Manolo Summers, el genio rebelde

Autor: Miguel Olid.
Hace 25 años, el 12 de junio de 1993, falleció en Sevilla Manolo Summers, cuando aún no había llegado a los 60 (nació en la misma ciudad en 1935). Poseedor de un gran sentido del humor, generoso y fiel con sus amigos, era rebelde como él solo. Tal como afirmó en más de una ocasión, le gustaba ir a contracorriente, como lo corrobora el hecho de denunciar el reparto de ayudas al cine durante el franquismo o en los años ochenta. Dos décadas antes, a mediados de los sesenta, no dudaba en criticar con denuedo la feroz censura en cuanto tenía oportunidad, ya fuera en una entrevista de Jesús Hermida en el diario Pueblo o en cualquier foro. Y es que sufrió con extrema dureza los rigores de la censura a la que combatió con bastante ingenio. Como señaló el prestigioso crítico de cine José Luis Guarner, Summers “fue el primero en rebelarse de forma pública y sonada contra la censura”. Basilio Martín Patino era de la misma opinión: “Soy testigo de su valentía, nadie llegó aún más lejos, para enfrentarse a la peste de los censores”. Similar actitud crítica mantuvo durante el mandato de Felipe González y Alfonso Guerra, a los que puso en solfa, junto a Santiago Carrillo, desde las páginas de ABC y la revista Época, cuyas ilustraciones (especialmente las semanales del suplemento de ABC, Blanco y negro) son todavía recordadas.

Pero por encima de todo esto, Manolo Summers fue uno de los más destacados cineastas de su generación y del denominado “Nuevo Cine Español”, que surgió a principios de los años 60. Formado en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, precursor de la Escuela Oficial de Cinematografía, quizás fue el que más sorprendió en su debut: tras concluir sus estudios con el cortometraje El viejecito en 1959, decidió debutar con una tierna historia en Del rosa al amarillo, aclamada por la crítica y premiada en el Festival de cine de San Sebastián con la Concha de Plata, entre otros premios. El Círculo de Escritores Cinematográficos también premió la labor de Summers como director y guionista de esta doble historia de amor (infantil y de la tercera edad) que muchos consideran su mejor película.

Con su siguiente trabajo, La niña de luto, galardonado con una Mención Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes, se confirmaba su talento y que la buena acogida del anterior título no había sido fruto del azar. Esta película permitió, además, dar un nuevo registro a Alfredo Landa, a quien, landismo al margen, muchos recuerdan por este filme. Como recuerda el propio Landa en sus memorias, logró el papel gracias a la fidelidad de Summers, porque José Luis López Vázquez, más popular entonces que Landa, insistió al cineasta sevillano para que le concediera este personaje.

Summers también apostó por el documental, un género casi testimonial en su época, exceptuando el nodo, y al que dignificó notablemente con la excelente Juguetes rotos, su visión de los ídolos caídos en el olvido. Esta película, con la que se arruinó su autor, surgió como una búsqueda personal de Summers por Gorostiza, destacado goleador en el Athletic de Bilbao, el Valencia y la selección nacional, al que idolatró durante su infancia. Consiguió localizarlo en un sanatorio poco antes de morir, cuando aún no había cumplido 60 años y estaba completamente olvidado.

Tras un periodo de gran fertilidad, Summers logró un gran éxito con Adiós cigüeña, adiós, vista por 3.500.000 personas en España; fuera de nuestro país también logró unas cifras espectaculares: en Francia estuvo más de 15 semanas en cartel, en Venezuela más de 20 y en Colombia su recaudación superó a la de La naranja mecánica y El Padrino. Asimismo, se estrenó en Japón, Hong Kong y Taiwán, entre otros muchos países.

A principios de la década de los 80 partió a Nueva York para rodar Ángeles gordos. Continuaba, por tanto, con historias románticas no convencionales, pero su aventura norteamericana no tuvo un final feliz al estrenarse en España poco después del 23-F, en un momento en el que los espectadores no demostraron estar precisamente por la labor de disfrutar de esta comedia de falsas identidades.

Tras este fracaso, rompió por completo con su trayectoria anterior y conoció de nuevo las mieles del éxito gracias a su trilogía de To er mundo é… Eran producciones de un menor coste y filmadas con cámara oculta y actores no profesionales o desconocidos, que conectaron con el público del momento. Entre las dos primeras entregas de To er mundo y la tercera, rodó una parodia de los textos bíblicos; sin embargo, La Biblia en pasta no cumplió con las expectativas.

Tampoco tuvo un buen resultado en taquilla Me hace falta un bigote, con evidentes guiños a su pasado y al cine que lo encumbró; se trataba de una de sus películas más personales, en las que de nuevo da muestras de su talento para contar una historia con mucha ternura, pero el hecho de rodarla en blanco y negro no contribuyó a atraer los espectadores a las salas.

Firmemente consciente de que el cine debe de buscar siempre el respaldo del público, en las dos últimas películas contó con el grupo de moda de la época, Hombres G, liderado por su hijo David. Ambos títulos, Sufre, mamón y Suéltate el pelo lograron un gran éxito, no sólo en España sino también en algunos países de América del Sur.

Fue su despedida de la gran pantalla; su obra continuó en televisión gracias a la serie de TVE, Cine por un tubo, en la que parodió diversos géneros como el terror, el wéstern o el cine negro.

Estrenada un año antes de morir, esta serie supuso un buen broche final a una trayectoria en la que no faltaron los merecidos elogios, las más severas críticas, los incontestables éxitos y los dolorosos fracasos. Como se ha visto, Summers conoció el amargo sabor del fracaso con películas como el documental Juguetes rotos o Me hace falta un bigote, pero de los veinte largometrajes que dirigió, la mitad superó los 900.000 espectadores. Además, sus películas lograron traspasar las fronteras y llegar a mercados poco transitados por el cine español como Escandinavia, Europa del Este, Canadá, el lejano Oriente y Sudáfrica.

Fue un hombre polifacético: además de director y guionista, coprodujo varias de sus películas y las de otros directores; actuó y escribió para varios cineastas como Julio Diamante o Fernando Fernán Gómez y participó en una distribuidora. En paralelo a su actividad cinematográfica siguió con su pasión por la pintura y el dibujo: comenzó publicando viñetas en el diario Pueblo, fue una firma destacada de Hermano Lobo, que llegó a dirigir, y siguió colaborando en ABC hasta poco antes de morir; muchas de estas viñetas las realizó en el propio set de rodaje. Su pasión por el mundo artístico le llevó a involucrarse personalmente en la creación de una galería de arte en Madrid.

Manolo Summers no dejaba indiferente a nadie y nadie, ni el más acérrimo crítico, podrá negar su talento y su fino instinto para el humor y para contar con tanta ternura historias de amor. A mediados de los años 60, Francisco Umbral llegó a escribir de él que “algún día se sabrá que sólo Summers ha filmado con veracidad y detalle la realidad actual de la vida española”. Muchos años después Basilio Martín Patino, en la necrológica que publicó en el diario El País, destacó que había conocido “a pocos hombres de su genio, con una humanidad más generosamente noble, más bueno, desde su sonrosado aire de colegial díscolo y sentimental”.

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