Los Goya

Aún tengo en la retina el pestiñazo del sábado pasado, si fuera un cuarteto te digo yo que la gala de los Goya no hubiera pasado de preliminares. La gala de los Goya (venga dame ya el premio y así te quedas tranquilizo), te la deberían de convalidar por una pena de cárcel inferior a dos añitos.

Me encanta el cine español, el bueno, el que te empuja a ir al cine y no el otro, exacto, el que te empuja a salir del cine.

Volviendo a la pasada gala de los Goya quería mencionar la ropa, sí sí la ropa. Hay dos tipos de personas, a saber: las que le tiran desde un quinto una bata de chucherro y le queda como si le fueran a dar el premio Nobel de química y los que se ponen un chaqué y parece que fueran a servir croquetas de puchero.

Mezclar política con cine me gusta poco. Una cosa es hacer el papel de tu vida y otra bien diferente es hacer un papelón cuando te dejan delante de un micro treinta segundos.

Los Goya están bien, pero media de fino helado con mojama está aún mejor. Y hasta aquí mi reflexión cinematográcifa del año.

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