José Luis Ortiz Nuevo

Nos encontramos media hora más tarde de la hora taurina en el barrio de la Macarena. “Este sol me hace comer más tarde y retrasarme”. Le pregunto sobre su semana santa y me responde muy preocupado por el estado policial que ha observado y por el calado que éste ha detectado en el pueblo. De ahí saltamos al origen de la saeta flamenca y procuro reconducir la conversación para preguntarle directamente sobre su biografía. No le entusiasma y se recuesta en el respaldo de la silla de madera del bar Plata. Prefiere hablar de amor, concretamente del que siente por la fiesta y por el flamenco.

¿Cómo era el José Luis niño? 

Era un niño con ciertos problemas. Me daba por pensar. Yo sufrí más de lo debido por aprensiones, por miedos. El primer infarto me dio con catorce o quince años (no fue propiamente un infarto pero sufrí todas las dolencias propias). Ese infarto me hizo perder el interés por las matemáticas y comencé a interesarme por las humanidades. Recuerdo la sensación remota, amarga y desoladora. Hay una anécdota que me marcó durante mucho tiempo y es que consideraba que había hecho la comunión en pecado mortal. Robé un lápiz a un amigo. Eso me produjo mucha desazón y el supuesto día más feliz de mi vida fue terrorífico. Pensé que iba a ser una maldición para siempre.

¿Era un chico con inquietudes? 

Fundamos un periódico en el colegio que se llamaba Inquietud y en el que empecé a escribir. En él hablábamos de cuestiones que nos preocupaban como por ejemplo de por qué los ricos depositaban dinero en los bancos y no apostaban por invertir en los campos andaluces, por qué los funcionarios trabajaban tan poco…

¿Cómo llega a Madrid para estudiar Ciencias Políticas?

No tenía real interés en estudiar eso. Llego a Madrid siendo falangista, jefe de centuria de la OJE. Nos vestíamos con camisa azul. Allí descubrí la libertad, el miedo, la represión y también el conocimiento.

¿Cuál fue su primer acercamiento con el flamenco?

En Madrid en el verano/otoño del sesenta y ocho. Tenía mucha relación con el colegio mayor San Juan Evangelista y allí conocí a Andrés Raya, que daba un curso sobre flamenco. Ahí me engancho. Poco después me llamó para presentar un recital de Morente. Concretamente fue el día que murió Pastora Pavón. Fue un flechazo que aún continúa.

En Madrid estaba el flamenco.

Ya había estado desde mucho antes. En Madrid había tablaos muy importantes como Torres Bermeja, donde inició su carrera pública Camarón; estaba el histórico Zambra donde cantaba Morente… Tocaba la guitarra Perico el de Lunarijo y cantaba también Pepe el culata. Luego estaba Caracol con los canasteros. En fin que yo no quería salir de allí nunca. En Madrid vivía Pepe el de la matrona, el Pericón de Cádiz, Bernardo el de los lobitos. Madrid era muy flamenca.

¿Ha hecho más Madrid por universalizar el flamenco que Andalucía?

De momento sí. El ciclo cambia cuando la Bienal de Sevilla toma vuelo. Muchos artistas deciden instalarse a vivir por aquí como Poveda o Arcángel. Además las grandes grabaciones de estudio se han hecho en Madrid, la de Pavón, la de Caracol… Sevilla tiene una labor residual al igual que el resto de Andalucía hasta la Bienal.

Camarón sigue siendo el buque insignia del flamenco?

El buque insignia del flamenco es el flamenco en sí mismo. Para mí Camarón no ha sido un transformador sino que ha tenido una virtud compartida con su etnia. Hay una regla en el flamenco que dice que los compositores son gachós y los gitanos son reproductores. Con Camarón se cumple de manera brillante. El reproductor reproduce de manera única, pero la música que él canta no es suya. No es Morente. Cualquier cosa que cantaba Camarón la elevaba a una dimensión maravillosa. Realmente creo que en cuanto a la renovación musical y de técnica, él será siempre un intérprete colosal. Hay dos gitanos, sin embargo, que rompen con esa regla que te comentaba antes y son Enrique en mellizo y el guitarrista Ramón Montoya que son maravillosos compositores. El flamenco no es un árbol que se ramifica, sino es un enorme campo del que surgen muchas plantas que pueden entrelazarse o no. La base del flamenco no es la pena ni la alegría, es la vida misma. En la vida hay dos fiestas: una es la fiesta nacional con la seguiriya, el tres por cuatro, la sevillana, la bulería y por otro lado el compás del tango que es la negritud, las caderas y el pecado.

Cuba.

[Canturrea] Tú no eres ná, tu no eres ná, no eres ni chicha ni limoná. Es el primer estribillo del canto de negros que luego se canta aquí en los teatros de Sevilla y de Cádiz. Lo que se llamó el tango americano.

¿Falta creatividad en el flamenco? 

Muchísima. Está ensimismado en el pasado. Es penoso. Tiene una capacidad enorme de manifestarse. Si el flamenco no tuviera un poco de música, razón estética, belleza, estremecimiento… Hay una gacetilla de un periódico de mil ochocientos y pico que dice “¿qué tendrá esto del flamenco que tanto gusta a los extranjeros?”.

En el Estatuto de autonomía viene a decir que el flamenco es competencia de la Junta de Andalucía. Eso es una barbaridad. Si llegásemos a un extremo en el que se perdiera, pero… Además eso a cambio de qué, de que le den la Llave de Oro del Cante a Camarón porque la pide el presidente de la Diputación de Cádiz y otra vez a Fosforito porque lo pide el de Málaga. La manipulación por parte de la política hacia el flamenco es bochornosa e inaceptable.

¿Cómo de necesaria es la fiesta?

Existen de otra forma. Si la fiesta muere el flamenco también, igual que la Semana Santa. A parte de la belleza y la calidad, lo que a esto autenticidad es la fiesta y el que no haya una preocupación por agradar o no, sino por disfrutar. Ahí está la clave.

La fiesta es una vía de escape, ¿no? 

Es una vía de vida. Cuando Morente descubre a Miguel Hernández, que era un analfabeto en ese momento, descubre que el poeta no escribe sobre vulgaridades sino que tiene otro sentido. Lo más trascendente es que Morente consideró que a los poemas de Hernández consideró que tenía que ponerle otra música. Enrique decide dar un paso más allá.

¿Esa es la línea que el flamenco debe tomar?

Mi teoría es que el flamenco no se ha deshecho de la matemática del baile. Lo que se ha hecho es ralentizar el cante para que se pueda bailar. Mientras el cante no sea capaz de mandar los tempos a la mierda y de inventarse solo estaremos copiando el siglo XIX. Lo más fuerte que ha habido es Omega de Morente.

¿Israel Galván? 

Israel me parece valiosísimo. La categoría se establece con el cante. El problema está en que no se ha modificado la estructura desde el siglo XIX. De las últimas cosas que he visto, lo más valioso fue en la Bienal anterior el concierto de Dani de Morón con muchos artistas como Arcángel, El Méndez… No solo fue una exhibición de un guitarrista sino que fue la forma de demostrar que la guitarra no está supeditada al cante ni al baile. Se demostró que los tres vectores pueden estar a la misma altura.

¿Puede haber cobardía?

Somos una comunidad autónoma que tiende a autodestruirse en muchos sentidos.

¿Cuál es el principal defecto del flamenco?

La vulnerabilidad de lo natural. El flamenco duelo aunque sea el dolor de alegría o de placer. Ese dolor está porque es auténtico. A partir de ahí si el que sea es capaz de hacer un poema sinfónico, ese es el arte.

¿Sevilla ha sido muy cruel con usted? 

La ciudad es maravillosa y malvada a la vez. Y onanista. Amo Sevilla. Yo le debo todo. Puede haberme pecado algún que otro coscorrón pero nada más. Sevilla es uno de los pocos lugares del mundo donde merece la pena vivir para disfrutar de la vida en comunidad. Hay son y ritmo en la gente de la calle.

¿Ha sido un escrito maldito?

No soy quién para decirlo aunque es cierto que muchas de mis obras han pasado desapercibidas. Me veo como Demófilo.

¿Está dolido?

Lo estuve. Ahora soy feliz. Estoy en un momento creativo bastante notable y es producto de la generosidad y no del odio ni de la amargura. Tuve una etapa que me enseñó que mientras que tengas algún sentimiento de pesadumbre no vas a ningún lado. Ahora golpe que recibo, sonrisa con la que respondo.

¿Cuáles son sus próximos proyectos? 

Me gustaría este año hacer un libro que trate sobre la Bienal, no con resquemor, sino explicando cómo me gustaría que fuera en un futuro y algunos detalles de lo que pudo haber sido ésta que al final no será. Por otro lado tengo pendiente la segunda parte del libro de saetas desde finales del siglo XIX hasta final del año treinta y seis. Por supuesto antes debo terminar el libro con Enrique Morente que se va a llamar Con la raíz del querer. Por otro lado estoy con la biblioteca flamenca en Archidona que me da mucho trabajo e ilusiones.

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