Howard Jackson

De su vida se sacarían varias docenas de vidas para muchos de nosotros. Cada episodio de su existencia daría para escribir un guion. Si no fuera por lo terrible que es, su historia podría contarse como la apasionante aventura de un niño liberiano de clase media que se convirtió en fugitivo, recorrió medio África, sintió su muerte en varias ocasiones, conoció la vileza y la bondad humanas en toda su radicalidad, y finalmente llegó sin saber cómo a Sevilla. Con un semáforo, decenas de disfraces, paquetes de pañuelos de papel y una alegría inquebrantable levantó en esurbe un imperio, el de su libertad. Este apátrida, que estudia Derecho para ser algún día juez, es un tratado de resiliencia, un búnker donde siempre late la esperanza, un tapaboca a nuestra endeble y quejumbrosa sociedad, que hace que enrojezcamos de vergüenza cuando nos muestra lo fácil que es ser feliz. Se llama Howard Jackson, un personaje imprescindible ya en el paisaje urbano de la ciudad.  

[El español de Howard no es del todo bueno. Hemos optado por corregir los errores gramaticales y sintácticos orales a la hora de transcribir sus respuestas para una mejor comprensión]  

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Quién es Howard Jackson? 

Ahora es un hombre, pero ayer fue un chico, nacido en Jamaica, que se instaló con sus padres en Liberia, de donde era mi padre. Llegué con ocho años y allí empezó mi vida infantil y mis estudios. Después de ocho o nueve años fui forzado, con muchas lágrimas y tristeza, a abandonar mi país y buscar para sobrevivir en cualquier otra parte del mundo. Y al final encontré Sevilla.  

¿El pequeño Howard vio cosas en Liberia que un niño no debería ver? 

Sí, y no por mi voluntad. Fui forzado por los políticos en la guerra de mi país. Y no solo yo, también niños más chicos que fueron forzados a llevar armas y a matarse entre ellos. Vi cosas terribles por la guerra. Tuve que participar, aunque no estuve mucho porque aproveché la oportunidad de escapar.  

¿Qué pasó con su familia cuando estalló la guerra civil? 

Abandoné a toda mi familia en Liberia. Cuando empezó la guerra fuertemente… porque en la guerra nadie busca a nadie… todo el mundo está saliendo y no sabía dónde estaban mis padres. Luego, llegué a España y perdí el contacto con mi familia. Intenté comunicarme por carta o por cualquier otro medio, y fue imposible. Me llevé unos diez años a ver si podía encontrar a alguien de mi familia; cuando tenía información sobre alguno de ellos, era porque habían muerto (se le oscurece la voz y desaparece su eterna sonrisa. Luego, un largo silencio).  

¿Sabe dónde está ahora su familia? 

Sí, muertos. Mi madre, mi padre, mi tía y mi hermana… muertos.  

¿Cómo era la vida que imaginaste en Liberia y que la guerra cambió? 

Quería conseguir una buena vida a través del apoyo de mi familia para estudiar y ser algún día un hombre que pudiera defenderse y trabajar por mi país. Quería ayudar a mi país políticamente, trabajar como funcionario, era mi ilusión, pero esto fue como un sueño perdido… muy triste, muy triste.  

Y en cambio de encontró con… 

Tres años viajando desde Liberia a Europa. Y fue duro, porque viajé sin documentos, ni dinero, ni alimentación; sin nada.  

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Y cuál fue su recorrido? 

Primero, Costa de Marfil, de ahí a Mali y a Argelia. Pero era muy difícil y tuve que dar otra vuelta: de Mali otra vez a Costa de Marfil, y de ahí a Burkina Faso, Nigeria, Níger República y entré en Argelia. De Argelia crucé a Marruecos, y de ahí a Melilla. La Subdelegación del Gobierno en Melilla me asistió para reconocerme como una circunstancia excepcional, un indocumentado de Liberia. Mi país estaba en guerra y no me podían rechazar. Conseguí un documento para entrar en la península, y me mandaron directamente a Sevilla Acoge. Aquí me acogieron y me dieron orientaciones como el idioma, asistencia médica y jurídica, y alojamiento por tres meses. Me consiguieron un permiso de residencia y después me echaron a la calle porque decían que ya no podían hacer más por mí y había más inmigrantes que atender.  

¿En esta odisea se ha encontrado a más personas buenas que malas? 

Sí. Estuve a punto de morir en el desierto de Níger República y Argelia, porque no tenía dinero y éramos muchos, como trescientos, que queríamos cruzar a Argelia en coches de la mafia. Si no hay dinero, te dejaban allí. Sin árboles, sin sombra, solo arena caliente. Se fueron todos los coches con hombres y mujeres que tenían dinero, y yo me quedé solo. Era un sitio donde venía gente de Nigeria, Libia, Níger, Somalia… Solo. Por las noches frío, olas de viento, calor, no tenía ni zapatos. Miedo. Nervioso. Qué hago, no tengo brújula. Arena como el océano, no sabía dónde estaba la izquierda o la derecha. Solo miedo. E inmediatamente enfermé. Pensaba “Es mi último día de vida”. Clamé a Dios, porque soy creyente: le dije “Si fuera así, no pasa nada, pero si me muero ahora mismo y me recoges, no me condenes. Como tú veas Señor”. Después de esto caí, y no sé si estuve durmiendo o soñando. El viento me cubrió de arena y, si me tapaba entero, no podría respirar y moriría. Como había creído que ese era mi fin, ya no tenía miedo porque sabía que había muerto. Desperté, pero no tenía fuerza para levantarme. Intenté andar pero no sabía adónde iba. Pero tuve suerte. Esta historia es increíble. Vi huellas de animales. De camello. “Dios, tú me has contestado, me quieres salvar”. Donde vayan estas huellas, voy a perseguirlas. Seguí estas huellas y no muy lejos vi tres árabes, sentados haciendo su te con los camellos. Me mareé otra vez y caí. Uno vino a mí, hablando en árabe, no entendía. Llamó a sus amigos y me recogieron. Me dieron agua y luego un poco de pan. Y me empecé a recuperar. Les dije que me habían salvado la vida. Dios trabaja a través de gente buena, y estos tres hombres me salvaron la vida.  

¿Y luego? 

Me llevaron como su hijo, me asistieron muy bien y me quedé con ellos por tres semanas. Como no tenía dinero, tuve que trabajar, llevando cualquier cosa a otros pueblos con los camellos. Después de tres semanas, me dieron dinero. Y pude pagarme el transporte hasta Argelia.  

¿Qué siente al ver las terribles escenas en la valla de Melilla o al escuchar anuncios como el muro de Trump en la frontera con México? 

Me hace recordar… Y me siento muy mal, porque yo llegué a la valla de Melilla. Allí los soldados de Marruecos van con perros y armas… estamos para entrar por la valla y empiezan a disparar (hace el ruido de un fusil) y sueltan los perros (imita unos ladridos pavorosos), y nosotros corriendo. Me caí en un pozo y los soldados me llevaron otra vez a Níger República.  

¿Qué es Europa para un chico de Liberia o cualquier país africano? 

En casi todos los países africanos hay embajadas de países europeos, donde dicen que puedes conseguir visado para viajar a Europa. Pero si no eres hijo de un ministro, consejero, policía o político, no vas a conseguir visado para entrar en Europa. Europa es para los ricos que están allí en África y tienen sus amigos aquí en Europa.  

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

Entonces ¿Europa solo existe para los ricos? 

Si eres un chico pobre, no piensas que Europa es tuya, es para los chicos de los padres ricos. Esos chicos, cuando vienen a Europa para conseguir educación como médicos o abogados, necesitan pobres para poder pisar sus cabezas. La verdad es la verdad, hay que estar allí y ver la distancia entre pobres y ricos, y lo tienen todo manipulado. Los pobres saben que pueden ir a Europa andando y entrar en Melilla, donde asociaciones como Cruz Roja o Cáritas te pueden ayudar a conseguir un sitio donde por lo menos respirar tranquilo. Porque aquí hay paz; allí no hay respiro, de verdad, tú puedes estar con tu madre y un político, que ve que eres un niño que puede tener futuro, entra en tu casa, te matan y dicen que ha sido un ladrón.  

¿A los pobres les merece la pena arriesgarse a morir buscando Europa? 

Merece mucho la pena. Si no vienes de familia con influencias, no hay sitio para ti. El problema son las clases diferenciales. Los ricos no quieren que los pobres progresen. Aquí la gente está tranquila. Cuando gente aquí empieza a decir “no, pero esto; no, pero…” (remeda un tono de queja exacerbada), me sorprende. Si tuviéramos allí un quince por ciento de la vida de aquí, no habría ningún problema. Aquí puedo hablar, bailar, cantar en mi semáforo… ¿quién eres para hablar en África? No solo en Liberia, sino en otros países, si abres la boca para criticar a un político, al día siguiente no vas a estar vivo. Hablar sale caro en África.  

¿Sigue la actualidad de su país? 

Ya no entro más en Youtube. Todos los días lo mismo en África: secuestros, asesinatos, todos los días lo mismo… lloro, no me deja estar en paz.  

¿Qué piensa de la ultraderecha que ha aparecido en el panorama política andaluz y español? 

Cuando vi al señor Abascal, me dije: habla sin pensar. Si esta persona consigue el poder, seguramente aplicará lo que está diciendo y será malo para nosotros, las personas de los países del tercer mundo, los refugiados que no hemos conseguido todavía la nacionalidad española.  

¿Sigue siendo un apátrida? 

Lo sigo siendo. Llevo casi seis años esperando que me contesten sobre la nacionalidad. Tengo todos los requisitos que piden: más de diez años de residencia, dos exámenes aprobados de conocimiento de la cultura y la  Constitución españolas, tengo el empadronamiento… Y me dicen que debo que tener reconocimiento de Liberia y un certificado de no poseer  antecedentes penales. Fui a la embajada de Liberia hasta tres veces con acta notarial solicitando mi reconocimiento; toman nota de mis datos pero al final dicen desde allí que no me reconocen. He ganado tres juicios, y sigue sin reconocerme el gobierno de Liberia. Tenía una orden de expulsión de España, pero mi abogado puso un recurso. Dijo “¿Dónde vamos a llevar a Howard si no es reconocido por Liberia?”. El fallo fue favorable para mí. Si yo he hecho todo oficialmente y legalmente, el problema es el gobierno de Liberia, al que hemos invitado al juicio, pero se niegan a ir al tribunal. Así que sigo sin tener patria… 

¿Es un hombre de esperanza? 

Exacto. Llevo cinco años en la facultad intentando estudiar Derecho. No es fácil: primero, no tengo suficiente dinero para financiar mis estudios; no tengo trabajo que me pueda dejar tiempo porque tengo que estar en el semáforo. Mi vida ahora mismo depende de la voluntad de los demás. Y si los demás no tienen, entonces quedaré yo con hambre. Yo quiero trabajar, pero dónde. Lo he intentado mucho. Tengo permiso de residencia, de trabajo, tengo formación laboral en limpieza inmuebles, estoy inscrito en el SAE… pero no puedo trabajar.   

Y a pesar de todo, es usted alegre.  

(Risas) No sé por qué. No sé de dónde viene mi alegría. Tendría que ser un hombre muy triste por todo lo que me ha pasado. No debería tener esta sonrisa, pero no sé. No fumo marihuana ni drogas, que pueden provocar artificialmente la alegría (más risas). Mi alegría puede estar basada en los sevillanos que pasan por mí semáforo: si yo estoy triste, ellos me transmiten su energía positiva por su cara limpia y cómo me acogieron. Un día reflexioné y me dije “No pierdo nada, estoy ganando”, y desde entonces soy feliz (ríe). 

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Cómo es un día de la vida de Howard Jackson? 

Me despierto, me ducho y desayuno, cojo mi canasto y al semáforo. Antes estaba hasta las dos de la madrugada. Ahora, por mis estudios, llego a las diez al semáforo y a las cuatro recojo para descansar un poco y luego estudiar. Estudio durante la madrugada. Estoy estudiando por UNED la carrera de Derecho. Tengo clases presenciales una vez a la semana. 

¿Y cómo empezó a disfrazarse en el semáforo? 

Cuando salí de Sevilla Acoge… pero quiero decir algo antes.  

Pues dígalo, Howard.   

A los inmigrantes no solo hay que acogerlos, no. Hay que ver su nivel de educación y si se les puede conseguir formación laboral para que puedan integrarse socialmente a través del trabajo. Conozco algunos negros como yo, dos guineanos y dos de Ghana, que no tenían documentos ni medios… y tres de ellos murieron en las calles de Sevilla. Si acoges estas personas y luego las abandona… porque todos no son Howard, hay muchos débiles y que necesitan alimentación, techo y alguien para renovarles documentos y empadronamiento. Estos chicos pierden toda esperanza y se van a la calle, como locos, no se duchan… se dejan morir. Es necesario que estas asociaciones ofrezcan junto con los ayuntamientos formación laboral. Para mí, es la única manera. Hay que ofrecerles una salida profesional. Están en Europa, ven buenas casas, coches… pero no saben cómo conseguirlo, y algunos se equivocan y piensan que pueden consumiendo drogas. Si consumes drogas, debes tener familia que te cuide y una casa; droga es basura, y esos chicos han sufrido esto y han muerto. 

Me estaba contando cómo descubre los disfraces.  

Como no tenía trabajo cuando salí de Sevilla Acoge, me fijé en una asociación que vendía las revistas La Farola y La Calle. Fui a ver al director, un negro, porque quería vender la revista. Me pidió dinero. No tengo. Me dijo que no, y me cerró la puerta. Tenía que pagar para vender La Farola. Me puse a aparcar coches para conseguir el dinero y volví. Me puse a vender la revista en el semáforo. Un día llegó una chica con un coche. Me llama y me pregunta el nombre. Me propone trabajar en su empresa vestido de rey Baltasar para llevar regalos en Navidad. Como era negro, no me tenía que pintar. Mi primer disfraz fue de Rey Mago. En mi país los disfraces no existen para los pobres.  

Y de rey Baltasar a Caperucita Roja… 

En los colegios los niños creían que de verdad era Baltasar, los veía sorprenderse, querían tocarme… Después de Navidad fui a una tienda de disfraces donde me mandé la chica, a Osorno. Les pregunté si podía ponerme uno de sus disfraces en el semáforo y me dijeron que cogiera cualquiera gratis. Y elegí el de Caperucita Roja, que fue mi primer disfraz en el semáforo. Y allí ¡guau! Primer día del negro disfrazado de Caperucita fue un éxito, todos querían verme. Y vendía más. Fui de nuevo a Osorno y dije “Es magia, dame más”. Al día siguiente ¡guau, Cleopatra! ¡Guau, un pollo! ¡Guau, de araña! Vino la televisión, Jesús Quintero, Manu Sánchez… y me hice famoso. 

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Y cómo se convierte en vendedor de pañuelos de papel? 

Dejé la revista porque quien la compraba hoy la leía y la tiraba. Pensé en vender algo que se podía usar. Quería dar algo. Pensé “Estoy recibiendo pero sin dar”. Y entonces se me ocurrió vender pañuelos. Los pañuelos me permiten ganarme la vida dignamente y pagar mis estudios. 

En una vida tan intensa y con tantos imprevistos, ¿ha tenido tiempo para conocer el amor? 

No, y me hace falta. Los amigos que tenía eran de salidas, beber y fumar mucho. Y luego se iba cada uno con su pareja y Howard se quedaba solo. En los momentos duros me gustaría, por lo menos, tener un abrazo, el cariño que no tengo. Es difícil y llevo tiempo sufriendo esto… no sé… Cuando recibí la noticia de que mi madre había muerto, estaba llorando y pensé “Yo voy a pedir a la Virgen que cuide a mi madre”. Fue en Semana Santa, yo estaba en el semáforo y pasaba por la calle Reyes Católicos la Virgen de la Esperanza de Triana. Fui a buscarla y, cuando la Virgen pasaba, me puse a llorar y empecé a hablarle, contándole mis problemas: primero, que cuidara de mi madre y, luego, que ya era tiempo de tener una pareja, que me hacía falta, fuera hombre o mujer, no me importaba, ya no podía más estar solo.  

¿Obtuvo respuesta a sus plegarias? 

Vivía dentro de un volkswagen porque me habían desahuciado de mi casa. Estaba dormido y en mi sueño la misma imagen de la Virgen me hablaba. “Me pediste por tu madre, y ella está bien, está con Dios”, y además me dijo que todo estaba organizado para mí. Desperté y pensé “Es solo un sueño”. A los cuatro días (risa de timidez)… ya…  

[Howard nos confiesa que ha encontrado un amor y nos pide que respetemos su decisión de no contar nada más. Con la grabadora apagada, nos relata esta asombrosa historia que, como todo en su vida, es algo extraordinario, rayano en lo milagroso. Es el Howard más tierno, que ha decidido preservar este secreto para proteger a su pareja y evitar que las opiniones condicionen su relación. Para él, es algo valioso y frágil, por eso no seremos nosotros quienes mancillemos esta hermosa historia de amor. Howard nos mira finalmente y dice: “Esto sí podéis publicarlo”] 

Puedes decir que Howard está enamorado… 

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Se plantea tener hijos? 

Sí, cuando estemos bien, nos gustaría tenerlos, adoptados o de madre de alquiler. Cuando estemos casados y bien, que podamos cuidar un niño. 

¿Se define ideológicamente? 

Los políticos, en todas las partes del mundo, son iguales, pero me gusta más la izquierda. Me gusta la filosofía de Pablo Iglesias y algunos del PSOE…  

¿Y se siente comprometido con alguna causa? 

Si consigo estudiar Derecho, me gustaría hacer una oposición a ver si puedo conseguir ser juez. Creo que con la independencia de un juez, que no es parcial, podría alegrar mucho la vida de allí (Liberia). A ver cómo puedo ayudar a conseguir justicia en mi país… 

¿Estaría dispuesto a volver a su país para trabajar a favor de la justicia?  

No, trabajar en mi país no, porque no tengo su reconocimiento. Quiero trabajar en España. Y si trabajo por España, de alguna forma también estaré trabajando por el mundo. Quiero contribuir mucho a la justicia desde este sitio y tener oportunidades para hacer cosas beneficiosas para las personas desfavorecidas.  

¿Y eso para cuándo? 

Mis estudios todavía son complicados porque no puedo manejar bien el idioma español, y Derecho es lioso si no tienes vocabulario. Si no manejas el idioma, es muy complicado; por eso estoy haciendo estudios de Derecho con una Universidad en Londres en inglés, que es mi idioma materno. Las dos cosas me pueden abrir camino para ser un buen juez algún día.  

¿Cuál su opinión respecto de la Memoria Histórica? 

Hay que recordar para restituir la justicia. Porque si no recuerdas, ¿cómo mejoramos el futuro? Si sabemos del pasado, podemos mejorar el futuro con la experiencia de lo que ha pasado antes.  

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

¿Y con los restos de Franco, qué haría? 

Estoy a favor de retirar los restos de Franco porque no lo merece y este dictador no debería estar allí; son sitios donde deben estar los santos y las personas que han hecho algo beneficioso para la sociedad.  

Le preguntaré sobre otro tema polémico de la actualidad del país. ¿Qué piensa sobre el conflicto catalán? 

(Risas) Si estamos defendiendo cuatro derechos fundamentales, también tenemos que no obligar a nadie a hacer cosas que no quieren hacer… También hay mucha debilidad en la construcción de las leyes que tenemos, que deberían soportar que alguien que quiere ser libre y ser independiente manifieste su opinión. Tienen que tener su derecho. Estaría a favor de referéndum con garantías legales. Si un grupo de personas que tienen mayoría de más del cincuenta por ciento de la comunidad dicen no queremos esto y tienen su cultura y su idioma, ¿por qué no dejarle que se vaya? Si con el Brexit un país tiene el derecho de salir de una unión europea, entonces ¿por qué Cataluña no tiene derecho para intentar salir legalmente de España?  

Lo que usted defiende es, en teoría, incuestionable, ¿no? 

Si queremos mejorar el mundo, tenemos que echar mucha cuenta de estos aspectos. Si no queremos conflictos, por qué no hacemos que cada uno pueda gobernarse y ahora voluntariamente ser hermanos otra vez, como bajo un paraguas común… no lo entiendo. 

¿Qué cosas le apasionan? 

Me apasionan los estudios de leyes. Porque se abre mucho la mente. Con la historia del Derecho vemos de dónde venimos y dónde estamos ahora mismo. Me gustaría que todo el mundo supiera esto, así no deberíamos tener muchas dificultades para resolver problemas, por ejemplo el de Cataluña. Cada rama del derecho es muy bonita.  

Ha recorrido medio mundo hasta recalar en Sevilla. ¿Qué le ha hecho decidirse a quedarse en esta ciudad? 

Su gente. Es lo que más me gusta porque estoy en un sitio donde puedo ver a mucha gente. Estas personas que pasan por el semáforo me ayudan igual que a mis compañeros, que han venido de muy lejos y con muchas dificultades. Los sevillanos son muy abiertos, es gente acogedora. Me encanta cuando celebran sus fiestas, ponen su corazón y hacen sus cosas colectivamente. Me gusta cómo defienden su cultura.  

Hablando de las fiestas de la ciudad, ¿es hermano de alguna Hermandad? 

Tengo en mi agenda hacerme hermano de Nuestra Señora de Guía, en La Pañoleta. Esta gente es muy buena conmigo, me ayudaron mucho en esa parroquia.  

Alguien como usted que ha vivido tantas experiencias aterradoras para cualquier persona, ¿a qué tiene miedo a estas alturas? 

Mi miedo ya se ha pasado. Estoy protegido aquí. No tengo ningún tipo de miedo: estoy en un sitio donde no hay racismo, no hay envidia, al revés, te asisten y ayudan. Mis compañeros de semáforo mantienen su familia aquí y también en África. Sevilla es acogedora. Y hay algo que es más importante que el oro y la plata: tenemos paz.  

¿Cómo se imagina dentro de quince años? ¿Quizás vistiendo una toga? 

Estoy en el camino de conseguir una carrera. Si sigo con la salud que tengo,  creo que Howard estará aquí ayudando a la justicia. Del semáforo a su tribunal… y casado por fin, y con niños (risas). 

¿Quiere añadir algo más, Howard? 

Sí, por favor. (El gesto de Howard se vuelve serio, sus ojos se entornan como para intentar apresar un dolor que quiere rebozarse. Continúa con voz cavernosa). Cuando murió mi madre, una persona me contó una injusticia en África. Mi madre no hizo nada malo y cuando murió, el pueblo decía que nadie fuera a su entierro… y eso me duele mucho como hijo. Perdí la comunicación con ella después de la guerra. Me dolió mucho.  

¿Y por qué prohibieron ir a su entierro? 

Porque mi madre estaba en contra de la injusticia y de los engaños, porque los ricos allí le quitan todo a los pobres… y ella estaba contra esto. Por denunciar la injusticia…  

[Cuando dábamos por concluida la entrevista, la imagen ignominiosa del entierro solitario de su madre aviva en Howard la necesidad de seguir contando cosas. Ya no nos mira, se ha embarcado en un monólogo en el que aflora mucho dolor. No osamos interrumpirlo. Solo escuchamos]  

Quiero conseguir la nacionalidad española; si no la consigo, no voy a reconocer a mí país porque es un país que no reconoce a sus ciudadanos. Es muy duro. No solo me rechaza sino que intenta borrarme, como si nunca hubiera existido… y luego lo de mi madre. Por eso, si no consigo la nacionalidad, no me importa, seguiré viviendo aquí con mi permiso de residencia, estoy bien. No voy a ser beneficioso para mi país porque maltrató a mi madre y a mí…  

Mi padre también murió. Se fue a Sudáfrica para que no lo asesinaran cuando cayó el gobierno en Liberia. Luego, lo mataron disparándole para atracarle…  

Yo era el primer hijo. Tenía una hermana más pequeña. También murió…  

Estaba en el colegio interno y llegaron los soldados para coger a los niños por la fuerza. Después de dos semanas en un campamento militar salí huyendo… No he llegado a disparar. Sí me pusieron un arma en las manos… 

Muchos amigos con once, doce, catorce años acabaron siendo niños soldados. En dos semanas solo… Les decían “Esto es una bala. ¿Y qué es una bala?”, y respondía “Un muerto”. Los niños gritaba “Soy soldado, no tengo miedo de esto, como voy a morir solo esto me mata”, señalando la bala. Luego, alcohol y marihuana, hasta convertirlos en drogadictos… Así les lavaban el cerebro. Les enseñan a no tener miedo a matar y morir, solo quieren armas, marihuana y les dan orden de disparar, y disparan. Son máquinas de matar. Es muy duro.  

[Nos atrevemos a interrumpir] 

Y a pesar de todo, sonríes…  

¿Y qué hago? (risa resignada). 

Gracias y mucha suerte, Howard.  

Portrait of Howard Jackson, a Jamaican immigrant, handkerchief semaphore seller, law student. ©Niccolò Guasti

[Unos meses después de esta entrevista, en concreto el 16 de octubre de 2019, Howard Jackson juró la Constitución Española en los juzgados de Sevilla. Tras casi treinta años siendo un apátrida, sin que ningún gobierno le reconociera como ciudadano, por fin vio cumplido su sueño de ser español y disfrutar de los mismos derechos que sus -ahora- compatriotas.

Howard nos llamó para que le acompasemos en un día tan importante para él, y allí estuvimos para celebrar su nueva nacionalidad. De ese día, alegre día para todos los que hemos conocido a Howard, quedan estas fotografías de Niccolò Guasti.]

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