Maldito Rocío

Hace ahora justo cinco años, el 12 de octubre de 2011, el cineasta sevillano Fernando Ruiz Vergara fallecía en la aldea portuguesa de Escalos de Baixo, donde vivió ya al final de su vida, retirado, exiliado por voluntad propia tras el colosal escándalo provocado por la cinta Rocío, censurada todavía hoy por orden del Tribunal Supremo, en una sentencia fechada el 3 de abril de 1984. Ese mismo día, el gobierno de Rafael Escuredo presentaba el proyecto de reforma agraria en el Parlamento autonómico y un centenar de jornaleros –la mayoría, andaluces- abandonaban un encierro de protesta en una iglesia de Madrid. Por entonces, Felipe González ya gobernaba el país con mayoría absoluta. Parecía que la época dura de la Transición había quedado atrás…

“Todo lo que sufrió con Rocío lo tenía muy presente. No guardaba rencor, pero nunca dejó de dolerle”, ha explicado el realizador José Luis Tirado, quien analizó en el documental El caso Rocío (2013) la polémica que acompaña a la cinta de Ruiz Vergara. “La película acabó de golpe con su carrera profesional. También le destrozó la vida”, señala Tirado, que encontró al cineasta ya débil de salud, ingresado en la Casa de Misericordia de Vila de Rei (Portugal). “No volví a hacer una película más”, lamentó en alguna ocasión el propio Ruiz Vergara, quien trató de retomar, tiempo después, su carrera cinematográfica sin éxito. En el cajón quedó, por ejemplo, un guion basado en una obra de Claudio Sánchez-Albornoz sobre el rey-poeta Al-Mutamid.

El documental Rocío, dirigido por Ruiz Vergara con guion de Ana Vila e interpretado, como recogía el cartel promocional, “por hombres, mujeres y niños del pueblo andaluz”, trata de explicar la romería desde un punto de vista social, histórico y antropológico, por lo que recurre a las opiniones de expertos, algún sacerdote, miembros relevantes de las hermandades rocieras y vecinos de Almonte, como una mujer que narra en primera persona un milagro de la Virgen: la curación de un sarcoma. “Es una romería de la Baja Andalucía, en donde viven miles de trabajadores sin tierras y generalmente sin trabajo, con todo el folclore y falsos mitos que ha creado la Andalucía oficial entremezclada con ésa y otra que estamos tratando de desenterrar día a día”, recogía la sinopsis del filme.Película Rocío

Rocío se rodó entre 1976 y 1978 gracias al dinero recaudado en unos ciclos de cine promovidos por el director y la guionista en suelo portugués. En concreto, Fernando Ruiz Vergara y Ana Vila organizaban en localidades próximas a la frontera proyecciones de las películas todavía prohibidas en España. Tras algunos problemas con la distribuidora, el documental logró un importante respaldo en la primera edición del Festival de Cine de Sevilla, celebrado en octubre de 1980. El certamen –que logró un importante eco en los medios gracias a la visita de la actriz Sylvia Kristel, protagonista de Emmanuelle– le otorgó uno de sus galardones por “la coherencia de su visión polémica de la romería, desde la vertiente antropológica”.

Sin embargo, la crítica la despachó, en líneas generales, con dureza. El jesuita José Antonio de Sobrinos aseguró en un texto titulado La mala sombra de Rocío –publicado en El Correo de Andalucía el 15 de febrero de 1981- que se trataba de un “documental manipulado y desvirtualizado por la política ideológica y de un mitin político y anticlerical”. En el diario Sur/Oeste, que provenía de la cadena de Prensa y Radio del Movimiento, se calificó la cinta de “ataque, a veces infantil y decididamente panfletario, a instituciones y poderes como la Iglesia, los terratenientes en general, los falangistas, las derechas y, en una palabra, el franquismo”.

En este sentido, Rocío contiene imágenes de gran potencia visual, muchas tan osadas que hoy sería imposible grabar, como la cercanía de las camareras con la Virgen (“Eres guapísima, eres encantadora, eres la reina almonteña”, le susurra una de ellas) o los argumentos lanzados por el catedrático José Hernández Díaz sobre la modificación de las imágenes sagradas. “Naturalmente, se destrozan, se mutilan de manera especial para poder vestirlas (…) Es decir, para darle ese sentido teatral, espectacular, necesario para llegar al fondo de las masas populares”, afirma el que también fue alcalde de Sevilla entre 1963 y 1966. Fernando Ruiz Vergara ilustró este hecho con el desmontaje en un convento sevillano de una talla muy modificada de la Virgen de la Merced.

Sin embargo, ni una ni otra propuesta provocaron el enorme revuelo que acabó con el secuestro de la cinta y la condena de su director a dos meses y un día de prisión, 50.000 pesetas de multa y una indemnización de diez millones de pesetas. Lo que motivó el escándalo fue sacar a luz la represión en Almonte tras el golpe militar de 1936, desde sus instigadores al centenar de víctimas, recordadas algunas con nombres y apodos por el actor José Luis Gómez, que puso la voz en off a la película. “En Almonte mataron a Frasquita La Charamusca, Diego Cepeda Aragón Azuquita…”. Y concluye: “Un total de cien personas, noventa y nueve hombres y una mujer”.

Además, en un momento de la película, el realizador incluye las declaraciones de un vecino de Almonte, Pedro Gómez Clavijo, quien cuenta a cámara cómo se urdió la represión. Como ha destacado sobre el asunto el historiador Francisco Espinosa, “Ruiz Vergara vino a contar la trastienda de la matanza realizada por los fascistas, y puso nombre y rostro al que, según algunos testimonios, aparecía como máximo responsable: el terrateniente y ex alcalde José María Reales Carrasco”.

“Había una idea de buscar un poco las raíces, de cómo había surgido ese fenómeno y entonces ver qué había pasado en la época de la República en la romería”, ha explicado la guionista Ana Vila, quien reconoce que la denuncia de la represión golpista “surgió a partir de lo que nos iban contando”. Así, el documental Rocío es uno de los primeros intentos de arrojar luz a la represión llevada a cabo en el verano de 1936. “Hoy día, en España, con jurisprudencia sobrada sobre el asunto, no es posible silenciar la historia de la represión por la voluntad de los descendientes de quienes de un modo u otro la protagonizaron”, ha destacado el realizador de El caso Rocío, José Luis Tirado.

Pero, en los primeros años de la década de los ochenta, el resultado fue otro. Los hijos de Reales Carrasco interpusieron el 23 de febrero de 1981 -horas antes de la intentona de Tejero- la querella por los delitos de injurias graves, escarnio de la religión católica y ultraje público contra Ruiz Vergara, la guionista Ana Vila y Gómez Clavijo, el vecino que prestó su testimonio. “Las injurias se cometían -expone Francisco Espinosa- al imputar al fallecido Reales Carrasco el asesinato de vecinos de Almonte. Sin embargo, en el metraje, cuando iba a pronunciar su nombre, el sonido desaparecía y se reproducía una foto suya con los ojos tapados por un recuadro negro”.

El juez desestimó por completo la imputación de escarnio porque “los temas religiosos están tratados con respeto”, se afirma textualmente. Con todo, sí ordenó el secuestro de la cinta, primero en toda España y, luego, sólo en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, las más vinculadas a la romería del Rocío. Era la primera vez que un juzgado secuestraba una película en España después de que se aprobara la Constitución y desaparecieran los mecanismos de censura previa en materia de cine.

Aunque Ruiz Vergara recurrió al Supremo, éste ratificó la sentencia. Según el juez Luis Vivas Marzal, era “indispensable inhumar y olvidar si se quiere que los sobrevivientes y las generaciones posteriores a la contienda, convivan pacífica, armónica y conciliadoramente, no siendo atinado avivar los rescoldos de esa lucha para despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo”. A mediados de mayo de 1985, la película volvió a los cines españoles. Se sustituyeron los fragmentos suprimidos por una pantalla en negro con la leyenda “Supresión por sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo del 3.4.1984”. Por entonces, la autonomía andaluza ganaba velocidad. Felipe González ya gobernaba el país con mayoría absoluta. Y parecía también que la época dura de la Transición había quedado definitivamente atrás…

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