto de consejero en una gran empresa se ha diluido. En todos los sectores de la vida económica española ya existe una protagonista femenina. Aristócratas, empresarias, terratenientes y las denominadas “mujeres de” construyen su poder a partir de la fortuna adquirida por su familia o por su marido a lo largo de los años. Hay otras que, sin embargo, logran ser influyentes aún sin contar con el respaldo de un gran patrimonio económico. Son las que supieron aprovechar su belleza y/o las ocasiones que la vida les brindó en un momento determinado para hacer su agosto. Pasaron de ser desconocidas para el gran público a convertirse en el centro de la actualidad, sobre todo, con motivo de sus sonados matrimonios o separaciones.

Pero actualmente no son las únicas. Existen otro tipo de mujeres con una gran influencia y a las que nadie pone cara aunque ostentan el mando. Son las representantes de la revolución silenciosa de una casta femenina cada vez con más poder en España. Su fuerza no reside tanto en su dinero como en controlar, dominar y utilizar las influencias de sus maridos en la vida cotidiana. Son mujeres con mando en plaza, posición que les ha procurado amistades muy gratificantes que de otra manera nunca hubieran logrado. En este tipo de asociación las dos partes salen beneficiadas. Hoy en día las relaciones personales se han convertido en una de las principales herramientas para prosperar en cualquier carrera profesional e, incluso, en la amorosa. Muchas veces la estabilidad emocional radica en lo abultado de sus cuentas corrientes.

Algunas de ellas son segundas o terceras esposas y constituyen otra clase social cada día más arraigada y con un estatus más cualificado. Son las ex. Más jóvenes que ellos, quienes han sucumbido ante sus encantos personales y que han dejado atrás sonados y millonarios divorcios. Un conocido ejemplo internacional es el del propietario de la empresa petrolífera Sibneft y actual dueño del equipo inglés de fútbol Chelsea, el magnate ruso Roman Abramovich, cuya fortuna se ha estimado en unos 16.000 millones de euros, de los cuales su ex segunda mujer, Irina, una guapa rusa azafata de aviación, se ha llevado, dicen, cerca de la mitad de este inmenso patrimonio tras emprender trámites de divorcio. Su existencia es similar a la de otros actuales potentados españoles. Cuando se conocieron, él apenas podía permitirse salir a cenar a un restaurante y acababa de divorciarse de su primera mujer. Durante los quince años de este matrimonio, con cinco hijos habidos, su vida cambió, ya que Abramovich se enriqueció gracias a la privatización de las empresas nacionales rusas liderada por el ex presidente Boris Yeltsin. Luego, la pareja se trasladó a vivir a Londres y él se convirtió en un gran oligarca ruso. Alguno de sus amigos asegura que el desencadenante de la ruptura matrimonial fue la aparición en escena de otra guapa mujer, más joven aún, una modelo también rusa, llamada Daria Zholova.

Otro caso muy singular es el del conocido ex primer ministro griego Andreas Papandreu, quien a sus 70 años de edad y después de varios años de escándalos, de esconderse de los fotógrafos, de reclamar una intimidad difícilmente accesible para un político, se casó en segundas nupcias con la azafata Dimitra Liari, 35 años más joven que él. Papandreu estuvo casado durante 38 años con la novia de su juventud, Margarita, a la que conoció en los años cuarenta en la antesala de un dentista de Minessota, cuando éste era refugiado trotskista en Estados Unidos.

Estos ejemplos, y todo lo que llevan consigo, se han repetido en España en muchas ocasiones y han sido analizados en mis libros a través de distintos personajes, como Marta Chávarri, Marina Castaño, Adriana Abascal, Nuria González, etc. Muchas de estas mujeres acaban luego casándose con los ex maridos de las otras, formando un círculo totalmente endogámico. Estas féminas, sin excepción, han creado una sólida y cualitativa red de contactos, con el importante valor añadido que ello conlleva. Por ejemplo, Marta Ferrusola Llados, la influyente esposa del ex presidente de la Generalitat de Cataluña, el honorable Jordi Pujol i Soley. Un gen que ha transmitido a todos sus descendientes.

Hoy casi todas las familias de abolengo y poder se interrelacionan y se entremezclan. Asegura la ciencia sociológica que el mundo, a pesar de albergar a más de 6.000 millones de personas, es realmente un pañuelo. Ya en la década de los años sesenta, el sociólogo y profesor de la Universidad de Harvard Stanley Milgran puso de manifiesto, con su llamado teorema de los seis grados de separación, que la gente está mucho más próxima entre sí de lo que uno se cree. Según el profesor Milgran, cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios.

Dicen los expertos que los ricos siempre fueron pocos y que presumían de serlo desde muchas generaciones atrás. Pero ahora son cada vez más numerosos. Precisamente, España se ha situado ya, por primera vez, entre los diez países con más millonarios del planeta, pero si antes la aparente estabilidad emocional era lo que distinguía a los ricos de toda la vida, ahora, a los nuevos, se les reconoce por el movimiento. Cambian de compañía con suma facilidad, forjando un nuevo club de jóvenes mujeres que tocan el poder fundamentalmente por su belleza. El modelo animal “hembra joven busca macho poderoso”, y viceversa, se repite desde hace miles de años en todas las culturas. En resumen, se trata de perpetuarse como especie a través de la reproducción y hacerlo de la manera más eficaz posible.

Las pautas de comportamiento de estos cambios sentimentales son casi siempre las mismas. En los estudios analizados se afirma que, por lo general, la iniciativa de la separación la toman las mujeres y la del divorcio el hombre, que desea volver a contraer matrimonio influido por su nueva compañera sentimental que, por lo general, todavía no ha contraído nupcias. También indican los expertos que el divorcio continuará en alza, al igual que las segundas nupcias, entre otras razones, porque ambos han dejado ya de contemplarse como hechos estigmatizados. En España tenemos muchos ejemplos, incluso de hasta terceras nupcias, con personajes relevantes en los distintos campos de la vida pública, como Alberto Cortina, Alberto Alcocer, Fernando Fernández Tapias, Camilo José Cela, Miguel Boyer, Francisco Álvarez Cascos, Juan Villalonga, etc. Esto trasciende sociológicamente, aunque sólo sea por el componente simbólico que genera.

Y para terminar, una reflexión del profesor y filósofo Gustavo Bueno sobre lo referido en este artículo: “No se trata, por mi parte, de “reivindicar el mérito” de quienes han logrado elevarse socialmente mediante un enlace covalente en el sentido dicho, por cierto, en expresión no menos metafórica que la de braguetazo. Cabe incluso, desde la conceptualización “enlace covalente”, alcanzar un “desprecio” aún mayor respecto de los actores del enlace que el que pudiéramos alcanzar mediante la “conceptuación genital””.

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