La creatividad de las catacumbas

Ha sacado Gonzalo García-Pelayo el telescopio del tiempo. Ha abierto agujeros en la Alameda y en la calle Feria hasta llegar a los años setenta y abrir un escaparate de cine con vistas a la ciudad, tan apache, tierna y cruel entonces que parecía estar a punto de algo al final de una dictadura en marcha. Aquella Sevilla castiza como un botellero de Anís del Mono pero radicalmente creativa en sus catacumbas está en su último trabajo, Todo es de color

Cartel de películaPorque aquel solar sin cicatrizar hecho de misas de diario, beaterías y vinilos llegados de la base de Morón es el del nuevo trabajo de García-Pelayo, quien ha querido filmar un homenaje (y un retrato subjetivo también) a la banda de rock Triana. Esta propuesta cinematográfica –la tercera con su firma en apenas tres años, tras Alegrías de Cádiz y Niñas– enlaza además con otra de sus facetas creativas, la de productor musical e impulsor del rock andaluz.

Que nadie espere en Todo es de color una película al uso. No lo puede ser si él está detrás de las cámaras y su hermano Javier, mánager del grupo, es el autor del guión y principal protagonista. No es una película de ficción, obviamente. Tampoco una recopilación de imágenes y testimonios sobre la centelleante aparición de la banda en el panorama musical de los setenta. Entonces, ¿qué es exactamente? Pues, en palabras del propio Gonzalo García-Pelayo, “un ensayo poético”.

En una suerte de road-movie emocional, la película arranca en el cementerio de la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón, junto a las tumbas de los dos miembros fallecidos de Triana, el cantante Jesús de la Rosa y el percusionista Juan José Palacios Tele. A partir de aquí, Javier García-Pelayo lidera a un grupo de moteros que viaja a Los Caños de Meca para asistir a un concierto tributo a la banda sevillana a cargo de los grupos Zaguán y Aljibe.

De un lado a otro, Gonzalo García-Pelayo recorre (con más o menos fortuna) los grandes éxitos de Triana y algunos de los asuntos de aquella época de motivaciones libertarias y lisérgicas, tales como la rebeldía, la creatividad, el sentido de la existencia o la búsqueda del amor, encarnada en la travesía interior que emprende la actriz protagonista, Natalia Rodríguez. “Todo es de color resume el espíritu de Triana”, ha señalado el único superviviente del grupo, Eduardo Rodríguez Rodway. Ese espíritu que convocaba la vida al grito de “rock and roll y flamencura”. Qué tiempos.

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