La fórmula del amor eterno (en 21 minutos al año)

La propia transformación de las sociedades ha hecho que la estabilidad de las parejas esté sometida a nuevas y crecientes amenazas. Compatibilizar proyectos de familia y de realización profesional es una tarea indudablemente compleja, pero a través del estudio de las motivaciones que nos llevan a unirnos en pareja y de las causas por las que se rompen los lazos, la ciencia ya establece una fórmula para hacer perdurar el amor. Y basta con dedicarle 21 minutos al año. 

Cada vez tiene más mérito celebrar unas bodas de plata. Perdurar en una relación de pareja es cada vez más complicado, porque la relación en sí se ha ido complicando con el tiempo.

Eli Finkel es psicólogo en la NorthWestern University, en Illinois, y establece tres edades del matrimonio en la edad moderna: hasta 1850, cuando dos personas se casaban para satisfacer necesidades básicas de alimentación, hogar y reproducción. Una posterior, hasta 1965, en la que empezaron a importar los sentimientos y la gente ya solo se casaba si amaba a la persona con la que estaba dispuesto a compartir su vida, y la actual, en la que, además, también entran en juego las necesidades de realización personal y profesional de cada miembro de la pareja, con lo que todo se complica mucho más, cuando son incompatibles entre sí.

Desde el análisis de las motivaciones por las que las personas establecen relaciones duraderas y de las causas por las que se rompen, la psicología establece también fórmulas para evitar los fracasos y, sobre todo, las consecuencias que suelen acarrear en el ámbito de las emociones. “No tiene que ver solo con el concepto formal de matrimonio, sino con cualquier relación amorosa larga. Y lo que hago en concreto es investigar sobre nuevos procedimientos que pueden ayudar a sostener una relación de alta calidad durante más tiempo”, explica el propio Finkel.

Cambio de paradigma

Lo cierto es que en las sociedades modernas ya no es necesario tener pareja estable para contar con seguridad económica o con un techo bajo el que vivir. Ni siquiera para tener cubiertas las necesidades sexuales o atender el instinto paternal o maternal, algo que habría sido impensable hace solo unos decenios en la mayoría de lugares del mundo. Por ello, la primera pregunta que los psicólogos se hacen trata de identificar los verdaderos motivos por los que las personas deciden unirse entre sí para formar parejas. Los recursos y las habilidades con los que cuenta cada uno de los miembros, en relación con las metas que se establecen y con las frustraciones que la falta de coincidencia puede crear en la pareja, son también aspectos a analizar, pero ¿qué ocurre cuando las discusiones comienzan a abrir brechas cada vez más amplias, hasta que se convierten en insalvables? Finkel lo tiene claro:  “Nuestra misión es la de tratar de convencer a la gente de que dedicar solo 21 minutos al año a seguir un sencillo procedimiento puede ser probablemente la mejor inversión que hayan hecho nunca por su calidad de vida”.

Así de contundente. Solo 21 minutos al año para hacer perdurar el amor en la pareja. Esa es la fórmula mágica, desarrollada por la ciencia, y, por supuesto, tiene explicación: 21 minutos es lo que se debe tardar en pensar y en escribir las respuestas a tres preguntas sobre la última gran pelea que ha tenido la pareja. Siete minutos por pregunta, una vez al año.

La última gran pelea

Lo que plantean los psicólogos es que cada miembro de la pareja, por separado, trate de recordar todos los detalles posibles de esa discusión que creó una atmósfera de tristeza y frustración, seguramente durante varios días. A partir de ese momento, piensan y escriben las respuestas a las tres cuestiones durante siete minutos por respuesta (y de ahí los 21 minutos).

La primera de las cuestiones sería “¿Cómo describiría esa pelea un observador neutral que quiere lo mejor para los dos?”; la segunda, “¿Qué obstáculos has encontrado para adoptar esa posición neutral?”; y la última de ellas, “¿Qué has hecho para superar esos obstáculos?”.

Como consecuencia directa e inmediata de la reflexión, apoyada por la sensación de liberación que normalmente produce la expresión de los sentimientos sobre el papel, quienes hacen el ejercicio adquieren una visión cómica de la pelea y de sí mismos, e inmediatamente se detiene el deterioro de la pareja. Se inicia en ese momento un proceso por el que se vuelven menos agresivos en las peleas, se enfadan menos y desarrollan una mayor capacidad para ponerse en el lugar del otro.

Aprender a discutir 

Lo dice una fórmula psicológica: reflexión y empatía durante 21 minutos cada año es igual a amor para toda la vida. Y para llegar a esa conclusión, y al sencillo ejercicio en el que se traduce la fórmula, ha sido necesario contar con varias premisas: la primera de ellas es la de que la satisfacción con  la pareja cae indefectiblemente con el tiempo, y la de que cuando alguien se preocupa por su relación es porque ya está deteriorada en mayor o menor medida. También subrayan los especialistas que no se trata de evitar que se produzcan discusiones, porque forman parte de la convivencia, sino de transformarlas en “buenas discusiones”, en la medida en la que contribuyan a construir aspectos positivos mediante el aprendizaje, y no a destruir la relación en sí misma.

Aprender a discutir correctamente, tratando de ponerse en el lugar del otro, es lo que mantiene a las parejas unidas, es la meta que persiguen los consejos que provienen del ámbito de la psicología, en conclusión.

Óscar Gómez
Óscar Gómez

Periodista y socio fundador de Qwerty Radio.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>