La radio sevillana en los 70

Autor: Joaquín Arbide.
Aquella década fue complicada para los medios de comunicación en general y para la radio en particular. Las nuevas generaciones de periodistas y profesionales llegaban cargados de ilusiones y con enormes deseos de superar la gran cantidad de obstáculos que se iban interponiendo para el desarrollo normal de la actividad. Había que ser inteligentes para, sin hacer alardes ostentosos, ir “colando” los contenidos, las ideas, las noticias, utilizando el famoso truco de la “lectura entre líneas”, los sobrentendidos e incluso el manejo de algún tipo de clave que solo un puñado de destinatarios conocían. Dar, por ejemplo, la noticia de un accidente de coche en la carretera de Guillena y a la hora que se había producido, podía significar que ese día se iba a celebrar una reunión clandestina de un sindicato ilegal en tal o cual sitio.

Con la música pasaba igual. Serrat estuvo prohibido rotundamente en todas las emisoras españolas por el conflicto del La, la, la en Eurovisión. Muchas canciones de la nueva ola de cantautores eran prohibidas. Solían hacer más hincapié con los intérpretes de la llamada Nova canço catalana y, sobre todo, si cantaban en catalán.

Por aquel entonces en Sevilla solo había cinco emisoras: Cope, que hasta hacía muy poco se había llamado Radio Vida, el Centro emisor del Sur de RNE, Radio Peninsular, la más musical, la radio fórmula de RNE, Radio Sevilla de la cadena SER y la última en llegar La Voz del Guadalquivir, perteneciente a la CES (Cadena de Emisoras Sindicales). Todas estas emisoras emitían en Onda Media (OM-AM). Las de FM fueron apareciendo paulatinamente avanzados los 70, dedicándose exclusivamente a la música.

Con los reajustes administrativos que se produjeron en el periodo de la Transición, desapareció Radio Peninsular, quedando La Voz, absorbida, junto a las de la REM (Red de Emisoras del Movimiento) y la CAR (Cadena Azul de Radiodifusión) de toda España, en un nuevo invento que se llamó RCE (Radio Cadena Española), hasta que, por fin, la citada cadena fue anexionada a RNE.

Años de cambios tumultuosos y tensiones al máximo. La radio fue tomando otro pulso y otro carácter. En este artículo nos vamos a ocupar de la emisora más joven de todas: LVG, La Voz del Guadalquivir.

Nació aquella emisora casi como un juego de niños. Era 1964. Los estudios insonorizados con cajas de huevos. El micrófono Shure. El magnetofón Pherrograf. Los carretes de cinta abierta. Los discos de vinilo: 33 1/3 rpm. (LP) y 45 rpm. (EP). Una máquina de escribir Hispano Olivetti… Y un puñado de gente joven ilusionada. La primera instalación estuvo en la calle Guzmán el Bueno, frente a la academia de don Urbano Orad, y muy cerquita de la iglesia de Santa Cruz. La primera antena fue un alambre que se tendió desde la azotea de la casa hasta la espadaña de la vecina iglesia. Después se montó un poste emisor en Coca de la Piñera. Se compraron nuevos aparatos. Se iniciaron, con cierta timidez, servicios informativos. Aquí la Giralda, se titularía el primero y se fueron incorporando programas de flamenco, toros, teatro, cine, automovilismo, historias de Sevilla, música moderna…

Tres años después se iba alcanzando la mayoría de edad. Aquellas instalaciones metidas con calzador en muy pocos metros cuadrados se habían quedado chicas. De la calle Guzmán el Bueno nos mudábamos a Aponte número 1, a la espalda del edificio de los Sindicatos. Vecinos, por tanto, de una plaza que acababa de sufrir el derribo del Palacio de los Sánchez-Dalp y veía crecer los primeros grandes almacenes que se implantaban en Sevilla. Comenzaba una época de cambios en la vida de la ciudad.

De aquellas tres habitaciones habíamos llegado a unas instalaciones con dos plantas, despachos para todos los responsables de departamento, dos estudios –uno de directo y otro de grabaciones- discoteca, taller técnico, sala de redacción y más potencia en la antena que se instaló en Alcalá de Guadaira.

Y La Voz del Guadalquivir se convirtió en algo así como un “tranvía llamado deseo” para toda aquella gente joven que se sentía atraída por el medio radiofónico y por el periodismo. En el dial de Sevilla, y en OM (Onda Media, ahora AM), solo estaban, como hemos dicho, RNE, la SER y una también joven y valiente Radio Vida, impulsada, es curioso, por un equipo de jesuitas abiertos a la cultura y al modernismo. En el edificio de la calle Amor de Dios nació una incipiente emisora junto a un valiente cine-club que recibía el mismo nombre de la emisora Vida, donde habrían de nacer y formarse futuros e importantes profesionales que terminarían triunfando en el mundo de la radio, el cine y el periodismo.

Y el deseo por subirse a aquel tranvía de La Voz fue extraordinario. La dirección del medio veía con agrado y sin recelos el aceptar caras nuevas y profesionales en potencia. Los estudios y la redacción de la emisora se convirtieron en cuna y forja de héroes, siguiendo con las referencias a títulos cinematográficos. Fue cuna porque allí nacieron muchos profesionales del periodismo, como ahora veremos. Y “forja de héroes” porque fue muy duro nacer a una profesión como la nuestra en los años más complicados del sistema imperante. Hacer entonces cualquier tipo de información era una heroicidad…

Diariamente se emitían dos programas de flamenco: Con sabor andaluz y Café de los flamencos. A Miguel Acal no le gustaba que le llamasen flamencólogo. Él sabía del tema porque lo había aprendido todo sentándose silencioso a la verita de sus gitanos favoritos y amigos y escuchando mucho. A eso dedicó toda su vida. La censura también se metía con el flamenco, y si no que se lo pregunten a Manolo Gerena. Miguel terminó en RNE.

Eva Montesinos fue la gran voz de la primera época de la emisora. Luego, breve paso por la SER y su afincamiento definitivo en la COPE. Desde la calle Guzmán el Bueno, partieron para RNE José Antonio Rosas, Juan Mª Urbano y José Domingo Romero.

Nina Salvatierra venía del diario Pueblo y empezó a acariciar los micrófonos con su voz pausada y profunda. Luego se iría a Televisión Española cuando tenía sus instalaciones en la Palmera.

A Paco Sánchez le encantaba la música moderna. Empezó con Ritmorama, un programa de música moderna, como se decía entonces, que emitía a las doce de la mañana. Cuando en la emisora aterrizó Luis Baquero, montaron un tándem y fundaron la primera FM temática, especializada en la música más avanzada, así como un programa que pegó fuerte: Maxiradio. Alternaban la música con el periodismo. Utilizaron los primeros magnetofones Agra que se vieron en Sevilla. Paco y Luis llegarían a la cúpula de Canal Sur Radio al final de sus respectivas carreras.

Para hacer programas de información universitaria, llegaron Enrique García Gordillo y Joaquín Durán. A los pocos días, estaban integrados en el equipo de la emisora como grandes profesionales del medio. Luego vendrían la SER y Canal Sur. A mi juicio, Joaquín ha dejado una estela importante en la historia de la radio española.

Llegó tímido desde Alcalá de Guadaira, lleno de humanidad y sentido del compañerismo. José Antonio Sánchez Araujo se mezcló con Antonio Gómez Martín, Pepe Nieto, Vicente Bru, el equipo que informaba de deportes, y pronto haría las maletas para Radio Sevilla hasta llegar a ser “el maestro”, como fue conocido en los últimos tiempos.

El mundo de los toros estuvo en manos de Juan Palma, primero, y de Paco de Ronda después. También anduvo por allí F… M…, popularmente conocido entre los compañeros como “el innombrable”. Juan se afincaría en La Voz de Madrid, donde montó un consulado sevillano y F…M… pasó a Radio Sevilla.

Celia María Azagra hizo un poco de todo, pero siempre con aquel estilo tan teatral y aquella gran voz que poseía. De La Voz fue a la COPE de Sevilla y de allí a TVE en Madrid, donde hizo infantiles con Torrebruno.

Mª Josefa Máñez adquirió solera y seguridad ante los micrófonos de Aponte para luego terminar dando bien en los telediarios de TVE-A.

Había un grupo que eran “las voces de la casa” y que alternaban los programas más variados con la información: Lola Angulo, Nicolás Fernández Sevilla, Juan de la Vega, Agustín Navarro…

No quiero olvidar a un hombre de redacción, no de micrófono, que escribió varias obras de teatro, siempre en clave de humor, estrenadas con éxito en Sevilla y que llegaría a colaborar de forma estable en el semanario Hermano Lobo: Rafael Mata, que también terminó su carrera en RNE.

De Madrid llegó un apasionado del cine, que metió la cabeza en la radio para ejercer la crítica cinematográfica: Pancho Bautista. Formando equipo con Ricardo Cordero y con quien esto escribe, nos repartíamos los estrenos, que llegaban a ser de hasta cinco o seis títulos semanales. A Pancho hubo que concederle un programa de una hora semanal. Se atrevió también con el teatro y memorable fue la entrevista que a dúo le hicimos a Antonio Gala con motivo del estreno en Sevilla de su obra Anillos para una dama. Pasado el tiempo, terminó creando hasta tres productoras cinematográficas en nuestra ciudad rodando multitud de películas.

Habría que hacer un aparte para acoger en una parcela a todos aquellos que llegaron a la radio con el objetivo concreto de “hacer periodismo”. Así, el caso de Mari Luz Aguilar Galindo, siempre con un magnetofón en el bolso y siempre en los informativos. (¿Llegó a hacer información de fútbol en los vestuarios? Tal idea llegó a proponerla un día a la dirección.) Terminó en los telediarios de La Primera, haciendo los sucesos en los fines de semana.

El de Juan Teba, siempre ágil y dinámico, que alternaba el reportaje con los comentarios y las entrevistas, tanto en informativos como en el magazín Club Madrugada, escribiendo también en Pueblo. Luego vendría la tele, aunque su fuerte fue siempre escribir.

Y Pilar del Río, informadora a través de comentarios y entrevistas. Tanto Juan como Pilar, supusieron la incorporación a principios de los años 70 de dos personajes que venían a dar “leña”. Años difíciles, en los que había que hacer muchos equilibrios en el alambre… Y buenas discusiones y quebraderos de cabeza que nos suponían todos aquellos “atrevimientos”… Pilar pasó a la TVE de la Palmera y su paradero actual es por todos de sobra conocido…

Y luego vinieron los estudiantes a hacer “prácticas”… Algunos sabían más que nosotros con todos los tacones gastados.

Manolo Pedraz, que luego se dedicaría a lo de los libros en RNE; Meli Meléndez, que llegó a la oficina del Portavoz del Gobierno Andaluz o Angel Pérez Guerra, que tantas buenas columnas nos ofreció en ABC, en una de las cuales, sin citarme, contó el problema que tuvimos con una entrevista suya en unos informativos.

Todos tuvieron que ver conmigo. Como jefe de programas en unos casos y como jefe de servicios informativos en otros. Todos hicieron un gran trabajo profesional que es justo recordar y reconocer en esta ocasión. Todos tienen un hueco en mi memoria. ¡Cuánto me agradaría que ocurriese lo mismo a la inversa!

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