La Peste. La Sevilla más oscura

Alberto Rodríguez ha perdido la oportunidad de hacer la película de su vida a costa de hacer una extraordinaria serie para televisión. En esta serie se rompen muchos clichés, lo que nos devuelve al mejor Rodríguez tras su para mi nada reseñable “El hombre de las mil caras” que hacía temer una deriva comercial de su estupenda carrera cinematográfica. De entrada rompe con esa imagen luminosa y amable de Sevilla para narrar una ciudad en plena decadencia y al borde del abismo. El llamado siglo de oro fue la fosa de una ciudad que no pudo sobrevivir no solo a la peste que la asoló, sino también a la corrupción que llegó a alcanzar. Era la Sevilla de Velazquez, Murillo y Valdés Leal, que tras la visión de la serie  recobra más sentido que nunca.

Visualmente muy poderosa, oscura y degradada, no es de visión amable pero sabe tocar todos y cada uno de los problemas imperantes en ese momento. Es una Sevilla más de Caravaggio que de los pintores locales aunque sus imágenes se cuelan en cada fotograma. Serie de penumbras y de oscuridades donde la lucha de sus habitantes se respira y casi se huele. Comerciantes sin visión de futuro, prostitutas, una Iglesia que todo lo controla y un poder ajeno a las circunstancias , una sociedad machista y despiadada que rompe con la imagen idílica de una Sevilla poderosa y culta. No es la nueva Roma, es la nueva Babilonia.

La ambientación es perfecta, desde las localizaciones, algo por cierto habitual en Alberto Rodríguez, efectos especiales cuidadisimos y un esplendido vestuario de Fernando García, por no hablar de un casting perfecto, al que luego haremos mención. Técnicamente irreprochable la serie es realmente un tour de forcé para el espectador acostumbrado a algo bastante mas light. Curiosamente, aunque sus anteriores películas tienen una carga política y social importante es en esta revisión del S.XVI sevillano donde mejor están encajadas estas denuncias dentro del film, sin estridencias, sin que rechine, cosa que solía ocurrir con anterioridad. Aquí la critica es feroz a todos los estamentos y las imágenes recuperan el sentido de un todo unitario.

Mención especial merece la dirección de actores, no solo acierta de pleno en el casting sino que además consigue que estos, en muchos casos rompan su tradicional clasificación de géneros. ¿Quién iba a pensar en un Paco León con esa economía de gestos en un papel dramático? Yo al meno no. O a Paco Tous que parece salido de una película de época de la BBC fuera de sus registros habituales… y así todo el casting. ¡ Al fin un director español parece que ha conseguido descubrir lo evidente , que nuestros actores son versátiles y estupendos!

En realidad lo único que no es necesario es esa pueril trama detectivesca que al parecer se ha convertido en ley para cualquier serie que se precie. Hubiese bastado el cruce de historias de los distintos personajes para que la serie se hubiese convertido en una inolvidable película, es mas, la propia denominación de los capítulos da pie a ello y posiblemente se hubiera entendido mejor que en realidad es un fresco de una época, de una ciudad, el final de un tiempo que ya Cervantes apuntaba y que luego Dickens trasladaría a un Londres podrido y decadente. Bienvenidas a la pequeña pantalla las referencias cultas ante la vulgaridad existente. Y no me gustaría acabar estas  reflexiones sobre La Peste sin mencionar el riesgo asumido de las diferencias de acentos y lenguajes en sus personajes, huyendo concientemente de ese castellano neutro que tanto desvirtúa nuestra realidad idiomática, social y política

Desconozco la aceptación popular de la serie pero me siento orgulloso no solo de esta obra sino de los riesgos asumidos por Alberto Rodríguez al hacerla, solo así llegaremos a alcanzar una identidad con nuestra propia historia, solo así nos podremos reconocer en esta ciudad donde aun hoy conviven infinidad de ciudades en una sola.

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