La energía de la Tierra

A pesar de ser una de las formas de energía más limpia, más segura, accesible y barata, la geotermia no termina de ocupar el puesto que merece entre las renovables. Solo en territorios como Islandia, en el que las manifestaciones del calor de la tierra son más que evidentes a simple vista, la energía geotérmica es una opción extendida, tanto en el ámbito doméstico como en el industrial. 

El calor que alberga la tierra en los diez primeros kilómetros bajo la superficie de la Península Ibérica podría generar más de 700 gigavatios de electricidad, lo que supondría multiplicar por cinco la potencia instalada actualmente a través de otros sistemas para la producción eléctrica. Y resulta, además, que la provincia de Sevilla es una de las zonas de España que alberga más calor en sus entrañas (por cierto, también en su superficie, aunque no tenga nada que ver).

El cálculo del potencial geotérmico peninsular se lo debemos a un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid, que con el objetivo de impulsar el desarrollo de este tipo de explotaciones en el mix energético español, tomaron como base las temperaturas que se dan en profundidades de entre tres y diez kilómetros, y que llega a superar los 150 grados centígrados.

En todo el planeta ya existe más de medio millar de estaciones de producción de electricidad que aprovechan la energía geotérmica mediante un complejo sistema que consiste en estimular las rocas con fluidos, aprovechando el calentamiento de los mismos al contacto a grandes profundidades. Y de esas 500 instalaciones ni una sola está en España, a pesar de que el territorio cuenta con excepcionales características que harían de la energía geotérmica una interesante alternativa a los sistemas que se utilizan actualmente, incluyendo combustibles fósiles, centrales nucleares e incluso instalaciones para la producción de otras energías renovables.

El principio que hace posible la obtención de energía geotérmica se basa en que la temperatura aumenta 30 grados cada kilómetro que se desciende bajo la superficie, gracias a un proceso generado por el flujo de calor del interior de la Tierra y la desintegración de los elementos radiactivos en la corteza.

Riesgo sísmico

Uno de los procesos que persigue la generación de electricidad a partir de la energía geotérmica a escala industrial consiste en la inyección de agua fría a través de rocas que son previamente fracturadas para mejorar su permeabilidad, y en ello radica el principal inconveniente que ha frenado el desarrollo de la actividad en buena parte de Europa por temor a la inducción de seísmos. Los defensores de la energía geotérmica aducen que el riesgo no es mayor que en los procesos empleados por la industria petrolera o gasística. Sin embargo, casos como el de las pruebas que se han venido realizando en el entorno de la ciudad suiza de Basilea y que produjeron temblores de tierra que alarmaron a la población, motivando la paralización de la fase de experimentación que debía haber derivado en la instalación de una importante planta geotérmica, han frenado el desarrollo de la geotermia como fuente energética en el corto plazo.

De hecho, de este tipo de instalaciones, que recuperan a altas temperaturas el agua previamente inyectada en la roca fracturada, ubicada a más de cinco mil metros de profundidad, solo existe una en el mundo conectada a la red eléctrica: la de Soultz-sous-Forêts, en Francia. El resto, no ha pasado de ser meros experimentos, salvo en aquellas zonas del planeta que presentan anomalías térmicas por las que la temperatura es mucho más elevada a apenas unos metros de la superficie.

En condiciones normales, sin esas anomalías mencionadas, es la ubicación de la masa de rocas magmáticas y metamórficas —a la que en geología se conoce como “zócalo”— y de granito la que determina la temperatura que se da en el interior de la tierra. Y es por ello por lo que Andalucía cuenta con uno de los mayores potenciales geotérmicos de la Península Ibérica.

Soluciones a pequeña escala

Tal y como ocurre con el resto de energías limpias, como la solar o la eólica, al margen de las grandes instalaciones industriales también existen soluciones a escala doméstica, destinadas principalmente a la producción de calor en viviendas unifamiliares.Es la denominada “Geotermia de baja temperatura”, que requiere de la realización de pozos a profundidades de entre 50 y 200 metros, y la instalación de circuitos cerrados de tuberías por las que circula un fluido con especiales condiciones de intercambio de calor. Se trata de sistemas que permiten obtener el calor del subsuelo para calentar las propias viviendas, y que durante el verano permiten invertir el proceso, cediendo el calor de la propia casa al interior de la tierra.

También se aplican este tipo de instalaciones en estructuras de mayor tamaño, sin estar orientadas a la producción industrial. Es el caso del Mercat de Sant Antoni, en Barcelona, que tras diez años de obras de rehabilitación se estrenaba con una novedosa incorporación de intercambiadores geotérmicos incrustados en los muros pantalla de la cimentación, constituyendo la mayor obra de cimentación termoactiva realizada en España.

El principio en el que se basan las instalaciones geotérmicas de ámbito doméstico es el de que la temperatura bajo la superficie se mantiene constante durante todo el año, y con independencia de las condiciones meteorológicas que se den en el exterior.  Por ello, contar con un sistema que mantenga esa homogeneidad de temperatura en la casa debería ser aparentemente tan sencillo como conectar terreno y subsuelo.

La energía geotérmica a escala privada y unifamiliar es, por tanto, segura, ya que no se dan los problemas sísmicos que sí concurren a mayor dimensión; limpia y ecológica, y sin que cuente con problemas técnicos, ya que el flujo energético se mantiene permanentemente y la instalación simplemente cuenta con unas bombas que regulan el flujo de los fluidos que permiten el intercambio de temperatura. Y también es una energía barata, una vez amortizada la inversión inicial, que puede llegar a superar los 30.000 euros para la casa de una familia.

Sea como fuere, esta nueva práctica de puesta en comunicación de las necesidades del hombre con la naturaleza, nacida de las distintas crisis energéticas que se dieron a lo largo del siglo XX, está llamada a protagonizar grandes episodios de la evolución sostenible del planeta.

Óscar Gómez
Óscar Gómez

Periodista y socio fundador de Qwerty Radio.

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