Jorge Cadaval

Se presenta sin más aditivos que una camisa blanca, símbolo de la persona por descubrir tras la amalgama de sus personajes. Sorprende su hablar pausado y susurrante, como si no fuera propio de un cuerpo de atleta mormón enamorado de la ornitología y con la pasión del vuelo cabalgándole en sueños desde niño. Serio en las respuestas, administra con medida algunas gotas de humor durante la charla. Reivindica la justicia, la sinceridad -aunque duela-, saberse reír de uno mismo y la naturalidad en todo. Resuelto a subir al Everest con los pies en El Tardón. Su filosofía vital es tan transparente como los atardeceres sanluqueños de su infancia: no hace falta tanto para ser feliz. No entrevistamos a uno de Los Morancos, sino a Jorge Cadaval.

Familia numerosa y barrio humilde, ¿cómo marcó su infancia? 

Lo que ha marcado mi infancia es la familia tan estupenda que me ha tocado. No he pasado fatigas en la vida, hemos vivido en El Tardón, pero mi padre se ha preocupado de que tuviéramos tres meses de veraneo, de pagarnos muy buenos colegios, de hecho yo estudié en Los Maristas. No me puedo quejar, creo que soy lo que soy a causa de mi infancia, de lo bien que he vivido y de lo feliz que hemos sido en mi casa.

¿Cuántos personajes ha sacado de esa infancia en El Tardón?

No creas que me han influido mucho. En mi barrio me he criado con gente muy cariñosa, pero no hay un reflejo exacto de ningún personaje. Eso sí, en casa de mi abuela el jamón estaba en una carrucha porque con mi padre eran dieciséis hermanos…

¿Cómo llevaba eso de que su padre trabajara con artistas?

Mi padre fue representante de Antonio Machín, apoderado de Rafael Peralta, mozo de espadas de Carlos Arruza… siempre ha estado vinculado al mundo taurino y de la farándula. Lo asumíamos como algo natural. Muchas compañías venían al teatro San Fernando de Sevilla y pasaban por mi casa: mi padre le decía a mi madre “Mari, esta gente viene un poquito agobiada, a ver si le podemos hacer…”, y mi madre hacía comida para toda la compañía.

¿Estaba mal visto eso que algunos llamaban peyorativamente el artisteo?

Jamás se ha hablado de esta manera en mi casa. La gente que lo hace así es gente que habla así sin conocer, y aún conociendo hay que ser prudente a la hora de decir las cosas; mi padre y mi madre nos lo han enseñado. He visto mucha tolerancia en mi casa, con todo, porque he visto de todo, y nunca ha habido comentarios ni mis padres se han metido en nada. Mis padres se conocieron en el teatro, mi tía tenía el ambigú del Teatro Romea en Barcelona y allí se conocieron. Yo he visto muchas cosas en casa, pero de muy buen rollo.

¿Cómo nace su vocación artística? 

Mi madre nos ha enseñado a amar la música, ella cantaba con una voz afinadísima. Cantaba el Ave María de Schubert, y encima lo hacía bien. Mi padre cantaba también y mi abuela. En mi casa siempre ha habido mucha pasión por la música. A mi madre le gustaba el piano una barbaridad y los instrumentos, mis hermanos saben tocar la guitarra, el piano; yo por pereza no lo he aprendido, y encima mis sobrinos han continuado con ello. Nos gusta la música y el flamenco; somos muy jartibles del flamenco. Yo era un enamorado de los musicales de Broadway, me encantaba desde pequeño un actor cómico, Danny Kaye. Nos ha gustado el cine, a mi abuela le apasionaba y nos llevaba. Y de todo eso creo que nacen estas ganas de faranduleo.

¿Y cómo llega al humor?

Un día un amigo me dice “Jorge, tu hermano está actuando en Panecitos, un pub de la calle Calatrava”. Él había hecho en fiestas sus cositas: se presentó en la Hermandad de Los Javieres como El Rubichi de Triana para cantar flamenco y luego hizo una parodia con su amigo Curro, con quien empezó en Los Morancos, y gustó más la parodia que el cante. Llego al humor de casualidad en el 79, en Panecitos. Hice una apuesta con Domingo, uno de los dueños: yo entraba a interrumpir a mi hermano de imprevisto por quinientas pesetas. Entré, funcionó y me dijo “Si vienes todos los días a hacer esto, te doy quinientas”. Y empezamos así mi hermano César, Curro Rus Medina y yo.

¿El humor es una cosa muy seria?

(Risas) Te lo tienes que tomar en serio porque es una profesión en la que nadie te toma en serio. En nuestra familia hay mucho sentido del humor y nos gusta reírnos de todo, de cualquier situación hacemos guasa. Mi padre y mi madre decían que hay que saber reírse. Y para saber reírte hay que saber reírse de uno mismo, si no, no hay sentido del humor que valga.

¿Cuál es la frontera entre el humor y el mal gusto?

Yo nunca atacaría ni haría nada que pudiera herir a cualquier persona con maldad. Jamás he hecho parodia con el fin de hacerle daño a alguien, nunca.

¿De todo se puede hacer humor?

Menos de las fatigas de la gente. Yo no haría humor del hambre de nadie. Hay cosas que no se pueden tocar, pero hasta de la muerte se puede hacer humor. En los entierros de mi padre, mi madre y de mis dos hermanos siempre ha habido guasa: “Mira, esta cara no la tenía Carlos”, y enseñábamos la foto para comparar; o “Qué frío está” (risas).

¿Sevilla es una ciudad con sentido del humor?

A mi hermano César le digo que hasta la Semana Santa tiene una parodia preciosa: un paso de palio, un San Juan y una Virgen comentando desde arriba la vida de esa cofradía andando por la calle, viendo los balcones, la gente, lo que pasa alrededor… Ahí hay una parodia maravillosa, pero no la hacemos porque aquí creo que la gente no lo entendería y le tengo un poquito de respeto. Y eso que somos de Sevilla, porque si eres de Sevilla vale, uno de Madrid o Barcelona hace una cosa de estas y lo machacan. Tener sentido del humor es lo más importante en la vida, y saber reírte de ti mismo.

¿Se puede improvisar en el humor?

Claro. Mi hermano César es un tío que tiene una capacidad de improvisación que he visto en poca gente. Yo estoy en el escenario y se me ocurren mil cosas distintas. Ahora estamos en Madrid haciendo Antónimos y es una obra muy graciosa porque vamos incorporando cosas. A mí eso es lo que me gusta.

En el flamenco lo llaman duende, ¿también en el humor?

Hoy hay muchos monologuistas, maravillosos, que se aprenden un guion estupendo pero (chasquea dedos)… el duende, el hacer así e irte por lo cerros de Úbeda y saber llegar otra vez a Cartagena, no lo veo hoy como antes. El duende escasea hoy en día.

¿Sus maestros en el humor?

Muchos. Coluche era un personaje francés que me encantaba; Totò, un humorista napolitano maravilloso. En España, Tony Leblanc, fantástico; Gila, al que le conté que al empezar la gente nos tiraba chinitas y me decía “En México había un tiroteo y yo sorteaba las balas” (risas).

¿Existe el humor sevillano o del sur?

A la gente le gusta clasificar. A nosotros nos clasifican mucho, pero no voy a entrar en eso…

Le noto molesto con esas “clasificaciones”. 

Cuando nos atacan, y dicen que hacemos un humor pasado, yo digo que hay que estar ahí, subirse a un escenario y llevar cuarenta años y seguir llenando un teatro de mil cien personas diariamente. Tú criticas que mi humor no te gusta, perfecto, yo no le quiero gustar a todo el mundo, sería horroroso, tiene que haber diversidad de opinión, pero llegar a esa crítica para ser mejor que tú o decir “Mira qué guay soy”, eso no. Me parece estupendo, pero debes demostrarlo en el camino y para nosotros no ha sido fácil. Ahí estamos, y el que quiera ahí nos tiene.

¿El secreto para mantenerse?

Ahí estamos, ni mejor ni peor, sé hacer lo que sé hacer. Nunca he dicho que sea buen imitador, pero sé que lo que hago y dónde me muevo me gusta, y no voy a engañar a nadie: somos lo que somos y punto, no busques más, puedes decir a mí me gusta o no me gusta esto, perfecto, pero de ahí a pasar al desprecio… Hacemos un humor de la calle, de lo que hemos mamado en nuestro barrio y de age; de Despeñaperros para arriba, el ángel…  Me gusta decir el age, soy muy andaluz en ese sentido, en la forma de expresarnos y sentir, y lo pasionales que somos para todo, hasta para meternos en una bañera.

¿La banalidad reina en la sociedad? 

Hay muchos problemas muy grandes en el mundo: las guerras, el hambre, una patera donde se meten veinte personas pagando un dinero sin saber si van a llegar, eso sí me parece fuerte. … y no que la reina Letizia se ponga de espaldas delante de Sofía o que nos preocupemos porque no haya un máster, me parecen cosas tan banales… Y todo el mundo se da golpes de pecho. ¿Y no es igual una bomba cuando es aquí, allí o en el otro lado? Parece que aquí duele más, pero son las mismas personas con diferente color, ¿eh?

¿Se sobreactúa la pena?

En seis años se me han muerto dos hermanos y mi madre, pero he aprendido en mi casa que la culpa no la tienes tú de lo que me pasa a mí; no te tengo por qué transmitirte mi pena, ni trabajarme mi pena contigo. Puedo estar ahí bailando por bulerías y sintiéndome morir. A la gente le gusta trabajarse mucho la pena (pone cara de tristeza sobreactuada); es tu pena, te entiendo, pero es una cosa tuya. Yo no te voy a dar pena.

Antonia, su personaje, ¿es una reivindicación de la dignidad de lo ordinario?

No, Antonia es una persona que no tiene complejos, que dice las cosas como las siente. Es un personaje tan potente, yo soy fan de la Antonia. Además tengo un cincuenta por ciento de Antonia: a mí me gusta la exquisitez, pero me encanta cuando dice esto no me gusta, pues no me gusta. Es que nos llevamos muchas veces dándole vueltas a una cosa para decir al final que no. Eso se aprende con la edad, a partir de los cincuenta aprendes a decir que no a muchas cosas.

 

¿Ya sabe decir no?

Después de vivir el alzhéimer de mi madre, que no es una enfermedad sino la putada más grande que le puede pasar a una persona, ir perdiendo la memoria… Con la enfermedad me encantó que estaba desinhibida: alguien le hablaba así “Hija, ¿cómo estás?” (imita la manera atiplada y ridícula de hablar a los niños) y mi madre decía “¿Qué eres gilipollas o qué te pasa?”. Me parecía maravilloso la lección tan buena que me estaba dando por culpa de esta puta enfermedad.

¿Cómo ha vivido la evolución de la sociedad con respecto a la homosexualidad?

Yo creo que no hay cambio, si no habláramos de la homosexualidad estaríamos fuera de esta historia. La naturalidad está en no hablar porque yo a ti no te pregunto por tu heterosexualidad. Tu sexualidad es tuya, igual que tu pena. Es que no debería haber habido ese proceso. Yo soy homosexual desde que nací, jamás me he ocultado de mi homosexualidad, no, qué coño, yo soy Jorge, para lo bueno y para lo malo, y si me tienes que querer, me quieres, y si no es que no me quieres.

Pero no es tan sencillo, ¿no?.

Lo que tú llamas natural era para mí lo natural. Cuando me decían “No, es que esto”, bueno eso es para ti, para mí no. A mis amigos les decía “Jamás te he preguntado nada, ¿por qué me cuestionas tú a mí?”. La naturalidad está en no preguntar. Que ha habido un proceso y ahora parace que somos más guays… pero las cosas son como son, no tengo por qué entrar en determinadas cosas. Ni quiero hablar de eso porque es tu vida, es tu historia, tu privacidad. Como es tuya, yo ahí tengo la puerta cerrada; no, es que no hay ni llave para entrar.

¿Qué opina del Orgullo Gay?

No está mal, igual que hay un día de la Hispanidad por qué no puede haberlo del Orgullo Gay. Celebrar las cosas es bueno en todos los sentidos. En todos los estratos sociales hay exotismo, que cada uno exponga lo que siente. Yo siento de una forma y no voy a reprimirte tu forma de sentir, pero creo que el respeto está por encima de todo. Tú puedes ponerte ahí con un tanga dando botes y tener todo el respeto del mundo. Otra cosa es la moralidad con la que tú veas las cosas. Estamos en un país católico, me he criado en un colegio católico y, bueno, hay muchas cosas que nos han metido a base de machaque durante muchos años, pero en este país hay otro tipo de familias.

Lo diferente se suele rechazar…

Hay madres solteras que crían a sus hijos maravillosamente, hay padre y padres, madres y madres… Tu hijo se va a criar igual teniendo un padre con un padre que una madre con una madre, que un padre con una madre, seguro. Si le das el cariño, la educación y el respeto, se va criar igual; lo malo es lo que tú piensas de papá y papá y se lo estás diciendo a tu hijo en casa “Mira esos dos son…”; son padres y no tengo que hablar de ellos. Otra cosa es que nuestras ideas sean distintas y lleguemos a un punto en el que no haya confrontación.

¿El chismorreo hace daño?

A la hora de criar a tus hijos en casa vean esto con toda la naturalidad del mundo. Y si un hombre y un hombre se besan es porque se quieren. Parto de la base de una familia de hombre y mujer, yo jamás he cuestionado a mis padres por ello. Tengo una tía soltera que se ha criado con su hija soltera y jamás he necesitado un tío en mi tía ni mi prima ha necesitado a su padre. Creo que es más definitorio lo que hay de puertas para adentro en cada familia que de puertas para afuera. Yo he pasado por la calle y he oído el típico comentario del padre al hijo “Mira, ese es maricón”, como si fuera ganado herrado. Muchas veces cuando me dicen (baja el tono) “Oye, tú sabes que esa es lesbiana y está liada con…”, yo le respondo “Ah, y tú sabes que ese es heterosexual (susurrando)”.

Vayamos a una de sus pasiones. Viajar. 

Me encanta. Es my higiénico, y es bueno aunque sea a Chipiona. A todo el mundo le viene bien viajar. Yo soy un sevillano atípico porque no soy fan de ninguna Hermandad pero me gusta la Semana Santa, aunque no soy nada pro Iglesia, porque no me identifico. Es que Sevilla es mucha Sevilla, puf, para tocar Sevilla tienes… Si no eres lo que la gente quiere, no eres socio de una caseta, no vas al Rocío… hay muchos sevillanos que no hacemos eso y somos igual de sevillanos.

¿Qué le ha enseñado viajar?

Que en todas partes la gente hace lo mismo, intentar vivir, sea donde sea. En países verdaderamente pobres no te digo que la gente sea ni más ni menos feliz, pero es feliz porque se han criado en lo que tienen. Y que el mayor tesoro que tiene la humanidad es la voluntad; teniendo voluntad, eres capaz de llegar al Everest y no marearte porque vas con tus ganas de hacer.

¿Usted ha llegado al Everest?

Me gusta sentarme en mi casa, ver lo que tengo y compartirlo con la gente que me gusta. No hay que me haga más feliz. Valoro mucho lo que tengo, lo que soy y poder darle a mi familia y generar buen ambiente a mi alrededor.

¿Eso es el éxito?

La vida al final es más fácil y simple, la complicamos una barbaridad. Yo conozco bien América, y allí todo es tener un buen coche, una buena casa, una buena tele y vivir bien… pero ¿qué es vivir bien? Yo vivía en un piso de cincuenta metros cuadrados y mi padre luchaba para darnos de todo, trabajaba de botones en el banco, luego de director de cartera, y por la tarde representante. Mi padre llegaba a las tres, se echaba una siesta de diez minutos y se iba hasta las ocho de la tarde; jamás lo vi decirme que estaba cansado, ni un mal gesto, no nos ha puesto la mano encima. Siempre nos ha enseñado a estar en el sitio y a no alzar la voz, siempre hemos hablado muy bajito en casa, pero los Cadaval tenemos fama de poner la tele muy alta (risas). “La tele ponla alta -decía mi padre- así se creen que hay gente”, y yo le decía “Pero ¿qué te van a robar?”. “Es por el destrozo”, contestaba (más risas). Para mí, eso era vivir bien…

¿Es creyente?

Si te digo la verdad, no. Nunca he sido una persona religiosa. He sido religioso por que mis padres, que no han sido religiosos extremos, se sintieran… He intentado hacer feliz a los demás y, si crees que tengo que rezar un padrenuestro contigo, lo rezo, pero el hecho de que haya una cosa mejor y que tengo que labrarme aquí la parcelita en el cielo… no.

¿A qué tiene miedo?

Al dolor físico, porque cuando me duele una muela me cago en su puta madre. Cuando he visto a mi hermano Diego padecer del cáncer, lo que pretendíamos siempre es que no sufriera. A mi madre le vi el proceso completo de deterioro, y si hay un dios tan justo para todo, creo que es injusto en este momento, y lleva siendo injusto mucho tiempo. Siempre comparo a dios con mi padre y con mi madre: cuando estaba con un resfriado, que me tocara mi madre me ponía mejor que una aspirina, me bajaba hasta la fiebre, porque me sentía mejor. Y si este dios, sea el de cualquier religión, que dicen que es tan bueno, lo es, debería estar un poco más con todos los que están aquí, que muchos estamos fuera de cobertura.

¿Qué le rebela?

Hay muchas cosas que me sacan de mis casillas. Sobre todo, los golpes de pecho que nos damos, creyendo que somos mejores, cuando la gente no lo está pasando bien. No te tienes que ir a África, hay gente aquí que no ha puesto la calefacción en todo el invierno. Soy un suertudo, llego a mi casa y tengo el lujo de poner la calefacción y gastar el agua que me da la gana, pero hay gente con la edad de nuestros padres que cobran una pensión de mierda y tienen a hijos sin trabajar y los están manteniendo…

¿Cómo se define ideológicamente? 

No me defino. Estoy un poco de la política… es el arte de engañar al pueblo. Tengo mis ideas pero… Me gusta que la gente sea justa, que vea los problemas, que salga a la calle. Nuestros políticos deben ver más de cerca los problemas, mamarlos un poquito.

¿Qué significa en su vida Ken?

Es la persona que quiero, con quien comparto mi vida, a quien le cuento todas mis historias, buenas y malas. La que cuando estoy bajo con una mirada o una apretón de manos, o simplemente el hecho de estar a mi lado, me reconforta, al que no le exijo nada… Estoy muy a gusto con Ken, ahora hago trece años de casado y diecisiete de relación. Pero no es por los años, porque parece que tienes que decir que llevas todos estos años, es porque me siento bien. Nos hemos dicho que en el momento en que no nos demos lo que cada uno necesita del otro, nos lo digamos y no estemos aguantando por aguantar ni por pena.

¿Sinceridad aunque cause dolor?

Estás con una persona a la que amas, estás encantado, le hueles la mierda y te huele a gloria. Cuando pasan los años, coges manía a esa persona con la que has vivido momentos maravillosos y, en lugar de ser leal y poner las cosas claras, sigues adelante. Prefiero que seas leal aunque duela y se sufra, pero no entiendo a la gente que engaña, no lo entiendo. Es algo que no puedo soportar. Soy pasional para lo bueno y lo malo, con mis cinco sentidos.

¿Se ha planteado la paternidad?

No. Un niño me parece una cosa tan bestial… He visto a mis hermanos con sus hijos, las fatigas con ellos, como todos los padres. Tener un hijo es facilísimo, lo importante es saber educarlo y que vea en ti los valores que puedes enseñarle, que se sienta orgulloso de su padre.

¿Teme cumplir años?

Nunca pensé que iba a llegar a los treinta, cuando tenía quince me parecía tremendo. Cuando llegué a los cincuenta ya solo cumplo enta y empiezas a ver que todo es lo mismo: eres tú pero con enta. No tengo miedo a cumplir años, lo que no quiero es ser un estorbo para nadie. Me gustaría ser un tío abuelo mirando a mis sobrinos y sobrinos nietos y disfrutarlos teniendo posibilidades de hacerlo.

Cierre los ojos y dígame qué olores vienen a su memoria.

La flor del paraíso, que crece en la avenida Juan Díaz de Solís en El Tardón, porque cuando florecía, denotaba que era abril, la Feria, que yo no soy feriante, pero me encantaba. El olor de las bodegas de Sanlúcar de Barrameda de mi niñez, aunque soy abstemio total. La dama de noche con mi gente, mi casa en los veranos. El olor de la ropa limpia…

¿Proyectos?

Ahora estoy liado para entrar en la Universidad, me gustaría hacer dietista o fisioterapia. Con mi hermano estoy en el proceso de una película que va a sorprender. Y estamos preparando el cuarenta aniversario de Los Morancos en 2019.

Un deseo. 

Que nos llevemos mejor.

Comentarios
  1. Qué persona tan noble, sincera,creativa,comprometida y buena! La entrevista se lee del tirón.Un placer!
    Suerte,Jorge! Somos muchos los que nos reímos contigo, te queremos y te respetamos.Un abrazo

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