Jesús de la Rosa

El ciprés del olvido proyecta su sombra sobre el número 143 de la sevillana calle Feria. En una ciudad tan dada a dedicar recordatorios a hechos de dudosa importancia, resulta obsceno que nada recuerde que en esa casa vivió un niño tímido que cambiaría la historia de la música sureña. Allí nació Jesús de la Rosa Luque (5/3/1948) y, como otro vecino de esa calle, Juan Belmonte, pasó a la posteridad vinculado a Triana, nombre que desde entonces, además de al barrio, se refiere al irrepetible grupo de rock andaluz.

En el patio… rock

El menor de ocho hermanos de una familia trabajadora, trabaja desde muy joven de platero y mecánico, aunque dedica el tiempo libre a cantar. En ocasiones sustituye a su hermano Manuel en la Orquesta Macarena.

En su incipiente universo musical conviven el flamenco y el rock en un diálogo armónico a través del cual ve la posibilidad de expresar su mundo interior. Con esta intuición musical recala en Nuevos Tiempos, banda influida por el rock que llega a través de las bases americanas de Morón y Rota. En el grupo coincide con Manolo Rosa, Rafael Marinelli -luego formarían Alameda- y Gualberto. Graban un solo disco en Barcelona.

Un encuentro

Jesús es vocalista, aunque comienza a tocar los teclados. Marcha a Madrid para hacer la mili y allí se presenta a una audición para Los Bravos. Es rechazado por un defecto, que luego sería su seña de identidad: el deje flamenco en su forma de cantar.

Del rechazo a un encuentro crucial en Madrid: conoce a Eduardo Rodríguez Rodway, ex componente de Los Payos. Ambos coinciden en Tabaca, embrión de Triana. Rodríguez Rodway lo tuvo claro desde el primer momento: “Apareció por mi casa un día. Cuando abrí la puerta sentí que estaba ante un tipo genial, me di cuenta de su iluminación como artista”. Tabaca se descompone, y Jesús y Eduardo deciden hacer algo juntos en Sevilla. De vuelta, se les unen Juan José Palacios Tele y Manuel Molina para formar Triana. Molina no acaba de encajar y monta un dúo con Lole Montoya que conmocionaría el flamenco. Antes de dejar Triana, Manuel compone junto a Tele Todo es de color, incluido en el primer álbum de la banda.

Gonzalo García Pelayo ficha a Triana para grabar en Madrid su primer single con la casa Gong. Aquella grabación supone una epifanía para los propios integrantes del grupo: “Nos dimos cuenta de que estábamos abriendo un nuevo camino musical, alejándonos de tópicos y dejando que la música creciera sobre la maravillosa voz de Jesús”, recuerda Rodríguez.

Tras la sombra, luz confirmada

Llega su primer elepé, El patio (1975), un disco mítico, que materializó un nuevo movimiento musical, el rock andaluz. Dos años después editan Hijos del agobio, que permitió al grupo tocar por todo el país. Mientras viajaban, escuchaban a Hendrix, Lole y Manuel, Ray Charles, Paco de Lucía, Eric Burdon, Pink Floyd y Camarón. Este último, según Rodríguez, “influyó mucho en los comienzos de Jesús y le convenció de que se podía cantar en español”. Jesús de la Rosa

Sombra y luz (1979) es su tercer trabajo, con el que empiezan a sonar en las radios nacionales. Sus canciones adquieren un gran peso lírico, cercano a lo onírico, y un virtuosismo instrumental que entronca su música con el mejor rock progresivo de la época. Triana sitúa a Sevilla en el mapa musical de la Transición.

El sonido Triana se hace inconfundible. Jesús lo veía como algo natural: “No hemos descubierto ni creado nada, la música es la misma, pero identificada con su entorno. Hacemos música callejera, es un arte popular”. “A Triana es difícil sonar. Pero es importante que salgan grupos con ese concepto para crear un bloque fuerte de música andaluza”. Y renegaba de las etiquetas: “No tenemos fronteras ni físicas, ni mentales, ni ideológicas”.

Tras la sombra, luz confirmada

Jesús se muda a Villaviciosa de Odón. Discos de oro y platino y el mítico concierto del Parque de Atracciones de Madrid (30/9/79) con más de 35.000 espectadores. Ese día Jesús pareció zafarse del halo melancólico que lo envolvía, rebosaba satisfacción porque aquel concierto multitudinario consagraba su manera de entender la música desde adolescente y su arriesgada apuesta por abrir un nuevo camino sonoro desde el Sur.

Sin embargo, los dos siguientes elepés suponen una deslealtad con los principios musicales del grupo. “Hemos cumplido un ciclo, ahora intentaremos refrescarnos a nosotros mismos”, justificaba De la Rosa ante la incomprensión de sus seguidores. Más comerciales, conniventes con el pop, las canciones se alejan de aquel sonido sorpresivo y magnético de la primera época.

En pleno éxito comercial, Jesús intuye que algo está fallando. Quizá esa sensación de haberse defraudado hace que titule su último disco Llegó el día (1983) como un compromiso de vuelta a las raíces de Triana. Las letras se tornan misteriosas, casi premonitorias, impresión magnificada por la muerte de Jesús meses más tarde.

Llegó el día… sin avisar

Nadie se olía que aquellos conciertos fueran los postreros. Tras la gira por Cataluña, llegan a San Sebastián el 12 de octubre para tocar en un festival a beneficio de los afectados por la riada en el País Vasco. El grupo decide viajar por separado hasta Villaviciosa de Odón una vez finalice el concierto.

“Después de tocar nos tomamos algo con la gente de la Orquesta Mondragón. Jesús se fue pronto al hotel, quería salir temprano porque quería ver a su hija Jimena, recién nacida. A la mañana siguiente, se marchó en su coche con Javier Osma. Eduardo cogió el suyo con el manager y yo (habla Manglis, guitarrista) me fui en el de Tele. Jesús tuvo el accidente sobre las seis de la tarde, y cuando pasamos por el lugar dos horas más tarde ya no había rastro de nada. Nos enteramos al llegar a Villaviciosa de Odón. Su mujer Janet nos dijo que Jesús estaba en el hospital de Burgos. Sobre las cuatro de la mañana nos dieron la mala noticia”.

Un mal sueño

Entró por su propio pie en el hospital. Falleció en el quirófano a causa de las heridas; se cortó la tráquea por el impacto de los teclados que transportaba en la parte trasera de su automóvil tras colisionar con una furgoneta. Jesús de la Rosa fue enterrado días después en el cementerio de Villaviciosa de Odón. Años más tarde, Tele sería sepultado a su lado.

Al igual que Machado, sus huesos siguen reposando lejos de la luminosa tierra que los engendró. “Jesús, El Grande… sus restos deberían estar en Sevilla. No tiene sentido que esté allí, ni siquiera su mujer vive ya en España, se marchó a Argentina”, lamenta Rodríguez Rodway.

Hijos del legado

Hizo pocas entrevistas, su legado es su música y la influencia en artistas posteriores. “Estaba creando algo nuevo sin saberlo, era genial”, asegura Rodríguez. Para Miguel Ríos, “Jesús tenía un talento increíble para entender la vida; fue el fundamento de lo que hoy se llama rock-fusión”.

Su voz sonó por última vez en Anoeta cantando Abre la puerta. Era un maldito vaticinio. Con la muerte del siempre tímido niño de la calle Feria se abría de par en par la puerta de la leyenda para Jesús de la Rosa.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>