Ilustradores: redescubriendo el universo

Han hecho falta varios siglos para que nos demos cuenta del fascinante discurso que implica el arte de la ilustración. Siempre hemos dibujado el mundo porque hemos querido capturarlo para comprenderlo, y desde la primera pintura rupestre hasta la más reciente digitalización hay un poso de humanidad interrogante en cada trazo.

Abel IppolitoNo han dejado de insistir los académicos en el valor consustancial a las imágenes, sobre si logran una representación de la condición humana igual o superior a lo escrito. Finalmente ha cundido la idea de que construimos conocimiento usando imágenes y que estas tienen valor más allá de la mera representatividad o de la narración secuenciada. Es decir, que nuestras ideas presuntamente “textuales” revolotean por nuestro cerebro cargadas de iconicidad.

En ese visual thinking participa internet, que a la larga se ha constituido en patria de las imágenes. Lo hipertextual dio sostén a lo no textual allí, a lo gráfico, para reconstruir nuestro universo de realidades y emociones. No solo la imagen fotográfica, también la imagen dibujada como demuestran Pinterest, Instagram o Flickr. De hecho, es más fácil hacer viral o convertir en meme lo gráfico, y han sido precisamente los grafismos menos realistas los que han generado más agitación en los últimos tiempos. Ahí están los trollface, las viñetas de Mahoma o de Charlie Hebdo para demostrarlo. ¿Al cerrar esta revista se recuerda mejor la viñeta de Lombilla o las fotos de los reportajes?

Alejandro Rojas - SevillaEl boom de la ilustración de libros y publicitaria declarada hace tres años fue en parte resultado de este cambio de paradigma, que dio lugar a gran variedad de corrientes y de estéticas. Según algunos, ese boom surgió por la necesidad de compactar mensajes que circulasen con efectividad por la efímera telaraña que vive en nuestras pantallas. Según otros, por el deseo de los jóvenes creadores de contar historias, no ya solo para neolectores, también para un público cultivado. Por supuesto hay quienes opinan que el boom es un bluf y que el gran público no conoce la figura del ilustrador ni, por supuesto, su valor como traductor de realidades mediante signos dibujados.

Jose Luis Agreda - Imagenes CurativasEn Sevilla se está viviendo el boom desde hace unos años, como lo demuestra la actividad de la asociación de ilustradores Garabattagge, fundada en 2012 y que organizan exposiciones, charlas y talleres para informar a otros profesionales y a los ciudadanos del valor de su trabajo. También LAB Sevilla, con Alejandro Rojas a la cabeza, está participando de esta hiperactividad de ilustradores desde el comienzo de aquel mismo año, colaborando en los GarabatoFest y organizando los Sevilla Design Walk. De igual modo, la calidad aflora en las exposiciones y talleres que organiza La Galería Roja, fundada en diciembre de 2012 por Lola Zehínos y David Rodríguez. ¿Es genérica esta proliferación o tiene que ver el “color especial” de Sevilla? José Luis Ágreda, vasco de niño pero sevillano en toda su vida como dibujante (en El País, Santillana, Pearson, Espasa, Timun Mas y otros clientes), considera que resultan más determinantes factores como el entorno creativo, las referencias artísticas o “el propio hueco de mercado en el que uno va introduciéndose sin planificación”. Otro freelance sevillano, Abel Ippólito, que ha trabajado con empresas como Ogilvy, Bassat, Shackleton, Contrapunto o DDB, considera tan importante la luz del Sur como las indicaciones del director artístico de la empresa para la que trabajas. O sea: un profesional debe anteponer la eficacia y la prontitud a la espectacularidad gráfica. Los integrantes de La Galería Roja opinan igualmente pero sí que admiten que lo andaluz “se refleja en cierto espíritu creativo identificativo” aunque, según Rojas, se viene diluyendo en las nuevas generaciones.

Cadiz ilustradoEl mercado en el que se mueven estos dibujantes es frágil, eso sí, porque el citado boom ha tenido lugar al mismo tiempo que un crack de la industria editorial en general y de la prensa en particular, si bien internet ha venido en ayuda de estos profesionales. Las redes sociales son un inmenso muestrario del talento que pulula por el mundo (“cortaría las manos a algún ilustrador por exceso de talento”, bromea Ippólito) porque al mismo tiempo que difunden masivamente la obra de cualquiera pueden poner en contacto a profesionales con clientes antes inalcanzables y con un público más selectivo. Sobre este público objetivo se pronuncia Ágreda al asegurar que “recibe algo distinto que lo que hay en las redes sociales, y lo va a consumir de un modo totalmente distinto a la voracidad instantánea y sin reposo de internet”. En La Galería Roja piensan también que las redes son un respaldo para todos, para los que “no aportan tanto un discurso sino más bien una pose estudiada y volátil, [pero] lo cierto es que solo los mejores van a perdurar”. Con esto está de acuerdo Alejandro Rojas, que además advierte que la proliferación del narcisismo al que internet nos empuja puede llegar a banalizar la profesión. La red no debería apartarnos del factor principal: la profesionalidad.

Los autores son conscientes de la valía de la ilustración como producto de calidad apetecible para todo tipo de consumidor, que además se ha desembarazado de la cuestión de género, por fin. Nazaret Escobedo, de Garabattagge, tiene muy claro que “las ilustradoras pueden tocar tantos palos como los ilustradores. El trabajo que se realiza es cuestión de sensibilidades, no de género”. Una opinión con la que están de acuerdo todos los dibujantes y colectivos a los que hemos acudido para este reportaje. Sexo y origen del autor son irrelevantes según Escobedo también. Aunque la diferencia sigue estando ahí y Zehínos y Rodríguez reconocen que la realidad social termina trasladándose al campo profesional. Según el reciente estudio organizado por la APIM titulado Encuesta Nacional de Ilustración (http://apimadrid.net/ud-esta-aqui-resultados/), entre los ilustradores españoles hay más mujeres que hombres, pero ellas facturan un 40% menos que ellos. La eterna canción.

Alejandro RojasAsí son los ilustradores de hoy: jóvenes, duchos en nuevas tecnologías, sin temor a probar otros mercados (Europa y EE. UU. son los principales para nuestros dibujantes) y quejosos de los bajos salarios, la desprotección y la desatención por parte de las administraciones. Escobedo también demanda una rebaja en los impuestos sobre los productos culturales, otra eterna canción. Rojas, por su parte, demanda más acciones divulgativas, mayor fomento en las escuelas y una federación de ilustradores en Andalucía, que hace mucha falta. En los GarabatoFest, que actualmente organizan desde Garabattagge, se quiere seguir reivindicando el valor de la educación visual, esa capacidad del dibujo para evocar tantos productos diferentes como podamos pensar, no solamente con afán comercial, también promocional de otros valores sociales, interculturales o patrimoniales, como los que presiden la exposición Cádiz ilustrado, montada junto con el colectivo gaditano Tinta Naranja y que puede verse hasta el 19 de junio en la Casa de Iberoamérica. En mayo organizan además Kirakira Japan, unas jornadas centradas en la ilustración japonesa. Por su parte, LAB y La Galería Roja han puesto en marcha recientemente el portal de formación www.blurone.es y en pocos meses impartirán cursos sobre packaging, tipografía y diseño de identidad.

En el caleidoscópico siglo XXI es más necesario que nunca atender a las propuestas de los dibujantes porque ellos son nuestro nexo con una realidad “desdibujada” por el día a día. ¡Queda prohibido dejar de mirar!

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