La batalla por el oro azul

Yumna es una niña zimbabuense de seis años. Concretamente de la provincia de Masvingo, al sureste del país colindando con Mozambique. Vive con su madre, tan solo nueve años mayor que ella. Su padre murió hace dos a causa de una grave enfermedad.

La cría tiene unos ojos redondos y grandes con una hermosa pupila negra. La nariz es una tinaja de barro. Tiene una piel de color negro azabache propio de su región que hace que resalten sus globos oculares. Está sana, pero sus labios agrietados y amoratados afean su preciosa cara. Desde ayer no prueba un trago de agua. Su madre tiene problemas de descalcificación en las piernas y el pozo más cercano está a ocho kilómetros de la pequeña aldea. Hoy serán sus minúsculas y tiernas piernecitas las que tengan que ir a por agua y soportar el peso de dos cubos de tres litros cada uno.

Lo hace con una enorme sonrisa. Es como una excursión y no la hace sola, sino con otras vecinas de la aldea que van en busca de lo mismo. Sabe que será parte de su rutina a partir de ahora y no le pesa. El agua es un lujo en su país y en otros muchos colindantes y ella lo tiene a tiro de piedra. Es una afortunada aunque ni siquiera se dé cuenta.

La misma fortuna que pasa desapercibida para Hugo, un chico parisino de cinco años. Hoy es el cumpleaños de Sebastian, su padre, que cumple cuarenta años. Es un día importante y se respira en su casa. Mucho ajetreo, peleas por entrar en el baño, mezcla de perfumes. Su padre se ha puesto la chaqueta de cuadros y una corbata de seda; la madre se coloca encima toda la bisutería que tiene en el primer cajón de la cómoda. El hijo mayor de siete y Hugo son como una matrioska del padre.

Pasan treinta minutos del mediodía y salen de casa los cinco, van con la au pair que ayuda a la madre con los chiquillos. Han reservado en Epicure, un restaurante de lo que ahora se llama alta cocina francesa. Situado en la rue du Faubourg Saint-Honoré, una paralela de los Campos Elíseos, es uno de los mejores restaurantes de toda Francia. Son acomodados en un salón enorme al calor de una chimenea de mármol. El camarero trae dos cartas. Una para Hugo y su hermano y otra para los padres. La que sostienen con una mano cada uno de los niños es la carta de aguas. Mamá les dice que escojan la que tenga el nombre que más les guste. Al lado de las descripciones de las aguas viene una imagen de las botellas y los dos hermanos reconocen una: VOSS. Tienen una botella de esas en casa.

Yumna y Hugo no existen. Son pura ficción. Pero sus historias no lo son. De hecho, en el planeta hay mitad y mitad de cada uno de los dos.

El boom del agua embotellada de lujo

Los primeros años del siglo XXI fueron claves para la difusión de la idea de que el agua embotellada era infinitamente mejor que la de grifo. Algunas noticias sobre intoxicaciones muy residuales, unido al auge económico que vivíamos y a la sospechosa teoría de que lo sobrevalorado es francamente mejor, provocaron un enorme boom de aguas embotelladas al que casi todos los países desarrollados hicieron la ola.

Empezaron a aparecer en restaurantes de postín las curiosas cartas de aguas, los supermercados gourmet comenzaron a llenar vitrinas con botellas de diseño, incluso aparecieron catadores de agua que meneaban las copas buscando la oxigenación del H2O e interpretando el sabor de un líquido, a priori, insípido.

En algunas de dichas botellas de luxury water pueden leerse descripciones como: “El agua se recoge en 400 metros cuadrados de tejados especialmente diseñados a través de unos canales de acero inoxidable y luego se almacena en unos tanques, pasando por unos filtros y es esterilizada con rayos ultravioletas. Los análisis efectuados señalan que este agua es 400 veces más pura de lo que los estándares mundiales recomiendan. Cada botella contiene 9.750 gotas de agua”.

Toda esta pomposa descripción no viene sino a adelantarnos el precio de esta agua. Teniendo en cuenta que el precio de una botella de agua mineral común se sitúa en torno a unas mil veces más cara que la que sale cuando abrimos un grifo, el precio de este tipo de artículos de lujo es, en comparación, grotesco. 

Según algunos especialistas en potabilización de aguas, las técnicas de filtrado que utilizan estas empresas no son más que la osmosis invertida, es decir, hacer pasar el agua por una membrana para eliminar los contaminantes que pueda tener. Algo que hacen todas las aguas necesariamente para ser potables.

La guerra del agua

Este es el nombre popular que recibieron las protestas en Bolivia, concretamente en Cochabamba, tras la privatización del suministro de agua a esta ciudad, apoyado por el Banco Mundial. Sin embargo, puede hacerse extensible a la actual situación mundial en torno a la expansión del negocio del agua.

Ese auge del negocio del agua embotellada está generando un oligopolio de grandes empresas como Coca Cola, PepsiCo, Nestlé, Danone, etc… por conseguir alcanzar cada vez un mayor control del agua del mundo. Actualmente el negocio del agua supone unos 600.000 millones de dólares según un informe publicado por RobecoSAM. Concretamente, en Europa los alemanes consumen 10.300 litros, Francia 8.500 litros y nuestro país unos 5.500, pero quieren que incremente mucho más.

Un informe filtrado por Wikileaks, elaborado por la más importante empresa de nutrición del mundo, Nestlé, asegura que en 2050 la situación será catastrófica. También defiende la escalofriante tesis de que si todos los habitantes del planeta utilizaran el agua de la misma manera que el mundo occidental, el “oro azul” se habría agotado en el año 2000. Lejos de poner remedio, las grandes empresas alimentarias mundiales están haciendo lo posible por controlar los mayores recursos hídricos, impulsando la creciente privatización de acuíferos. Es decir, que si no fuera porque alrededor de 700 millones de habitantes pasan sed, en el primer mundo tendríamos escasez. La pescadilla que se muerde la cola.

El control del agua es poder y el autodenominado Estado Islámico ya se ha dado cuenta hasta el punto de intentar tomar el control de ríos y presas de países como Siria e Irak. El presidente del Consejo Árabe del Agua, Mahmud Abú Zeid, ha afirmado que “es evidente que los yihadistas están intentando hacerse con el control de los recursos acuíferos árabes”. En ese control en Siria e Irak, son las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates los que están siendo controlados por el E. I., lo que supone en la práctica una capacidad de control extraordinaria

Hay batallas que no se desarrollan con armas. Guerras silenciosas. Conflictos que se debaten en despachos de grandes empresas. Este es el panorama del oro azul en el planeta. Un oro que da vida, pero que también la quita.

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