Manu Sánchez

Mueve las palabras a la velocidad de los míticos dedos de Jerry Lee Lewis en el piano, abrumando con su rapidez para la metáfora y la respuesta brillante. Sus neuronas, en un ático a casi dos metros de altura, intercambian información para amasar el pan suyo de cada día, el del humor inteligente y contestario. Ciudadano antes que nada, de izquierdas, aborrece las injusticias y lucha desde la tribuna que sea contra el machismo, el racismo, la mentira, el supremacismo del norte y los falsos estereotipos que endosan a Andalucía. Lo hace desde la alegría, tesoro del sur que reivindica, junto a las papas con chocos y el carnaval de Cádiz, le pese a quien le pese. Ateo y cofrade, folclórico y moderno, devoto de El Selu y Les Luthiers, no cree que la modernidad esté en la resta, sino en las sumas. Como el Zorro, deja su firma en el aire con un ceceo que pone al límite el frenillo de su lengua. Zeta de Dos Hermanas, zeta del final de sus apellidos, Sánchez.

¿Es usted surnormal?

Surnormal profundo, hasta la médula. Así lo he declarado en un desnudo integral en forma de libro; menos mal, porque si llego a hacerlo en forma de almanaque hubiera sido muy desagradable… Me parecía oportuno aportar, además de un título y un libro, un concepto nuevo, la surnormalidad.

¿Y qué es la surnormalidad?

Al sur se nos explica muchas veces desde el nor, desde el exotismo. El exotismo es algo que vive en el ojo del forastero: la India es exótica para el que venga desde fuera, supongo que para quien tenga un apartamento en la orilla del Ganges será de lo más habitual del mundo los ritos funerarios; en todo caso, estará pendiente de si hace poniente o levante a ver si coge olor a ceniza los saris de la acera de los pares o de los impares (risas). La surnormalidad es la normalidad del sur, tenemos que dejar de reivindicarnos y defendernos, porque eso puede sublimar algo parecido al complejo. Que nos conozcan, y la mejor manera de darnos a conocer es contándonos, contando nuestra forma de ver la vida, que tiene mil y una caras, es heterogénea, plural y heterodoxa.

¿Usted asegura que la humanidad es del sur?

Es curioso que en el norte más al norte del Polo Norte la brújula seguirá señalando al norte, y eso quiere decir que científicamente todos estamos en el sur de manera inevitable. 

¿Qué fue lo primero que aprendió en su casa?

El poder de lo gregario, somos muy familiares, muy clan, muy tribu. Que la casa no termina en la puerta; era una casa de puertas abiertas, donde tus amigos eran los niños del bloque, la familia era la vecina de arriba, donde se hablaba por el ojo patio para saber si hacía falta sal y el patio de la casa era la plazoleta donde todos jugábamos con todos.

¿Eras dador o recibidor de yoyas en el colegio?

He tenido una suerte tremenda, vivía con cierto estupor la dualidad de ser el emplollón de la clase y a la vez el gamberrete. He tenido mucha suerte con el colegio que eligieron mis  padres, de una congregación francesa muy peculiar, donde estudiábamos religión católica y los preceptos de otras religiones… nos decían que la buena y verdadera es la nuestra pero que habías otras. Nos explicaron la religión desde la fe y también desde la historia de la religión. Lo recuerdo como una etapa maravillosa, con amigos con los que todavía sigo manteniendo relación. Y no hubo grandes dadores ni recibidores de yoyas, es verdad que hubo momentos de gran crueldad en ambas direcciones… no olvidemos que he tenido gafas desde chico (risas).

¿Siempre quiso ser humorista?

Mi verdadera vocación es la de contador de historias. Me reconozco escribiendo desde chico oraciones para ser leídas en el día de la Virgen en el colegio, relatos cortos, poemas en ese momento romántico perturbador en la adolescencia… En una encerrona de mis amigos del baloncesto me suben a un escenario de broma. Creía que iba a quedar en lo anecdótico, pero había un matrimonio ahí que no había probado: ver la realidad desde el humor, buscar el doble sentido, colarse donde sea por la puerta de atrás. Creo que es algo innato en una sociedad como la nuestra, que como método de supervivencia tiene el humor, como cristal que ponemos a las gafas para ver la realidad. Ahí descubrí que mi gran vocación era la escritura y mi gran oportunidad el humor. Y escuché ese paraparapapá (imita el sonido de un timbre), sonó la campanita y dije este es el camino.

¿Suena ese paraparapapá y qué le dicen en casa?

Primero, sorpresa. Depende de en qué rol me conocieran. Los compis del baloncesto, como compartimos muchas horas, sí sabían que el humor era una parte importante de mi personalidad; pero los que me conocían de vernos en besamanos y pensaban si este es el tío más serio… porque de entrada mi pose es un poco de muñidor de La Mortaja, no tengo una cara especialmente divertida. En casa es curioso… el sistema es tan academicista que nos enseñan matemáticas, historia de la literatura, ciencias sociales, religión, cosas muy curriculares pero todo lo que tiene que ver con la creatividad es extraescolar y extracurriculuar. Si te gusta el deporte, tiene que ser una clase extraescolar; la pintura, tienes que tener la suerte de que tus padres te apunten a un taller; la escritura, te tienes que aprender que escribió Pío Baroja y Unamuno pero no te enseñan a escribir un relato. Y es curioso que en nuestra tierra no nos enseñen solfeo, que ni siquiera se hable del flamenco ni nos enseñen a componer la guitarra o el piano. Te enfocan la vida académica a que seas médico, abogado, ADE, y si te quieres dedicar a una vocación que es extraescolar, en vez de decir “Mamá, papá, quiero ser escritor o bailarín”, lo primero que debes decir es lo que no quieres ser.

¿Cómo fue en su caso?

Yo, para decir quiero ser escritor, lo primero que tuve que decir es no quiero ser ingeniero en telecomunicaciones. Esto hace que el punto de partida sea entre valiente, duro y contracorriente. Empiezas decepcionando, destruyendo, aunque quieras construir. En casa sentó como un jarro de agua fría, el niño se ha escarriao.

¿Le apoyaron en su decisión?

Es verdad que con dieciocho años que yo hiciera monólogos y humor parecía un hobby que no iba ser mi destino, y puedo entender que mis padres pensaran “Este se ha escarriao y se va a arrepentir”. Entonces senté a mis padres y les dije “Mira, soy Sánchez Vázquez, no soy (y engola la voz) ni Osborne, ni Domecq, tampoco Dominguín ni de la saga de los Flores, pero me encantaría dirigir y producir”. Mi padre es tornero fregador y mi madre administrativa, así que les expuse “Tengo que empezar un camino, y no es que yo quiera hacer monólogos en salitas durante toda mi vida, quiero hacer tele, teatro, escribir y por aquí creo que es el principio de ese camino. Dadme la oportunidad y si no florece, abortamos el plan y retomamos lo académico y la ingeniería en telecomunicaciones”.

¿Y los primeros pasos de ese camino?

Se fueron dando de forma segura: al año y pico Tomás Summers confió en mí para estar en la televisión, y al año y pico ya tenía programa propio, De la mano de Manu, un late night, formato que siempre había soñado tener, donde conseguí tener responsabilidades en toda la parte creativa y de guión. Luego, monté la productora, la empresa 16 Escalones, al tiempo que me hice responsable de producir al cien por cien el programa y otros programas; produjimos exposiciones culturales, el teatro, producir para otra gente, la cosa fue creciendo y mis padres vieron que era un proyecto serio y vital, y les tengo que agradecer que, aunque a ellos les entrara el pánico, apostaron y creyeron en mí.

¿Está infravalorada la vertiente empresarial de los que se dedican a la cultura?

Se toma poco en serio que el arte es una industria, que mueve una cantidad más que considerable de dinero. Hay países como Francia que entiende la cultura como parte fundamental de su PIB y lo protegen con leyes. Aquí, en Andalucía, estamos empezando a descubrir lo bien que viene tener rutas relacionadas con el cine, que Alberto Rodríguez sea un referente nacional, tener a Benito Zambrano, que el Alcázar sea el Reino de Dorne y que en la Plaza de España vivía Leia. Empezamos a ser conscientes de la importancia de una industria que mueve mucha pasta. Dedicarse a esto es muy serio y rentable, y la rentabilidad y el arte no están reñidos en absoluto.

¿En su caso, la faceta de humorista fagocita la de empresario y emprendedor?

Un poco sí. Hubo un momento en que decidimos dar el salto a México con la obra The Hole y vivimos la posibilidad de hacernos con la gerencia de un teatro, que rebautizamos como Gran Teatro Molière en Polanco, un espacio espectacular de 3.000 metros cuadrados. Tras esta experiencia empresarial, nos apetece, y mucho, replicar la fórmula aquí y llevamos tiempo buscando en Sevilla algún espacio que convertir en un teatro comercial. Hubo un acercamiento con el ayuntamiento para convertir la sala San Hermenegildo en el primer teatro flamenco con programación cien por cien flamenca del mundo. Lo tenemos en la agenda empresarial. Acabamos de estrenar Infarto, una obra para uno de mis maestros, Santo Rodríguez, que hemos escrito y dirigido, junto con Fernando Fabiani, y que girará por toda España. En su día tuvimos en Sevilla la exposición Los guerreros de Xian… También estamos en el terreno de las startups, aportándoles contacto con los medios y repercusión en el público. Y el cine, que es un objetivo a largo plazo.

¿Rechaza la visión bohemia del arte?

Cuando el arte es rentable no quiere decir que se haya vendido al mejor postro ni perdido su esencia ni doblegado al sistema. Hay ejemplos de arte muy rentable, y eso tiene que ver con la mejora de la calidad de vida. Una sociedad a la que le falta para comer difícilmente irá al teatro… pero debemos reivindicar la cultura como bien de primera necesidad: hay que dar de comer al cuerpo pero también al alma y a la mente. Y probablemente eso nos haga más libres. Por eso al arte se le intenta poner palos en la rueda para que termine siendo poco rentable, más pequeño y así la ciudadanía pueda ser lobotomizada con más facilidad.

¿Dónde está la frontera entre el humor y el mal gusto?

De todo se puede hacer humor, eso es un hecho indiscutible. El mal gusto y el buen gusto corre de cuenta de cada uno. De todo se puede hacer un poema, un prospecto; de todo se puede hacer porque se puede hacer. Dónde está la legalidad, la ilegalidad, ahí es donde sí podemos abrir un bonito debate. El humor no es más que una forma de la libertad de expresión, que, además, tiene un fin que es la risa, hacer pensar o molestar, transgredir… El humor es la libertad de expresión con intención. Y creo que la libertad de expresión no debería tener ningún límite legal; límites sociales, que cada uno le ponga los suyos. Estoy a favor de que Hitler pueda editar y publicar Mein kampf, y quiero creer en una sociedad tan sana y formada que le dé la espalda a ese libro en lugar de abrazarlo.

¿El abucheo es antiséptico?

Todo el que tiene la posibilidad de expresarse públicamente tiene que estar dispuesto al aplauso y al abucheo. Y creo en una sociedad sana, que aplauda una serie de cosas que considero plausibles y abuchee otra serie de cosas que considero abucheables. Lo que cada uno considere plausible y abucheable entra en la libertad de cada uno, sin lugar a dudas. El humor es como los culos: cada uno debería decidir qué hacer o qué deja de hacer solo y exclusivamente con el suyo.

Y Rober Bodegas jugó con culos ajenos…

Yo utilizo mi humor y mi libertad con una autocensura, es la mía, solo mía, que cada cual elija la suya. El humor es una herramienta tan potente que yo decido personalmente utilizar esa herramienta de manera molesta, ácida, punzante, sarcástica… El humor, gracias a dios, molesta, si no me dedicaría a otra cosa; a mí el humor blanco no me gusta, como no me gustan las cosas blancas: no me gusta el pescado en blanco, me gusta bien frito y con papas; no me gusta el arroz en blanco porque es de malito; y no me gustan las noches en blanco, prefiero las que termino sudao y espelucao porque ha sido de colores. Y si uno tiene un misil, hay que saber dónde  apuntarlo, si al cuartel de los malos o a una guardería; yo prefiero al cuartel de los malos.

Me iba a responder a la polémica con Bodegas.

El humor como arma poderosa cumple una función contestataria, revolucionaria y valiente cuando es de abajo a arriba, de las clases oprimidas a las clases poderosas. Yo, que soy de clase obrera, en la obra El rey solo donde mi humor dispara a la monarquía, a la jefatura de estado hereditaria; en El último santo disparo contra la política religiosa y los estamentos; en El buen dictador contra la política y la demagogia. Yo decido utilizarlo de una manera concreta: contra el poderoso. Se pueden hacer chistes machistas y feministas, pues yo decido hacerlos feministas e ir en contra del machista, contra el opresor y a favor del oprimido. Es mi elección personal. Y esa es la libertad, una cosa que viaja en dos direcciones. Todo aquel que opina públicamente debe estar preparado a ejercer la libertad y a las consecuencias de haberla ejercido. Y la consecuencia es preciosa, es la libertad de los demás, porque la libertad en una sola dirección no es libertad. Lo que hace Rober Bodegas en el famoso monólogo sobre los gitanos no son chistes inocuos, quiere hacer una pirueta, la de enfrentarse a las prohibiciones en la tele, y en la pirueta se mata. Se ha querido vestir de transgresor y no lo es; lo habría sido hacer el monólogo en las Tres Mil Viviendas… Nos ha vendido que ha puesto a un colectivo para verse reflejado en sus estereotipos pero lo que hace es un acto de racismo barato, y contra el racismo barato me rebelo.

Ese humor de abajo a arriba asusta a más de uno, ¿no?

Amenazas de muerte, violencia, coacción, prohibición, censura, imposiciones legales, arrestos, detenciones… esto para mí está fuera de toda comprensión, pelearé con uñas y dientes contra eso. Seamos sinceros: nadie está en la cárcel por hacer chistes contra gitanos o machistas, los problemas vienen cuando te metes con dios, con el rey, con los políticos.

¿Ha tenido “llamaditas” tras una actuación?

Claro. Son llamadas cobardes porque nunca llaman en primera instancia y con un mensaje claro de “Te prohíbo de esta línea a esta línea, que no vuelva a ocurrir”… Son llamadas de alguien que tú deduces que alguien ha llamado a un alguien que ha llamado a otro alguien y al final te llegan consejos para dejar de hacer esto porque “no es el momento”, “ahora no toca”, “quizás aquí te has precipitado”, “oye, te acuerdas que íbamos a renovar una cosa, igual ahora se complica porque se han puesto nerviosos con lo que has dicho”… Según en qué sitios no te programan. Al final, la censura no es un señor vestido de nazi con un boli rojo que entra en tu oficina con otros diez soldados y te tiran los folios y te tachan; es sutil, servil y siempre cobarde. No nos escandalicemos: toda cadena tiene línea editorial, un director de contenidos y, al final, en lo privado cada empresa puede decidir la línea que quiera, eso no es censura, es una decisión empresarial; en lo público sí me cuesta más encajarlo, que no se apueste por la diversidad, pluralidad y libertad.

Entonces ¿existe la censura?

La censura se va haciendo más cobarde y mezquina conforme vas bajando: no vaya a ser que mi jefe me diga, no vaya a ser que le moleste al jefe de mi jefe de mi jefe, y cuando has bajado cuatro jefes, el jefecillo de tres al cuarto tiene pánico,  pavor y horror a no terminar de pagar el pisito que se ha comprado en Chipiona. “Quillo, no me des dolores de cabeza”, te dice. La censura no es ni muy glamurosa, es simplemente la intención de que la cobardía vestida de tranquilidad acabe siendo contagiosa. La cultura incomoda y molesta, y no es que estén en contra de lo que piensas, sino de que hagas pensar y remuevas el avispero.

¿Hay una suerte de complejo en los humoristas del sur?

Hay una cosa preciosa en el humor, que lo tiene el arte en general: al final, hay valores universales y, más allá de guiños locales, lo gracioso es que las madres, por ejemplo, se parecen en todo el mundo. Tú puedes contar esa realidad con el chip de que tu realidad salga ganando o perdiendo. Hay gente del sur que hace monólogos en Madrid y dice “Mi madre andaluza llegó aquí y, cuando vio un Starbucks, preguntó por Pepe Starbucks”, como si en Málaga, Cádiz o Sevilla no supiéramos qué es Starbucks porque aquí no ha llegado el progreso ni internet; o puedes llegar a Madrid y decir “No entiendo que vuestro plato típico sea un bocadillo de calamares cuando tenéis la playa más cercana a quinientos kilómetros, y yo ni siquiera os voy a recordar que soy del sitio de donde os mandamos los calamares”. Al final has contado la realidad pero has salido ganando.

¿Existe un humor andaluz?

No creo en el humor con pasaporte, sí en el humor con denominación de origen. Me encantan Les Luthiers y no sé si hacen humor argentino; sé que hacen humor en argentino y es universal. Creo que no existe la categoría de humoristas andaluces. Los Morancos, Julio el Rancio, Miki de Cai, Manu Sánchez, Juan Carlos Aragón, El Selu, Yuyu… qué es el humorista andaluz. Cada uno le da su sello: Juan Carlos Aragón y Paco Gandía pueden tener en común todo o nada, según se haga el análisis. Sí es verdad que hay un arma que nos echan a la cara, no de doble filo, sino de siete u ocho filos, porque al final te acabas cortando: que los andaluces somos graciosos. Los andaluces somos alegres, la mayoría. Por las horas de sol, la tendencia a vivir en el ágora, la necesidad de apoyarnos en una comunidad que ha vivido en patios de vecinos, por los momentos de fatiga que si no es con humor habrían sido difícilmente superables, porque decimos cosas como que donde más te ríes es un velatorio, y si no nos reímos, qué vamos a hacer… Es una filosofía de supervivencia muy sana. Nos intentan tirar a la cara lo de gracioso, y lo dicen con tono despectivo. Oiga, intente quitarse esa arrogancia. El humor se practica a diario en el sur, y no tenemos que avergonzarnos: es más fácil que las mejores carteras sean de Ubrique porque es donde más se hacen; es probable que haya un humor muy bueno en Andalucía porque se hace mucho el humor aquí, entendemos la vida a través del humor.

¿Se reniega de esa realidad?

No entiendo los que se reivindican en una especie de superioridad moral cuando dicen “Yo soy andaluz y no soy gracioso”; pues mire usted, lo lamento, es como jactarse de que no te guste el queso, pero sentirte orgulloso de que no te guste el queso… No entiendo cómo la gente se siente orgullosa de no saber hacer algo. Si tenemos la virtud de entender la vida con humor, sintámonos orgullosos de tenerla. Que no nos ganen esa pelea, que luchar contra el estereotipo de  andaluz gracioso es decir que somos alegres. Luego está quien no siendo gracioso se obliga a bailar como mono para los visitantes, esa sí es muy evitable.

¿Qué hace genial a un humorista?

Les Luthiers me parecen unos genios del humor. Los ingredientes son que algo tan a la mano de todos como las palabras resignifiquen tanto y de una manera tan acertada algo que todos teníamos a un palmo de las narices y no nos lo habíamos visto venir. Una palabra que simplemente entonándola de una manera diferente o haciendo una pequeña pausa signifique algo totalmente contrario, o totalmente intencionada que nada tiene que ver con su significado original… eso me parece genial. Cuando la genialidad no es puntual, sino muy repetida, entonces hablamos de genios. Gila me parece un genio, se enfrentaba desde el humor y el estereotipo, se reía de la misma gente que se estaba riendo cuando hacía de hipercateto. Cuando el cómico le pone el espejo a la sociedad para que se ría de sus propios defectos y tome conciencia, me parece una genialidad. El Selu me parece un genio, retrata perfiles perfectamente y pocos estudios sociológicos más acertados hay de la antropología gaditana y universal, porque aunque se centra en perfiles locales acaba teniendo fuerza porque son universales.

¿El artista debe mostrar su ideología?

Planteárnoslo parece que deja al artista sin la posibilidad de ser ciudadano. Usted ha elegido una profesión en la que tiene que negar su condición de ciudadano, tiene que tener principios e ideología en el ámbito de lo privado, en la clandestinidad, y eso lo veo, cuanto menos, contraproducente e incoherente con el motivo por el que abrazo esta profesión. Entiendo el arte como sinónimo de libertad, de dentro a fuera, una explosión. Yo he decidido ejercer mi libertad de una manera responsable como ciudadano. Quiero pensar que la sociedad es tan sana como para aceptar que todos pensamos de manera diferente y que eso no hace que si soy de izquierdas, que lo soy, alguien de derechas no se pueda reír conmigo, como yo me río con cómicos que sé que son de derechas. Disfruto con Dalí y se puede leer a Pérez Reverte o La Fiesta del chivo de Vargas Llosa y no estar de acuerdo con el autor, como puedo reconocer que Antonio Burgos escribe como los ángeles aunque no estoy de acuerdo nunca, en ninguna ocasión, con lo que dice. Yo voy a restaurantes donde no sé si el cocinero es socialista, ultraliberal o comunista, pero como le salgan buenas las papas con chocos me da igual.

Ha mencionado a Antonio Burgos, ¿le sigue teniendo bloqueado en Twitter?

Sigo bloqueado, algo que celebro bastante porque dice que uno se mide por la calidad de sus enemigos y, aunque no lo considero como tal, sí hay muchas cosas sobre las que no opinamos parecido. Hubo un momento en que me atreví a hacer un ejercicio de un Antonio Burgos para Antonio Burgos, para que se viera desde el otro lado de su pluma, que sin duda la tiene, muy buena y muy notoria, y la reacción fue un bloqueo en Twitter. Me atreví porque él me ha tratado con mucho desprecio, me llama “el cateto ilustrado”, con esa pulsión de los clasistas, despreciando a los que somos de un pueblo como Dos Hermanas con ciento cincuenta mil habitantes… eso, un pueblo.

¿Por qué llama la atención, por ejemplo, que Pepe Viyuela o Beppe Grillo hagan política?

No hace mucho había cementerios para cómicos, como una profesión proscrita y maldita. Parece que seguimos siendo vagos y maleantes. Parece como si la política no fuera la representación del pueblo, porque en el pueblo hay un montón de profesiones, de hecho nos definimos por las profesiones: qué quieres ser de mayor, abogado, futbolista, carpintero… Hay retazos de este clasismo gremial en el que se valida a según qué profesiones para ser tomadas en serio, para tener el título de ciudadano de primera. Si eres abogado o registrador de la propiedad, eres ciudadano de primera, puedes ocupar un cargo político; pero si eres actor, pintor, parece que no eres ciudadano de primera y se te vetan algunas posibilidades. Si eres Pepe Viyuela, Beppe Grillo o Toni Cantó, más allá de que gusten más o menos en sus profesiones o sus opiniones, surge la duda, es noticiable, es curioso: ha decidido ser político. Luego nos quejamos de los políticos profesionales… La política es una función representativa de la sociedad y es más sano cuando la gente ha ejercido de otras cosas, está como más capacitada para entender la realidad y ser un buen representante.

¿Y usted?

Creo que política hacemos muchos porque creo en la política con mayúsculas, que va más allá de lo que hacen los políticos; la hacemos todos. Con esta entrevista posiblemente estemos haciendo política, si la comentan tres colegas tomando café estarán haciendo política o si alguien pone un tuit quejándose de la ciudad también la estará haciendo. Creo que soy más útil desde el lado en que estoy ahora mismo, y ahí voy a seguir por bastante tiempo.

¿Qué sentido tiene la monarquía española en 2018?

Me parece curioso que el máximo cargo en un país, la jefatura del estado, sea hereditaria. Hereditario es el astigmatismo, los pies planos, la diabetes, la hipertensión; lo hereditario, por inevitable, no debería estar en el territorio de la jefatura del Estado. La jefatura del Estado confiada al esperma más rápido me parece cuanto menos arriesgado, incluso un poco temerario. Es como si a la nieta de Fernando Alonso le diéramos ya el carné de conducir porque sabemos que su abuelo condujo bien, pues yo que sé… Si nos parece peligroso que esta muchacha cogiera un camión por una autopista, que alguien coja un país sin pasar examen, que no es otro que el de la democracia… A mí me cuesta trabajo que se presente a la monarquía española como adalid de la democracia, de una democracia que empieza de mí pa allá, sin salpicar. Quieren democracia sin salpicar. Es verdad que Juan Carlos I juega un papel importante en la transición como punto de encuentro,  con un pacto de mínimos que cumplió su función social en un momento histórico concreto, pero que tengamos una constitución que diga que el hombre prima sobre la mujer y que Felipe VI, siendo el tercero, se salte a piola a Elena y Cristina por ser hombre, me parece que estamos en el terreno de lo anacrónico y pintoresco.

¿Republicano entonces?

Me defino republicano. La monarquía tiene poco recorrido, y será una cosa que caiga por su propio peso. Felipe VI sí me parece un tío superpreparado, que se ha tomado de manera responsable su papel; para mí, sería un perfecto candidato a presidente de la república o jefe del estado, que tuviera la posibilidad de enfrentarse a las urnas y demostrar que está muy preparado… Pero el problema no es que esté muy preparado, el problema es que si no llega a estar preparado también habría sido jefe del estado. Tenemos puesto en la carta magna que si no es maravilloso también nos lo comemos.

¿A favor de la Memoria Histórica?

Cualquier ejercicio de memoria es sano, no nos puede dar miedo recordar. Hagamos ese ejercicio de memoria histórica para no repetir errores, pero parece que vamos cuesta abajo y sin frenos a repetir precisamente lo que queremos evitar. Que haya tanta gente diciendo que no hace falta ese ejercicio de memoria es muy chivato de que hace más falta que nunca, porque algunos habían echado serrín por lo alto al vómito, y ese serrín hay que recogerlo y dejar todo limpito o acabará apestando, y mucho.

¿No cree que se estén reabriendo heridas?

Lo que no hay que reabrir son cicatrices, porque si hay heridas es que todavía no había cicatrizado. Las heridas hay que abrirlas para desinfectarlas y que cicatricen de manera sana. Probablemente llega el momento de, por qué no, revisitar admirando la Transición para hacer una segunda transición.

Se declara feminista, ¿por qué?

El hombre debe ser feminista como perteneciente a la potencial parte opresora; o empezamos a ser feministas los hombres o esto será una guerra de trincheras. No se hubiera podido abolir la esclavitud si Lincoln, que no era esclavo y era blanco como un bidé, no hubiera sido abolicionista. Decir que solo podemos defender las causas que nos tocan directamente es afirmar que no existen los principios y solo existen los intereses; y yo creo en los principios. Eso sí, los hombres tenemos que llegar al feminismo y preguntar “Dónde nos ponemos”, lo que no podemos querer es liderar el feminismo.

¿Autorizaría un referéndum en Cataluña?

A mí no me da miedo saber qué opina la gente. Un referéndum consultivo para saber qué opinan de verdad los catalanes, y luego ya veremos qué se hace con lo que opinan. Me hace gracia cuando se dice que vote toda España, vale, podrán votar en Dos Hermanas, en Soria y en Islantilla, pero lo que opinen en Soria tiene que valer pa ná. Antes de llegar a este punto, que se hubiera consultado y no haberle quitado importancia a la campaña de ese referéndum, donde haber podido explicar por qué había que votar sí o no. Ya veríamos qué hacer, igual es el momento de dar un paso al federalismo, a ver si estos están proponiendo una España de dos velocidades como aquella que Andalucía desactivó el 4-D, cuando el pueblo tomó conciencia política para rechazar las comunidades de primera y segunda. Pero no me da miedo la democracia.

¿Y qué piensa de algunas declaraciones que culpan a Andalucía de los males de Cataluña?

Hay una parte independentista supremacista, los que dicen que Cataluña estaría mejor si los andaluces no estuvieran chupando del bote con las subvenciones y el PER; mire usted, eso es mentira. O los que dicen que las matrículas universitarias están allí caras porque aquí están bonificadas casi al cien por cien; es mentira. Su independentismo es un independentismo de derechas, hacen políticas económicas de derechas, así que hay que decirles que sean conscientes de que lo que están votando ustedes es un programa de derechas. Durán y Lleida, durante un tiempo el político mejor valorado del país, dijo en una suite del Ritz que los andaluces estaban todo el día en el bar gastándose el PER, pero es que Artur Mas, para defender la inmersión lingü.stica, dice que a los niños andaluces ni se les entiende; qué necesidad tiene de meter a nuestros niños para defender un idioma tan maravilloso como el catalá… Y Quim Torra habla de la pureza genética del catalán ario… Mezclar política y genética huele de lejos a nazismo. Ese mirar por encima del hombro es innegable. Llegar a la independencia por el ajuste de cuentas me parece muy tramposo.

¿Perjudica a Andalucía que el PSOE lleve gobernando cuatro décadas?

Creo que es sana la alternancia en política. Pero me parece peligroso echarle la culpa a los votantes. Cuando escucho al PP decir que lleva cuarenta años ganando el PSOE, yo creo que debería hacer un poco de autocrítica y pensar “y yo llevo cuarenta años sin ser capaz de ganarle al PSOE, ¿me habré equivocado en los mensajes, en el candidato, en la propuesta, en lo que digo en el resto del España?”. ¿De verdad hay que echarle en cara al votante que cuando no vota lo que creo que tiene que votar se ha equivocado? ¿De verdad nos explican a todos que los otros son más tontos que nosotros? Escucho a los andaluces diciendo que no entienden cómo los valencianos siguen votando al PP; en Valencia no entienden cómo los andaluces siguen votando al PSOE; y nadie entiende en Madrid cómo los catalanes votan a Junts Pel Si, pero en Cataluña los de Junts Pel Si no entienden cómo puede gobernar Carmena en Madrid. Hagamos un ejercicio de empatía, porque en democracia lo que está demostrado es que ganar, gana cualquiera, lo difícil es saber perder, y eso implica aceptar el resultado, hacer autocrítica, cambiar el mensaje…

¿Y qué me dice de la posverdad?

Creo que nos la han colado con la posverdad, esa palabra no hacía falta, ya había una, se llama mentira. Dulcifica lo que es la mentira, todo el mundo está en contra de la mentira pero la posverdad genera debate y entonces ya nos la han colado. Como se hace política de trinchera, acabamos teniendo políticos mediocres que nos representan con mentiras asumidas de por medio. ¿Usted tiene el máster? No lo tiene, pida perdón, explique lo que quiera, asuma la responsabilidad de que la ciudadanía le diga le perdonamos o no. Pero nos saltamos toda esta parte, hay gente que se lo ha perdonado sin que pida disculpas. Nos han colocado en la incómoda posición de defender mentiras que no son ni nuestras, por una cosa de trinchera. Estamos legitimando la mentira, tanto es así que la hemos rebautizado de una forma  más estética, posverdad, fake news. Esto es mentira, hemos decidido maquillarla, disfrazarla, poner flores a lo que apesta.

¿Qué significa para usted el carnaval de Cádiz?

Es un referente. Me parece un ejercicio con poco parangón. En todos los medios hay directores de contenidos, línea editorial, dirección, estás un poco esclavo de encontrar quién, cómo y dónde. Y en carnaval ocurre una catarsis, que solo se da en ese periodo: ponen los micros de las radios, las cámaras de las teles,las redes sociales, todo luces y taquígrafos y se abre el telón, y nadie ha revisado ese repertorio, nadie, y es la única vez que sucede, sale por la radio, por las televisiones, por todas partes, y nadie, absolutamente nadie, ha revisado ese material. Además los que se suben ahí son el pueblo, la gente, que han estado ensayando más o menos, escribiendo más o menos, y entonces pasa lo que pasa en carnaval, que te encuentras grandes genialidades y grandes mamarrachos, porque nadie ha revisado ese material. Lo importante es que es un ejercicio de libertad.

Y la libertad es imprevisible, ¿no?

No nos podemos echar las manos a la cabeza si se abre el telón y escuchamos una barbaridad, y si alguien dice algo que al público le parece reprobable, pues que se abuchee, que no se aplauda. Me parece sano y catártico. Esto hay que saber explicarlo: no avala el medio de comunicación lo que se está diciendo, no avala el ayuntamiento aunque estén en el teatro, nadie está avalando; se avala y se defiende el ejercicio de libertad absoluto que supone el carnaval. Se defiende la libertad absoluta para decir la mayor genialidad o el mayor mamarracho. A mí me encantan de igual manera las grandes genialidades que las grandes mamarrachadas, lo de en medio me aburre mucho, pero es el peaje a pagar. 

¿Y si le rapeo “Ya no pierdo energía ni siquiera cuando Manu Sánchez salta de rociero a progree modernito” de ToteKing?

A mí me gusta mucho ToteKing, y el rap andaluz y sevillano. Creo que cuando el Tote preparaba el disco 78 andaba un vídeo viral mío, el de Folclórica y moderna, donde yo ponía sobre la mesa algo que me parece interesante: ya sabemos que se puede ser moderno siendo rapero, lo que me parece interesante es que seamos capaces de contar al mundo que el flamenco es moderno, que El Pali era moderno, que aquí ya estaba Triana con Jesús de la Rosa haciendo cosas muy modernas, que El lago es muy moderno… que pare ser moderno no hay que abrazar lo oficialmente moderno según lo mainstream o underground, que Marifé de Triana es moderna y que no hay nada más moderno que Lola Flores diciendo que “Quien no se ha dado alguna vez un pipazo con una amiga”. Esto intentaba con aquella parodia de Folclórica y moderna. Y ToteKing que, a lo mejor es que no le gusto, él a mí me encanta, vaya por delante, decidió meter ese verso. La verdad que el Tote sería un gran aliado en esto de decir “Mire usted, se puede ser rociero y moderno”.

¿Está preparado para el fracaso?

Si no estuviera preparado, no iría por dónde voy. En la mochila hay muchos fracasos, mi historia no se escribe a base de triunfos. El anhelo de triunfos en el futuro es lo que te hace seguir caminando. Fracasos, los seguirá habiendo, y ahí es donde hay que tirar de confianza, de equipo, de oficio, de optimismo crónico, de inconsciencia, para seguir

pa´lante. Eso sí, cuando te la dan con la mano vuelta, duele.

¿Sus pasiones?

El baloncesto, el cine, viajar, porque lo de conocer es de las sensaciones que más me gustan y, sin lugar a dudas, comer y beber. Comer y beber son de las cosas más maravillosas que el ser humano puede hacer, porque mira que el sexo es otra de mis grandes pasiones, pero comer y beber va más allá del sexo: se puede hacer con tu madre, tu padre, hermanos, colegas, solo, delate de un montón de gente, con tus suegros…

Tres nuevos proyectos en los que anda embarcado: Tu cara me suena, La cámara de los balones y su futura paternidad.

Los tres son muy diferentes: uno a corto, otro a medio y el otro a larguísimo plazo. Tu cara son tres o cuatro meses de una aventura apasionante, donde voy a aprender, disfrutar, reír mucho y espero que acabe siendo una semillita más sembrada en mi carrera. La cámara es a medio plazo, un proyecto que espero que se alargue mucho en el tiempo; es una ventana preciosa de humor en la Cadena SER de quince minutos para toda Andalucía, Extremadura, Ceuta y Melilla. Inauguro la cuarta etapa de La cámara: la inició el maestro Araújo, luego Miguel Doña y Fran Ronquillo, y la brillantísima etapa de Yuyu y el comandante Lara, que han dejado el listón muy alto y por eso apetece el reto. Y la paternidad, pues esa es para siempre, ese es el proyecto más ambicioso de mi vida, que afronto con total ilusión, y creo que va a estar por encima, que me perdonen, de cualquier otro proyecto.

Otro proyecto a largo plazo: presidir el Betis.

(Risas) Es broma, pero alardeo de mi beticismo porque estoy en la misma trinchera de mis hermanos sevillistas. Veo triste ser de aquí e importar pasiones que responden a centralismos culturales que nos hacen poco favor.

Y a más largo plazo aún, ¿tiene pensado su epitafio?

No, pero quiero un entierro de disfraces, lo estoy peleando con mi familia. Me hace ilusión imaginarme a mi padre muy compungido con un tutú… A mí me da igual de qué me vistan, la única duda que tengo es con o sin gafas. Mi madre ha pedido que la entierren vestida de flamenca y mi padre, que es más serio que una cómoda de caoba con tiradores dorados, dice que si muere mi madre, que no la viste flamenca. No respeta la última voluntad de mi santa madre. Ella dice que como más se divierte y los mejores ratos que ha pasado son vestida de flamenca y que, si allí arriba hayalfo, habrá feria seguro, y que la coja preparada.

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