La verdad de la estética ‘trap’

Por Paola Caballer. 

“¿Qué es el trap?”. Puede que esta sea la pregunta más temida de quienes, de hecho, son considerados sus iconos y referentes. El trap, como concepto en sí mismo, es tan líquido, flexible y cambiante, que resulta difícil definirlo. Hoy, el término se ha vuelto muy popular, y ya todos lo asociamos a una generación con su propia carga estética: la Generación Z.

Literalmente, trap es una palabra que comenzó a utilizarse en los 90 por los gangsters norteamericanos para referirse a las zonas de extrarradio donde se trafica con drogas, se habla de prostitución y se presume de dinero. El rap era, y sigue siendo, una vía para la autodefinición de quienes conviven allí, un medio para la expresión de sus anhelos y para la exhibición de sus logros. Fue precisamente en Atlanta, donde el rap fue evolucionando, a comienzos de los años 2000, hacia un estilo lírico más sucio y explícito, con un sonido más oscuro y psicodélico. El trap pasó entonces de ser un término coloquial, a convertirse en un subgénero musical, designado por primera vez como tal, por el rapero T.I. en su LP Trap Muzik de 2003.

La fuerza de Internet ha permitido que en escasos 10 años el trap se mezclara con la música electrónica, el reguetón, el dancehall o incluso el pop; convirtiendo el nuevo género en algo tremendamente pegadizo, bailable y comercial, que hoy integran en sus super-hits artistas internacionales como Drake, Rihanna, Kendrick Lamar o Kanye West. Ha sido cuestión de tiempo que el estilo musical se haya asentado entre los adolescentes de nuestro país, especialmente entre los chicos jóvenes de extrarradio, que se juntan para hablar de sus deseos de dinero, triunfo, sexo, reconocimiento… mientras de fondo se escuchan bases musicales que alternan el reguetón con el rap y el hip-hop. En 2015 el movimiento empieza a ser notable en capitales como Madrid y Barcelona, y los nombres de artistas como C-Tangana, Pimp Flaco, La Zowie, Miss Nina, Bad Gyal, Chanel o Muévelo Reina son ya algo más que populares. Estos artistas se han convertido en sus referentes, cuya influencia va más allá de la música, porque comparten su discurso y admiran su estética.

Las bases de estilo del trap

Las grandes firmas del mundo de la moda llevan años bebiendo de la cultura urbana para lanzar sus colecciones, basándolas en conceptos trendy que nacen, se reproducen… y al menos por ahora, permanecen con nosotros. Al estilo normcore propio de los 90, le salió un hermano, el sport-chic, que sigue llenando nuestros armarios de zapatillas, pantalones de chándal, gorras y bombers. Ahora que la moda cómoda está bien asentada, la estética del trap es, sin duda, la nueva protagonista. Pero para los diseñadores emergentes, esto llega ser toda una apropiación de los códigos que definen la cultura urbana.

Pablo López es el alma creativa de Sisyphe, una de las marcas más representativas del género en nuestro país (Bad Gyal es la protagonista en la editorial de su última colección Prêt à Porter 2018, y el propio Pablo trabaja como estilista de C-Tangana o la Zowie). Para él, esta estética habla de juventud y de calle, y según cuenta en una entrevista para Neo2, este discurso lleva años siendo “reutilizado” por las grandes firmas de la moda. No lo podemos negar. Un paseo por las cuentas de Instagram de Kendall Jenner, Bella Hadid o la propia Rihanna nos devuelven un reflejo de las claves estéticas del género, lleno de recursos como las gafas de sol de colores, las campanas, los pantalones de tiro bajo, las coletas bien altas y estiradas o las argollas XXL… Elementos que nos evocan una época pasada, allí donde nuestros primeros deseos y aspiraciones se fraguan: la infancia y la adolescencia de quienes vivimos los 2000.

No es una coincidencia. Son precisamente estos temas los que inspiran a los diseñadores referentes. Pablo, de Sisyphe, recurre a “los chandals y bufandas futboleras, de cuando era niño y jugaba en las calles de Málaga” como sus referencias. Las deportivas, el estilo militar, y todo lo que envolvía la estética de los 90 es la base de su trabajo creativo. La diseñadora María Magdalena -o Alejandra Jaime- confesaba a So Catchy! que, su última colección, Integración (presente en la pasarela de la Samsung Ego de 2017-2018) es una “idealización de la vida de una adolescente de 15 años durante la época de los 2000 en Sevilla.” Reinas absolutas del trap han llevado sus diseños (pudimos verlos en Princess Nokia y Ms NINA durante sus actuaciones del Monkey Weekend el pasado mes de octubre en Sevilla; pero La Zowi o Bad Gyal han protagonizado editoriales con sus prendas), y ellas mismas afirman que su estilo se inspira en la Mtv, los dibujos animados de los 90, la ciberestética y los iconos musicales de su infancia.

El anhelo infantil, la clave de la tendencia

El espíritu infantil que se destila del incesante anhelo del lujo y el dinero representa, en mi opinión, la clave de la cultura trap. Está reflejado en la corta edad de sus protagonistas, en sus orígenes, y en su estética que parece gritar “devuélveme al pasado”. Internet, cómo no, cumple su función: propaga, viraliza y democratiza el acceso a esta subcultura, ahora mainstream; la vuelve difusa, compleja, líquida, difícil de definir, y sin embargo, la asienta con pies de plomo vaticinando la aparición del nuevo pop adolescente.

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