La Sevilla de ABC

Algunos se extrañarán de estas líneas, pero en realidad responden a lo que siento, aunque no sea políticamente correcto. Hace ya algunos meses asistí, como lo vengo haciendo desde hace años, a la entrega de los Premios Joaquín Romero Murube, que puntualmente otorga ABC de Sevilla, y me sentí inmerso en una Sevilla clásica, medida y, por qué no decirlo, de otro tiempo. Allí estaban, más o menos, los de siempre, los que algunos no dudan en tildar como “la Sevilla profunda” con cierto aire despectivo, ciertamente injusto. Es la Sevilla de toda la vida, la que de alguna manera estaba representada en aquella sociedad de carácter eminentemente agrícola y ganadero de principios del siglo XX, junto a los sectores económicos y sociales de peso en la ciudad. Me pareció algo muy parecido a los clubs conservadores londinenses, exquisitos en fondo y forma, donde las formas no se pierden jamás.

No me cabe la menor duda de que ABC de Sevilla es una institución profundamente sevillana, como lo es la Real Maestranza de Caballería, pero más influyente si cabe aunque compartan un idéntico sentido en nuestro microcosmos. Para comprender lo que digo habría que dejar claro en primer lugar que la edición sevillana de ABC nada o poco tiene que ver con ABC de Madrid, salvo su irrenunciable liberalismo y amor por la monarquía. El de Sevilla es un periódico más local, donde las noticias importan poco o son al menos previsibles, y donde, como en los periódicos de provincia, desgraciadamente desaparecidos, las columnas locales a primera vista tienen su mayor peso específico.

Tiene una segunda lectura mucho más íntima y cabal de lo que parece. Si alguien quiere saber la evolución de esta ciudad en el último siglo, ha de acudir necesariamente a las firmas locales que a diario aparecen en sus páginas, solo así se entenderá cuáles son los avatares de una urbe que adora su pasado. Tildarlo de rancio o casposo, como algunos lo hacen, es sacrificar la visión del todo por la parte. Por muy contrario a las ideas de Antonio Burgos que se sea hay que admitir que entre sus líneas se esconde el misterio de esta ciudad, parte de su mejor literatura y ese sentido muy “gadita” de la crítica corrosiva, tan sevillana por otro lado. Algunos se sorprenderían si conocieran el curriculum vitae de muchos de sus columnistas. Ser periodista del ABC de Sevilla es la máxima aspiración de cualquier periodista de esta ciudad, no solo por el número de lectores que posee, sino por la fidelidad de los mismos. No descubro nada nuevo si afirmo que posee la mejor plantilla de la prensa local y que curiosamente son prácticamente desconocidos a nivel nacional.

Hay que aceptar, nos guste o no, que la Sevilla del ABC es la Sevilla más cercana a la realidad, ajena a los scoops y vaivenes del tiempo. Los nombres de Ignacio Camacho, Paco Robles, Javier Rubio, Jesús Álvarez o Eva Díaz, entre otros, narran a la perfección esa Sevilla que acontece día a día, que es lo que de verdad interesa a la ciudad, olvidándose de las firmas colaboradoras a nivel nacional que aparecen en el mismo periódico. Decía un amigo que el ABC de Sevilla se lee siempre al revés, de las esquelas al recuadro de Antonio Burgos, quizás porque somos conscientes de que hay una ciudad que desgraciadamente desaparece y otra que aún está viva, ingeniosa y vitriólica, la de Burgos, de la que es maestro indiscutible. Sin duda hay otras firmas esenciales en la ciudad, como la de Carlos Colón en Diario de Sevilla, y otros que habré olvidado,  que saben tomar el pulso a esta ciudad, pero el ABC lo hace al modo más tradicional y estructurado, es su esencia.

Sé que todo lo dicho suena a cántico de alabanza al ABC de Sevilla, y es verdad, lo que no significa que comulgue con su línea editorial, de la que me encuentro muy alejado, pero para mí, en cierto sentido, es como la magdalena de Proust, parte de mi memoria sentimental de la ciudad, de esa ciudad que cambia a cada instante, pero que también permanece como si todo siguiera igual. La Sevilla de ABC, aunque no lo admita, desconfía de lo nuevo y adora la estabilidad, lo ya conocido frente a lo que hay que descubrir. Sevilla es por naturaleza conservadora, por eso quizás lea o comente ABC de Sevilla a diario, aunque le importe bien poco la trama ideológica que lo sustenta; al fin y al cabo somos un pueblo que está encantado de conocerse y de reconocerse, quizás por eso no interese al lector sevillano las ediciones nacionales de los periódicos, sino el mundo local… para lo otro ya están los periódicos digitales.

El día que desaparezca la edición en papel de ABC de Sevilla, algo que espero no ocurra jamás, se habrá acabado con un incunable. Se habrá acabado con una forma muy estricta de entender el periodismo, clásico, sí, casposo, no; conservador, por supuesto, reaccionario solo por momentos. En el fondo, liberal al sevillano modo.

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