Lea Vicens

Fotografía: Niccolò Guasti 
El coche, pasado ya La Puebla del Río, se introduce por los paisajes sin horizontes de la marisma del Guadalquivir que Atín Aya y Alberto Rodríguez convirtieron en icónicos. Sopla un viento salitroso en el Rancho El Rocío, lugar al que nuestra protagonista llegó sin saber bien cómo para domar la cuadra de los hermanos Peralta. Allí nos espera esta bióloga nacida en Nimes (Francia) en 1985 y cuya vida podría incluirse en los libros de autoayuda que intentan convencer de que los sueños se cumplen. Sin embargo, nada más saludarnos sabemos que la riqueza vital de esta mujer trasciende los tópicos y lugares comunes, situándose en el género –si es que existiera- de la épica sosegada, en un viaje existencial, no sin la intervención de la fortuna, que la ha traído desde su Francia natal, donde estudiaba Biología, hasta los carteles de todas las ferias del orbe taurino. Amante de la naturaleza, inquieta, culta y con capacidad crítica, su manera de conversar seduce y deslumbra. Es Lea Vicens, la rejoneadora que encabeza el escalafón de un mundo hecho por y para los hombres. 

¿Cómo era Lea Vicens de niña?

Me veía muy diferente porque solo me gustaban los animales y la naturaleza. Cuando mis amigos iban de cumpleaños, me quedaba a hacer una cabaña con mi perro, mi gato y mis gallinas. Lo que más me hacía feliz un fin de semana era jugar con mi poni. De niña nunca fui muy sociable ni muy artificial.

¿Y ahora?

Me gusta la soledad, y me siguen gustando todos los animales. Acabo de recoger un nido de halcones caído en el campo… y ahora tengo cinco halcones pequeños en casa (risas).

¿Creció en un ambiente taurino? 

Mi padre iba a la plaza de Nimes porque era la fiesta de la ciudad, pero no se desplazaba a ver toros a otros lugares. Mi madre no tenía ningún interés en este espectáculo; ahora, que estoy yo, le gusta pero no va a verme porque le da miedo.

Sin antecedentes familiares, ¿cómo llega una niña nimeña a ser rejoneadora? 

Nunca he sabido que iba a ser esto antes de serlo. No era un sueño de niña como ocurre casi en el cien por cien de los toreros, lo mío es casualidad total. No tenía pensado ser torero hasta que un montón de casualidades  reunidas se presentaron delante de mí. Y ahí vi la posibilidad total de intentarlo.

¿Y la vocación?

Yo quería ser veterinaria. Estudié la carrera de veterinaria y luego me orienté hacia la biología y la ecología. Un día aterricé en esta finca y ahí vi claro que esto no era un sueño imposible. Cuando estaba trabajando en verano de acomodadora  en las plazas de toros para sacarme un dinerillo mientras estudiaba, empezaron a gustarme mucho los toros y un día pensé “¡Guau! Si yo estuviera ahí en medio!”. Pero era tan loca la idea que uno ni lo piensa.

Entonces ¿creerá en los milagros?

Creo en los milagros que se buscan; no ha llegado Dios a decirme que iba a ser torero.

¿Y en qué momento se da cuenta de que esa idea descabellada puede ser una realidad?

Cuando conozco a don Ángel Peralta. Ahí pensé que estaba en un sitio (la finca de los hermanos Peralta) donde realmente se podía intentar. Antes de eso era como el niño que quiere andar un día en la Luna: hay más de seis mil millones de personas en el mundo, ¿y cuántos astronautas que hayan pisado la Luna? Pues para mí, era aún peor que para ese niño que sueña con la Luna.

¿Y qué significa Ángel Peralta en su vida?

Muchísimo. Un amigo, un segundo padre, un confidente, un maestro… Todo. Estaba conmigo doce horas todos los días. Yo iba a la nave a montar y se venía en su coche, porque ya no podía andar, y ahí se quedaba mirándome.  Pero lo que me ha enseñado, aparte de cierta técnica del rejoneo, es un  andar en la vida en general, una filosofía de vida, un saber apreciar situaciones y valorarlas como irrepetibles. Era un filósofo, tan filósofo como maestro. Muchas veces tengo dudas y me pregunto qué habría hecho él o que me habría dicho que hiciera.

¿El mejor de los consejos que le dio?

Uno que me lo repito a diario: nunca reacciones en caliente. Cuando te pones nerviosa o tienes un impulso, cálmate, relájate y piensa antes de reaccionar.

Parece sacado de la filosofía zen… 

Además de enseñarme, él me ha permitido llegar a ser lo que soy materialmente gracias a un puesto de trabajo, a una nómina, a las instalaciones, a haberme dejado tentar vacas en su casa… todo eso me ha permitido realizar concretamente mi preparación. Si hubiera sido un filósofo en un piso, yo sería hoy muy filósofa pero poco torera (risas).

¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas para ser rejoneadora?

Han sido renuncias con mucha naturalidad. Cuando llegué aquí, don Ángel Peralta me decía que tenía que montar todos los días; si montaba a diez caballos, él me decía que tenía que montar a doce, siempre más. Yo estaba muy agobiada y pensaba “Esto no es vida, ¿cuándo voy a relajarme, a descansar, a ver a mis amigas y a salir?”. Al principio salía hasta que vi sola que no podía compaginar las dos cosas; entonces mi preparación se convirtió en mi prioridad en la vida. Así que todo ha sido naturalmente y por convenciemiento propio.

¿Cómo triunfa una mujer en el toreo, un mundo masculinizado al máximo?

El que trabaja, lucha y lo dedica todo, tiene recompensa. Nunca he tenido problemas por ser mujer.

¿Ha sido víctima de los tópicos y los estereotipos en el toreo?

Yo me visto de torero pero toreo femenino. No intento disfrazarme de hombre. Tenemos la ventaja de la feminidad, de todo lo que un hombre normalmente no tiene, y eso tenemos que explotarlo. En la calle soy supermujer, natural, no intento parecerme a un torero.

En términos de producto, tiene una ventaja competitiva.

Exacto. Estoy notando que mucho público viene a verme por ser mujer, porque toreo bien y compito con los hombres en el rejoneo. Sé que tengo un público joven femenino que me toma como referencia, y eso me da una alegría tremenda.

¿Es feminista? 

Soy todo lo contrario, no me gusta ser extrema en cualquier opinión; ni en la defensa ni en ser antialgo. No me gustan los extremos radicales. Ahora mismo no comparto para nada el movimiento feminista. El feminismo podría decir hoy en día “Queremos una igualdad en la profesión de torero: cincuenta por ciento hombres y otro cincuenta de mujeres”. Pero, ¿dónde hay mujeres toreras? Existen oficios en los que no podemos equiparar al cincuenta por ciento las cuotas de hombres y mujeres.

¿Y qué códigos cambiarías del mundo del toro?

Siempre me ha extrañado que los taurinos reivindicamos que el toreo es un arte, y entonces ¿por qué le ponen tantas reglas a un arte? Es algo contradictorio en este mundo. ¿Por qué tantos reglamentos, tantos tópicos y reglas? Si el torero fuera más libre, sería un arte más bonito.

¿Y cómo justifica una bióloga un espectáculo donde se mata a una animal?

Veo completamente compatible el hecho de criar un toro bravo hasta su muerte en el ruedo con el sistema ecológico de crianza del animal. Son dos cosas compatibles, y deberían entenderlo los ecologistas reales. Por cierto, las grandes organizaciones ecologistas como Greenpeace y WWF no se pronuncian a este respecto; si realmente fuera incompatible, estarían en contra.

¿Me está diciendo que es más ecológico defender la fiesta de los toros que pedir su abolición?

Afirmo con total seguridad que la crianza del toro bravo está directamente ligada con la ecología, porque el toro es una especie que convive con especies salvajes del medio autóctono español e ibérico, que necesita de una cantidad de hectáreas de dehesa para desarrollar su crecimiento; el ser humano interviene de manera muy leve en su crianza y su alimentación es natural. El toro es una especie muy ecológica. Después lo matamos, claro que sí, porque no es un animal salvaje; es una animal criado por el hombre, pero no domesticado.

¿Cree que la sociedad actual está preparada para un espectáculo tan radical como el toreo?

La sociedad no está preparada, tampoco el toreo, que no ha evolucionado comparado con la sociedad. Estamos en un cambio radical del ser humano, de la sociedad, y existe una gran diferencia entre el mundo del toro y la civilización actual. El toreo transmite todos los valores que se necesitan. La entrega, la lealtad, la fidelidad, el valor… Todos los valores que necesita un ser humano para ser alguien los tiene el toreo. El toreo es una gran prueba de humanidad. Y el que no quiera ver la muerte, el problema no es del toro bravo sino el hombre… con hache mayúscula.

¿No cree que al mundo del toro le falta comunicación con la sociedad?

Necesita hablar, tener una serie de intelectuales, científicos, filósofos, gente competente e inteligente capaz de explicar y transmitir un mensaje a nivel de la prensa internacional. Porque con un tuit no se arreglan las cosas. Hace falta una serie de profesionales cualificados, portavoces que defiendan la cultura en torno al toro. Por ejemplo, el filósofo francés Francis Wolff, que es un portavoz muy bueno aunque lo hace por afición. Necesitamos profesionalizar estas portavocías cualificadas.

¿Cree que verá la desaparición de las corridas de toros?

En el futuro inmediato, no (pausa)… Es un poco pregunta trampa porque… Es buena pregunta, eh. Me limitaré a decir que en un futuro inmediato no desaparecerá, se va a tener que adaptar a la sociedad.

¿Es algo sobre lo que reflexiona? ¿Esa reflexión es compartida por todos los actores implicados en el mundo del toro?

Claro que sí. El problema es cuando uno se tapa los ojos y los otros por detrás están empujando. Si no somos capaces de defendernos y de tener a gente capaz de representarnos a todos los niveles, pues al final estamos muy solos y se convierte en una lucha personal que no va a ningún sitio. Nos tapamos los ojos y nos encerramos en nuestro mundillo, que es muy pequeño.

¿Es endogámico ese mundillo del que habla?

Yo soy torero y no me gusta el taurineo. Un poco incompatible, ¿no? Yo no aguanto una reunión de taurinos, no la soporto porque no me interesa. Yo paso quince horas todos los días en el campo viendo toros y caballos, me apetece desconectar y no hablar de toros. Como he tenido una educación ajena a este mundo hasta los veinte años, me he alimentado de una cultura extrataurina y me interesa hoy en día todo menos los toros. Soy bastante inculta taurinamente hablando. Los taurinos saben la biografía completa de Belmonte, cuándo nació y cuándo murió, yo no… pero te podré hablar de otra cosa (risas). Casi nunca acepto entrevistas para medios taurinos porque no van a ningún lado; sin embargo, los medios ajenos al toro me encantan porque creo que puedo transmitir mi pasión sobre otra mentalidad y otro vocabulario.

Quiero que me diga qué ha aprendido de estos tres animales: el caballo, el toro y el hombre.

Del caballo, los límites, lo que se puede pedir y hasta dónde. Del toro, el respeto. Y del hombre, la desconfianza… o la confianza (sonríe).

¿Qué relación establece con sus caballos?

Tengo una cuadra de catorce caballos toreando y cada uno tiene una personalidad diferente, es un individuo en sí mismo, con un carácter único, una manera de aprender y una sensibilidad propias. Cada uno es un mundo, y es apasionante. Hay caballos rebeldes, sobre todo de potros, que luchan e intentan tirarte para que no los domines. Es muy interesante porque debes desarrollar una técnica para dominarlo, porque la doma al final reside en la mente del jinete más que en la violencia. A veces hay que ser firme, suave y firme a la vez. Hay otros caballos rencorosos. Mi mejor caballo, Bético, que es una estrella del toreo, es el más rencoroso del mundo: si me quito la chaqueta y le toca la grupa, se cree que es una castigo y me mira de reojo durante tres días, no quiere que lo acaricie, pero cuando te abre su corazón y se entrega es el mejor del mundo. Al final, es una cuestión de límites, de saber hasta dónde puedes pedirles y hasta dónde no.

¿Sufre por sus caballos?

Más que una madre de gemelos (risas). Me he pasado noches sin dormir cuando tengo a uno con fiebre o se queja de un dolor. No duermo y me paso la noche en una silla en la cuadra frente al caballo. No tengo hijos, pero tengo catorce hijos al mismo tiempo.

Por cierto, ¿se ha planteado la maternidad?

De momento no. Quiero ser madre un día, pero no tengo el instinto, me llegará más tarde, por lo menos eso espero.

¿Nota diferencias entre el lugar donde nació y donde vive actualmente?

Son tremendamente diferentes la cultura española de la de Europa, ya ni te digo la de Francia. Francia, Alemania, Inglaterra o Bélgica, más o menos es la misma cultura con algunos matices, pero la España andaluza, donde yo vivo, que es la conozco -no te puedo hablar del norte de España, que es de Córdoba para arriba (carcajadas)- es absolutamente distinta. Andalucía y el resto de Europa son dos mundos completamente diferentes, es increíble, a nivel cultural, humano y del modo de vida, qué locura, pero me gustan las dos. Me encanta vivir en Andalucía pero no podría quedarme aquí sin viajar.

-Lea se levanta de repente y, desde la puerta de la habitación donde la entrevistamos, da órdenes a su mozo de cuadras. Luego, con un acento delicioso, mezcla del dulzor parisino y la amargura salitrosa de la marisma, se disculpa con nosotros  “Es que tengo que estar en tó”. No cabe duda de que esta mujer pone en práctica su método de doma: es suave y firme.-

En realidad, es una mujer emprendedora, ¿no?

Tengo una sociedad con diez empleados, catorce en plena temporada taurina. Es muy difícil, más que torear. Llevar un equipo con una jerarquía, confiar en unos pilares, en personas que sepan mandar… Tengo gente competente que me ayuda.

¿Cómo concilia su vida laboral y familiar?

De momento… solo hay vida laboral… y es que me encanta. Los domingos descanso, y me vengo a ver los caballos (en tono de disculpa).

¿Cuáles son sus pasiones además de los caballos? 

En verano me encanta bucear. Ahora que estoy pensando en todas mis actividades y pasiones, veo que siempre al final es lo mismo: tú solo y una meta. Me encanta torear, domar caballos, bucear y esquiar… si no me hubiera dedicado a esto, quizás habría sido esquiadora.

¿Cómo debe ser su pareja?

Necesito a alguien que entienda que nunca va a ser prioridad. Es muy egoísta, y soy superegoísta en esto. Las parejas que he tenido siempre han sido secundarios. Tienes que tener a alguien que te quiera lo suficiente para comprenderlo, y eso es muy duro. Pero no quiere decir que no lo quiera, lo quiero mucho pero siempre que haya una cosa con mis toros y mis caballos (baja el tono de voz) lo voy a dejar plantao (ríe).

Pero ¿lo advierte antes de empezar una relación?

No lo digo, claro, porque si no no se me arrima ninguno (risas). Ellos lo viven, y algunos sufren, otros se van… o me voy yo…

¿Cómo vive la proliferación de extremismos políticos en Europa?

Considero que los extremismos son populismos. Y el populismo qué es, pues decirle lo que le apetece escuchar a cierta franja de la población que quizás son mayoría; pero al final me parece una mentira todo. ¿Por qué hablamos de los extremistas? Al tener un punto de vista diferente a la mayoría de la población que está callada, se les escucha más, simplemente. Los que no piensan como los extremistas quizás no hablan ni opinan, y no se les escucha. Y al final se escucha a minorías que hacen mucho ruido.

¿El ruido vende?

El ruido siempre llama la atención. También a los medios de comunicación. Leo prensa francesa y española, y la manera de tratar el caso de Cataluña desde Francia es completamente diferente a la de España. En el caso del cambio político de Sánchez por Rajoy igual, lees la prensa francesa y flipas porque no tiene nada que ver con lo que se vive en España.

¿Cómo se define ideológicamente?

Ideológicamente estoy a favor de las libertades.

¿Qué causas apoya?

Las que se preocupan de la ecología, de la protección del medio ambiente, aunque casi siempre me peleo con ellos porque están tan cerrados con mi mundo del toro, y ahí es donde chocamos. Si ellos entendieran lo compatible que es, sería un pelotazo enorme. Pero es muy fácil atacarlo y generar ruido. Se le ha puesto la fiesta nacional y se liga directamente con una España antigua de derechas, y eso a la mitad de la población le suena a facha, que no lo es para nada. Vas por ahí y la mayoría del público son trabajadores, obreros, gente humilde, familias, que no ganan mucho dinero pero ahorran para ir a la fiesta de su pueblo a ver toros. La connotación que se le da no es real. De hecho, a mí no me gusta llamarla fiesta nacional. Es la fiesta más internacional que tiene España porque se celebra no solo aquí sino en otros países como Francia, Portugal y en parte de Latinoamérica.

Creo que le apasiona leer, ¿es así? 

En los viajes siempre me llevo un libro porque me evade. Me encanta el arte de la retórica y la escritura me llena mucho. Ver algo bien escrito me encanta. En todos los viajes entre corridas, que hago al año más de 70.000 kilómetros, leo mucho.

Y además escribe reseñas sobre libros que una amiga le envía desde Francia. 

Escribo un poquito, muy humildemente. No creo que tenga este talento; los escritores es gente muy especial que tiene un don. No creo que lo tenga, tengo la pasión de leer el don que tiene otro.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una constante que todos los humanos vivimos y que algunos esconden, otros tratan de disfrazar, otros lo transforman y otros lo asumen. Yo lo asumo porque es parte de mi vida: me asusta torear, la gente, el público, el no triunfo… el miedo siempre está ahí. Fuera de los toros, le tengo miedo a las jeringas (ríe).

¿Qué le resulta imprescindible para vivir? 

Los amigos y la familia. Los cuido muchísimo. No son muchos mis amigos pero sí muy buenos; los que hay, son para toda la vida. Sin embargo, casi no tengo en el mundo del toro, uno o dos.

¿Qué es para usted la felicidad?

Se compone de muchas cosas: dormir tranquila, sin preocupación, sin miedo… Creo que soy una persona feliz… no, seguro, lo soy. He conseguido logros profesionales y personales que hacen felices a los demás. En lo personal hago feliz a la gente cercana, en lo profesional hago feliz a un público y me hago feliz a mí misma haciendo cosas que me llenan. Eso no quiere decir que viva en una utopía, días negros hay muchos.

¿La felicidad es un trabajo?

No viene sola, hay que trabajarla. Además depende de cada persona y de sus aspiraciones. Cada personalidad tiene su felicidad, no hay una felicidad estándar. Conozco a gente de mi pueblo que no entiende cómo puedo estar feliz con la vida que llevo, y yo no puedo imaginarme la vida que llevan ellos, y son los más felices del mundo.

¿Cómo se ve dentro de veinticinco años?

Retirada del toro, con niños quizás, depende de si encuentro al hombre adecuado (risas). Me gustaría tener una familia. No me veo en Francia… me encanta Andalucía, pero también me gusta Madrid capital… Espera un segundo…

-Se vuelve a levantar para dirigirse a la puerta de la cuadra a instruir al mozo que en esos momentos monta uno de sus caballos. Así concluye la entrevista… con las prioridades claras por parte de Lea Vicens.- 

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