Maestros de la luz

Después de la Segunda Guerra Mundial, una Europa traumatizada decidió partir de cero. Y eso permitió que en países como Italia, anclados a la tradición, el diseño industrial experimentara una auténtica revolución, en la que tuvieron mucho que ver el flujo de capitales extranjeros, el crecimiento de las clases medias y la ilusión generalizada por construir un mundo mejor. Fruto de esta sociedad surgieron dos genios del diseño, Gino Sarfatti (1912-1984) y Achille Castiglioni (1918-2002); dos ejemplos de una generación que ansiaba trascender una realidad hostil y definir una nueva visión de la existencia mediante la transformación del mundo de los objetos.

Veneciano, licenciado en Ingeniería Aeronaval, Gino Safartti se introdujo en el mundo de la iluminación cuando un amigo de su familia le pidió convertir un vaso de cristal en una lámpara. Sarfatti colocó un piloto luminoso, extraído de una máquina de café, en el interior del vaso, y quedó tan prendado del proceso y el resultado que decidió fundar un grupo de trabajo, el rational lighting, dedicado a la producción de lámparas. Para comercializarlas fundó en 1939 Arteluce, una empresa que terminaría convirtiéndose en referencia mundial, y que manifestaba con nitidez la pujanza y vitalidad de una sociedad que estaba inventando el concepto made in Italy”. Una sociedad que daba forma a un nuevo movimiento dentro del diseño contemporáneo. Gino Sarfatti

Racionalista convencido, Sarfatti creía que el diseño de un producto tenía que venir determinado por su función, y que el diseñador y el fabricante tenían que compartir el interés por los avances tecnológicos como un medio para alcanzar ese fin. Siempre se preocupó por que sus lámparas fueran más estilizadas, ligeras, fuertes y flexibles; rápidas de fabricar (y por tanto, más económicas) y también de desmontar, para facilitar su reparación y su mantenimiento. Una manera de pensar que reverbera en una frase de Leon Tolstoy que solía citar: “toda la variedad, el encanto, la belleza de la vida están hechas a partir de luces y sombras”.

Safartti, posiblemente el diseñador italiano más influyente del sigo XX en el ámbito de la iluminación, renovó las tipologías de luminarias tradicionales integrando en sus diseños funciones revolucionarias. Como todos los profesionales de su entorno, proyectaba a partir de los componentes y materiales disponibles, reutilizando en muchas ocasiones elementos y piezas que habían sobrado tras la Segunda Guerra Mundial. Pero también incorporaba todos los avances que se iban produciendo en el mundo de la iluminación como tubos fluorescentes, lámparas tipo Ornalux o fuentes halógenas. Soluciones innovadoras que extendió a los materiales y las morfologías que utilizaba, siempre a la caza de nuevos efectos de luz y sombra que potenciaran la relación físico-psicológica con el usuario.

Algo posterior en el tiempo, el milanés Achille Castiglioni se graduó en la Escuela de Arquitectura en 1944, y justo después inició, junto a su hermano Pier Giacomo, la construcción de un universo propio basado en los materiales innovadores y en la búsqueda de relaciones inéditas entre la luz y la forma. Solía decir que “un diseñador realiza objetos reales para satisfacer necesidades reales; en cambio, un artista hace piezas únicas para sí mismo y para una élite”. Y a partir de esa máxima definía sus objetivos, muy claros en relación a los procesos de diseño: producir el máximo golpe de efecto, utilizando la menor cantidad de materiales y conjugando conceptos como arte, estética y ergonomía. No en vano, sus útiles de trabajo estaban basados en cuatro premisas fundamentales: objeto, función, forma y proceso.

Su máxima a la hora de diseñar era “empieza de cero, sigue a tu sentido común, conoce tus medios y objetivos”, y también defendía que el diseño requiere observación. Por eso, muchas de sus ideas estaban inspiradas en objetos cotidianos, desde latas de conserva a gafas de sol. Ideas frescas, que permitían descubrir emociones inexploradas, y que definieron una poética de la funcionalidad desconocida, que redibujó la frontera que separa al arte del diseño, dejando por el camino una colección de objetos que representan la búsqueda de la libertad y la celebración de la vida a través del juego y de la ironía. En su dominio absoluto de la luz surgían conexiones inesperadas entre la fuente de iluminación y su proyección en el espacio a través de la reflexión, la refracción y el uso indirecto de la luz. Mod. 607. Flos

Defendía también la tenacidad como base del trabajo. “Lo que necesitas”, solía decir, “es una constante y consistente forma de diseñar, no un estilo”. Y por eso muchos de sus diseños poseen un enfoque narrativo, en el que la necesidad, imaginada u observada, encuentra una solución de diseño satisfactoria y sencilla. “Me gusta que el diseño surja de algún concepto tan claro que ni siquiera sea necesario dibujarlo. Muchos de mis proyectos se pueden explicar mediante una conversación telefónica”.

Su figura, como diseñador y como profesor, ha provisto de inspiración a varias generaciones de profesionales, pero su legado principal consiste en los innumerables objetos que introducen la belleza en el corazón mismo de la vida cotidiana. Objetos simples y funcionales, al alcance de cualquiera y preparados para una producción masiva y económica. Una actitud que supuso una auténtica revolución minimalista dentro de la industria del diseño y que obliga a reflexionar sobre la relación establecida entre el diseñador y el usuario final del producto. Razones por las que Castiglione está considerado como el padre del diseño contemporáneo italiano, un auténtico genio, que cuenta con multitud de premios y exposiciones, y con piezas expuestas en museos tan prestigiosos como el MoMa, el Victoria Albert Museum, el KunstgewerbeMuseum de Zurich, o el Georges Pompidou. Mod. 600G. Arteluce

En la actualidad, algunos de los diseños más interesantes de estos dos artistas están siendo puestos al día por la firma italiana Flos, que dentro de su programa Reiluminar actualiza las luminarias mediante tecnología LED; una decisión que confirma la vigencia de estos diseños varias décadas después. Lámparas tan hermosas como los modelos 2129, 1063, 1095, 607 y 548 de Sarfatti, o como los modelos Lampadina, Taccia, Parentesi o Toio en el caso de de Castiglione.

El trabajo de ambos maestros supuso un punto de inflexión en la forma de concebir el diseño industrial. Redefinieron la relación entre el objeto, la manera de utilizarlo y el usuario. Crearon una constelación de nuevas luminarias llenas de sinceridad, pureza y elegancia. Creían que la línea que separa el arte del diseño industrial tenía que ser borrada y con ese fin inventaron objetos sencillos, funcionales y que cualquiera pudiera permitirse. Domesticaron la luz con un uso simple pero ingenioso de las leyes de la física y los recursos industriales a su alcance. Una entrañable relación con el diseño que, además, supieron transmitir a las nuevas generaciones de una manera lúdica y emocionalmente provocadora. Por eso han pasado a la posteridad como los maestros de la luz.

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