Jasper Morrison – El lujo de ser normal

En 1988 Ettore Sottsass decidió disolver el grupo Memphis y dar carta de defunción a la postmodernidad. Su puesto lo ocupó el minimalismo, una nueva tendencia que dominaría la década de los noventa y que supuso un retorno a la seriedad y a la racionalidad en la forma y en el lenguaje visual. En el diseño minimalista la estructura se reduce a los mínimos elementos necesarios para crear objetos y espacios en los que “todo forma parte de todo”. Less is More, el lema que Mies Van Der Rohe había acuñado a principios del siglo XX, alcanzó su madurez a finales de los sesenta de la mano del filósofo británico Richard Wollheim, que utilizó por primera vez el término mínimal para referirse a objetos y obras con un contenido intelectual muy alto y un contenido formal bajo.

“No quiero que el sacacorchos se parezca al reloj, ni que el teléfono se confunda con la lámpara. Diseñar no debería ser nada especial, es un trabajo tan normal como ser policía o cualquier otro oficio”. Son palabras de Jasper Morrison, el mayor combatiente contra la vacuidad y la inutilidad que produjo el mundo del diseño a finales del siglo XX. A este creador británico le horrorizan el glamour, llamar la atención y seguir los dictados de la moda. Es el gurú de la sencillez, defensor de una filosofía en la que todo aquello que no suma, resta. “Los objetos de líneas simples y claras ayudan a construir una atmósfera más agradable. Si son complicados y con ellos se provoca un embrollo visual, el resultado no es confortable. Hay algo instintivo en la naturaleza humana, que nos hace crear los objetos del modo más sencillo que sea posible. Es más inteligente y sofisticado hacer las cosas simples que hacerlas complicadas”. Jasper Morrison - Rado

Morrison, uno de los diseñadores más influyentes del mundo, posee una estética elegante, un trazo tranquilo y una seca ironía británica, que le sirven igual para moldear una cubertería que un sofá, un reloj de pulsera o un tranvía. Nació en 1959, en Londres, hijo de un publicista y de una ayudante de chef, “gente sencilla, con una casa que también era sencilla (tenía un suelo de madera, ventanas algo pequeñas y un estilo muy inglés), que me enseñó que malgastar era un crimen”. Conoció el diseño gracias a su tío, Terence Conran, fundador de las tiendas Habitat. Fue él quien le descubrió, a finales de los setenta, los muebles de Eileen Grey. “Cuando vi sus diseños tuve una sensación extraña, porque comprendí perfectamente que aquello era lo correcto, lo que yo quería transmitir. Era como leer un libro en lengua extranjera y entenderlo todo”.

Estudió en la Real Escuela de Arte de Londres, y abrió su propio estudio en Londres en 1986, desde el que sentó las bases de la Nueva Simplicidad, una tendencia que defendía una interpretación más humilde y a la vez más seria del diseño. “El concepto de lujo está creado para personas a las que les gusta sentirse superiores a los demás”, decía, “y eso me horroriza. Yo me decanto por el diseño democrático y la producción masiva. El lujo, hoy día, consiste en ser normal”.

Sus objetos están ligados de alguna manera a sus recuerdos. En este sentido, en su memoria ocupa un lugar prominente el estudio de su abuelo. “Trabajaba para una firma danesa y vivía en una casa tradicional inglesa, pero tenía un saloncito muy sobrio y luminoso. Fue la primera habitación en la que me sentí fantásticamente bien: con mucha luz natural, suelos de madera, muebles modernos y simples. Una atmósfera nueva para mí, muy diferente a la que se respiraba en las casas inglesas, que eran frías, grises, con cortinas y moquetas gruesas…”. Fiel a esa idea, y para tener constancia del efecto que un mueble o un objeto provoca en un interior cuando se sienta a diseñar una pieza nueva, siempre la coloca mentalmente en el estudio de su abuelo para comprobar si funciona.

Junto con el diseñador japonés Naoto Fukusawa escribió el Tratado de lo Súper Normal (Super Normal. Sensations of the Ordinary. 2007, Lars Müller Publishers), un concepto que utiliza para referirse a esos objetos cotidianos que se han vuelto invisibles, pero que debido a su buen resultado permanecen en el tiempo. Lo “súper normal” es lo mejor que puede ofrecer la vida: objetos poco vistosos pero muy útiles. Es la antiriqueza, lo opuesto a las modas. Lo “súper normal” es más un objetivo que un adjetivo. Lo persiguen los diseñadores que están preocupados por que sus trabajos no se conviertan en productos de temporada. Lo poseen el clip o el palillo, piezas que no llaman la atención pero que echamos en falta cuando no están. “El diseño debe ser evolución. Si un objeto no supera al que existía anteriormente para hacer lo mismo, no tiene sentido”.Jasper Morrison

Para Morrison, un diseño extraordinario es aquel que resulta equilibrado, manejable y fácil de identificar. En cierta manera, se trata de “aquellos objetos hacia los que uno siente cierta familiaridad”. Trabaja siempre con tipologías, partiendo de lo que existe para obtener algo ligeramente diferente, quizás un poco mejor. Una manera de pensar para la que el pasado tiene más importancia que el futuro. Tipologías que trabajan la continuidad y que confirman la percepción de que no estamos aislados, de que nos podemos apoyar en siglos de existencia; de que podemos mirar atrás y aprender de todo lo que se ha hecho con anterioridad, comprobando que las mejoras llegan casi siempre en pasos muy

pequeños. No existen las grandes revoluciones; el futuro es algo que nunca se convierte en realidad.

Esas ideas, plasmadas en más de seiscientos productos, han convertido a Morrison en uno de los pesos pesados de la industria durante los últimos treinta años. Productos en los que tiene tanta importancia la funcionalidad como la estética, que abarcan desde mobiliario a consumibles electrónicos, y en los que se han utilizado todo tipo de materiales. El enfoque de Morrison es siempre el mismo: reducir las cosas a su esencia, sin comprometer su forma. Y como ejemplos perfectos ahí están el reloj Rado R 5.5, el zapato Country Trainer para Camper, la silla Thinking Man ́s de Capellini, las mesas Cork de Vitra o las luminarias Glo- ball, Smithfield y Superloon para la firma Flos. Jasper Morrison - Chair

Preguntado por los horizontes hacia los que se mueve el diseño actual, él confiesa que no lo sabe. “No soy muy bueno prediciendo el futuro. Lo único que puedo decir es que vamos a ver muchas cosas y la gran mayoría de ellas serán una mierda. Creo que eso es bastante previsible.”

 

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