La mina Zollverein; óxido y belleza

El carbón es muy útil, eso es algo tan obvio como indudable. Ya en el siglo XI a. C. se explotaba en China, y con la invención del ladrillo refractario en el siglo XVIII esta roca de origen sedimentario se convertirá en el combustible por excelencia. Fue la sangre de la Revolución Industrial, y es que hasta los años 70 fue la más importante fuente primaria de energía. Es indudable la existencia de una cultura del carbón y sus minas, duras e inhóspitas. Zola refleja como nadie en su novela Germinal la vida en las minas de carbón en la Francia del XIX. Sudor, grisú, suciedad, derrumbes y lucha sindical. Poca poesía y mucho esfuerzo con la perpetua sombra de la silicosis de fondo. Pero aun así, como en todo en la vida, hay belleza en el carbón y sus minas. Particularmente en Alemania, en la histórica cuenca del Ruhr, origen y referencia de la industria pesada europea. 

Corría el año 1847 cuando el emprendedor Franz Haniel se queda sin el carbón necesario para su industria de producción de acero; así el empresario dirigió su mirada hacía el pueblo de Essen, donde hacía poco tiempo que había sido descubierta una rica capa de carbón, y cuya cercanía a las vías del tren facilitaba enormemente su transporte. “Di comienzo por mí mismo a la minería en este área, compré varias tierras adecuadas para mis propósitos, así como los derechos sobre unas minas de carbón”, comentaría más tarde Haniel.

Acababa de nacer la que durante décadas sería la mina más importante de Alemania, la mina Zollverein, un nombre inspirado en la Unión Aduanera de Alemania, entidad que eliminó los aranceles dentro de la confederación germánica del siglo XIX y que ayudó enormemente al desarrollo industrial de la zona. Cuando en 1851 se comienza a extraer carbón en esta mina, nadie podía pensar que ciento cincuenta años más tarde este complejo industrial sería reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Se empezaron a abrir pozos y el carbón obtenido era de una calidad excelente para la producción de coque, lo que les empujó a abrir una fábrica para su producción. Hay que señalar que a principios del siglo XX la industria del Ruhr era uno de los orgullos de Alemania y que en pocas décadas una inhóspita zona pantanosa se convirtió en un gigantesco espacio de producción industrial, donde acudían miles de obreros para participar en este boom económico. Y Zollverein se expande y moderniza, llegando su producción al comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta la extraordinaria cifra de 2,5 millones de toneladas.

Y es que este complejo minero se convirtió, gracias a sus continuos avances técnicos, en el más avanzado de toda la cuenca del Ruhr, pero no solo en producción sino que también en diseño, donde los arquitectos Fritz Schupp y Martin Kremmer, integrantes de la escuela Bauhaus, crearon aquí entre 1927 y 1932 un complejo industrial de rasgos muy particulares. Con una fachada en ladrillo rojo albergando una estructura metálica originan una composición simétrica, limpia y útil, de acuerdo a las enseñanzas de la Bahaus donde “la forma sigue a la función”. Además, su producción diaria doblaba a la de cualquier ingenio similar de los existentes en la cuenca del Ruhr, y es que Zollverein estaba considerada como la explotación minera más grande y moderna del mundo.

Así en 1932 se decide abrir un nuevo pozo. Pero este pozo sería diferente. Querían algo novedoso, moderno y que fuera práctico, pero bello y diferente. Y es que el pozo nº 12 marcará un antes y un después en la industria pesada alemana. Construido en hormigón reforzado y acero rojo, junto al castillete de la mina se convirtió en modelo para otras explotaciones y en el símbolo del poder industrial de esta cuenca minera. Desde su creación a la Zeche Zollverein Schacht XII nunca le faltarán los superlativos. “La construcción industrial más noble de todo Alemania”, la calificaría en 1994 una prestigiosa revista de arquitectura; este pozo iba a ser la joya arquitectónica con la que mostrar el poderío del complejo así como asombrar a la competencia y a los posibles inversores. Las estructuras tecnológicas de Zollverein XII son representativas de un período crucial en el desarrollo de las industrias pesadas tradicionales en Europa, y el uso positivo que se hizo de unos diseños arquitectónicos de calidad excepcional.

Sorprendentemente la II Guerra Mundial no afectó en exceso a la mina, que continuó siendo líder de producción, pero lo que no pudieron lograr las sucesivas guerras, lo logró el implacable mercado. Poco a poco este tipo de minería comienza a ser cada vez menos rentable, y así en diciembre de 1986 descendió a la mina el último grupo de hombres, cesando Zollverein en su extracción (en el momento de su cierre era la última mina en actividad en Essen), aunque la fábrica de coque se mantuvo en funcionamiento hasta 1993.

Tras el cierre, se suponía que este viejo mastodonte industrial afrontaría el final habitual de este tipo de complejos, la decadencia y el abandono, hasta llegar a parecer un desolador decorado futurista. Pero estas instalaciones siempre tuvieron un algo diferenciado. Después de diversas pujas y desencuentros, por fin, tanto la mina como la fábrica, pasarían a ser de titularidad pública, entrando a pertenecer al land de Renania del Norte-Westfalia, el cual declarará al mítico Pozo 12 como “monumento”, lo que obligaba a protegerlo y mantenerlo en su estado original. Y es que en este complejo, que se conserva tal como era, se puede estudiar tanto la modernidad de los años 20, como la evolución de la industria siderúrgica.

Pero lo que realmente hizo que el mundo pusiera el foco en esta maravillosa mina fue la restauración llevada a cabo en 1994 de la antigua sala de calderas por el afamado estudio de arquitectura del inglés Norman Foster, y donde se instaló el centro del diseño de la región de Renania del Norte-Westphalia. Historia y diseño, modernidad y tradición, que harán de esta mina un referente en la conservación del patrimonio material (e inmaterial) de las ciudades industriales ya que las estructuras tecnológicas de Zollverein XII son uno de los mejores ejemplos de un período crucial en el desarrollo de las industrias pesadas tradicionales en Europa.

El siguiente paso fue la constitución de la Fundación Zollverein, que, creada en 1998, pronto se dedicó a una nueva explotación del monumento industrial, convirtiéndose actualmente en unos de los principales focos culturales en la cuenca del Ruhr y un museo vivo sobre la historia de la minería y la evolución de la arquitectura industrial. Pero su espíritu innovador no solo está presente en su estructura, sino también en su esencia. Porque actualmente Zollverein es mucho más que un paisaje de arqueología industrial formado por un  conjunto de ascensores, vagones y arterias metálicas. Es un reflejo del presente más rabioso donde la arquitectura contemporánea se ha hecho un hueco gracias, entre otros, a Rem Koolhas, que combinó el icónico castillete y la remodelación del museo con, por ejemplo, una escalera mecánica exterior de neones naranjas, formando una combinación arriesgada y triunfadora. Uno de los más exitosos y paradigmáticos casos de cohabitación entre arte e industria.

Pero incluso en el arte, este complejo es un organismo con vida, en perpetua evolución. Así en esta mina no sólo tiene lugar la mayor exposición mundial de diseño contemporáneo en el museo Red Dot Design (que ha pasado a formar parte del patrimonio de la humanidad) sino que cada año se otorga el renombrado premio Red Dot Award a la excelencia en diseño. Porque no solo es que la historia ha demostrado que construir una industria puede ser una manera de crear arte (con creaciones como la estructura del Pozo 12), sino que al combinarlo con elementos tales como una estatua enorme de un canario en el mejor estilo kitsch en una de las plazas del complejo, turbinas coloreadas y viejos depósitos de hormigón armado reciclados como jardines botánicos, llegan a formar un sorprendente matrimonio postmoderno entre naturaleza, industria y arte, formando una experiencia de cien hectáreas que nos enseña cómo se puede reinventar un sueño de hace más de ciento cincuenta años.

Hay que saber ver más allá de la postal y de la belleza fácil de digestión rápida. Porque como se describió por la UNESCO al declararlo como Patrimonio de la Humanidad en el año 2001 “En el complejo industrial de Zollverein se han mantenido íntegramente las infraestructuras de un sitio histórico de extracción de carbón. El complejo, que también comprende varios edificios del siglo XX de indiscutible valor arquitectónico, constituye un testimonio excepcional del auge y el declive de esta industria tan esencial para la economía en los últimos ciento cincuenta años.”

Y es que Zollverein es, posiblemente, la mina de carbón más hermosa del mundo.

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