De la garra charrúa a la biblioteca Celeste

Autor: Jorge Miglionico
Con el impulso del entrenador de la selección nacional, Óscar Tabárez, el aporte de Editorial Santillana y la ejecución del ex futbolista y escritor Daniel Baldi, se creó hace más de siete años un espacio de lectura dentro del Complejo de Alto Rendimiento Uruguay Celeste, lo que supone aún hoy un hecho inédito. En un principio fueron algo más de medio centenar de ejemplares. Con la inercia propia del entusiasmo, el proyecto fue creciendo en cantidad, pero también en dinámica. A estos ejemplares se le sumaron otros que diferentes autores fueron haciendo llegar. Escritores, algunos apasionados por el fútbol y otros no tanto, se fueron acercando y generando charlas con los futbolistas juveniles conformando una rutina de intercambio.

Enclavado entre Argentina y Brasil, Uruguay, con apenas algo más tres millones de habitantes, construyó una suerte de identidad como sociedad, basada definitivamente en la épica futbolera.

El título mundial obtenido en Brasil, en el estadio de Maracaná en 1950, sea quizá el estandarte de una país que ya no es. Los torneos olímpicos ganados (1924 en Colombes y 1928 en Ámsterdam) daban inicio entonces a una época de construcción social y económica que, junto con la gesta de 1950, situarían a Uruguay en un lugar de privilegio. Así se instalaron frases y conceptos que el tiempo fue diluyendo. “La Suiza de América”, “como el Uruguay no hay” o “la tacita de plata”, fueron algunas de la frases acuñadas por décadas para concluir, aún hoy, en la controversial “garra charrúa”. Sea éste quizá el más controvertido de los conceptos. Definición que alude a la pasión, el empeño y la rebeldía mostrada en los campos de juego y que la asocia a los habitantes indígenas originarios de este territorio.

Un país que creció mirando a Europa y que se construyó a partir de aquellos que por miles llegaban en los barcos. Pero “El mundo ha cambiado mucho con respecto a cuando éramos los mejores”, expresión por demás categórica del entrenador de la selección uruguaya, Óscar Tabaréz al ser consultado aquí sobre las necesidades que hacen que los futbolistas accedan a una formación cultural. Uruguay es hoy, y desde hace varias décadas, fabricante y exportador de futbolistas, de los cuales algunos llegan a sitiales de élite y otros, la mayoría, logran apenas una carrera sin mayores relevancias. Según datos oficiales, elaborados por la Secretaría Nacional de Deportes, en Uruguay más de 3.500 jóvenes deportistas de los clubes afiliados a la Asociación Uruguaya de Fútbol aspiran a ser profesionales. De los 700 adolescentes que se incorporan año tras año, sólo el 5% jugará en primera división y menos del 1% llegará a ser un jugador de nivel internacional.

Esta realidad generó en las últimas décadas una problemática social que excede los ámbitos estrictamente del fútbol. Estas condicionantes derivaron en la visualización del fútbol como un elemento de “salvación económica”, cuando no una manera de trascender socialmente, dejando de lado el interés por la formación cultural, además de plantear permanentemente atípicas y contradictorias situaciones. Fabián Coito, integrante del grupo de entrenadores de selecciones nacionales y actualmente director técnico de la selección sub 20, luego de haber pasado por sub 15 y sub 17, es contundente cuando sostiene “cómo un padre hace para ponerle límites a un chico de diecisiete años, cuando éste es el que sostiene la casa, compra el auto o financia las vacaciones familiares”.

La reformulación de una cultura arraigada 

A partir del año 2006, el fútbol uruguayo se embarca en un proyecto de selecciones nacionales, inédito hasta entonces. Liderado por Óscar Tabárez, maestro de profesión y ex futbolista de escasa relevancia, comienza allí una etapa de reformulación del fútbol uruguayo en todos sus órdenes. “El fútbol no es lo más importante, pero es el medio para lograr cosas importantes”, reafirma el entrenador al ser consultado sobre el lugar que ocupa o debe ocupar este deporte en estos tiempos y países. Para el entrenador, el eje del proceso que viene llevando adelante está en el respeto como valor principal. “Cuando los chiquilines entran al proceso de selección a los trece años se les impone que tienen que saludar con quien se crucen, aunque no lo conozcan. Y agradecer, agradecer siempre: al utillero que le da la ropa, al mozo que le retira el plato…”. “Respetar y agradecer”, como pilares de una formación integral.

A estos criterios no está ajeno el seguimiento que se hace del rendimiento de los jugadores juveniles en los estudios curriculares. Como parte de este concepto general, y seguramente obedeciendo a su condición de docente, Tabárez impulsó la posibilidad de generar en el  Complejo Uruguay Celeste –lugar de entrenamiento y concentración de las selecciones nacionales– un espacio de lectura. La idea era que esto supusiera una alternativa más para el esparcimiento en las prolongadas jornadas de trabajo, donde también hay muchas horas de ocio. Para impulsar esta iniciativa, el entrenador se cruzó en el camino con la otra parte necesaria para la concreción del proyecto: Daniel Baldi, exfutbolista profesional con una exitosa carrera desarrollada en Uruguay y varios países de América y Europa. Hijo de madre maestra y padre bancario, sostiene que, contrariamente al común, sus padres lo prepararon para “fracasar” en el fútbol. Dicho a la inversa, lo prepararon para que tuviera herramientas si el éxito del fútbol era esquivo.

Iniciado en los juveniles del Club Atlético Peñarol, Baldi alternó el deporte con el placer por escribir desde adolescente. Siendo ya jugador profesional, edita en el año 2006 su primer libro La Botella F. C. (Editorial Fin de Siglo). Posteriormente continúa con la producción literaria, que le fue quitando espacio al fútbol, puesto que a los veintinueve años y con posibilidades de contratos en el exterior, Baldi, deja la práctica de este deporte y continúa con una intensa producción literaria. En junio de 2017 es llevado al cine Mi mundial, uno de los libros más exitosos y que muestra, según sus palabras, “una visión pesimista del fútbol”.

Es así que, durante un partido de entrenamiento entre el Club Atlético Cerro, equipo donde militaba Baldi, y el seleccionado nacional que se preparaba para el Mundial de Sudáfrica 2010, el entrenador se apersonó al jugador: “¿Cómo van los libros, Baldi?”, ese fue el primer contacto, recuerda el jugador, a lo que Tabárez continuó “está muy bien lo que está haciendo”. Tiempo después, el escritor recibe una llamada: “cuando me dijo que era Tabárez, no le creí, pensé que era una broma. Después no sabía cómo disculparme”. Rememora con un poco de rubor. Allí nace definitivamente la biblioteca de hoy, y lo que fue apenas un espacio de lectura en el origen.

“Inmediatamente nos pusimos a trabajar en eso”, recuerda Baldi, y continúa “Hablamos con la Editorial Santillana tratando de que nos apoyaran con una donación de libros, y enseguida encontramos respuesta”.

El primer impulso fueron un poco menos de un centenar de ejemplares, donde se trató que hubiera los menos posibles relacionados con el fútbol. Fue así que de común acuerdo con la editorial se nutrió el espacio de libros de la más diversas temáticas y autores, donde no se excluyeron los clásicos de la literatura universal, pero tampoco la temática del fútbol.

La sub 20 y la historia del tango en Uruguay

Para Viviana Echevarría, editora de Santillana Uruguay, Celeste “es una forma de trabajar para la promoción del libro y la lectura. Entendemos que es muy importante que los jugadores de fútbol lean y se interesen por su educación y formación. La biblioteca permite el acceso a los libros en sus momentos de descanso, además de funcionar con préstamo. A esto se suma todo el trabajo que hace el equipo de entrenadores que los rodea para estimularlos a leer e incentivarlos a seguir estudiando”.

Luego de instaurado el espacio de lectura, fue interesante, según recuerda Daniel Baldi, conocer cómo reaccionaron los deportistas, tanto los jugadores profesionales de élite como los cientos de juveniles que pasan por allí. El capitán de entonces y permanente referente del seleccionado nacional, Diego Lugano, recordó cómo fueron los primeros contactos de los deportistas con los libros. “Enseguida se generó al menos una curiosidad”, advierte Lugano. “Todos pasaban por allí y tomaban un libro. Algunos lo leían por arriba y lo dejaban. Otros se sentaban y leían un poco, y hubo otros que se lo llevaron para la habitación” .

Conforme el espacio es abierto a todas las categorías que trabajan en el Complejo, parece estar fuera de discusión que la llegada a los futbolistas juveniles es uno de los objetivos principales. Gustavo Ferreira es ayudante técnico de Fabián Coito en la selección sub 20 y convive largos períodos con los deportistas más jóvenes. “Las concentraciones para los futbolistas no suelen ser fáciles, y menos para los jóvenes. Generalmente, el tiempo que pasan allí lo transcurren jugando a los naipes, videojuegos o celulares”, y reafirma la importancia de incluir en la vida de los chicos el hábito de la lectura. “Si bien nosotros no lo exigimos, por supuesto que se lo sugerimos a los futbolistas y la mayoría de ellos accede a la lectura”. Ferreira reafirma el criterio en cuanto a la diversidad de obras con que cuenta la biblioteca: “hay de todo, pero ellos leen novelas, cuentos, libros de historia del fútbol y del Uruguay. La colección de los libros de Daniel Baldi son de los más elegidos por los jóvenes ya que están relacionados con historias de fútbol y los atrapa mucho”. “Pero los gustos no son los mismos para todos, es muy variado”, aclara Ferreira y recuerda que en un viaje de la delegación “uno de los futbolistas eligió un libro sobre la historia del tango en Uruguay”.

Luego de algo más de siete años de la puesta en marcha de esta iniciativa, “la evaluación es muy positiva. Los jóvenes no solo han leído los libros sino que también han disfrutado de las charlas de escritores que los han visitado y han realizado actividades vinculadas a la importancia de la lectura”, según Echevarría, editora de Editorial Santillana Uruguay. Por otra parte, recordó que la elección de los libros se hizo pensando en diferentes temáticas y géneros recomendados para jóvenes, seleccionando “una propuesta amplia y variada”.

Para la empresa editorial, la participación en este proyecto podría suponer un acto referido a la responsabilidad social porque se trata de una donación “pero creemos que es más certero decir que se enmarca en la actividad de promoción del libro y la lectura que hace la empresa en forma permanente desde que se instaló en Uruguay”.

La lectura de libros en tiempos de 280 caracteres

Cuenta Fabián Coito que Gustavo Ferreira, integrante del cuerpo técnico, “es quien se encarga de darles libros a los jugadores y les pedimos que después extraigan algo que les haya gustado y que lo comenten”. Además “en los espacios de viaje apuntamos al conocimiento del país que nos toca visitar. A recorrer, a hablar de ese país. En el Mundial de Emiratos Árabes 2013, el embajador uruguayo Nelson Chabénon nos dio una charla sobre el país, su cultura, por qué era una potencia en el mundo. Hacemos mucho hincapié en ese tipo de cosas, les damos un espacio muy grande. A la lectura también, porque es algo que se ha perdido: en las redes sociales, en pocos caracteres hay que transmitir un contenido. Entonces empieza a ser todo extracto y no le damos lugar a un libro que, lógicamente, requiere tiempo y calma para llegar al verdadero sentido, porque hay que transitar una introducción para después llegar al contenido”.

Horas de vida perdidas

Con apenas dieciséis años Daniel Baldi llegó desde Colonia, departamento al suroeste de Montevideo, para jugar en las divisiones menores del Club Atlético Peñarol. “Vivíamos en la casa que tiene Peñarol para los chicos que llegan del interior. Recuerdo que de todos los que vivíamos allí, solo tres íbamos al liceo. Entrenábamos de mañana y quedaba todo el día sin hacer nada. Algunos pasaban con el play. Para mí, era larguísimo el día y me atraía leer y ahí ya empecé a pensar en la necesidad de tener espacios para leer. Eran horas y horas perdidas de vida. Yo pensaba “¡Qué cuesta tener en una pared estantes con libro!” con el aburrimiento que teníamos todos, en algún momento íbamos a agarrar un libro”. Las experiencias vinculadas al ocio que padecen los futbolistas continuó a lo largo de su carrera. Tomándose la cabeza al tiempo que acomoda el pelo, Baldi gesticula para recordar en un mismo acto cuando “una vez nos tuvieron quince días concentrados en el Trocoli -estadio del Club Atlético Cerro ubicado cerca del límite de Montevideo-. Fue terrible, sin nada para hacer”.

Mi Mundial

Dentro una serie de acciones que se toman cada vez que adolescentes ingresan al proceso de selecciones nacionales y a las que refirió anteriormente Tabarez, está que a cada jugador se le propone leer el libro Mi Mundial. Según su propio autor, “es una historia pesimista que muestra un lado a veces trágico del fútbol, que no es el que más se ve, pero que es muy frecuente”. Este libro vendió más de 25.000 ejemplares, lo que supone para un mercado como el uruguayo una cifra récord. Premiado en diferentes partes, esta historia fue llevada al cine en junio de 2017.

Mi Mundial narra la historia de Fernando “Tito” Torres, un niño que vive en el barrio Los Nogales de Colonia del Sacramento, junto a sus padres y sus cuatro hermanos. A Tito no hay cosa que le guste más que jugar al fútbol. Se pasa todo el día detrás de su amada pelota. No solo adora jugar, también es un gran jugador, con grandes condiciones deportivas. Cierto día, un hombre con traje y un auto lujoso llega a su casa. En un abrir y cerrar de ojos, se encuentra jugando para el equipo de Peñarol de Montevideo. Empieza a tener éxito, pero también empieza a descuidar su vida personal y sus estudios. En el momento en que está en la cima y con promesas de ir a jugar al Milán de Italia, Tito sufre un accidente y se trunca su carrera. Tito vuelve a vivir en condiciones precarias y se encuentra que no está preparado para enfrentar la vida, puesto que toda la energía estuvieron siempre puesta en su carrera como futbolista.

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