Los dones del mal

Al demonio se le ha representado bajo multitud de formas y aspectos. Y no solo en el arte, también se le ha identificado con personas y regímenes. Líderes y sistemas a lo largo de la historia de la humanidad en los que se ha creído ver la encarnación del mal absoluto. Belcebú vestido de uniforme, Satán ordenando limpiezas raciales, Luzbel eliminando derechos y libertades.

Sin embargo, hay iconos culturales que tienen su cuna en ese mal encarnado. Obras que no existirían si no hubiera habido personajes o regímenes considerados la materialización de la maldad. ¿Cuántas obras maestras del cine habríamos perdido de no darse el nazismo? ¿Cuánta literatura latinoamericana habríamos dejado de disfrutar sin las dictaduras militares de aquel continente? ¿Cuántas canciones no se habrían compuesto sin la represión de los tiranos?

Estos son algunos de los iconos culturales que tenemos gracias a la maldad humana. Son los dones del mal.

El gran dictador. Esta obra maestra de Chaplin se estrena en 1940, cuando EE UU aún estaba en paz con la Alemania nazi, y es su primera película sonora. Con asombrosa intuición, el más grande clown de todos los tiempos reta al hombre que pasaría a la historia de la humanidad como el más perverso. Humor frente a terror, la risa como arma. Pero la película no solo provocaba hilaridad, sino que contenía -y sigue conteniendo- una demoledora crítica burlesca contra la tiranía. En el film subyace la intención de reducir a Hitler al más absoluto de los ridículos, llevando a lo grotesco sus arengas y mostrando la sumisión acrítica de una muchedumbre arrebatada. El gran dictadorLa genialidad de Chaplin logra retratar los rasgos identificativos del nazismo, y del fascismo en general, y desposeerlo de su halo mesiánico hasta dejarlo en paños menores. Una curiosidad: el idioma que aparece en los afiches y carteles publicitarios de la película es el esperanto. Catorce años después, Chaplin confesaba que si hubiera conocido el horror del holocausto, no habría podido rodar la película.

Imagen: Fotograma de El gran dictador

Cartelería soviética. El régimen estalinista utilizó los carteles como poderosa herramienta de propaganda popular y medio con que imbuir a la sociedad de los valores soviéticos. Los textos eran un mensaje claro y explícito, sin embargo la imagen era manipulada con técnicas específicas para trasmitir mensajes al subconsciente y apelar al sentimiento del espectador. La posibilidad de investigar con las imágenes, y de romper así con el arte del pasado, hizo que los artistas soviéticos se adentraran en nuevas formas de expresión que desembocarían en la vanguardia rusa. Repasar la cartelería soviética es viajar a través de movimientos artísticos como el constructivismo, el suprematismo y el realismo socialista, que constituyen uno de los puntos más fértiles de convergencia entre el arte y la ideología. Y lo más curioso es que su influencia puede husmearse en artistas del gran enemigo capitalista al otro lado del Telón de Acero, como el estadounidense Edward Hopper.Cartelería soviética

Imagen: Lila Brick poster, de Aleksandr Rodchenko

El Beetle de Volkswagen. Es el coche más emblemático del siglo XX, con más de 20 millones de unidades fabricadas durante setenta años de producción, y un icono de la cultura popular. Cuando Hitler accedió al poder en 1933 puso en marcha un plan de fomento de la industria del automóvil para fabricar el llamado “automóvil del pueblo” (Volks Wagen), encargando esta tarea a Ferdinand Porsche. Hitler llamó al coche KDF Wagen (Kraft Durch Freude: Fuerza a través de la alegría), aunque ningún alemán lo llamaba así; preferían llamarlo Escarabajo. El diseño de Porsche fue rematado por el propio Hitler, quien incluyó la varilla lateral y los característicos faros del Beetle. El gobierno nazi ideó un sistema para que los alemanes que quisieran su coche aportaran cinco marcos semanalmente, reuniendo unos 286 millones de marcos. El comienzo de la II Guerra Mundial hizo que toda la industria se dedicara a la producción militar sin que el KDF Wagen llegara a fabricarse en masa. VOLKSWAGEN BEETLETerminada la guerra, los ingleses tomaron el control de la factoría y de la producción en serie del Beetle. Su popularización en los años 50 y 60 y su conversión en el coche por excelencia -junto a la furgoneta VW Kombi- del movimiento hippie, lo convirtieron en un icono de la cultura popular y protagonista, incluso, de películas de Disney bajo el nombre de Herbie.

Imagen: Volkswagen Beetle

La fotografía de Korda del Ché Guevara. Es curioso que el icono por excelencia del régimen cubano de Castro sea la cara del Ché Guevara con boina, ocupando la fachada principal del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución de La Habana. El origen de esta imagen icónica es la fotografía de Alberto Díaz Korda titulada Guerrillero Heroico, tomada en 1960 durante el entierro de las víctimas de la explosión del vapor La Coubre. Tanta fuerza tenía la foto que el Instituto de Arte de Maryland la calificó como “el más famoso icono gráfico del mundo en el siglo XX”. Che GuevaraEl artista irlandés Jim Fitzpatrick la versionó en blanco y negro con alto contraste, creando una imagen que se utiliza en un variado merchandising y que es la que preside la Plaza de la Revolución. Luego, Gerard Malanga la falsificó con la técnica del famoso retrato de Marilyn Monroe de Andy Warhol; éste autentificó la copia astutamente y obtuvo los derechos de uso de la imagen en cualquier soporte. La influencia de esta imagen se ve en una parecida de Camarón de la Isla, que aún puede verse en pegatinas en algunos coches.

Imagen: Che Guevara, de Jim Fitzpatrick

Primavera con una esquina rota y Nunca más. Las dictaduras militares latinoamericanas reprimieron terroríficamente. Quizá por esa brutalidad inconcebible, la literatura se convirtiera en el medio para narrar hechos abominables de una manera digerible. Dos autores, uno uruguayo y otro argentino, tuvieron la capacidad de contarnos la barbarie desde su sensibilidad literaria. En Primavera con una esquina rota Mario Benedetti ahonda en el dolor que la dictadura en Uruguay y el exilio provoca en las personas y cómo afecta a sus relaciones personales, abriendo un resquicio a la esperanza representada en la primavera. Más crudo y expreso es Nunca más, el informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en Argentina escrito por Ernesto Sábato. MARIO BENEDETTIEl argentino recogió pasajes como este: “miles de ciudadanos fueron secuestrados y pasaron a formar parte de una categoría fantasmal: los desaparecidos. Desde el momento del secuestro la víctima perdía todos los derechos, se la privaba de toda comunicación con el exterior, se veía sometida a suplicios infernales y a sus familiares se les negaba que estuviera encarcelada”.

Imagen: Mario Benedetti

Nanas de la cebolla y Al alba. Franco sometió a España a una dictadura de casi cuarenta años. El golpe militar del 36 amputó la posibilidad de modernidad para el país y supuso la eliminación -o el exilio- de intelectuales y artistas supuestamente afines a los rojos. Miguel Hernández es encarcelado en 1939 y recibe una desesperada carta de su mujer contándole que solo tiene pan y cebollas para alimentar a su hijo. Él responde a aquella carta con una nana en forma de poema cuya lectura sigue sobrecogiendo. Joan Manuel Serrat graba este poema con música de Alberto Cortez y lo incluye en su disco Miguel Hernández (1972). Tres años después, el régimen franquista agoniza, aunque mantiene su mano de hierro: condena en consejo de guerra a 11 personas a pena de muerte. La comunidad internacional, incluido Pablo VI, pide a Franco que anule las condenas. DISCO DE SERRATEl régimen conmuta las penas a seis de los condenados, aunque mantiene la sentencia de muerte para los otros cinco. En los días previos a las ejecuciones Luis Eduardo Aute compone varias canciones contrarias a las mismas que envía a la censura franquista; de esta manera la distrae para colar una inocente canción de amor, Al alba, todo un alegato metafórico contra la pena de muerte que la censura ni olió.

Imagen: Portada del disco Miguel Hernández de J. M Serrat

El Louvre. El museo más visitado del mundo tiene su origen en un periodo de la historia de Francia conocido como el Reinado del Terror (1793-1794), con más de 10.000 guillotinados por orden de Robespierre bajo acusación de contrarrevolucionarios. Es entonces cuando se crea el concepto de museo moderno mediante el traspaso de las colecciones privadas de las clases dirigentes -monarquía, aristocracia e Iglesia- a una galería de propiedad pública para el disfrute de la sociedad, constituyendo el modelo para todos los museos nacionales europeos y norteamericanos. Pero hay más, ya que el Louvre debe a la guerra el notable incremento de sus colecciones. Museo del LouvreDurante las Guerras Napoleónicas el ejército galo fue requisando obras en los países invadidos, muchas de ellas se devolvieron al caer el régimen de Napoleón, pero otras pueden ser admiradas actualmente en sus galerías.

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