La dictadura de la bondad

En Il Visconte dimezzato de Italo Calvino, a modo de cuento, el filósofo da vida a este vizconde italiano divido en dos partes, una buena y una malvada. En este divertido relato la parte malvada del vizconde, en su azarosa aventura por hacer el mal, ve frustradas por el destino todas sus malas intenciones y acaba por ser la bendición de aquellos que iban en principio a ser sus víctimas. Asimismo, la mitad bondadosa del vizconde, en su aventura de hacer el bien a su paso, aplicando sus buenas intenciones, termina siendo la mano hacedora del funesto destino de aquellas personas a las que brinda su ayuda. Con un lenguaje de cuento, fluido, irónico y fácil, Italo despliega su visión sobre lo incompleto que es el hombre sin ambas partes y, en definitiva, sobre el peligro de la falta de equilibrio en el alma y en el intelecto de ambas fuerzas contradictorias. De esta manera, Italo Calvino nos hace pensar con esta imagen de un hombre dividido en dos (incluso físicamente) sobre la incompletezza o falta de realización del hombre sin ambas partes y nos advierte sobre la frágil línea que separa las ideas de bien y mal, y cómo trasciende esta dualidad en el devenir existencial humano.

El equilibrio entre fuerzas es necesario para mantener la horizontalidad de la balanza. Saber discernir la bondad de la maldad es imprescindible e Italo Calvino nos recuerda que no siempre es tarea fácil, que las apariencias engañan, y que el equilibrio añorado no siempre es fácil de conseguir. En este mundo rápido y superestimulado en que vivimos, disfrutamos de la inmediatez de las cosas y no siempre del tiempo suficiente para analizarlas. Esta realidad intelectual, por una lado nos da armas para alimentar nuestro pensamiento crítico, fundamental para forjarnos una idea justa de cualquier asunto, y por otro lado, nos las quita.

Nuestro país vive momentos extremadamente turbulentos que no son siempre analizados con el rigor necesario. Hemos sido espectadores de la difícil escena que supone la aplicación de la fuerza. No siempre es fácil contemplar cómo se aplican las medidas restrictivas, y puede conducirnos de manos de la parte benévola de nuestra naturaleza, la parte “buena” de nuestro vizconde Calviniano personal, a alimentar una peligrosa empatía emotiva por los que son objeto de dicha aplicación de la fuerza hasta el punto de no ver más allá que el acto de fuerza y no aquello que lo provoca.

Temperar el exceso de bondad puede evitar la dictadura de la bondad. La permisividad absoluta solo conduce al libre albedrío y al más peligroso de los caprichos. Permite que tu hijo tome caramelos a diario para hacerlo feliz y para no enfrentarte a él -y no negarle sus caprichos-, y lo único que obtendrás es que tenga la boca destrozada en unos años y que haya adoptado hábitos incorrectos y malsanos para sí mismo. Los que inmediatamente es bueno, agradable o fácil, resulta una solución para el instante, pero no siempre la mejor base para fundamentar unos cimientos vitales para el hombre.

Tengan un poco de malicia, no se dejen engañar por la dictadura de la bondad, respiren y cuenten hasta diez, veinte o treinta, piensen un poco con todos los datos de que disponen, y luego lleguen a una conclusión. Alimenten su pensamiento crítico, con las imágenes de uno y con las del contrario, pues en los asuntos importantes se impone la frialdad y el análisis. No hagan como cuando van al cine a pasar el rato y la maestría retorcida de algún director cinematográfico hace que empaticemos con el bribón y no con la víctima. En definitiva, unan a los dos vizcondes que llevan dentro.

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